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sábado, 16 de abril de 2011

El agua de la Palma

Aunque es uno de mis temas favoritos, no lo trato mucho por aquí debido, en primer lugar, a su dificultad. Hablar de estas cosas sin meter la pata hasta el fondo requiere estar familiarizado con la toponimia y topografía antiguas de los alrededores de Córdoba, y muchas veces prefiero callarme antes de confundir al personal con informaciones erróneas. Muchas veces prefiero esperar a que sea Laurentino quien se explaye en su Puente Mayor, porque suele aportar datos muy interesantes.

Las aguas tradicionales procedentes de manantiales de la sierra abastecieron a Córdoba desde la época romana hasta principios del siglo XX, permitiendo a la población disfrutar de unos niveles de salubridad que variaron mucho a lo largo de las distintas épocas.

Una de las canalizaciones más importantes fue la conocida como "el agua de la Palma", por asociación con una huerta que se encontraba en lo que hoy es el barrio de Fátima, y que llevaba ese nombre. Esta conducción tiene la particularidad de nutrirse de la misma zona de la que en tiempos romanos, según Ángel Ventura, llegaba a Córdoba el acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta: el arroyo Pedroche.

Según el libro de "Las aguas de Córdoba", de López Amo, el manantial se encontraba en el depósito del Sombrero del Rey. Este nombre era relativamente común, y se daba a las alcubillas que tenían una curiosa forma en la parte superior, de las que en Córdoba hubo al menos tres. Este Sombrero del Rey, cerca de las cocheras de Aucorsa y el molino de los Ciegos, fue tapado de manera inmisericorde en unas relativamente recientes obras de ampliación del acceso por la carretera de Badajoz. En esta foto de Saqunda se puede ver su estado antes de las obras.

Desde allí, el agua bajaba a Córdoba de alcubilla en alcubilla, hasta llegar a la puerta de Plasencia, donde comenzaba su distrubución hacia las distintas fuentes públicas y propietarios particulares. Un ramal se dirigía hacia la calle Montero: hace mucho tiempo, colgué por aquí la única foto conocida de la fuente de Mariblanca que, junto con el hospital de Jesús Nazareno, se abastecían de esta conducción.

Otra parte del agua entraba hacia la entonces ermita de San Rafael, y surtía la fuente de la plazuela, que aún sigue allí. El convento de Santa María de Gracia e incluso algunas casas de la calle Almonas, mayormente de gente de pasta, se beneficiaban del agua de la Palma.

El grueso del caudal, sin embargo, se distribuía entre tres fuentes públicas de gran importancia: las de la plaza de la Magdalena, el Campo de San Antón y el Campo Madre de Dios. Cada una de ellas estaba surtida con seis pajas de agua, de las 27 que constituían el caudal completo que venía del manantial. La del Campo Madre de Dios, que hoy día sigue allí, un poco trasladada, en el jardincito frente a las Lonjas, es la de la izquierda. A la derecha se ve el Campo de San Antón, junto al convento del Carmen (hoy Facultad de Derecho). La fuente se trasladó más tarde a la plaza de los Trinitarios, donde anteriormente había otra pequeñita, surtida con agua de Miraflores.

Y, aparte, también les llegaba agua de esta conducción a otros edificios importantes extramuros de los barrios de la Magdalena y Santiago: el hospital de San Bartolomé y el convento de San Juan de Dios, cerca de Derecho, por ejemplo.

En fin, toda esta historia se fue terminando según avanzaba el siglo XX y se renovaba el aporte de agua potable a la ciudad, con la mejora de algunas cañerías de la sierra y, sobre todo, con la construcción de la presa del Guadalmellato.

sábado, 31 de julio de 2010

La palmera de la Casa de la Palma

Si hace poco nos fijábamos en la chimenea que, en el dibujo de Alfred Guesdon (ca. 1860), delata a la fábrica de sombreros de Sánchez Peña en la Corredera, también merece la pena detenerse en otro detalle del mismo dibujo.

A medio camino entre la Corredera y la iglesia del Císter, en pleno centro de ciudad, nos encontramos una palmera de gran tamaño. ¿Es una licencia del artista o realmente se encontraba allí? La pregunta puede parecer una tontería, pero saber la respuesta nos daría un buen indicador de la fidelidad de la pintura.

