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martes, 11 de enero de 2011

Muralla en los cimientos de Ronda de los Tejares

Hace ya bastante tiempo, mientras las obras estaban todavía en su primera etapa, me acerqué para comprobar si habían aparecido restos de muralla en el subsuelo del número 11 de Ronda de los Tejares, y subí aquí el resultado: algo había, probablemente de origen romano y en línea con la que se conserva en el edificio de al lado, visitable y declarada Bien de Interés Cultural.

Pero mientras yo me asomaba por encima de la tapia, había alguien más avispado que se subía a la azotea del edificio de enfrente: Rafa Jiménez, un viejo conocido de la blogosfera cordobesa, con cuyas fotos topé accidentalmente y que me dio permiso para publicar aquí por su interés.

En ellas se puede ver no sólo la muralla, sino también una torre semicircular adosada a ella, en un excelente estado de conservación. Desconozco si en el bloque, que ya se ha terminado de construir, habrá cocheras, pero es evidente que la muralla se tiene que haber conservado y que debe existir una forma de acceder a ella. Será cosa de intentarlo, así como de encontrar los informes que expliquen la datación y la importancia de estos restos.

martes, 10 de agosto de 2010

La villa romana de Santa Rosa: pecando de pardo

Será que me estoy volviendo más prudente, pero iba a hacer una entrada en plan salvaje contra lo que veo como el principio de un posible timo a la ciudad de Córdoba, y al final me ha salido simplemente un resumen de situación. En el fondo debe ser que soy un pardillo, y que cuando leo un plazo de ejecución en el periódico cometo el error de creérmelo.

Hace cosa de siete años, fue descubierto un conjunto arqueológico en una parcela de 2700 metros cuadrados, destinada a viviendas, que estaba siendo excavada en el extremo suroccidental de Santa Rosa, casi en la avenida del Brillante. Según cuenta el diario "Córdoba" del momento, aparecieron unos impresionantes mosaicos que la Junta de Andalucía recomendó no sólo conservar, sino adaptar para el aprovechamiento didáctico y turístico.

Terminaron las excavaciones, se redactaron los informes, se tra
sladaron los mosaicos y se construyó el nuevo bloque de viviendas. Cuando algunos empezábamos a preguntarnos qué había sido de aquella villa romana que llamaban "del Algarrobo", apareció en el "Córdoba" en marzo de 2008 la noticia de que a lo largo de ese año iba a ser por fin visitable el yacimiento, aunque el mayor y más espectacular de los mosaicos, por razones técnicas, iba a ser sustituido por una copia.

Cuando llegó diciembre no teníamos villa romana, a pesar de que ya se podía ver desde hacía tiempo la futura entrada por la calle Algarrobo, pero en su lugar tuvimos una
recreación mu bonita en tres dimensiones de cómo debía ser aquello que seguía escondido en el subsuelo.

Siguiendo la pista al tema, en enero de 2010 se deja caer en una noticia que ya estaba todo listo para abrir las puertas, y que sólo faltaba la instalación del montaje audiovisual. Es de suponer que en otro par de años, a más tardar, esté preparado el dichoso montaje y se oferte la visita a la villa romana en una zona tan inédita para el turismo como es hasta el momento el barrio de Santa Rosa.

O a lo mejor estoy volviendo a ser un pardillo, y durante muchos más años tendremos que seguir conformándonos con los únicos restos visibles al aire libre, situados en la parcela de enfrente y protegidos por unas vallas. Que, desde luego, saben a bastante poco para lo largos que nos pusieron los dientes.

miércoles, 21 de julio de 2010

Remontando el arroyo de San Cayetano, y metiéndonos en el fango del arroyo del Colodro

Hace tiempo, Laurentino publicó en Puente Mayor una entrada que llevaba tiempo rumiando para este blog. En ella hablaba de los dos arroyos que confluían cerca de la Malmuerta, el del Matadero y otro que venía del norte, y explicaba cómo en la excavación de la parcela donde se construye actualmente el polideportivo de San Cayetano se había encontrado un posible paleocauce en dirección norte-sur, que podría estar relacionado con el arroyo de Santa Marina y San Lorenzo, el que corría por el interior de la Axerquía entrando por la plaza de la Lagunilla.

Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.

La verdad es que me parece muy probable que fuera este arroyo, procedente de la zona de la Cuesta Negra, bien conocida por el compañero Laurentino, el que se dirigía hacia el sur penetrando en el barrio de Santa Marina. O mejor dicho, era el que se dirigía hacia el sur desde antes de existir la ciudad, y alrededor del cual surgieron los antiguos arrabales que conformarían los barrios de la Axerquía.


Y...


En cuanto al otro arroyo que confluía con el anterior, el que se puede ver al oeste en el plano de Laurentino, viniendo por una vaguada al otro lado de la vía del tren, me ha dejado bastante pensativo. Supongo que la línea azul que atraviesa el barrio del Matadero está tirada un poco al tun tún... yo la pondría un poco más al norte.


Concretamente en la actual avenida de los Molinos, donde en los años 70 se hundió un trozo de suelo durante la construcción de los nuevos bloques, y un coche cayó a una especie de galería abovedada que la gente identificó entonces con el "arroyo del Colodro". Bueno, el arroyo del Colodro, a estas alturas de la película, está tan trillado por la leyenda popular que podría estar en quince sitios diferentes, con lo cual lo mejor sería dejar de usar ese topónimo, en mi opinión. En este caso, y mirando el plano, bien podría ser que por Molinos Alta pase la canalización de ese antiguo arroyo del Matadero, camino de la Malmuerta y la Lagunilla.


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Ruiz, E. "IAU en calle Santa Rosa s/n esquina con avenida de los Almogávares (Córdoba)", Anuario Arqueológico de Andalucía 1997, III/Actividades de Urgencia, pp. 218-223.

martes, 22 de diciembre de 2009

¿Hubo un puente anterior al romano en Córdoba?

¿Alguien se lo había planteado antes de leerlo aquí? Hoy, esa pregunta es poco menos que un sacrilegio, y su respuesta es "no". Hace poco más de cien años, esa pregunta era de lo más normalito, y su respuesta era "sí". Espero que os guste esta historia, que es cuando menos curiosa, y que abre las puertas de toda una teoría, hoy olvidada, que imaginaba una inmensa y poderosa Córdoba anterior a Roma.


I. Citas históricas de un supuesto puente prerromano

Bartolomé Sánchez Feria, a finales del siglo XVIII, no lo duda.
Ese puente existió, y se encontraba por debajo del actual, casi exactamente donde hoy está el puente de San Rafael, por debajo de la desembocadura del arroyo del Moro. Sí, el arroyo del Moro es el chorrillo que bordea la puerta de Sevilla. De todos modos, si hay que tomar por cierto todo lo que Sánchez Feria creía, podemos empezar a quemar libros de historia de Córdoba que, como a él le gustaba decir, sólo serían buenos como tizones.

Dice este autor (tomo IV, pag. 64) que la ciudad...


El molino que cita puede ser el que hoy llamamos de la Alegría (integrado en el Botánico) o algún otro que estuviera por la zona de la desembocadura del arroyo. No es el de las Tripas, que estaba más abajo y en funcionamiento en aquella época.

Todo esto parece una tomadura de pelo, pero luego avanzamos casi cien años, hasta mediados o finales del siglo XIX, y nos encontramos a Luis Maraver diciendo en la
Historia de Córdoba (Tomo I, pag. 228, edición 1863) que allí hubo otro puente cuyos cimientos se descubren aún.


Y se basa en la misma cita que Sánchez Feria, en la
Historia arabum del arzobispo Don Rodrigo, la clave de este follón. En este texto se dice que el emir Hisham hizo un puente nuevo (hay consenso en que reparó, y quizás rehizo, el romano) por encima del antiguo. Por encima, ¿literalmente, o en el sentido de la corriente del río? A saber.

Con la duda en el cuerpo, podemos leer a Ramírez y de las Casas-Deza, del que os pongo un manuscrito, que insiste en la misma ubicación, cita y opinión.


