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viernes, 14 de septiembre de 2012

El traslado de la parroquia de San Nicolás de la Axerquía

Una de las parroquias fernandinas más desconocidas de Córdoba es que la daba nombre al barrio comprendido, más o menos, entre la calle de la Feria y el convento de Santa Clara, de oeste a este, y la plaza de las Cañas y el río, de norte a sur, por decirlo breve e inexactamente: era San Nicolás de la Axerquía, popularmente San Nicolás del Río. La plaza del Potro o el convento de San Francisco (oficialmente, San Pedro el Real), por ejemplo, formaban parte de este barrio.

La pequeña iglesia dejó de serlo en 1877 para trasladar la parroquia a dicho convento, donde aún hoy se encuentra. El edificio se fue arruinando progresivamente pero, para sorpresa de muchos cordobeses, ahí sigue, en la Ribera, rompiendo la línea de fachadas con una esquina saliente. Sí, ese cocherón blanco entre Bodegas Campos y el río es la antigua iglesia de la Axerquía, hoy aparcamiento privado.


Aunque otro día podríamos ver un poco de la historia de la parroquia (antigua mezquita, como muchas de ellas), hoy me gustaría ver por qué fue necesario su traslado y en qué circunstancias se produjo. La respuesta, como no podía ser de otra forma en ese barrio, está en el Guadalquivir.

El invierno de 1876-1877 fue especialmente lluvioso. Uno de esos años en los que el río crecía de tal forma que la maquinaria erosiva del meandro del Arenal se ponía en marcha (como ocurrió también en 1860, arruinando lo que quedaba del murallón de San Julián) y el terreno bajo la primera línea de casas del actual paseo de la Ribera era peligrosamente horadado.

Un vistazo a la prensa de aquellos días nos deja noticias cuando menos inquietantes. Alrededor del 6 de diciembre debió venir tal riada que las casas de la Fuensanta, Campo de la Verdad y San Nicolás de la Axerquía fueron inundadas. El Santísimo fue llevado a toda prisa a la ermita de la Aurora, y las bombas de desagüe trabajaron en el barrio durante varias jornadas, llegando a medio metro la altura del agua dentro de la parroquia. Se recaudaron fondos para los afectados por la riada y se llevaron a cabo trabajos de limpieza.

No era la primera vez que ocurría pero, ya fuera porque peligrara la propia integridad del edificio, o por la incomodidad de una parroquia pequeña e indefensa frente al río, se decidió que la iglesia del convento de San Francisco sería la nueva sede parroquial de San Nicolás y San Eulogio. Ramírez de Arellano describe una iglesia de proporciones reducidas y con un techo bajo. Uno de los barrios más humildes de Córdoba tenía, por tanto, una de las más pobres iglesias, lejos de la magnificiencia de la homónima parroquia de San Nicolás de la Villa.

El 4 de enero se celebra allí el funeral de una mujer, Josefa del Pino, posiblemente uno de los últimos oficios religiosos de San Nicolás de la Axerquía. Pese a usarse la sacristía para reunión de alguna hermandad, el 14 de febrero el Diario de Córdoba da por hecho el traslado: una de las campanas se envía a Santiago y las otras dos, a San Francisco.

A San Francisco se llevan también los archivos y todas las imágenes, así como la pila bautismal y el pequeño retablo con una pintura del bautismo de Cristo, procedente (no estoy seguro de que ocurriera lo mismo con la pila) de la también desaparecida parroquia de Omnium Sanctorum.

martes, 22 de diciembre de 2009

¿Hubo un puente anterior al romano en Córdoba?

¿Alguien se lo había planteado antes de leerlo aquí? Hoy, esa pregunta es poco menos que un sacrilegio, y su respuesta es "no". Hace poco más de cien años, esa pregunta era de lo más normalito, y su respuesta era "sí". Espero que os guste esta historia, que es cuando menos curiosa, y que abre las puertas de toda una teoría, hoy olvidada, que imaginaba una inmensa y poderosa Córdoba anterior a Roma.


