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domingo, 2 de enero de 2011

La puerta del Puente, tal como era

No he ido a ver la puerta del Puente desde que regresé, pero quiero pensar que conserva más o menos la misma imagen con la que la dejé en verano, con sus columnas y sus relieves, y que a nadie se le ha ocurrido pintarla de rosa o algo así.

Sin embargo, la imagen que tiene hoy no es tan antigua como podría parecer, al menos en su conjunto. El hecho de que mucha gente la conozca como el Arco del Triunfo (en detrimento de aquél efímero en honor a Isabel II) se debe, probablemente, a dos motivos: el primero, que esa es la forma arquitectónica que tiene ahora mismo, y el segundo, la cercanía del triunfo de San Rafael. La realidad es que de las dos caras idénticas que tiene la puerta, sólo la exterior, la que mira al río, es la original. La cara interior no es más que una copia que se hizo para darle "armonía" en el primer tercio del siglo XX, en 1928, según la Cordobapedia.

Es decir, alguien llegó de alguna estancia lejos de Córdoba pensando, como yo, que la puerta seguía en su sitio, igual de cochambrosa que siempre, y de pronto se encontró con que le había salido otra portada en la chepa, en una decisión que hoy haría llevarse las manos a la cabeza a casi todo el mundo. ¿Qué aspecto tenía la puerta antes de semejante actuación? Pues, desde atrás, más o menos éste:

La verdad es que se puede entender, en su contexto, que alguien quisiera tapar semejante vergüenza. Igual que se entiende que se decidiera edificar la puerta monumental cuando ya se caía a trozos la que venía heredada, como mínimo, del tiempo de los árabes. Eso fue a finales del siglo XVI, a lo largo de la década de los setenta, empezando en 1572 y tomando nuevo impulso en 1576 tras permanecer inacabada.

En cuanto a lo que había antes de la puerta que conocemos, cabría pensar que es muy difícil de averiguar, salvo a través de testimonios arqueológicos que sólo nos hablarán de una entrada con tres o cinco arcos. Sin embargo, Córdoba es de esas muchas ciudades afortunadas por haber sido retratadas por la cámara fotográfica de Wyngaerde, el cual llegó aquí, para mayor alegría, sólo cuatro años antes de que empezara la remodelación. Gracias a eso nos legó el único dibujo existente de la antigua puerta del Puente, de construcción probablemente musulmana.

sábado, 31 de julio de 2010

La palmera de la Casa de la Palma

Si hace poco nos fijábamos en la chimenea que, en el dibujo de Alfred Guesdon (ca. 1860), delata a la fábrica de sombreros de Sánchez Peña en la Corredera, también merece la pena detenerse en otro detalle del mismo dibujo.

A medio camino entre la Corredera y la iglesia del Císter, en pleno centro de ciudad, nos encontramos una palmera de gran tamaño. ¿Es una licencia del artista o realmente se encontraba allí? La pregunta puede parecer una tontería, pero saber la respuesta nos daría un buen indicador de la fidelidad de la pintura.

Pues todo indica que la palmera era real. Y no sólo eso, sino que además era bastante conocida, hasta el punto de que daba nombre a la casa en la que se encontraba: la Casa de la Palma, propiedad de los Condes de Hornachuelos, con entrada principal por la actual calle María Cristina, entonces calle del Arco Real, que era un poco más larga que hoy: al no existir Claudio Marcelo, se prolongaba hasta la esquina de la cuesta de Luján.

Ramírez de Arellano nos dice, de una pequeña plazuela a la entrada de la casa, que antes se conocía por plazuela de la Casa de la Palma, porque aquélla tiene una desde muy antiguo sobre la muralla divisoria, lo que la hace aparecer con mucha mayor elevación de la grande que tiene, por divisarse desde casi toda la parte baja de la población. Pues ahí la tenemos.

Además, nos cuenta cómo en el patio de la casa ya había algunos capite
les de tamaño descomunal, que habían aparecido en las primeras excavaciones de lo que luego se conocería como templo romano.