II. ¿Existió un puente prerromano o romano donde hoy está el de San Rafael?


Hasta donde hoy sabemos, no tiene ningún sentido. ¿Para qué querían los romanos dos enormes y costosos puentes de piedra separados sólo por unos cientos de metros? Sin embargo, la ciudad romana original no llegaba hasta el río, como se ve en la primera imagen, sino que se protegía de forma natural por la pendiente que hay a partir del actual Conservatorio. ¿Pudo una riada llevarse un primer puente de piedra en el siglo II o I a.C., obligando a los romanos a construir uno nuevo donde hoy lo vemos, al tiempo que extendían la ciudad hacia él? Suena muy rebuscado.

Hay una mínima posibilidad de que en el futuro la arqueología nos dé una sorpresa, pero por el momento todo indica que esta historia del puente fenicio (como decían en el XIX) de Córdoba no es más que una mala interpretación de unos restos que ya no existen, o que están enterrados en la zona.

¿Por qué tuvo tanto éxito esta teoría? Porque esos restos no estaban solos. Había junto a ellos algunas ruinas que sugerían una poderosa ciudad prerromana, ruinas que siguen, en parte, allí. El próximo día las vemos.


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Ojo. Para la próxima entrada no habrá aviso en Facebook ni Twitter porque andaré por tierras castellanas sin internés y con mucha nieve. Espero. La dejo programada. Feliz Navidad a todos, todas y todes.

viernes, 4 de diciembre de 2009

La muralla romana de Ronda de los Tejares, 13

Cuando se habla de las sorpresas que esconde el subsuelo de Córdoba, normalmente pensamos en lo que se va desenterrando con el crecimiento urbanístico actual (casi pasado, ya). Sin embargo, hay algunos restos arqueológicos que llevan años a buen recaudo en los sótanos de la ciudad, ignorados por la mayor parte de los cordobeses.

Es el caso del lienzo de muralla conservado en las cocheras de Ronda de los Tejares, 13, un espacio privado pero que se puede visitar habitualmente sin problemas, y en cualquier caso con permiso de los propietarios o del portero, que recibe amablemente a los curiosos despistados.


Se trata de un muro de unos cuatro metros de alzado, formado por enormes bloques de
opus quadratum de 1,2 metros de espesor, que algunos autores fechan en el período fundacional, lo que convertiría este monumento en la construcción más antigua de Córdoba (mediados del siglo II a.C.) y otros retrasan hasta la época de las guerras civiles de César contra los hijos de Pompeyo (45 a.C.). Además del simple muro hay una torre cuadrangular, así como diversas estructuras que están ocultas tras algunas paredes del sótano, entras las que aparece una vivienda adosada a un fuerte muro, paralelo a la muralla, y que podría también tener alguna finalidad defensiva.



El vídeo que he subido tiene mala calidad, y queda aún peor en Youtube, pero confío en que ayude a hacerse una idea del lugar a los que no tengan ocasión de visitarlo. Este trozo de patrimonio fue declarado bien de interés cultural (BIC) en 1985, y figura en el catálogo del
Patrimonio Inmueble de Andalucía.



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Ventura Villanueva, A. El abastecimiento de agua a la Córdoba romana II, Universidad de Córdoba, p. 68

www.arqueocordoba.com


sábado, 7 de noviembre de 2009

El retorno del Mejor entre los Príncipes

La ciudad velaba, en pie toda ella, en la ladera desde la que se dominaba la calzada. Un mar de antorchas iluminaba de manera fantasmal la colina de Épora, cientos de ojos miraban fijos hacia el este, contemplando el insólito espectáculo. En el silencio de la noche, el metálico rugido de los pasos acompasados de los legionarios. La interminable fila de soldados que avanzaba, con sus armas envainadas, por la via Augusta, la gran ruta que comunicaba la Bética con Roma.

A lo largo de miles de kilómetros de incansable marcha, los pueblos y ciudades se habían vaciado de gente ansiosa por compartir el solemne momento del paso del ejército. La multitud se concentraba en la calzada. Si de día resultaba una experiencia imborrable, por la noche se convertía en un encuentro con los dioses. Aquella madrugada de noviembre del año 117, hasta el cielo de Hispania rendía homenaje al
Optimus princeps, al Mejor entre los Emperadores. El gran Júpiter, su padre Saturno y su hijo Marte, dios de la guerra, estaban presentes junto a las constelaciones del otoño.