I. Citas históricas de un supuesto puente prerromano

Bartolomé Sánchez Feria, a finales del siglo XVIII, no lo duda.
Ese puente existió, y se encontraba por debajo del actual, casi exactamente donde hoy está el puente de San Rafael, por debajo de la desembocadura del arroyo del Moro. Sí, el arroyo del Moro es el chorrillo que bordea la puerta de Sevilla. De todos modos, si hay que tomar por cierto todo lo que Sánchez Feria creía, podemos empezar a quemar libros de historia de Córdoba que, como a él le gustaba decir, sólo serían buenos como tizones.

Dice este autor (tomo IV, pag. 64) que la ciudad...


El molino que cita puede ser el que hoy llamamos de la Alegría (integrado en el Botánico) o algún otro que estuviera por la zona de la desembocadura del arroyo. No es el de las Tripas, que estaba más abajo y en funcionamiento en aquella época.

Todo esto parece una tomadura de pelo, pero luego avanzamos casi cien años, hasta mediados o finales del siglo XIX, y nos encontramos a Luis Maraver diciendo en la
Historia de Córdoba (Tomo I, pag. 228, edición 1863) que allí hubo otro puente cuyos cimientos se descubren aún.


Y se basa en la misma cita que Sánchez Feria, en la
Historia arabum del arzobispo Don Rodrigo, la clave de este follón. En este texto se dice que el emir Hisham hizo un puente nuevo (hay consenso en que reparó, y quizás rehizo, el romano) por encima del antiguo. Por encima, ¿literalmente, o en el sentido de la corriente del río? A saber.

Con la duda en el cuerpo, podemos leer a Ramírez y de las Casas-Deza, del que os pongo un manuscrito, que insiste en la misma ubicación, cita y opinión.


II. ¿Existió un puente prerromano o romano donde hoy está el de San Rafael?


Hasta donde hoy sabemos, no tiene ningún sentido. ¿Para qué querían los romanos dos enormes y costosos puentes de piedra separados sólo por unos cientos de metros? Sin embargo, la ciudad romana original no llegaba hasta el río, como se ve en la primera imagen, sino que se protegía de forma natural por la pendiente que hay a partir del actual Conservatorio. ¿Pudo una riada llevarse un primer puente de piedra en el siglo II o I a.C., obligando a los romanos a construir uno nuevo donde hoy lo vemos, al tiempo que extendían la ciudad hacia él? Suena muy rebuscado.

Hay una mínima posibilidad de que en el futuro la arqueología nos dé una sorpresa, pero por el momento todo indica que esta historia del puente fenicio (como decían en el XIX) de Córdoba no es más que una mala interpretación de unos restos que ya no existen, o que están enterrados en la zona.

¿Por qué tuvo tanto éxito esta teoría? Porque esos restos no estaban solos. Había junto a ellos algunas ruinas que sugerían una poderosa ciudad prerromana, ruinas que siguen, en parte, allí. El próximo día las vemos.


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Ojo. Para la próxima entrada no habrá aviso en Facebook ni Twitter porque andaré por tierras castellanas sin internés y con mucha nieve. Espero. La dejo programada. Feliz Navidad a todos, todas y todes.

viernes, 2 de octubre de 2009

El pleito del siglo (XVI): el Cabildo contra el Reino, por el azud de San Julián

Último capítulo. Hay material para más, pero ya está bien, que me estoy saturando ya de río y de molinos, con un libro que no hay cristiano que lo entienda y sin ninguna foto con la que ilustrar algo que ya no existe.

El cierre del "tema San Julián" no es otro que la explicación de cómo desaparecieron esos molinos, hoy enterrados (lo que quede de ellos) bajo la portada de la Feria, poco más o menos. Afortunadamente, fue un acontecimiento en el que hubo mucho dinero de por medio, lo cual, en manos eclesiásticas, es garantía de que hay cantidad de documentos antiguos que consultar.

Resulta que, en el año 1568, al poco de que Wyngaerde hiciera las maletas, los propietarios del molino de Martos empezaron a hacer una obra en la azuda que supuso el recrecimiento de la presa, entre otras muchas reformas que aproximaron el molino a la imagen que luce hoy en día. Evidentemente, al aumentar la altura del agua embalsada, los molinos de San Julián perdieron su funcionalidad, porque quedaban ahogados por la represa de Martos, situada aguas abajo. Las aceñas y batanes dejaron de producir, las norias dejaron de girar y, al poco tiempo, los molinos quedaron abandonados e improductivos.