Y de paso, señala que en el jardín donde se encontraba la palmera, a muchos metros de profundidad, nacía el agua de la Romana, una de los manatiales que surgen de la acusada pendiente que separa la Villa de la Ajerquía, y que abastecía una fuente junto al Arco Bajo de la Corredera, parte de la fuente de la plaza de las Cañas y otros establecimientos privados.

domingo, 7 de marzo de 2010

La Torre de las Siete Esquinas: quien dice siete, dice ocho

Reconozco que la primera vez que fui no lo hice, pero los siguientes días no pude resistir la tentación. Al menos dos de las veces que he estado en la Torre de las Siete Esquinas, ante una magnífica vista panorámica de Córdoba a la que se accede dando un corto paseo desde la carretera del Mirador de las Niñas (de esto hablamos otro día...), he curioseado alrededor de la torre contando sus caras y aristas. La segunda vez llegué a marcar la primera esquina que conté, para asegurarme del todo. Incluso ahora mismo me tiembla la mano pensando "¿y si conté mal, y eran siete, y ahora hago el ridículo?".

Pero esta torre, a la que he leído (todavía no en una publicación científica, quizás porque no he dado con ella) que se le da cronología califal, o de la que incluso he oído que se erigió para vigilar a los mozárabes de la sierra (1), tiene ocho esquinas. De verdad.


Claro, es lo que se llama una torre ochavada, octogonal, como la Malmuerta, por ejemplo, o la que se ve en la avenida del Alcázar. Torres con ocho ángulos iguale
s, que todo hijo de vecino llamaría, por ejemplo, y sin partirse mucho el cráneo, Torre de las Ocho Esquinas. ¿No es curioso? ¿Por qué se empeña la gente en llamarla de las Siete Esquinas?

Pues a lo mejor hay que buscar la explicación en las imágenes que un día estuvieron en la retina de los cordobeses, y hace ya décadas, quizás siglos, que dejaron de estarlo. Existió en Córdoba otra Torre de las Siete Esquinas, llamada así por la gente. Y parece que esta sí tenía siete. Con reservas.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, sitúa esta torre ochavada justo en la esquina sudeste de la muralla de la Axerquía, lo que viene a ser por la ermita de los Mártires, siguiendo hacia el sur el muro que sobrevive frente a la comisaría de Lonjas. Por una desafortunada ambigüedad (2), parece, pero no se puede asegurar, que la torre fue condenada a la ruina por el terremoto de Lisboa de 1755. Escobar Camacho (3) da por bueno el dato, y añade, pero tampoco con rotundidad, lo que parece la confirmación, de la mano de Vaca de Alfaro, de que había una torre ochavada en esa esquina.

Bueno, pues a ver esa torre. Vámonos a Guesdon, fechado según lo último que he podido leer, en 1853.


No hay nada allí. Sólo muralla, y poco espectacular. Eso parece concordar con la destrucción de la torre en 1755, la verdad. Vamos a dar marcha atrás del todo y a echarle un vistazo a Wyngaerde (1567).

O no llegamos o nos pasamos. Ahí tenemos tres torres: dos con varios lados, una de ellas en la esquina, y además otra menos llamativa en medio. Quizás es esa nuestra torre de las Siete Esquinas, por ser ochavada y tener un ángulo pegado a la muralla. Pero... ¿no parece hexagonal, más bien? Pasemos a Baldi (1668).

Aquí se lo curró Rojunson en su análisis, mostrándonos una explicación de las tres torres, que se ven muy claramente. Básicamente las dos de la izquierda estarían unidas a la muralla por arcos, que no se ven muy claros pero parece que ahí están, y la tercera, la más majestuosa, mediante un muro. Tal y como decíamos con Wyngaerde, la torre de la esquina es hexagonal. Y la de la derecha, cerca ya de la puerta de Baeza, es la única ochavada que parecía haber por allí. Además, con la particularidad de estar unida a la muralla por lo que parece un muro, que le quitaría un ángulo dejándola... con siete esquinas.

¿Es esta la verdadera Torre de las Siete Esquinas a la que el pueblo cordobés dio nombre propio? ¿Se olvidó, una vez arruinada por el terremoto, su ubicación exacta, situándola la memoria popular un poco más al sur, en la esquina de la muralla? La idea no tiene mala pinta. Pero de lo que estoy casi seguro es de que en este rincón de la ciudad está el secreto de por qué alguien llegó a una torre con ocho lados en mitad de la sierra, y la bautizó de la manera más ilógica. O no.

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(1) Como suena. Para vigilar que no volvieran a levantar el monasterio de Peñamelaria. Ya puede estar esto respaldado por una buena crónica de la época porque, si no, es tan aventurado como imaginar el signo zodiacal del maestro cantero.
(2) ¿Se refiere don Teodomiro a la torre, o a la puerta de Martos, que es de lo que está hablando en general?
(3) Escobar Camacho, José Manuel. El recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval.

lunes, 8 de febrero de 2010

La Córdoba de Baldi (1668)

Junto con el conocido dibujo de Anton van der Wyngaerde (Antonio de las Viñas, para el cordobés medio de la época) en el siglo XVI, y el de Alfred Guesdon a mediados del XIX, hay (al menos) un tercer dibujo o grabado que nos muestra el aspecto de Córdoba en tiempos pasados.

