Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIX. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de agosto de 2019

El jardín botánico del Instituto de Segunda Enseñanza o por qué no hay una secuoya gigante en las Tendillas

Algunos colonos anglosajones de California, desde unos años antes de 1850, venían contando historias de árboles gigantescos ocultos en las sierras que separaban este territorio y el futuro estado de Nevada. Sin embargo, no fue hasta 1852 cuando el descubrimiento de las secuoyas gigantes (para el hombre blanco) se hizo oficial y creíble, y muchos árboles fueron talados y repartidos por el mundo para asombro del público. La secuoya es el árbol más grande del mundo por volumen, y el segundo por altura (por un estrecho margen).

Ya al año siguiente, en 1853, llegaron a Europa una gran cantidad de semillas de secuoya, que fueron distribuidas por varios países y plantadas en España con fines tanto científicos como ornamentales. Once años después, en 1864, alguno de estos pequeños arbolitos nacidos en Europa llegó a Córdoba y fue cuidadosamente plantado en las cercanías de lo que hoy es la plaza de las Tendillas, junto a muchas otras especies exóticas, en el primer jardín botánico propiamente dicho que tuvo nuestra ciudad. (Con permiso de los jardines de la Agricultura, para experimentación agraria, de principios del siglo XIX.)

Adaptado de Moreno A y Devesa JA, 2011

Ángel Montero y Juan Antonio Devesa publicaron en 2011 un completo estudio sobre el jardín botánico del Instituto Provincial o de Segunda Enseñanza de Córdoba, en el solar tradicional del Colegio de Nuestra Señora de la Asunción, que hoy es el IES Góngora. El Instituto se funda en 1847 como parte de un plan nacional, y el jardín botánico se crea en su patio sur en el curso 1858-1859, quizás trasladando desde el patio norte algunas plantas ya existentes. El plano puede ser complicado de leer, porque la ciudad ha cambiado mucho desde entonces. La fachada principal (noroeste), abajo en el dibujo, es la fachada del Góngora que da a las Tendillas actualmente. Toda la plaza estaba por entonces ocupada por casas. La calle Claudio Marcelo no existía, pero su tramo más cercano a las Tendillas coincide con el jardín botánico. A la derecha se puede ver la calle del Paraíso (Duque de Hornachuelos) que va hacia la Compañía.

Moreno A y Devesa JA, 2011
Gracias a las memorias del Instituto, sabemos la disposición de los grupos de plantas en el jardín. Quizás esta configuración fuera variando con los años porque, según esos documentos, cada año se recibían decenas de especies nuevas, procedentes de donaciones particulares o de otros jardines botánicos como el de Madrid. Al jardín llegaron diversas coníferas exóticas como la propia secuoya gigante, la secuoya costera, también de California, el cefalotaxo drupáceo de Japón, el ciprés de la Cordillera argentino, el cedro del Himalaya y diversas especies de abetos, incluyendo el pinsapo. También plantas medicinales que, originalmente, deberían haber sido cultivadas como servicio público, algo que resultó imposible por limitaciones de espacio.

¿Por qué no tenemos, a día de hoy, una monstruosa secuoya de cincuenta metros y cientos de toneladas en el centro de Córdoba? Pues porque el jardín botánico, por desgracia, nació condenado por su ubicación. Pocos años después de su creación, en el último cuarto del siglo XIX, comenzó a abrirse la "calle nueva", Claudio Marcelo, por el lado del ayuntamiento. Las obras se acercaron lentamente al Instituto, hasta que a principios del siglo XX se expropió el último solar que faltaba para completar la calle hasta el Hotel Suizo. En 1909, pese a la resistencia del Instituto a sacrificar su jardín, las obras se llevaron a cabo. Algunos árboles fueron trasladados a otro patio, donde no sobrevivirían. El derribo del hotel en 1923, la imagen que se ve en la última foto, fue el último paso para dejar el trazado urbano en su estado actual y a Córdoba sin un jardín botánico hasta varias décadas después.

Los últimos restos del Hotel Suizo en el solar de las Tendillas. Al fondo, la calle Claudio Marcelo. Tomada/editada de Lolo Córdoba/foro Historia de Córdoba en Imágenes

viernes, 10 de mayo de 2013

El saqueo del colegio de la Asunción (hoy IES Góngora) en 1814

Retrato de Fernando VII; obra de Goya
El documento que hace unos días colgué en el "Archivo" del blog, un panfleto de 1814 que recibía con un extremo entusiasmo (más bien, con veneración) al rey Fernando VII a su vuelta de Francia, es sólo una pequeña muestra de lo agitadas que corrieron, durante aquellos días, las aguas populares en Córdoba.

El 6 de mayo, tres semanas después de esa calurosa bienvenida, ocurrió lo que los liberales temían desde un primer momento: el Rey suprimió la Constitución de 1812 y cualquier otra acción que hubieran llevado a cabo las Cortes de Cádiz. Era el retorno al absolutismo, cuyo apoyo por una parte de la población quedaría estereotipado en la frase "¡vivan las caenas!". La supresión fue celebrada en Córdoba, el 9 de mayo, con una algarada callejera que arrancó de la Corredera la lápida conmemorativa de la Constitución. Los participantes en la acción subieron luego hacia la plaza del Salvador (que se encontraba en la unión de las calles San Pablo y Alfaros, aunque ya no existe como tal, al haber ocupado su terreno el Ayuntamiento) y, a continuación, por la calle Alfonso XIII (entonces, del Liceo), saqueando algunas casas de personas que se suponían liberales.

El colegio de Nuestra Señora de la Asunción era uno de los principales centros educativos de la ciudad, si no el mayor de ellos, y tenía una notable tradición de imprenta de documentos, especialmente durante la etapa en que los jesuitas trabajaron en él durante el tercer cuarto del siglo XVIII. Desde siempre, los ilustrados cordobeses fueron bien recibidos en la imprenta de la Asunción, que dejó de funcionar con la expulsión de la Compañía de Jesús. En 1814, cuando aún no existían la calle Claudio Marcelo ni la plaza de las Tendillas, se estaba trabajando en la reorganización de la imprenta y, conocidas las opiniones de los rectores del colegio, se sospechaba que se emplearía para difundir documentos a favor de la soberanía popular y la Constitución de 1812.

Además, se corrió la voz de que el colegio albergaba un retrato de Fernando VII encadenado, algo lógico dado su cautiverio en Francia, pero que se interpretó como un deseo de encarcelar al monarca (y, de hecho, posiblemente fuera conservado en la Asunción con algo de sorna). Como consecuencia de todo ello, la gente enfurecida entró en el colegio, destrozando la Academia de Dibujo, los muebles y, por supuesto, la imprenta, cuyas piezas y letras fueron esparcidas por las calles cercanas.

El rector del colegio, José de Hoyos y Noriega, fue desterrado a un pueblo de Sierra Morena y se le prohibió que ejerciera la enseñanza, y varios de los profesores fueron encarcelados en los meses sucesivos, acusados de afrancesados. Esto supuso el declive del colegio, y determinó su clausura en 1817, a pesar de que pasados los años se rehabilitara la función educativa del edificio, que ha llegado hasta nuestros días siendo instituto de secundaria con el nombre de Luis de Góngora.