El Cabildo, propietario de una parte de las aceñas, aglutinó en torno a sí al resto de los propietarios, incluyendo conventos y particulares, que acordaron comisionar a dos personas para que se ocuparan del pleito contra los dueños del molino de Martos. El problema es que iba a ser una pelea de titanes, ya que dichos dueños eran los frailes de la Orden de Calatrava (de Santiago, según algunos documentos), y desde los tiempos de los Reyes Católicos y los primeros Austrias, las Órdenes Militares dependían del poderoso Consejo de las Órdenes, es decir, del Rey (1).

Al final, después de muchísimo dinero gastado, el Rey accedió a comprar a los propietarios los molinos dañados, y aquí paz y después gloria. La Corona siguió pagando rentas a los damnificados (si no he interpretado mal lo leído), y explotando a través de la Orden de Calatrava el productivo molino de Martos.

Lo siguiente, ya lo sabemos. Fue el redescubrimiento en 1751 de las ruinas de la azuda, según cuenta Sánchez Feria.

Y hasta aquí el recorrido por la zona de San Julián. Hay mucho, muchísimo más que contar, pero ya habrá tiempo para ello.

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(1) Esto explicaría la denominación de "Azud Real" que aparece en algún documento, en referencia, yo creo, a la parada de Martos.
Información del libro "Molinos y aceñas de la ciudad de Córdoba", de Cristóbal Torres Delgado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El azud de San Julián: el río se fue y los molinos se quedaron

Después de leer algunas cosillas y, sobre todo, mucho imaginar, creo que me puedo meter en este nuevo jardín sin salir escaldado. No existen fotos, no quedan restos, pero creo que hay soporte para argumentar que hubo un azud, con sus molinos, que desapareció por completo, aguas arriba del molino de Martos, a la altura de lo que hoy es el puente del Arenal y la portada de la Feria.

El texto que encabeza la entrada es un fragmento del tomo 2 de la "Palestra Sagrada", de Sánchez Feria, en el que explica cómo el río dejó al descubierto, en 1751, las ruinas de una azuda y molinos. Ramírez de Arellano habla de que en este sitio hubo en lo antiguo varios molinos harineros y batanes para los paños, los que desaparecieron por completo, consistiendo principalmente en que, construida la azuda de Martos, quedó la corriente más mansa, a consecuencia de haber perdido el declive que antes tenía.

Las referencias documentales a los molinos de San Julián, relativamente frecuentes durante los siglos XV y XVI, dejan de verse antes de llegar al XVII. En el último tercio del siglo XVI se produjo la ruina de esta zona industrial de la época, ahogada (literalmente) por el empeño del río en salirse de su madre de entonces, y por el aumento del nivel del agua, consecuencia del recrecimiento del azud de Martos.

El estudio de los molinos y batanes se complica de forma endemoniada si tenemos en cuenta que se les daban nombres que variaban con los años, a veces nombrando una sola aceña, a veces la casa entera, que podía contener varias de ellas. Los propietarios cambiaban, los arrendatarios iban y venían, y así no hay quien se aclare sin una investigación en profundidad.

Se cree que en la parada de San Julián había nueve canales utilizables, con sus correspondientes norias hidráulicas, cinco de ellos para batanes y cuatro de pan moler. Para hacernos una idea, basta decir que el molino de San Antonio, el de al lado de la Calahorra, contenía cuatro piedras de moler, con lo que un par de casas o tres serían suficientes para albergar toda la infraestructura.

Conocemos sus propietarios con bastante claridad, allá por 1570, más o menos. El Cabildo poseía dos aceñas y un batán; el convento de Santa Clara, dos piedras de aceña de pan moler; Isabel Mejía Tafur, viuda de Hernando Pineda, un batán; y así sucesivamente: conventos, nobles y adinerados se repartian el resto.

Se conocen ventas y cambios con respecto a esta situación, y a veces aparece el Cabildo como propietario de dos batanes, o se nombran personajes que no habían aparecido por ninguna parte en otros papeles. Pero lo que debe quedar claro, a mi parecer, es que hubo azuda de San Julián, y dos o tres casas de molinos que alojaron toda esta industria, que el río primero arrasó y luego abandonó al olvido en el paso del siglo XVI al XVII.