Una representación de cada una de las legiones que habían servido al Emperador en las guerras que llevaron a la gloria al Imperio Romano escoltaban ahora al gobernante en su último viaje. Los veteranos de Dacia, aquellos que vieron las montañas de Persia, los que sufrieron el desierto pétreo. Con sus hachas encendidas iluminaban el camino de vuelta a la patria de su líder, a la floreciente Bética. No le llevarían a su ciudad natal, Itálica, sino que descansaría para la eternidad en el foro de la capital provincial, la rica Colonia Patricia, antigua
Corduba. Para ello había suprimido el Senado la prohibición de enterrar dentro de las urbes del Imperio, quedando así parte de los restos mortales en la capital, Roma.

Al borde del camino, a pocas millas ya de Colonia Patricia, un campesino admiró la vanguardia de la fúnebre comitiva. El rostro impasible de los enormes soldados de la infantería pesada, las disciplinadas columnas, el poder que desprendía la caballería en la penumbra. Al fin, el gigantesco carro que transportaba la urna de mármol, en cuyo interior, un cofre metálico escondía las cenizas del Emperador. El súbdito bajó la cabeza y murmuró para sí:

- Que la tierra te sea leve, príncipe Trajano.


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Fue bajo el mandato de Trajano cuando el Imperio alcanzó su máximo esplendor. Curiosamente, fue el primer emperador hispano, y el primero también de fuera de Italia. Realmente, tras la muerte de Trajano, sus cenizas fueron introducidas en la base de la columna que lleva su nombre, en el foro romano, y saqueadas posteriormente durante las invasiones bárbaras.

lunes, 16 de marzo de 2009

Un mosaico a la puerta de casa


Envidia, de vivir en este portal, y de que te dé los buenos días un mosaico romano de allá por los siglos I ó II d. C., algo que mejor que yo sabrán nuestros arqueólogo y arqueóloga de cabecera. En la calle Reyes Católicos, muy cerca del cine Alkázar, y contando con la amabilidad de algún vecino, se puede apreciar esta maravilla que debió adornar algún espacio interior de las casas extramuros situadas al norte de la actual Ronda de los Tejares.


Siento la ausencia...


jueves, 10 de julio de 2008

El puente romano del arroyo Fontalba

La primera impresión no es muy positiva, pero sí, es un puente romano. Lo que pasa es que estamos muy mal acostumbrados y un puente de un solo arco sobre un arroyo no nos dice gran cosa.

Este puente se sitúa sobre el arroyo Fontalba, a escaso medio kilómetro al oeste de las murallas de Ategua, siguiendo hacia Córdoba la vereda de Granada, y presenta un estado de conservación bastante aceptable. Podríamos disfrutar de su estructura íntegra si se retirara el barro que lo ciega casi por completo, haciéndole perder todo sentido funcional, y amenazando cada vez más con su completa desaparición bajo los sedimentos.

Hoy en día este puente es cruzado, principalmente, por deportistas y peregrinos que realizan el Camino de Santiago. Sin embargo, en la antigüedad tuvo más ilustres visitantes. Aunque no es posible asegurarlo, cabe la posibilidad de que estuviera ya construido cuando César puso sitio a la ciudad de Ategua en el año 46 a. C., tras fracasar en su ataque inicial contra las murallas de Corduba.


Según Melchor Gil (1), habría que datar el puente en los últimos años de la República o primeros del principado de Augusto, que llevó a cabo importantes obras en nuestra región, entre ellas, probablemente, el propio puente romano de Córdoba. La característica de tener algunas de las dovelas (piedras que forman el arco) partidas la presenta también el puente del arroyo Yegüeros, cerca de Alcolea.