---
Sánchez de Miguel, Ana. "Córdoba 1898. Generación e Historia".
Porro Herrera, María José. "Imprenta y lectura en Córdoba (1556-1900)".
Ramírez de Arellano, Teodomiro. "Paseos por Córdoba".

viernes, 14 de septiembre de 2012

El traslado de la parroquia de San Nicolás de la Axerquía

Una de las parroquias fernandinas más desconocidas de Córdoba es que la daba nombre al barrio comprendido, más o menos, entre la calle de la Feria y el convento de Santa Clara, de oeste a este, y la plaza de las Cañas y el río, de norte a sur, por decirlo breve e inexactamente: era San Nicolás de la Axerquía, popularmente San Nicolás del Río. La plaza del Potro o el convento de San Francisco (oficialmente, San Pedro el Real), por ejemplo, formaban parte de este barrio.

La pequeña iglesia dejó de serlo en 1877 para trasladar la parroquia a dicho convento, donde aún hoy se encuentra. El edificio se fue arruinando progresivamente pero, para sorpresa de muchos cordobeses, ahí sigue, en la Ribera, rompiendo la línea de fachadas con una esquina saliente. Sí, ese cocherón blanco entre Bodegas Campos y el río es la antigua iglesia de la Axerquía, hoy aparcamiento privado.


Aunque otro día podríamos ver un poco de la historia de la parroquia (antigua mezquita, como muchas de ellas), hoy me gustaría ver por qué fue necesario su traslado y en qué circunstancias se produjo. La respuesta, como no podía ser de otra forma en ese barrio, está en el Guadalquivir.

El invierno de 1876-1877 fue especialmente lluvioso. Uno de esos años en los que el río crecía de tal forma que la maquinaria erosiva del meandro del Arenal se ponía en marcha (como ocurrió también en 1860, arruinando lo que quedaba del murallón de San Julián) y el terreno bajo la primera línea de casas del actual paseo de la Ribera era peligrosamente horadado.

Un vistazo a la prensa de aquellos días nos deja noticias cuando menos inquietantes. Alrededor del 6 de diciembre debió venir tal riada que las casas de la Fuensanta, Campo de la Verdad y San Nicolás de la Axerquía fueron inundadas. El Santísimo fue llevado a toda prisa a la ermita de la Aurora, y las bombas de desagüe trabajaron en el barrio durante varias jornadas, llegando a medio metro la altura del agua dentro de la parroquia. Se recaudaron fondos para los afectados por la riada y se llevaron a cabo trabajos de limpieza.

No era la primera vez que ocurría pero, ya fuera porque peligrara la propia integridad del edificio, o por la incomodidad de una parroquia pequeña e indefensa frente al río, se decidió que la iglesia del convento de San Francisco sería la nueva sede parroquial de San Nicolás y San Eulogio. Ramírez de Arellano describe una iglesia de proporciones reducidas y con un techo bajo. Uno de los barrios más humildes de Córdoba tenía, por tanto, una de las más pobres iglesias, lejos de la magnificiencia de la homónima parroquia de San Nicolás de la Villa.

El 4 de enero se celebra allí el funeral de una mujer, Josefa del Pino, posiblemente uno de los últimos oficios religiosos de San Nicolás de la Axerquía. Pese a usarse la sacristía para reunión de alguna hermandad, el 14 de febrero el Diario de Córdoba da por hecho el traslado: una de las campanas se envía a Santiago y las otras dos, a San Francisco.

A San Francisco se llevan también los archivos y todas las imágenes, así como la pila bautismal y el pequeño retablo con una pintura del bautismo de Cristo, procedente (no estoy seguro de que ocurriera lo mismo con la pila) de la también desaparecida parroquia de Omnium Sanctorum.

viernes, 29 de julio de 2011

Dos recuerdos del paseo de San Martín y el bulevar del Gran Capitán

El bulevar del Gran Capitán, una de las grandes revoluciones urbanísticas de la Córdoba del XIX, ha sufrido tantos cambios a lo largo de su historia que a los más jóvenes nos resulta llamativo incluso verlo con coches circulando por su parte central, algo que ocurría hace relativamente pocos años. Las imágenes que dejo por aquí hoy son todavía más antiguas, y me acordé de ellas ayer cuando visitaba con un par de amigos las tumbas de los reyes en San Hipólito.

La primera es un cuadro titulado Street of the Great Captain, Cordoba que compartió en el proyecto del Museo Imaginado de Córdoba, de la Calleja de las Flores, el usuario Dr. Mabuse, al que ya le he fusilado anteriormente alguna que otra foto. Lo pintó el estadounidense Frederick Childe Hassam en 1910, y os recomiendo una lecturilla de la entrada original de Mabuse para conocer mejor a este artista. En la pintura se puede ver el paseo del Gran Capitán en dirección a la iglesia de San Hipólito, incluyendo una esquina del Gran Teatro. Al fondo se distingue la sierra, con una manchita blanca que por la perspectiva bien podría ser un intento de reflejar las ermitas en el cuadro.

La segunda, en dos versiones, es un grabado que sólo se entiende con el plano de 1851 que está al principio de la entrada. Es el único dibujo que conozco del paseo de San Martín, que ocupó el sitio del antiguo convento del mismo nombre, derribado entre 1840 y 1843. Comprendía el actual bulevar desde San Nicolás a San Hipólito, incluyendo la parcela que hoy es el Gran Teatro. Más o menos desde la actual puerta principal del teatro parece que está tomada esta vista, donde las casas pertenecen a la actual calle José Zorrilla (antigua de la Paciencia). La valla de madera coincide con la línea de fachada actual del Gran Teatro en la misma calle.

La importancia del grabado está en la brevedad de la existencia del paseo, que en menos de veinte años fue desmantelado para dejar paso al proyecto de nueva calle que iba a llegar, derribando algunas casas y parte de la muralla, hasta la ronda de los Tejares.

Por cierto, en este caso la fuente no tengo la menor idea de cuál ha sido, ya van tantos correos con fotos antiguas de Córdoba que me pierdo completamente.

 ---
Edito: efectivamente, como decía Guadalupe en los comentarios, el grabado de la izquierda (del cual el de la derecha es una copia) pertenece a la obra "Recuerdos y bellezas de España", en su tomo correspondiente a Córdoba, y fue dibujado por Francisco Javier Parcerisa. En el grabado se aprecia la presencia de inscripciones en dos lados de la torre ("paciencia" y "obediencia", en uno de los casos casi perdida ya entonces) y también el yamur con cruz coronando el campanario.

sábado, 23 de julio de 2011

Córdoba y Duncan Shaw

Hace pocos años, el callejero trajo al presente uno de esos nombres que estaban prácticamente olvidados. A la glorieta del polígono de Chinales, cerca del barrio del Naranjo y junto a las instalaciones de Baldomero Moreno, se le puso el nombre del escocés Duncan Shaw, uno de los personajes más curiosos de la Córdoba del XIX.