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La duda que no me dejaba publicar la entrada a gusto era un pequeño edificio que se ve en los planos del siglo XIX al otro lado del azud de Martos, en Miraflores. ¿Y si los molinos de San Julián hubieran estado en ese mismo azud? Según como se mire, se podrían considerar "aguas arriba" del molino de Martos.

Arjona Castro, en su
Historia de Córdoba durante el Emirato Omeya menciona un molino de la Alheña, que él ubica en la antigua almunia de Nasr, y que puede ser el situado en la parada o presa de San Julián, aceñas que eran diferentes a las de Martos aunque estaban a su misma altura en el río, que en el siglo XIV tenía cuatro piedras situadas en la orilla izquierda del río. Yo sé que Arjona es mucho Arjona, y yo también he pensado mucho si estos molinos de San Julián estarían la misma azuda, pero en mi opinión, si en 1567, cuando estaban aún en pie las industrias molineras y bataneras de las que hemos hablado, hubiera algo de ello en el azud de Martos, como implica lo que dice el arabista, Wyngaerde lo habría mostrado en su pintura, que es casi una fotografía. Y, sin embargo:


Por otro lado, en muchos documentos se habla explícitamente de la parada de San Julián, que está por encima de la parada de los molinos o aceñas de Martos, o se habla del trozo de ribera entre el Azud Real (el de Martos lo era, por pertenecer a la Orden Militar de Calatrava) y el de San Julián.

El próximo día, la última entrega de esta historia resumida del Guadalquivir en la zona del Arenal: cómo y por qué desparecieron los molinos del azud de San Julián. Una batalla, perdida de antemano, que libró el Cabildo de Córdoba contra el poderoso Consejo de las Órdenes.

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Gran parte de la información se ha obtenido del libro
Molinos y aceñas de la ciudad de Córdoba, de Cristóbal Torres Delgado. Otras menciones son títulos de documentos del Archivo Municipal de Córdoba.

domingo, 20 de septiembre de 2009

La ermita de San Julián

Si no fuera por algunas fechas que parecen bailar y no casar adecuadamente, se podría decir que fue la presencia de una ermita dedicada a San Julián la que provocó la aparición de un topónimo que luego se aplicaría a numerosos lugares, calles o hitos de la zona. No podemos ubicarla de forma exacta, pero nos podemos hacer una idea con la imagen. El murallón se reconstruyó cerca de 1770, casi un siglo después de que desapareciera la ermita, así que no es descabellado imaginarla al final de la calle que lleva (aún) su nombre.

Según Ramírez de Arellano, uno de los pocos que mencionan la ermita en la literatura, se encontraba a unos 200 pies (280 m) del río. Esto nos obligaría a llevarla algo más al sur de la imagen, porque con la curva del río la distancia podría encajar, pero cualquiera hace cuentas con lo que ha variado el cauce. Nos dice también que medía cinco varas en cuadro (apenas 4 x 4 m), aunque no sabemos en qué época.


Fue fundada, sobre otra anterior, por Martín de Angulo y Contreras.
Rebuscando un poco, parece ser que este hombre fue un caballero de la Orden de Calatrava, Veinticuatro de Córdoba (hijo de don Lope de Angulo, de la Orden de Calatrava, Veinticuatro de Córdoba, así funcionaban (?) las cosas) que vivió en el siglo XVII, entrando a dicha Orden en 1667. Había nacido en Jaén, pero vivía en Córdoba.

Si consideramos que la ermita de San Julián fue fundada en ese tercer cuarto del siglo XVII, tenemos el problema que supone la aparición del topónimo en muchos documentos del siglo XVI, e incluso del siglo XV, pues ya en 1422 se alude a una parada de molinos en San Julián. De modo que habría que aceptar que, o bien nos estamos confundiendo de Martín de Angulo y Contreras, o bien existió desde poco tiempo después de la conquista cristiana un lugar de culto con ese nombre en la misma zona.


Sea como fuere, ese siglo XVII marcó la destrucción del santuario. El 22 de enero de 1684 el río Guadalquivir derribó en una crecida parte de la casa-ermita, y arrastró otro trozo en la avenida del 10 de febrero. El 21 de enero y el 19 de febrero quedó San Julián completamente perdida, y la destrucción definitiva tuvo lugar en 1692.