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(1) El camino de Corduba a Ategua: nuevos hallazgos de infraestructura viaria romana en la provincia de Córdoba, Anales de Arqueología Cordobesa, 1997.

sábado, 21 de junio de 2008

Cercadilla en su tumba de hormigón

No fue ignorancia, no fue un descuido, no pudo ser una acción impulsiva. La destrucción del yacimiento arqueológico de Cercadilla fue el resultado de alguna reunión, de alguna conversación en que mucha gente con corbata se sentó y uno de ellos dijo: señores, he estado hablando con el arquitecto / técnico / ingeniero y no se hacen ustedes una idea de la pasta que nos pueden costar los pedruscos de la estación. Murmullos de desaprobación, negaciones con la cabeza, papeles revueltos, calada al puro. A las ocho de la mañana del día siguiente, los currantes tiran de excavadora, porque la orden es clara. La playa de vías, es decir, el hueco donde irá la prolongación de los andenes, debe quedar limpia hasta la profundidad que exige el proyecto.

En el año 1991, durante la construcción de la nueva estación de ferrocarril de Córdoba, adaptada al AVE, se descubrió en los terrenos conocidos como Cercadilla uno de los yacimientos más importantes del Imperio Romano. Ocho hectáreas llenas de estructuras en gran parte inexplicadas, una galería semicircular cubierta alrededor de la cual se disponían aulas, termas y otras estancias. Albercas, mosaicos, enterramientos cristianos, espacios reutilizados como basílicas bajoimperiales, arrabales de época califal...

Para el momento en que se ordenó la detención de las obras y el inicio de la investigación, aproximadamente el 70% de la superficie había sido arrasada, parte de los restos extraídos y conservados en bloques sueltos, y una fracción importante de los muros reducida a sus cimientos. Desde ese día hasta el vertido del hormigón previo a la terminación de las vías en 1994, la frenética actividad arqueológica tuvo que limitarse a estudiar lo que había quedado de lo que se consideró un palacio imperial, es decir, la residencia del Emperador durante sus períodos en la Bética.

Sin embargo, esta defición del yacimiento es muy pobre. Cercadilla ilustra un período de la Historia Antigua del que en su mayor parte no se tenía ni idea, a nivel local. Se han descubierto tumbas de obispos que ni siquiera estaban en las listas clásicas. Se ha postulado la ubicación de iglesias que la tradición popular había ido colocando en dos o tres sitios diferentes. Se ha encontrado material como para investigar, estudiar y publicar durante décadas.

Pero ya sólo podemos imaginar el criptopórtico completo, los jardines, los alzados de los muros. Nos vemos obligados a dibujarlos y a recrearlos por ordenador, porque ya nunca volverán a su lugar. ¿Pudo haberse salvado Cercadilla? Con suficiente inversión y voluntad política, probablemente sí. Habría sido necesario trasladar piedra a piedra, al estilo de los templos de Luxor, a una nueva ubicación todo el tesoro arquitectónico. O bien replantear la urbanización de un sector completo de la ciudad, curvar el tunel de las vías hacia el noroeste y dibujar un amplio rodeo salvando los restos por el norte. Expropiación de varias viviendas, ralentización de las obras, aumento del coste. Pero casi todo estaba por hacer. Estábamos a tiempo.

¿Habría merecido la pena? Habría aumentado el valor de Córdoba para el turismo cultural. Tendríamos en estos momentos proyectos para empezar a poner en pie de nuevo uno de los mayores palacios del Imperio Romano. Pero, sobre todo, habría sido un ejercicio de dignidad. De respeto a la Historia y al conocimiento. De inteligencia y de valentía. Yo quiero que esta ciudad sea Capital Europa de la Cultura. Pero por favor, no quiero escuchar hablar de ello a ninguna persona o institución de las que hace casi veinte años ampararon, autorizaron u ordenaron la mayor salvajada arqueológica de los últimos tiempos.

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La primera imagen muestra el yacimiento en 1992. Toda la zona a menor altura había sido arrasada para construir la playa de vías. La zona superior permanecía intacta bajo tierra, conservando los alzados que se ven en el corte del talud.

La segunda imagen es un plano del yacimiento. Las líneas diagonales muestran lo que se ha perdido bajo las vías del tren.