Su autor es Pier Maria Baldi, artista que acompañaba a
Cosme III de Médici, cuando aún no era duque de Toscana, en sus viajes alrededor de Europa. Baldi tuvo la genial idea de ir dibujando todas las ciudades por las que pasaba la comitiva, dejando una enorme cantidad de valiosos documentos históricos. El viaje tuvo lugar entre 1668 y 1669, y Córdoba fue una de sus etapas.

Resulta un poco frustrante, aunque comprensible, que los primeros fotógrafos locales y otros artistas se centraran en la zona más monumental, los alrededores de la Mezquita, cuando elegían su lugar de trabajo. Hoy en día, la Mezquita sigue en su sitio, pero otras muchas zonas de la ciudad no fueron retratadas y ya han cambiado por completo su aspecto.


En este sentido, el dibujo de Baldi tiene la ventaja de mostrarnos una nueva perspectiva del casco histórico, porque parece que fue realizado desde el santuario de la Fuensanta. En él se pueden ver la Calahorra, el puente romano (con una perspectiva un tanto extraña) y el lienzo oriental de la muralla en la zona conocida como Campo Madre de Dios. A continuación tenemos el arrabal de la Fuensanta, una zona industrial, posiblemente dedicada a la producción y comercio de la seda, aunque esto es sólo una hipótesis. El arroyo de la Fuensanta, en esta zona, era llamado "de las Moreras".


Resulta importantísimo destacar que este dibujo es el único testimonio gráfico de la puerta de Baeza, una de las más monumentales de la ciudad, y que fue derribada en 1869 a pesar de la airada oposición de algunos eruditos locales.


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Descubrí el dibujo de Baldi gracias al blog de Rojunson, donde analiza algunos aspectos del mismo. Curiosamente, para su reconstrucción virtual de la puerta de Baeza, ha utilizado imágenes de la puerta del Grande o del Alcázar de la muralla de Ávila, cuyas manchas a muchos nos resultan inconfundibles...

La imagen que he utilizado aquí la encontré en una segunda fuente en internet, pero no recuerdo dónde.

viernes, 8 de enero de 2010

Córdoba, como la vio Alfred Guesdon


Parece como si la ciudad, antes de emprender un largo viaje, hubiera querido hacerse una foto de despedida. Hacía unos quinientos años que sus límites urbanos no variaban, y su fisionomía sólo había cambiado por la construcción de algunas iglesias y conventos (incluyendo, por supuesto, la Catedral), así como algunos edificios notables como la plaza de toros o la llamativa fábrica de sombreros de la Corredera, cuya chimenea expulsaba los primeros humos sobre la ciudad.

La imagen que vemos es una pintura realizada por Alfred Guesdon entre 1850 y 1860, en uno de sus viajes por España, basada en uno o más
daguerrotipos, que eran primitivas fotografías con un tiempo muy largo de exposición. Guesdon las hacía desde un globo en vuelo, así que nos lo podemos imaginar esperando pacientemente los momentos de calma atmosférica para lanzar sus fotos, si quería ser capaz de reconocer en ellas algo más que borrosas manchas alargadas. Aun así, el hecho de que fuera necesario hacer luego una pintura dice mucho de la calidad de los daguerrotipos obtenidos.

Sin embargo, ahora tenemos casi una fotografía en color de la Córdoba de la época, donde se intuye ya una construcción o arboleda en la zona de la estación (que entró en servicio en 1859), aunque ciertamente no se aprecian muchos detalles. Se pueden ver muchos otros lugares ya desaparecidos, como el
convento de la Victoria, la puerta del Colodro, la de Plasencia, el molino de la Albolafia antes de ser destruido por la carretera de Cádiz, el estado de la huerta del Alcázar que ahora se pretende recuperar... Algunos detalles aparecen un poco desplazados, como ocurre por ejemplo con San Hipólito, que se va casi a los Tejares, pero se puede disculpar.

Aunque el ferrocarril estaba a punto de transformar la ciudad, aún no habían comenzado los grandes cambios, como la prolongación hasta la ronda de los Tejares del entonces paseo de San Martín (hoy Gran Capitán), la apertura de la calle Claudio Marcelo o el ensanche norte hacia la estación.