Sánchez Feria, en su Palestra Sagrada, impresa en 1772, menciona las ruinas de la ermita de San Julián, aún visibles en el lecho del río, según él en el lado opuesto del mismo, ya casi en el Arenal. Hay que tener en cuenta que la reconstrucción del murallón de San Julián se ordena en 1770 pero no culmina hasta unos años después, por lo que es posible que Sánchez Feria cuente la situación anterior a la reparación, y luego se consiguiera estabilizar el cauce hasta el siglo XIX.

sábado, 12 de septiembre de 2009

La riada de 1860 y la destrucción de la huerta de Pedro Segovia

Pensé que no se iba a ver tan claro, pero la composición de imágenes es un verdadero viaje en el tiempo, a lo largo de algo más de 150 años de historia del extremo oriental del antiguo barrio del Campo de la Verdad (la foto está girada unos 45º respecto al norte).

Aunque básicamente el cauce del río no ha variado desde el mapa de 1884 (simplemente ha seguido avanzando un poco más hacia el oeste), sí que se observa un cambio sustancial entre este plano y el de 1851. De hecho, es en ese momento cuando el murallón de San Julián cambia de lado del río*, como se ve en la superposición que ya apareció en la entrada anterior.


La riada más importante que tuvo lugar en aquella época fue la de 1860. Así, lo refleja, por ejemplo, Ramírez de Arellano en los Paseos, explicando el cambio de cauce:

...han tenido lugar otras grandes avenidas, siendo la más notable en 1860, si bien no entró el agua en Córdoba, consistiendo principalmente en que, habiéndose destruido el murallón de San Julián, las aguas se extienden por aquel lado.

La comparación de los planos muestra cómo el río cambió su orientación, tomando una dirección sur-norte más clara a la altura de lo que hoy sería el puente del Arenal. Para ello, se llevó por delante parte de la huerta de Segovia. También de los Paseos por Córdoba: Durante este siglo quedó abandonado dicho murallón [de San Julián] y el agua ha socavado el terreno, llevándose gran parte de él, tanto que de un huerto bastante extenso, llamado de Segovia, sólo ha quedado la casa que, como otras cercanas, acabarán por arruinarse si antes no se pone remedio, en el que nadie piensa.

En realidad lo que hubo en 1860 no fue una sola riada, sino que, después de una larga sequía de varios meses, a primeros de noviembre empezó a llover, y no apenas hubo días soleados hasta final de año. Como consecuencia, el río subió notablemente al menos en dos ocasiones, a mediados y a finales de diciembre. De esos días son estas noticias del Córdoba, ambas referentes a la orilla izquierda del Guadalquivir.


Esta variación en el cauce debió ser determinante para que en las crecidas del siglo XX, especialmente en la de 1947, los sedimentos comenzasen a depositarse mayoritariamente en la orilla derecha del meandro, a la altura del molino de Martos, que perdió así su funcionalidad.

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* Al menos de forma definitiva. De acuerdo con algunas fuentes, parece que ya en el siglo XVIII el río había traspasado el murallón y corría a su izquierda, y probablemente ni siquiera fue esta la primera ocasión. Las reparaciones aplicadas a la barrera para tratar de devolverlo a su cauce muestran que esta fue una larguísima batalla.

martes, 8 de septiembre de 2009

La variación del cauce del Guadalquivir en el Arenal


El gran caudal del Guadalquivir, y la manera en que los diques y murallones han aislado al río a su paso por la ciudad, dan la falsa impresión de que se trata de una bestia inamovible, demasiado grande como para sacudirse y serpentear variando su trayectoria en poco tiempo. Pero en realidad, antes de que se exageraran las diferencias de altura entre el cauce y la ribera por la acción humana, el Guadalquivir era un río poco profundo transcurriendo por un relieve bastante llano.

Es fácil tocar el fondo del río con la pala de una piragua, por ejemplo, casi en cualquier punto de su cauce. Y si no fuera por los lodos depositados, que lo convierten en una verdadera trampa, se podría cruzar andando en muchos lugares sin que llegara a cubrir por completo. Es por ello que, durante las antiguas riadas, el agua invadía nuevas zonas y, si resultaban más favorables, se quedaba allí. Así, y según un magnífico trabajo de David Uribelarrea (U. Complutense) y Gerardo Benito (CSIC, Instituto de Recursos Naturales), el Guadalquivir ha variado en los últimos milenios su cauce, dejando antiguas madres en lo que hoy es el barrio de la Fuensanta, y en la zona de Mercacórdoba. Este último canal, que aparece en la imagen como "Madre Vieja", ha sido ocupado en tiempos históricos por el río cuando las crecidas superaban los 2500 metros cúbicos por segundo de caudal, lo que ocurrió por última vez en 1963.