La tercera imagen es una reconstrucción parcial de las estructuras conocidas del palacio imperial.

jueves, 15 de mayo de 2008

Ategua

Muchos arqueólogos, si tuvieran que pedir un deseo el día de su cumpleaños, al soplar una vela como la que celebra el aniversario de esta página, cerrarían los ojos y pensarían en un solo lugar: Ategua. La mayor parte de los cordobeses, por desgracia, nunca han escuchado ese nombre. No han tenido la oportunidad de contemplar la suave colina que la sostiene. No han sentido el peso de la Historia, de toda la Historia, soportado por sus viejos y cansados muros. Y, sin embargo, Ategua sigue allí, sola desde hace casi siete siglos, en medio de la campiña, con lo que queda de su tesoro escondido bajo la hierba.

El poblado medieval posteriormente conocido como Teba, cuyos restos se alzan hoy junto al cortijo de Teba la Vieja, a unos cinco kilómetros de Santa Cruz en dirección a Castro, es el yacimiento con mayor cantidad de estratos históricos estudiables de todo el término de Córdoba, y posiblemente de toda su provincia, igualando a la capital, con la salvedad de que ésta varió de emplazamiento en el momento de la fundación romana.

En Ategua se han hallado restos del Calcolítico, allá por el tercer milenio antes de Cristo, de la Edad del Bronce, cuya etapa final se difumina entre una mezcolanza de civilizaciones con restos tartésicos, celtíberos, fenicios y griegos, que nos llevan a las primeras etapas históricas. Para entonces ya existía una ciudad amurallada, que los romanos ocuparon y conservaron, convirtiéndose en escenario de algunos enfrentamientos decisivos de las guerras civiles en tiempos de Julio César.

La ciudad siguió habitada durante la ocupación musulmana, habiéndose encontrado, entre otros muchos restos, cerámicas califales. Fue reconquistada por los castellanos, pero su vida estaba a punto de llegar a su fin. Apenas un siglo después, en 1348, la Peste Negra asoló el poblado, y los escasos supervivientes se dispersaron por otras poblaciones.

Ategua ha sido excavada en varias ocasiones, pero de una manera parcial y sin perspectiva de convertirlo en un monumento visitable de primer orden. Miles de piezas descansan en las salas y los sótanos de museos y depósitos, otras muchas en naves industriales de las redes de traficantes. Mientras tanto, los enamorados de esta ciudad perdida siguen soñando con tiempos mejores.

sábado, 22 de diciembre de 2007

El mausoleo de Puerta Gallegos

En los primeros años del siglo I, Corduba despertaba poco a poco de la pesadilla de la destrucción cesariana gracias a su refundación como Colonia Patricia por Augusto, en el 25 a.C. La monumentalización de la ciudad iba a convertirla en una imitación de la capital del imperio, y pronto empezaron a extenderse barrios extramuros donde antes sólo existían necrópolis.

La muralla occidental, que seguía la línea de fachadas del actual paseo de la Victoria, estaba protegida por un arroyo que corría paralelo (posteriormente conocido como arroyo del Moro) y presentaba desde los tiempos de la república una puerta que llegaría a ser la de Gallegos. Muy probablemente existiría un pequeño puente a la salida de la ciudad, donde comenzaba la calzada Corduba-Hispalis por la margen derecha del Guadalquivir.

Es en esta privilegiada zona y durante la época de Tiberio, cuando se erigen, sobre monumentos funerarios previamente construidos, dos enormes túmulos cilíndricos, de doce metros de diámetro, a ambos lados de la calzada. Debieron corresponder a enterramientos familiares, que fueron engrandeciéndose generación tras generación. Esta familia, desde luego, debía de ser una de las principales de la ciudad, a juzgar por el emplazamiento de los túmulos, que en origen, durante la época augustea, contenían ya un horno crematorio (ustrinum) y varios espacios de deposición de restos.

Son tan especiales estos monumentos que no existe ninguno igual en toda Hispania, y sólo encontramos ejemplos parecidos en la misma Italia, siendo el mayor exponente el mausoleo del propio emperador Augusto.