Es directamente imposible contar en una entrada todo lo que representó Duncan Shaw para la ciudad. Fue uno de los pioneros en el establecimiento de industrias modernas, un impulsor de nuevas tecnologías (incluyendo su destacado papel en la construcción del ferrocarril) y, además, el creador de una de las grandes polémicas sociales de la historia contemporánea de la ciudad, en su condición de creyente protestante.

Con motivo del establecimiento de las nuevas libertades que llegaron con la revolución de 1868 (entre otras, la libertad de cargarte el trocito de muralla medieval que lindaba con tu casa), Shaw entendió que era el momento de reclamar también el reconocimiento efectivo de la libertad de culto. El escocés había sido miembro fundador del Círculo de la Amistad y disponía de varios negocios, destacando una fábrica de plomo junto al arroyo de las Piedras. Esta posición social y económica le dio seguridad para escribir una carta en el "Diario de Córdoba" el 5 de enero de 1869, pidiendo el respeto al culto protestante en Córdoba, la separación de la Iglesia católica y los poderes públicos y que los políticos se pronunciaran sobre estas cuestiones antes de las elecciones.

La monumental bronca que se armó en la ciudad permaneció en las portadas del Córdoba durante varios meses, y a lo largo de enero Rafael Conde y Luque publicó una serie de artículos contradiciendo las opiniones de Duncan Shaw. Se fundaron periódicos en defensa del catolicismo y los círculos sociales más privilegiados de la ciudad cerraron sus puertas al escocés.

En 1871, además, con motivo de la muerte de un niño, primer miembro de una comunidad protestante que fallecía en Córdoba, Shaw decidió acoger en un anexo de su fábrica de plomo "Pozo ancho" el embrión del primer cementerio protestante de la ciudad. Dicho recinto permaneció en uso en el mismo el lugar hasta su derribo en 1959 y su traslado al cementerio de San Rafael. Por tanto, en la ortofoto del vuelo americano de 1957 debería aparecer, como se muestra en la imagen de la derecha. El punto naranja indica la situación de la fábrica, y me da la sensación de que el recuadro marcado por el punto amarillo podría ser el cementerio protestante (aquí se pueden ver algunas fotos del lugar en el siglo XX)

Se puede leer sobre su actividad comercial y otros aspectos de su vida en este artículo de José Cruz Gutiérrez, que incluye una curiosa imagen del personaje con el traje típico escocés. También es interesante este enlace.

No he conseguido dar con el documento que originó la polémica, pero en el periódico del 8 de enero de 1869 de puede ver parte del intercambio de comunicados en la penúltima página.

lunes, 18 de abril de 2011

Los últimos días de la casa de Lagartijo

Llevaba dando vueltas al tema mucho tiempo: la casa de la finca del torero Lagartijo, a la salida de Córdoba en dirección a Rabanales y las Quemadas, amenazaba con venirse abajo el día menos pensado, toda vez que al declararla protegida el Ayuntamiento, quedaba prohibido derribarla directamente. Los días y las lluvias intensas fueron pasando, hasta que una mañana, conduciendo hacia Rabanales, me encontré la temida estampa de un derrumbe parcial de la casa.

Decidí preguntar al Tabernero de la Calleja si tenía alguna foto o pensaba hacerla, para que quedara como recuerdo, porque era evidente que a la casa ya no la salvaba ni el arcángel San Rafael. Supongo que se cogería la moto y se plantaría allí a retratar lo que quedaba del cortijillo, porque a los pocos días me envió la imagen.

La tapia que Rafael Molina Sánchez mandó construir, derribar y volver a construir, delimitando su finca, con el fin de paliar, a su manera, la pobreza que existía entre los braceros cordobeses, se va cayendo también trozo a trozo con las inclemencias de cada invierno.

Así que como era una entrada facilita de escribir, y no tengo ganas de partirme la cabeza antes de las vacaciones, os dejo esta imagen para el recuerdo del cortijo de Lagartijo: lo suficientemente caído para que sintamos vergüenza por su situación, lo suficientemente en pie como para que lo añoremos. 

Mucho descanso y buena semana.

---

Edito: me ha enviado Ildefonso López, colaborador habitual de Cordobapedia, un artículo muy interesante sobre cómo se construyó la famosa "cerca de Lagartijo". Os recomiendo echarle un vistazo, para completar la visión del tema. Había pensado en colgarlo en una entrada nueva, pero pensando en un futuro curioso que busque en Google, mejor ponerlo todo junto aquí.

lunes, 14 de marzo de 2011

Los bancos de azulejos de "Los patos": arte talaverano en estado de abandono

Los jardines de la Agricultura ("Los patos", entre la Victoria y la estación para los muy desorientados) fueron concebidos como un gran espacio de esparcimiento para los cordobeses, que vino a sustituir al primitivo paseo circular de la Victoria, allá por los años 60 del siglo XIX.

El otro día, preparando con el compañero Malabaddon un paseíllo guiado por la zona, nos topamos con los bancos revestidos de azulejos que adornan el parque. No teníamos gran idea de su origen y un pequeño cuaderno didáctico de la historia de los jardines nos decía, simplemente, que habían sido instalados a finales del siglo XIX para completar el proyecto del parque.

No sabíamos cómo encajarlos en la charla más allá de la mera curiosidad, hasta que nos fijamos en que uno de ellos, el más cercano al estanque de los patos, tenía una firma parcialmente reventada por algún homínido etilizado. Apenas puede leerse en ella "J. Ruiz de [...]na. Talavera".

Bastó rebuscar un poquillo en la red para dar con el autor de los azulejos: Juan Ruiz de Luna, uno de los más importantes ceramistas talaveranos. A Ruiz de Luna, nacido en Noez (Toledo) en 1863, se debe la recuperación de antiguas técnicas que llegaron procedentes de Flandes en el siglo XVI, así como su perfeccionamiento y adaptación a los medios del siglo XX. Es tal su relevancia que el museo de cerámica de Talavera, uno de los más importantes del mundo, lleva su nombre.

Los azulejos de "Los patos" están repartidos en varios conjuntos. Un banco parece aislado junto al estanque, otros pocos se alinean en la avenida de Cervantes y el grupo más representativo está en el centro del parque, delimitando un espacio hoy vacío, en el que se encontraba un pequeño quiosco habilitado como biblioteca de obras de Séneca. Es por ello que los bancos de esta zona están adornados con citas célebres del filósofo cordobés.














El estado de conservación general es bastante malo: los azulejos están parcialmente arrancados, golpeados y llenos de barro y musgo. Asombra, eso sí, la viveza de los colores después de estar durante más de un siglo expuestos al sol del verano cordobés. Comentábamos el otro día, y me parece que acertadamente, cómo los bancos ya no se deberían considerar mobiliario urbano, sino una pieza artística de alto valor, y como tal deberían ser identificados y protegidos, restaurándolos y desenterrando los que están medio cubiertos por materiales de relleno.