Una vez que el río, en su desplazamiento hacia el sur, se encontró con los acantilados que marcan el abrupto comienzo de la campiña, descargó sus energías en un desplazamiento hacia el oeste, durante el último milenio, que poco a poco fue erosionando su orilla izquierda y amenazando con trazar una línea recta por la espalda del Campo de la Verdad, al pie de la iglesia del Cerro, y dejar en seco el puente Romano.



El movimiento de los últimos 500 años (en la imagen, la flecha junto a 500yr BP) se ve claramente en la superposición que encabeza el post, donde se compara el plano de 1851 con la vista actual. Tiene algunos defectos, pero se basa en la posición de la parroquia del Campo de la Verdad y el molino de Martos, así que es bastante fiable. En ella se puede ver cómo la zona del Eroski casi hasta la Cuesta de la Pólvora y la ermita de los Mártires estaba ocupada por el río, y el azud de Martos, que ahora quieren hacer creer que se va a reconstruir, en realidad necesitaría un trazado totalmente nuevo para recobrar su funcionalidad.

El murallón de San Julián se puede ver en la imagen de Uribelarrea y Benito, y también en la superposición. Queda claro, por fin, cómo el río saltó de un lado a otro de la barrera durante el siglo XIX, aunque no fue un proceso rápido, sino que requirió de décadas (siglos) de acción erosiva.

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Información e ilustraciones 2 y 3 de: Uribelarrea y Benito, Fluvial changes of the Guadalquivir river during the Holocene in Córdoba (Southern Spain), Geomorphology 100 (2008), 14-31.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Lo que el río se llevó: el murallón de San Julián


Esta es la historia de un topónimo maldito. De un nombre que se llevó el río, trozo a trozo, recuerdo a recuerdo, hasta extirparlo de la memoria popular cordobesa. Es el relato de una derrota en la lucha contra la fuerza del río Guadalquivir, que busca desde hace milenios su camino más cómodo a través de la Vega cordobesa, y parece no terminar de encontrarlo.

En el año 2002, durante las obras para la construcción del llamado Balcón del Guadalquivir, el complejo de terrazas de la margen derecha del río, salieron a la luz unos restos arqueológicos que se correspondían con una estructura hasta entonces sólo conocida por fuentes escritas. Se situaban justo al sur del puente del Arenal, a la izquierda de la portada de la Feria.

Se trata de una muralla que se construyó en el siglo XVI para proteger la ciudad y sus huertas frente a las continuas riadas que, invierno sí e invierno no, castigaban las casas y el terreno, socavándolo poco a poco. Durante varios siglos, hasta finales del XIX, se hundió y reparó el llamado murallón de San Julián en diversas ocasiones, hasta terminar aceptando que el intento de evitar que el río anegara continuamente la zona sur de Córdoba había fracasado miserablemente.

Según Enrique León (1), el muro fue construido a mediados del siglo XVI, concretamente en 1554, y ese mismo año una riada lo reventó. Una de las reconstrucciones se puede fechar en 1770. En 1860, según Ramírez de Arellano, y en 1876, según el mismo trabajo de Enrique León, el murallón quedó definitivamente superado y abandonado.

Pero quizás el aspecto más curioso de esta construcción requiere de una pequeña reflexión. ¿Cuál era el objeto del murallón? Lo vemos ahí, en la orilla derecha del río, como protegiendo el Arenal, que hasta hace escasos años era un patio trasero de la ciudad, olvidado y con escaso valor como enclave urbano. Cuesta trabajo comprender tanto esfuerzo histórico por proteger estas tierras de cultivo.


¿O es que no era esa su misión?

Sorpresa. El murallón se diseñó y construyó para proteger el barrio del Espíritu Santo y el Campo de la Verdad, evitando que el río, en alguna crecida, trazara una línea recta por la espalda del barrio y dejara seco su cauce tradicional, no volviendo a transcurrir nunca más bajo el puente Romano.

