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jueves, 10 de julio de 2008

El puente romano del arroyo Fontalba

La primera impresión no es muy positiva, pero sí, es un puente romano. Lo que pasa es que estamos muy mal acostumbrados y un puente de un solo arco sobre un arroyo no nos dice gran cosa.

Este puente se sitúa sobre el arroyo Fontalba, a escaso medio kilómetro al oeste de las murallas de Ategua, siguiendo hacia Córdoba la vereda de Granada, y presenta un estado de conservación bastante aceptable. Podríamos disfrutar de su estructura íntegra si se retirara el barro que lo ciega casi por completo, haciéndole perder todo sentido funcional, y amenazando cada vez más con su completa desaparición bajo los sedimentos.

Hoy en día este puente es cruzado, principalmente, por deportistas y peregrinos que realizan el Camino de Santiago. Sin embargo, en la antigüedad tuvo más ilustres visitantes. Aunque no es posible asegurarlo, cabe la posibilidad de que estuviera ya construido cuando César puso sitio a la ciudad de Ategua en el año 46 a. C., tras fracasar en su ataque inicial contra las murallas de Corduba.


Según Melchor Gil (1), habría que datar el puente en los últimos años de la República o primeros del principado de Augusto, que llevó a cabo importantes obras en nuestra región, entre ellas, probablemente, el propio puente romano de Córdoba. La característica de tener algunas de las dovelas (piedras que forman el arco) partidas la presenta también el puente del arroyo Yegüeros, cerca de Alcolea.


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(1) El camino de Corduba a Ategua: nuevos hallazgos de infraestructura viaria romana en la provincia de Córdoba, Anales de Arqueología Cordobesa, 1997.

jueves, 15 de mayo de 2008

Ategua

Muchos arqueólogos, si tuvieran que pedir un deseo el día de su cumpleaños, al soplar una vela como la que celebra el aniversario de esta página, cerrarían los ojos y pensarían en un solo lugar: Ategua. La mayor parte de los cordobeses, por desgracia, nunca han escuchado ese nombre. No han tenido la oportunidad de contemplar la suave colina que la sostiene. No han sentido el peso de la Historia, de toda la Historia, soportado por sus viejos y cansados muros. Y, sin embargo, Ategua sigue allí, sola desde hace casi siete siglos, en medio de la campiña, con lo que queda de su tesoro escondido bajo la hierba.

El poblado medieval posteriormente conocido como Teba, cuyos restos se alzan hoy junto al cortijo de Teba la Vieja, a unos cinco kilómetros de Santa Cruz en dirección a Castro, es el yacimiento con mayor cantidad de estratos históricos estudiables de todo el término de Córdoba, y posiblemente de toda su provincia, igualando a la capital, con la salvedad de que ésta varió de emplazamiento en el momento de la fundación romana.

En Ategua se han hallado restos del Calcolítico, allá por el tercer milenio antes de Cristo, de la Edad del Bronce, cuya etapa final se difumina entre una mezcolanza de civilizaciones con restos tartésicos, celtíberos, fenicios y griegos, que nos llevan a las primeras etapas históricas. Para entonces ya existía una ciudad amurallada, que los romanos ocuparon y conservaron, convirtiéndose en escenario de algunos enfrentamientos decisivos de las guerras civiles en tiempos de Julio César.

La ciudad siguió habitada durante la ocupación musulmana, habiéndose encontrado, entre otros muchos restos, cerámicas califales. Fue reconquistada por los castellanos, pero su vida estaba a punto de llegar a su fin. Apenas un siglo después, en 1348, la Peste Negra asoló el poblado, y los escasos supervivientes se dispersaron por otras poblaciones.

Ategua ha sido excavada en varias ocasiones, pero de una manera parcial y sin perspectiva de convertirlo en un monumento visitable de primer orden. Miles de piezas descansan en las salas y los sótanos de museos y depósitos, otras muchas en naves industriales de las redes de traficantes. Mientras tanto, los enamorados de esta ciudad perdida siguen soñando con tiempos mejores.