Por cierto, el paseo guiado salió bastante bien, y se repetira próximamente, iremos avisando.

---

Edito: el conjunto de citas de Séneca, fotos de la antigua biblioteca y otros datos interesantes en este artículo de Paco Muñoz en la Calleja de las Flores. Gracias, Manolo.

miércoles, 20 de enero de 2010

El espía, el poeta, el nacimiento del pego y el globo que no voló

Debo reconocer que escribo esta historia sobre los hombros de gigantes, pero no por ello me ilusiona menos, porque a mí me da que nos vamos a acercar mucho al origen de esta expresión genuinamente cordobesa. Falta la prueba definitiva, por lo que esto no deja de ser una teoría, pero se non é vero, é ben trovato. Si no es verdad, al menos tiene muy buena pinta.

Hace mucho tiempo ya
colgué por aquí un enlace a la Cordobapedia, que explica el origen del pego como resultado del ascenso fallido de un globo, a finales del XIX, por parte de un francés, cuyo apellido sonaba más o menos "Pegó", empezándose a relacionar con este hombre cualquier tontería local. Yo no sé quién colgó esto en la Cordobapedia, y esta es la primera clave a tener en cuenta: ¿de dónde salió esta hipótesis? Evidentemente, alguien estudió el tema antes y llegó a la misma conclusión que luego contaré. Así que todo parece indicar que estamos asistiendo en directo al nacimiento de una leyenda, que conserva algunos datos y modifica otros. Una versión 2.0 de esta leyenda es la que refleja la Cordobapedia.

El caso es que existió un episodio histórico similar al mencionado. Hubo globo, hubo franceses (aunque no directamente ni en ese momento) y hubo fracaso... Y de paso, nos introduce en la vida de uno de los más apasionantes personajes que han pisado la Córdoba moderna: Domingo Badía y Leblich, catalán, que llegó a ser prefecto de la ciudad bajo la dominación napoleónica y que, camuflado como árabe musulmán, fue el segundo europeo y primer español en penetrar en los recintos prohibidos de La Meca, después de actuar durante años como espía en Marruecos.

Domingo Badía, caracterizado como el musulmán Alí Bey

Hay que atrasar el calendario hasta 1795, al final del siglo de las luces, cuando Domingo Badía fue nombrado administrador de las rentas del tabaco para el Estado en Córdoba, procedente de un cargo de Defensa en Granada. Entre 1792 y 1793, según las fuentes, había remitido al primer ministro Godoy un informe sobre globos aerostáticos, que al parecer pretendía emplear con fines militares, aun cuando las primeras ascensiones de los Montgolfiere se llevaron a cabo una década antes, y era una tecnología aún en pañales.

El Campo de la Merced en 1862, 70 años después

Badía recibió el visto bueno del Estado y construyó su globo en el Campo de la Merced (también bailan las fechas, 1793-1795, me gusta más esta última), fracasando en sus dos intentos de hacerlo volar, debido a las adversas condiciones meteorológicas. El revuelo y las espectativas en la ciudad habían sido enormes y la multitud quedó totalmente decepcionada.

La aventura le supuso su ruina económica, y su padre consiguió que el Consejo de Castilla le retirara la autorización para seguir experimentando, por su propia seguridad. Si queremos encuadrar correctamente la entrada de la Cordobapedia
, parece que habría sido este acontecimiento el que habría grabado la palabra "pego" en la mente popular. Pero, ¿por qué, una vez descartado el tema del apellido francés?

Firma de José Mariano Moreno

Pues resulta que, por Ramírez de Arellano y sus Paseos, sabemos que el fracaso de Badía fue caricaturizado en unos versos satíricos por un poeta local cordobés. Ese poeta se llamaba José Mariano Moreno. Desde luego, esa coplilla debió tener relevancia, cuando los Paseos la mencionan 80 años después. ¿Usó Moreno la palabra "pego", en el sentido de "trampa" o "engaño", en esos versos? En una palabra, ¿fue Moreno el inventor del pego, y Badía el primer pegoso?

Todo esto se basa en unos versos que no he encontrado, y en una mención a un globo fallido que no sé de dónde salió. Pero me gusta, y me parece
ben trovato. Ahora falta que algún sesudo investigador o académico con acceso a los manuscritos de Moreno se ponga a rebuscar en su obra. ¿Dónde pudo publicar sus versos satíricos para que fueran accesibles al público en general? ¿Había algo parecido a un periódico local en aquella época? Hasta aquí he podido llegar yo, y parece que ya hubo quien llegó antes. Ahora que sigan otros.

---
Los aficionados a La Rosa de los Vientos conocemos los llamados Versus de Juan Antonio Cebrián, pequeños relatos sobre una pareja de personajes históricos cuyas vidas se entrecruzan, normalmente por motivos poco amistosos. Algo parecido ocurre entre José Mariano Moreno y Domingo Badía. Después de haberle dedicado sus versos satíricos en 1795, Badía fue prefecto casi el mismo tiempo que estuvo Moreno de secretario de la Academia, una importante institución de la época.

sábado, 16 de enero de 2010

La firma inmortal de José Mariano Moreno


Os presento a un hombre que, poco a poco, va perdiéndose en la memoria de los cordobeses que aún pudieran, dos siglos después, haber oído algo sobre él. Se ha refugiado en las bibliotecas, como muchos grandes personajes, y aún así resulta complicado dar con él. Así que siento mucho que este retrato que cuelgo aquí sea totalmente fragmentario, formado por algunos trocitos de su persona procedentes sólo de un par de fuentes.

José Mariano Moreno Bejarano nació en Córdoba, de familia humilde, un 4 de julio de 1764. Fue un estudioso y especialista en la lengua latina, ya que no tuvo recursos para dedicarse a la judicatura. De carácter retraído, fue discreto y salía poco de la casa donde vivía con su mujer, Francisca Uriarte. Dedicado casi toda su vida a la enseñanza, fue también bibliotecario durante algún tiempo.


En la mañana del domingo 11 de noviembre de 1810, se celebró la primera reunión de la que, empezando como Academia literaria de Córdoba, se convertiría en Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de esta ciudad. En las elecciones que ese día tuvieron lugar, José Mariano Moreno fue nombrado secretario, y por tanto es su firma la que aparece estampada, junto a otras, en las actas de cada reunión de la Academia hasta, al menos, mayo de 1811.


Presentó en este foro diversas obras, como su
Crítica imparcial de Lucano, una Memoria sobre la naturaleza de la oruga y modo de extinguirla, otra Memoria sobre el modo de escribir la historia de Córdoba y su Provincia, o el Elogio del literato cordobés Pedro de Valencia. Hay, de paso, alguna fábula y un estudio sobre el tizón del trigo.

Murió el 20 de octubre de 1833, en la ciudad que le vio nacer. Francisco de Borja Pavón y Luis María Ramírez de las Casas-Deza fueron algunos de sus discípulos más destacados, y perpetuaron en la medida de lo posible su memoria.