La ciudad aún tardaría más de medio siglo en abandonar de forma decidida el perímetro de sus murallas.


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La entrada del Chorrijuego del Patrimonio Cordobés sigue y seguirá accesible desde el enlace en la barra lateral. Saqunda, Sherezade y lamalgama están empatados a una foto adivinada...

martes, 6 de octubre de 2009

La puerta del Colodro: acorralando a Vernier

Pues sí, he ahí la puerta del Colodro. El lugar que recibió su nombre por ser el punto de entrada de las tropas cristianas en la Axerquía en 1236, bajo el liderazgo de los almogávares Benito Baños y Alvar Colodro. En la época musulmana, al parecer, no existía ninguna puerta en el lugar, aunque quizás las investigaciones arqueológicas ahora en curso cambien esta idea.

El minúsculo dibujo, con muy poco detalle, es un fragmento de la pintura de Guesdon que representa a Córdoba en el tercer cuarto del siglo XIX, antes de la construcción del ferrocarril. Pero debemos mirarlo con respeto, porque es el único documento que representa, sin ninguna duda, este monumento desaparecido de la ciudad.

La puerta del Colodro aparece como un simple arco en la muralla de tapial, sin más decoración ni almenas sobre ella. Apenas se conserva un trozo de muro por encima del arco, y el aspecto general es bastante ruinoso. Esta simplicidad en sus formas determinó, probablemente, que no quedara de ella ninguna descripción en las obras de la época.

En principio, la fidelidad de la imagen se puede tomar como alta. Las puertas de Almodóvar, Puente y Osario del mismo dibujo, de las que disponemos de fotografías, son prácticamente calcadas en la pintura de Guesdon, que se basó en una suerte de protofotografía llamada daguerrotipo.

La puerta del Colodro fue derribada entre finales de 1882 y el mes de enero de 1883, en el marco de una reforma del camino de las Ollerías que acabó de forma simultánea con la puerta de la Misericordia. Curiosamente, la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos autorizó el derribo a condición de que una placa conmemorase para siempre el hecho histórico ocurrido en aquel lugar (1).


Y a todo esto, ¿es esta la puerta que dibujó Vernier en su estancia cordobesa? Es de las mejor situadas, desde luego. Para mí no es la favorita, pero debo reconocer que no hay ningún argumento de peso que la descarte. Hay que tener en cuenta, eso sí, las importantes diferencias que se ven entre las dos imágenes. Aunque no venga al caso, podemos tomar como ejemplo la iglesia de San Agustín, que está más o menos a la misma distancia que el Colodro en la pintura, y que se representa de manera bastante fiel, aunque con algunos errores:


La pintura de Guesdon corresponde al principio de la década de 1860, cuando Vernier contaba 30 años. Al ser derribada la puerta, el artista estaba dedicado ya casi en exclusiva a pintar marinas en la costa francesa, a sus 53 años.
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(1) Cristina Martín López, Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica.
La foto aérea de San Agustín está tomada por Rafa Tena desde su paramotor. Ver "Córdoba desde el cielo"

viernes, 31 de julio de 2009

Córdoba en 1567, por Anton van der Wyngaerde


Por gentileza de Rojunson, y también vía Wikipedia (este material, por su antigüedad, no está sujeto a derechos de autor) aquí está Córdoba tal y como era en el siglo XVI. Con una precisión tan grande, que podemos tomarnos el dibujo como si fuera una verdadera fotografía, gracias al trabajo de Anton van der Wyngaerde, pintor de origen flamenco que recorrió España en la década de 1560 reflejando las ciudades más importantes, o más bien, todas las ciudades, a secas.

Al contrario que en otros dibujos posteriores a este, no se aprecian errores de ubicación de edificios importantes, ni dosis excesivas de imaginación. Desde el campanario de la parroquia del Espíritu Santo, en el Campo de la Verdad, Wyngaerde nos muestra la parte sur de la Villa y de la Axerquía, con todos los detalles de la ribera del Guadalquivir y del puente romano.

Queda la duda de por qué recortó la torre de la Calahorra. ¿Eliminó parte del edificio para no ocultar la Albolafia, o estaba realmente en ruinas la torre?

En esta página de Rojunson se puede ver un análisis detallado del dibujo, con la imagen de la Catedral inacabada, la antigua puerta del Puente, el puente romano sin la estatua de San Rafael, la zona del molino de Martos y la escena del juego de bolos que aparece en primer plano.