¿Entonces...?

Sí, entonces el río Guadalquivir ha variado su cauce en los últimos siglos, de manera que si nos fuéramos 200 años atrás, el puente actual del Arenal sería una absurda estructura sobre las huertas orientales del Campo de la Verdad. El río pasaba, entonces, por lo que hoy es el terreno de la portada de la Feria y el paseo de caballos con las grandes casetas que dan al Guadalquivir. Poco a poco, inundación a inundación, las aguas fueron abriéndose paso por la espalda del murallón, hasta trazar un nuevo recorrido más al oeste, arrebatando al barrio del Espíritu Santo una importante porción de tierras.

La migración del río, que yo desconocía totalmente hasta que el compañero David me remitió a un artículo en la Calleja de las Flores, es el tema del próximo día.

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(1) LEÓN PASTOR, E., (2005), "El murallón de san Julián. Síntesis arqueológica del Guadalquivir y su curso fluvial a su paso por Córdoba", Anales de Arqueología Cordobesa 16, Córdoba, pp. 29-66.
La primera imagen está tomada de Arqueocórdoba.

jueves, 12 de junio de 2008

La gran riada de 1947

Algo más ligerito. Una foto impresionante, tomada de un libro de Arjona Castro, que muestra cómo se comportaba el Guadalquivir en los tiempos en que su caudal aún no estaba regulado por los distintos embalses que existen a lo largo de su cauce. Corresponde a la riada de 1947. No hay más que asomarse al río a la altura del Puente Romano para imaginar la cantidad de agua que tendría que llevar para dar como resultado esta foto.

Como veis, los ojos del puente están cegados por completo, y el agua ha inundado el Campo de la Verdad. Asoman sobre la superficie los tejados de los molinos más altos, los de San Antonio y Papalotierno. La imagen, tomada desde lo alto de la torre de la Catedral, vale más que cualquier descripción.

PD. Aquí os dejo una imagen del siglo XIX, prácticamente con el mismo encuadre, para que comparéis el nivel del agua.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Córdoba vive: el Hombre Río

Sorpresa, Córdoba vive, Córdoba respira e imagina. Córdoba salta a su río desnuda, en la furtividad de la noche; nada por él, espanta a las garcillas y se sorprende a sí misma una mañana de abril de 2006, paseando por la Ribera. Flotando en el Guadalquivir, en forma de hombre de mirada sonriente, de burla al aburrimiento, a la premeditación, de homenaje a la libre creación, la ciudad se gusta y se curiosea.

Córdoba se refresca en los pies descalzos e invisibles de su Hombre Río, rejuvenece y comprueba que aún es posible seguir inventándose, asombrar a sus gentes y confundir a sus políticos. El Hombre toma personalidad propia a medida que entra en la retina de la gente somnolienta; gira su cabeza y contempla la ciudad que le ha dado a luz.


Educado, se aparta de los sotos y busca su lugar sin estorbar a la vista del casco histórico, disfrutando de
la Mezquita desde el cobijo del puente de Miraflores, pasando los días al tibio sol de primavera. Al fin, cuando se cansa de flotar, sin perder su alegría, se deja llevar por las aguas hasta el Molino de Martos, donde espera a que le recojan.

Sorpresa, aún hay en Córdoba alguien capaz de hacer lo que a nadie se le había ocurrido, de regalarle a la ciudad un símbolo sin que se lo haya pedido. Y mientras el Hombre Río, rehabilitado, posaba para YouTube con su bandera blanquiverde, se daba cuenta de que era un granito de arena más en la identidad común, un segundo más en la historia. Gracias a unos autores (Rafael Cornejo y Francisco Marcos) que lo entregaron a nuestra ciudad, literalmente, por amor al arte.


Arrastrado y mutilado hace unos días por las aguas que te vieron nacer, esperas ahora en algún almacén. Resístete, Hombre Río, apaga tu sonrisa, exige tu lugar. Vuelve a relajarnos con la música que acompaña tus vídeos, a distraer nuestras miradas para que nos olvidemos del puente oxidado, a confundir a los japoneses que te rebuscan en sus guías. Vuelve al Guadalquivir, donde Córdoba te espera asomada al murallón.