Punto y seguido.

viernes, 8 de enero de 2010

Córdoba, como la vio Alfred Guesdon


Parece como si la ciudad, antes de emprender un largo viaje, hubiera querido hacerse una foto de despedida. Hacía unos quinientos años que sus límites urbanos no variaban, y su fisionomía sólo había cambiado por la construcción de algunas iglesias y conventos (incluyendo, por supuesto, la Catedral), así como algunos edificios notables como la plaza de toros o la llamativa fábrica de sombreros de la Corredera, cuya chimenea expulsaba los primeros humos sobre la ciudad.

La imagen que vemos es una pintura realizada por Alfred Guesdon entre 1850 y 1860, en uno de sus viajes por España, basada en uno o más
daguerrotipos, que eran primitivas fotografías con un tiempo muy largo de exposición. Guesdon las hacía desde un globo en vuelo, así que nos lo podemos imaginar esperando pacientemente los momentos de calma atmosférica para lanzar sus fotos, si quería ser capaz de reconocer en ellas algo más que borrosas manchas alargadas. Aun así, el hecho de que fuera necesario hacer luego una pintura dice mucho de la calidad de los daguerrotipos obtenidos.

Sin embargo, ahora tenemos casi una fotografía en color de la Córdoba de la época, donde se intuye ya una construcción o arboleda en la zona de la estación (que entró en servicio en 1859), aunque ciertamente no se aprecian muchos detalles. Se pueden ver muchos otros lugares ya desaparecidos, como el
convento de la Victoria, la puerta del Colodro, la de Plasencia, el molino de la Albolafia antes de ser destruido por la carretera de Cádiz, el estado de la huerta del Alcázar que ahora se pretende recuperar... Algunos detalles aparecen un poco desplazados, como ocurre por ejemplo con San Hipólito, que se va casi a los Tejares, pero se puede disculpar.

Aunque el ferrocarril estaba a punto de transformar la ciudad, aún no habían comenzado los grandes cambios, como la prolongación hasta la ronda de los Tejares del entonces paseo de San Martín (hoy Gran Capitán), la apertura de la calle Claudio Marcelo o el ensanche norte hacia la estación.


La ciudad aún tardaría más de medio siglo en abandonar de forma decidida el perímetro de sus murallas.


---
La entrada del Chorrijuego del Patrimonio Cordobés sigue y seguirá accesible desde el enlace en la barra lateral. Saqunda, Sherezade y lamalgama están empatados a una foto adivinada...

viernes, 18 de diciembre de 2009

La casa de baños del Campo de la Merced y el negocio de Enrique Hernández

Esta entrada es mero entretenimiento, para leer el fin de semana con tranquilidad y conocer un poco de algunos personajes que la bruma del tiempo ha ido relegando al olvido, pero que en su época tuvieron un importante papel en la ciudad. No sé mucho de ellos, pero lo suficiente para hacer una pequeña entrada sobre el negocio de los baños públicos en la Córdoba de finales del siglo XIX, cuando las nuevas ideas de salubridad se reflejaban tanto en el derribo de la muralla y la construcción de paseos como en el surgimiento de este tipo de negocios.


Según explica la Cordobapedia, el empresario
José Sánchez Peña, que debía estar ganando el dinero a espuertas con su sombrerería de la Corredera, se puso a diversificar su actividad, y construyó, en lo que hoy es el supermercado entre la plaza de las Doblas y la de Colón, una casa de baños. Aunque esta enciclopedia cordobesa nos dice que fue en 1877, lo cierto es que en 1875 ya hay constancia de su existencia, teniendo la entrada por el Campo de la Merced, cerrada por una verja de hierro. La casa consistía en una serie de habitaciones individuales con bañera de mármol, con grifos de agua fría y caliente, iluminación de gas y algunos utensilios para el baño.

En cada habitación existía un tirador que hacía sonar, en la oficina, la campanilla correspondiente al cliente que requería algún servicio. Había incluso algunos baños dobles (para matrimonios, por supuesto), así como lo que se llamaba alberca general de 4,4 por 3,3 metros, para acogidos de beneficiencia, también de mármol blanco.



El agua se guardaba en un gran depósito, asociado a un molino de viento y una máquina de vapor (para días de calma), los cuales no tengo muy claro si servían para llenar el depósito o para abastecer las habitaciones. No he averiguado qué agua se usaba, pero sería de pozo, porque el agua potable de las conducciones llamadas "del Cabildo"
estaba muy solicitada, y no se menciona la casa de baños en el reparto de 1876.

Había una sala para piano, un pequeño jardín de recreo y la posibilidad de imitar, mediante compuestos artificiales, la composición de los baños medicinales de algunas localidades de España y el extranjero, como se ve en los anuncios de prensa.


En 1883, el empresario debió aprovechar la máquina de vapor para abrir una fábrica de pastas, lo que provocó las quejas de los vecinos por el ruido y los humos. Ese mismo año, murió José Sánchez Peña, aunque la casa de baños siguió funcionando, como demuestra este anuncio de 1887.



¿Quién se había hecho cargo del establecimiento? Pues no tengo muy claro lo que ocurrió. Pero en el año 1891 sólo se registra un establecimiento de baños en Córdoba, que sigue siendo el del Campo de la Merced, propiedad ahora de Enrique Fernández, que también era el dueño de las aguas medicinales de Santaella: estaba construyendo un verdadero "imperio" de los baños en la provincia.


Más tarde, en 1896, encontramos este anuncio de unos baños de este mismo propietario en la calle San Álvaro, bajo el título de "Casa fundada en 1870". Sólo hay dos opciones: o bien este negocio siempre estuvo allí, y por algún motivo no se menciona en 1891, o bien es la misma casa, nacida en 1870 (ya tendríamos fecha de fundación) en el Campo de la Merced, y trasladada o ampliada como nueva sede por el nuevo dueño, Enrique Hernández, a las cercanías de la aún reducida
plaza de las Tendillas. Yo me inclino más por lo segundo.


Y después de derretirnos un rato el cerebro, quien haya llegado hasta aquí (que levante la mano), no habrá aprendido nada útil, pero a lo mejor le viene el recuerdo de esta historia la próxima vez que pase entre las Doblas y Colón, por la acera de la manzana de Capuchinos. Será suficiente.

---
Todos los recortes son del Diario Córdoba. La fecha exacta viene puesta en el nombre de cada imagen si se amplía.

No dejéis de leer los anuncios, merecen la pena. Son un viaje en el tiempo. "Cuatro reales" por baño...

jueves, 19 de noviembre de 2009

Luchando contra la viruela

El siglo XIX vio el desarrollo de las primeras vacunas, y los intentos por extender la inmunización a la mayor cantidad de gente posible. La viruela, cuyas epidemias asolaban periódicamente a la población, era el objetivo de las primeras campañas de vacunación. El pus o la linfa extraídos de las terneras infectadas se transportaba en viales de cristal hasta los pueblos más recónditos, donde la inexperiencia de los profesionales encargados del proceso y la mala calidad de las muestras provocaban la desconfianza general de los ciudadanos.