Actualmente, son visitables por grupos previa petición al Ayuntamiento, aunque en su exterior, bajando las escaleras junto al semáforo, hay también algunos paneles explicativos, así como un tramo bien conservado de la calzada romana.

domingo, 26 de agosto de 2007

Osio de Córdoba

Frente al Rectorado de la Universidad, ante la puerta del convento de las Capuchinas, se levanta la estatua de Osio, obispo de Córdoba en los últimos años del siglo III y primera mitad del IV, venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa y la Católica de rito Oriental el 27 de agosto de cada año.


A lo largo de sus 101 años de vida, Osio se convirtió en uno de los personajes más influyentes del Imperio Romano, por su cercanía de consejero con el emperador Constantino, a quien se cree que convenció para su conversión al cristianismo en el lecho de muerte. Junto a él viajó a Milán en el año 313, en que se proclamó el Edicto que ponía fin a las persecuciones religiosas en el Imperio.


La misión de Osio se centró en la oposición a la herejía arriana, a la que combatió en Alejandría y en los numerosos concilios de la época. En el más importante de ellos, el de Nicea, el obispo de Córdoba redactó y proclamó el credo que ha llegado hasta nuestros días, y que es quizás el más fuerte vínculo entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa.


Desterrado a la actual Serbia por el emperador proarriano Constancio, Osio murió en el año 357, sin llegar a ver la desaparición de los seguidores de Arrio, que llegaría siglos después.

viernes, 24 de agosto de 2007

Campo de cuádrigas

La refundación de la asolada Corduba republicana bajo el mandato de Augusto, pocos años antes del inicio de nuestra era, marcó el inicio de su apogeo. Recuperó la capitalidad de la provincia Baetica tras la reorganización de Hispania y comenzó una monumentalización de la ciudad bajo el nuevo nombre de Colonia Patricia.

Buscado desde hacía años, dado que la importancia de Colonia Patricia (junto con indicios arqueológicos indirectos) implicaba que tenía que haberse construido, el Circo o hipódromo romano cordobés permanecía oculto para la arqueología. Hubo que esperar hasta los años noventa para que unas excavaciones en el palacio de Orive, junto a San Pablo, empezaran a sacar a la luz materiales y terrazas pertenecientes a este enorme edificio, que mostraba su lado menor al actual Ayuntamiento y al templo que hay junto a él, y que se prolongaba más de doscientos metros encajado entre la actual calle San Pablo y la plaza de la Corredera.

Cien años, aproximadamente, estuvo activo este Circo, entre mediados del siglo I y del II d.C., hasta que graves problemas estructurales obligaron a abandonarlo, para construir otro en la zona occidental de la ciudad, cuyos restos aún no han sido hallados. Al aprovecharse gran cantidad de material del Circo antiguo, éste quedó prácticamente desaparecido, y de ahí lo compleja que ha resultado su localización.

miércoles, 30 de mayo de 2007

La huella de Roma

Bajo las calles y avenidas actuales, bajo los cimientos del Museo Arqueológico, la plaza de San Miguel o los edificios del paseo de la Victoria, descansan los restos del embrión, del origen de Córdoba tal y como la conocemos. Corduba fue fundada en forma de hexágono, en el siglo segundo a.C., al este la actual calle Alfaros, a poniente la salida por la antecesora de la Puerta de Gallegos (para algunos, Porta Gemina), al sur asomándose a la actual calle Blanco Belmonte, donde comienza la bajada hacia el río.

Cuando César Augusto la refundó como
Colonia Patricia tras arrasarla por completo Julio César por su apoyo a los hijos de Pompeyo, poco antes de la era cristiana, no tardó en recuperar su esplendor, y en el siglo I d.C. se acometió la ampliación de la ciudad hacia el río, derribando su muro meridional. Colonia Patricia se llenó de edificios de espectáculos, vio crecer barrios extramuros y, como capital de la provincia Baetica, una de las tres de la península ibérica, vio pasar los siglos, las crisis, las tribus del norte y los bizantinos de Oriente hasta que, en 572 fue definitivamente ocupada por las tropas del visigodo Leovigildo.

Nota: recientes excavaciones arqueológicas han desestimado la ubicación del anfiteatro que propone la ilustración.