A finales del siglo, prácticamente durante la última década, tomó fuerza un nuevo procedimiento, que suponía llevar las terneras directamente al lugar donde se iba a practicar la vacunación, lo cual resultaba más útil para evitar la infección de los sujetos con otras enfermedades, y mejoraba la eficacia de la vacuna.


En este contexto se encuadran el anuncio encontrado en la prensa local cordobesa del día 9 de octubre de 1897, la fotografía procedente del
blog de un médico gallego y la pintura que he añadido, que ilustran las escenas que se darían en ese local de la plaza de Colón.



---
Edit: Saqunda aporta otro recorte de prensa, esta vez de 1923, de la revista "Patria chica".


sábado, 12 de septiembre de 2009

La riada de 1860 y la destrucción de la huerta de Pedro Segovia

Pensé que no se iba a ver tan claro, pero la composición de imágenes es un verdadero viaje en el tiempo, a lo largo de algo más de 150 años de historia del extremo oriental del antiguo barrio del Campo de la Verdad (la foto está girada unos 45º respecto al norte).

Aunque básicamente el cauce del río no ha variado desde el mapa de 1884 (simplemente ha seguido avanzando un poco más hacia el oeste), sí que se observa un cambio sustancial entre este plano y el de 1851. De hecho, es en ese momento cuando el murallón de San Julián cambia de lado del río*, como se ve en la superposición que ya apareció en la entrada anterior.


La riada más importante que tuvo lugar en aquella época fue la de 1860. Así, lo refleja, por ejemplo, Ramírez de Arellano en los Paseos, explicando el cambio de cauce:

...han tenido lugar otras grandes avenidas, siendo la más notable en 1860, si bien no entró el agua en Córdoba, consistiendo principalmente en que, habiéndose destruido el murallón de San Julián, las aguas se extienden por aquel lado.

La comparación de los planos muestra cómo el río cambió su orientación, tomando una dirección sur-norte más clara a la altura de lo que hoy sería el puente del Arenal. Para ello, se llevó por delante parte de la huerta de Segovia. También de los Paseos por Córdoba: Durante este siglo quedó abandonado dicho murallón [de San Julián] y el agua ha socavado el terreno, llevándose gran parte de él, tanto que de un huerto bastante extenso, llamado de Segovia, sólo ha quedado la casa que, como otras cercanas, acabarán por arruinarse si antes no se pone remedio, en el que nadie piensa.

En realidad lo que hubo en 1860 no fue una sola riada, sino que, después de una larga sequía de varios meses, a primeros de noviembre empezó a llover, y no apenas hubo días soleados hasta final de año. Como consecuencia, el río subió notablemente al menos en dos ocasiones, a mediados y a finales de diciembre. De esos días son estas noticias del Córdoba, ambas referentes a la orilla izquierda del Guadalquivir.


Esta variación en el cauce debió ser determinante para que en las crecidas del siglo XX, especialmente en la de 1947, los sedimentos comenzasen a depositarse mayoritariamente en la orilla derecha del meandro, a la altura del molino de Martos, que perdió así su funcionalidad.

---
* Al menos de forma definitiva. De acuerdo con algunas fuentes, parece que ya en el siglo XVIII el río había traspasado el murallón y corría a su izquierda, y probablemente ni siquiera fue esta la primera ocasión. Las reparaciones aplicadas a la barrera para tratar de devolverlo a su cauce muestran que esta fue una larguísima batalla.

martes, 8 de septiembre de 2009

La variación del cauce del Guadalquivir en el Arenal


El gran caudal del Guadalquivir, y la manera en que los diques y murallones han aislado al río a su paso por la ciudad, dan la falsa impresión de que se trata de una bestia inamovible, demasiado grande como para sacudirse y serpentear variando su trayectoria en poco tiempo. Pero en realidad, antes de que se exageraran las diferencias de altura entre el cauce y la ribera por la acción humana, el Guadalquivir era un río poco profundo transcurriendo por un relieve bastante llano.

Es fácil tocar el fondo del río con la pala de una piragua, por ejemplo, casi en cualquier punto de su cauce. Y si no fuera por los lodos depositados, que lo convierten en una verdadera trampa, se podría cruzar andando en muchos lugares sin que llegara a cubrir por completo. Es por ello que, durante las antiguas riadas, el agua invadía nuevas zonas y, si resultaban más favorables, se quedaba allí. Así, y según un magnífico trabajo de David Uribelarrea (U. Complutense) y Gerardo Benito (CSIC, Instituto de Recursos Naturales), el Guadalquivir ha variado en los últimos milenios su cauce, dejando antiguas madres en lo que hoy es el barrio de la Fuensanta, y en la zona de Mercacórdoba. Este último canal, que aparece en la imagen como "Madre Vieja", ha sido ocupado en tiempos históricos por el río cuando las crecidas superaban los 2500 metros cúbicos por segundo de caudal, lo que ocurrió por última vez en 1963.



Una vez que el río, en su desplazamiento hacia el sur, se encontró con los acantilados que marcan el abrupto comienzo de la campiña, descargó sus energías en un desplazamiento hacia el oeste, durante el último milenio, que poco a poco fue erosionando su orilla izquierda y amenazando con trazar una línea recta por la espalda del Campo de la Verdad, al pie de la iglesia del Cerro, y dejar en seco el puente Romano.



El movimiento de los últimos 500 años (en la imagen, la flecha junto a 500yr BP) se ve claramente en la superposición que encabeza el post, donde se compara el plano de 1851 con la vista actual. Tiene algunos defectos, pero se basa en la posición de la parroquia del Campo de la Verdad y el molino de Martos, así que es bastante fiable. En ella se puede ver cómo la zona del Eroski casi hasta la Cuesta de la Pólvora y la ermita de los Mártires estaba ocupada por el río, y el azud de Martos, que ahora quieren hacer creer que se va a reconstruir, en realidad necesitaría un trazado totalmente nuevo para recobrar su funcionalidad.

El murallón de San Julián se puede ver en la imagen de Uribelarrea y Benito, y también en la superposición. Queda claro, por fin, cómo el río saltó de un lado a otro de la barrera durante el siglo XIX, aunque no fue un proceso rápido, sino que requirió de décadas (siglos) de acción erosiva.

---
Información e ilustraciones 2 y 3 de: Uribelarrea y Benito, Fluvial changes of the Guadalquivir river during the Holocene in Córdoba (Southern Spain), Geomorphology 100 (2008), 14-31.

domingo, 9 de agosto de 2009

Paseos por Córdoba, de Teodomiro Ramírez de Arellano

Probablemente para muchos de los que leen este blog, a estas alturas de la película, les parecerá un poco irrelevante esta entrada. Conocen el libro, algunos se lo han tragado enterito y constantemente se hace referencia a él desde aquí.

Pero es necesario dedicarle una entrada propia, en primer lugar por justicia: es uno de los documentos más importantes para estudiar la historia de la Córdoba contemporánea. Y también para que los que nunca lo han tenido en sus manos o en su pantalla puedan disfrutar de las miles de historias y anécdotas que contiene.

Los Paseos por Córdoba fueron escritos por el gaditano, afincado en Córdoba, Teodomiro Ramírez de Arellano y Gutiérrez (1828-1909), en la década de 1870, publicándose por entregas en la prensa local y apareciendo posteriormente como una serie de libros que quedaron incompletos, sin que estén muy claras las causas de ello.

Barrio por barrio, se explica el sentido del nombre de cada calle, de las casas más notables, de los personajes más famosos que las han habitado a lo largo de la Historia... Cada parroquia es minuciosamente estudiada, y prácticamente se puede decir que si un elemento relevante de la ciudad no es mencionado en los Paseos, es que sencillamente no existía en aquella época.

El libro está inconcluso porque Ramírez de Arellano nunca terminó su explicación del barrio de la Catedral, privándonos de sus conocimientos sobre la Mezquita y, de paso, sobre la zona de San Basilio, que tampoco es mencionada. Sí tenemos la suerte de que dedicara unas páginas a los lugares más notables de los alrededores de la ciudad, incluso algunos puntos de la sierra.

Hace poco tiempo se ha publicado el libro en formato wiki, gracias a un proyecto de Alfredo Romeo subvencionado por la Junta de Andalucía, abriendo las puertas de cada detalle de sus páginas a cualquier que use el buscador.

lunes, 27 de julio de 2009

Persiguiendo a Vernier: cómo se echó abajo la puerta de Gallegos

Después de descartar la puerta de la Misericordia, vamos a desplazarnos a otra zona de la ciudad para aclarar ideas sobre otra de las puertas candidatas a ser la retratada por Émile Vernier en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX.

En este caso volveremos sobre la puerta de Gallegos, que por la forma del remate superior podría recordar al dibujo en cuestión. Tenemos que partir de la única foto de que disponemos en la que aparece la puerta: la de 1862, en medio de la celebración de la Feria de la Salud.


Sólo observando la imagen podríamos, si nos ponemos quisquillosos, descartar su identificación con la de Vernier. Las proporciones son distintas, falta un cuerpo de muralla entre la puerta y el remate y, además, las almenas las diferencian. Por no hablar del aspecto ruinoso de la muralla del dibujo, frente a las líneas rectas de la foto.

Sin embargo, hay otro punto que nos limita todavía más la imaginación: si lo que pintó Vernier fue una versión empobrecida de la puerta de Gallegos, en algún momento entre 1862 y el derribo final (1865), suponiendo que el ánimo destructivo de la época hubiera ido dañando el monumento en sus últimos años de vida, sólo pudo hacerlo en un lapso de tiempo muy concreto: entre el 5 de abril y el 24 de mayo de 1865. A los planos.

En el plano de 1851, así como en el estudio de detalle realizado el mismo año en un intento por alinear y adecentar las fachadas del lienzo oeste de la muralla, actual paseo de la Victoria, se puede ver cómo la puerta de Gallegos está encajonada entre dos casas. A la izquierda, según se entra, el número 1 de la plazuela de Aladreros. A la derecha, el número 49 de la calle Concepción.


Por lo tanto, en este momento no se puede suponer que Vernier realizara el dibujo de la puerta de un modo detallista, quitando a su antojo una edificación. Sería necesario eliminar la casa número 1 de la plazuela de Aladreros (que lindaba con la muralla y con el nº 3 de la misma plaza) para hacer una vista interior en la que el muro a la derecha de la puerta estuviese libre. ¿Cuándo fue esto posible? Más o menos entre las fechas que dije antes.

Cuando se decidió echar abajo la puerta de Gallegos fue necesario demoler, en primer lugar, la casa que estaba adosada al lienzo norte junto a la entrada, para dejar más espacio. El 28 de marzo de 1865 el Ayuntamiento compró la vivienda a Dª Rosalía Arteaga, e inició los trámites para su derribo. El 5 de abril se celebró una subasta para adjudicar los materiales de construcción que se obtuvieran, y la obra comenzó poco después. El 30 de abril ya estaba realizada, y sólo se pensaba en hundir la puerta antes de que empezara la Feria, cuando más tránsito de gente habría por la zona.

Durante el mes de mayo se sucedieron las subastas de materiales sobrantes de la muralla, y el 24 de mayo la situación estaba normalizada, y se podía circular sin problema por esta renovada entrada de la ciudad.



Es decir, suponiendo que la puerta en 1865 ya no tuviera almenas, y salvando las diferencias en las proporciones entre la foto y el dibujo, Vernier sólo tuvo poco más de un mes para plasmar la puerta de Gallegos. ¿Pudo hacerlo a sabiendas de que era un monumento a punto de desaparecer? En ese caso chirría un poco que no eligiera la vista exterior, más representativa.

En mi opinión, tampoco es la puerta de Gallegos la que está colgada en el Louvre huérfana de nombre.

---
La información para este artículo está tomada del completísimo libro de Cristina Martín López, "Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica".

jueves, 2 de julio de 2009

La visita

Un manto de estrellas cubre la ciudad. Los días se van haciendo más cortos a medida que se acerca el fin del año 1924. Y Rafaé, el que se asustó cuando el cometa, entiende un rato de meteorología:
- Vasé una jartá frío, Paquillo.
Paquillo le contesta con un escueto "¡Digo!". Y ambos dan una caladita al cigarro.

Paquillo y Rafaé tratan de entrar en calor mientras esperan, de pie como pasmarotes, a la una de la madrugada, en el andén de la estación de Córdoba. Rafaé se da una vueltecita por el interior del edificio y observa, anonadado, cómo frente a la puerta principal, acaba de aparcar un Hispano-Suiza blanco con dos policías en su interior. Se intuye la llegada de un tren, que no hace sonar el silbato de aviso. De hecho, por no hacer ruido, no lo hace ni al frenar, dejando suavemente los dos únicos vagones de pasajeros frente a la estación.

Furtivamente, mirando a izquierda y derecha, bajan dos personas del convoy, sólo dos, dos hombres altos con sombrero y gabardina, que caminan con pasos largos al tiempo que indican a los cordobeses que se encarguen de llevar al coche el ligerísimo equipaje. "Sí, señó", intenta decir Rafaé, pero no llega ni a terminar el "señó", porque le ve la cara a uno de los pasajeros, y reconoce, en mitad de la noche y de incógnito, al Rey de España. "Majestá", añade, mientras se le cae el cigarro de la boca. Alfonso XIII pasa de largo.

Por las callejuelas oscuras de Córdoba, mientras toda la ciudad duerme plácidamente, otras dos almas vagan sin rumbo fijo. Llevan veinte minutos dando vueltas por las calles de San Pedro y San Andrés, aparentemente sin sentido, pero su intención es muy clara. Están jugando al despiste. Piensan que les pueden haber seguido y tratan de dar esquinazo a cualquier curioso indeseable.

Cruzan la Corredera de punta a punta, hacia el Arco Alto, y suben la calle de las Esparterías. De pronto, se detienen en seco. Una de las sombras empuja a la otra, con un rápido movimiento, hacia un rincón. El sombrero caído al suelo descubre un rostro de mujer, joven, inquieta, hermosa. Ha visto el Hispano-Suiza bajar desde la Calle Nueva y girar a la izquierda, y su corazón se ha disparado. Su acompañante intenta calmarla, es un leal amigo que esa noche cumple su enésima misión nocturna.


Continúan su camino siguiendo el rastro del automóvil, que ha desaparecido de la calle en la que entró. Al llegar a la altura de una preciosa mansión, el hombre anuncia que se retira. Ella rechaza su mano y le estampa un beso en la cara, dándole mil gracias por su servicio, antes de golpear la puerta un par de veces. "Buenas noches, le están esperando", fue todo el recibimiento que tuvo.


Córdoba callada, Córdoba lejana y sola, oculta a los ojos de la Villa y Corte, guarda el secreto. Esconde en su corazón, en su mismo centro, la felicidad de un amor consentido por la lealtad de dos mujeres de negro, amas de llaves de las alcobas del Rey. Una es noble, la otra burguesa, son fuertes y tienen sendas familias que dirigir.

En Madrid, dos reinas, madre y esposa, lloran juntas la desealtad del Borbón. En el barrio de San Pedro, mientras tanto, el sol invade la habitación donde también se escribe la historia de este país, la que no circulará en los periódicos sino en los mentideros, la que sólo podrá contarse escondida entre dobles sentidos y medias palabras.

El Rey saluda con una sonrisa al servicio y pregunta por la señora de la casa. Le comunican que ha salido temprano, para mayor tranquilidad de Su Majestad. Al otro lado de la calle, como cada mañana, el ajetreo del negocio se desarrolla ajeno a su presencia, y esto le agrada. Se siente libre.

Se sienta a desayunar, coge el periódico y, antes de que su acompañante asome por el pasillo, pregunta en voz alta:
- ¿Me ha reclamado ya, la Reina?
Sin saber por qué, encuentra ingeniosa la frase, y decide guardársela para otra vez.

---
Evidentemente, este es un relato de ficción. Ni por asomo se quiere dar a entender que, en la vida real, dos de las familias más señaladas de la Córdoba alfonsina estuvieran al tanto de su relación extramatrimonial, ni que su amante visitara en algún momento la ciudad. Hubo visitas privadas de Alfonso XIII, lo demás es imaginación.

jueves, 18 de junio de 2009

Persiguiendo a Vernier: la puerta Excusada, de Alquerque o de la Misericordia

La búsqueda de la puerta de Vernier sigue avanzando poco a poco, pero al menos me ha servido para poder informarme sobre una de las que en principio consideramos como posibles, la puerta del Santo Cristo de la Misericordia, más conocida como puerta Excusada y, antes, puerta de Alquerque. Esta puerta se situaba en la mitad oriental de la actual avenida de las Ollerías, en la salida al campo por la calle Cárcamo. En un pequeño corte del plano de 1851 se nos muestra así:



Esta es una comparativa de su evolución entre 1851 y 1884, donde podemos notar como único cambio importante el derribo de la muralla, y por tanto, de la puerta, que tiene lugar en el año 1882.



Pero cualquier intento de comprender la historia de esta puerta pasa, necesariamente, por entender la del edificio que fue surgiendo a su lado, parasitando su espacio y, finalmente, determinando un cambio en su ubicación: el hospital de la Misericordia.

Realizando una interpretación más o menos libre de la descripción de Ramírez de Arellano, aunque sin perder de vista los importantes restos que aún perviven en la calle Fernando de Lara, podemos reconstruir el pasado de esta zona de la ciudad. Nos ayudaremos para ello de la superposición del plano de 1851 sobre el viario actual, así como de una serie de fotos de la zona, numeradas del 1 al 8.

Este es uno de los puntos de la ciudad en los que resulta confusa la línea de muralla, ya que el plano decimonónico la sitúa muy hacia el exterior, prácticamente por la acera de la avenida de las Ollerías. Sin embargo, es evidente que hay un lienzo de muralla que corre por la calle Fernando de Lara en línea recta hacia la esquina de Ollerías con Ronda de Marrubial, representado por una línea roja larga en la superposición, y visible en las fotos 2 a 7. Es un muro de tapial de notable altura y espesor, reparado con ladrillo en algunas zonas, de gran altura en un tramo de 60 metros en el que se conserva un torreón, en su extremo oriental, y varias almenas frente a la calle Nieves Viejas. ¿Cuál es la verdadera línea de muralla?



Pues posiblemente la que aparece dibujada en amarillo sobre la imagen anterior, que coincide con la descripción que hace Ramírez de Arellano de una doble esquina: se comprende la existencia de otro lienzo de muralla que, uniéndolos [los lienzos del muro de la Misericordia, a la izquierda en rojo en la imagen, y de Fernando de Lara] formaba con los otros dos ángulos encontrados, haciendo por la parte del campo una gran rinconada y en ella la puerta en tiempo de los árabes llamada de Alquerque". En la foto 2 se ve la esquina sur de esa rinconada, inconfundible en su fábrica. He marcado con una interrogación la posible ubicación de la puerta Excusada original.

Al parecer, en 1690 se funda una cofradía del Santo Cristo de la Misericordia, que decide emplear para sus reuniones y obras una ermita construida unos antes junto a la puerta Excusada. Podría corresponderse con el solar que he marcado en amarillo. Rápidamente se extiende, gracias a donaciones, y ocupa el espacio hasta la muralla, del campo a la calle de Fernando de Lara, en el año 1729. Es en ese momento cuando se hace necesario trasladar la puerta, porque el nuevo hospital fagocitará incluso terrenos extramuros, formando poco a poco la manzana que luego se verá en los planos del siglo XIX, gracias a la construcción de dependencias en solares adosados al lado exterior de la muralla.

En la descripción del plano de la Gerencia de Urbanismo, se habla de los restos de Fernando de Lara como una "excepción" del proceso de demolición de la muralla. Eso no es del todo exacto, porque el único motivo de la supervivencia de este tramo es la funcionalidad que tenía al formar parte del propio hospital. De hecho, la parte que no servía a este efecto, es decir, los 100 metros desde el torreón a la esquina del Marrubial, fue demolida casi por completo, quedando un pequeño murete hasta nuestros días.



En cuanto a la puerta, Ramírez de Arellano la describe como de horrible forma. Pero da un dato muy importante: en la nueva de 1729 se colocó un San Rafael en lo alto, probablemente el mismo que hoy adorna el jardín en el lugar exacto en el que estuvo la entrada a la ciudad (foto 8). La presencia del edificio del hospital a la derecha de la puerta, que no aparece en el grabado de Vernier (no considero que el incendio de 1867 lo borrara del mapa, como atestiguan planos posteriores), y el propio San Rafael en el remate me hacen pensar que no es ésta la puerta que andamos buscando.

Pero, ¿y lo que se aprende? El próximo día, alguna anécdota más suave sobre la puerta.

(Más sobre la puerta Excusada)