Pues todo indica que la palmera era real. Y no sólo eso, sino que además era bastante conocida, hasta el punto de que daba nombre a la casa en la que se encontraba: la Casa de la Palma, propiedad de los Condes de Hornachuelos, con entrada principal por la actual calle María Cristina, entonces calle del Arco Real, que era un poco más larga que hoy: al no existir Claudio Marcelo, se prolongaba hasta la esquina de la cuesta de Luján.

Ramírez de Arellano nos dice, de una pequeña plazuela a la entrada de la casa, que antes se conocía por plazuela de la Casa de la Palma, porque aquélla tiene una desde muy antiguo sobre la muralla divisoria, lo que la hace aparecer con mucha mayor elevación de la grande que tiene, por divisarse desde casi toda la parte baja de la población. Pues ahí la tenemos.

Además, nos cuenta cómo en el patio de la casa ya había algunos capite
les de tamaño descomunal, que habían aparecido en las primeras excavaciones de lo que luego se conocería como templo romano.

Y de paso, señala que en el jardín donde se encontraba la palmera, a muchos metros de profundidad, nacía el agua de la Romana, una de los manatiales que surgen de la acusada pendiente que separa la Villa de la Ajerquía, y que abastecía una fuente junto al Arco Bajo de la Corredera, parte de la fuente de la plaza de las Cañas y otros establecimientos privados.

miércoles, 21 de julio de 2010

Remontando el arroyo de San Cayetano, y metiéndonos en el fango del arroyo del Colodro

Hace tiempo, Laurentino publicó en Puente Mayor una entrada que llevaba tiempo rumiando para este blog. En ella hablaba de los dos arroyos que confluían cerca de la Malmuerta, el del Matadero y otro que venía del norte, y explicaba cómo en la excavación de la parcela donde se construye actualmente el polideportivo de San Cayetano se había encontrado un posible paleocauce en dirección norte-sur, que podría estar relacionado con el arroyo de Santa Marina y San Lorenzo, el que corría por el interior de la Axerquía entrando por la plaza de la Lagunilla.

Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.

La verdad es que me parece muy probable que fuera este arroyo, procedente de la zona de la Cuesta Negra, bien conocida por el compañero Laurentino, el que se dirigía hacia el sur penetrando en el barrio de Santa Marina. O mejor dicho, era el que se dirigía hacia el sur desde antes de existir la ciudad, y alrededor del cual surgieron los antiguos arrabales que conformarían los barrios de la Axerquía.


Y...


En cuanto al otro arroyo que confluía con el anterior, el que se puede ver al oeste en el plano de Laurentino, viniendo por una vaguada al otro lado de la vía del tren, me ha dejado bastante pensativo. Supongo que la línea azul que atraviesa el barrio del Matadero está tirada un poco al tun tún... yo la pondría un poco más al norte.


Concretamente en la actual avenida de los Molinos, donde en los años 70 se hundió un trozo de suelo durante la construcción de los nuevos bloques, y un coche cayó a una especie de galería abovedada que la gente identificó entonces con el "arroyo del Colodro". Bueno, el arroyo del Colodro, a estas alturas de la película, está tan trillado por la leyenda popular que podría estar en quince sitios diferentes, con lo cual lo mejor sería dejar de usar ese topónimo, en mi opinión. En este caso, y mirando el plano, bien podría ser que por Molinos Alta pase la canalización de ese antiguo arroyo del Matadero, camino de la Malmuerta y la Lagunilla.


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Ruiz, E. "IAU en calle Santa Rosa s/n esquina con avenida de los Almogávares (Córdoba)", Anuario Arqueológico de Andalucía 1997, III/Actividades de Urgencia, pp. 218-223.

sábado, 24 de abril de 2010

La Piedra Escrita, entre dos Córdobas

No podía faltar, porque aquí empezó todo. Así que después de casi tres años de blog, ya va siendo hora de dedicarle una entrada a la Piedra Escrita, la fuente del cruce de las calles Cárcamo y Moriscos. La fuente que descubrí (me descubrieron) hace ya cosa de seis años, cuando por primera vez hice el camino de las Ollerías por dentro del barrio.

Hoy, la fuente es uno de los dos símbolos del blog, y al igual que el otro, si se mira bien, también tiene forma de puerta, de arco de entrada a la Córdoba que tuve la suerte de encontrarme aquella noche: la primera vez que dejé que el agua del león de la derecha, que es el que me gusta a mí, me chorreara por la cara.


Y aunque la única intención era traer a portada este rincón de la ciudad, habrá que contar también algo de curtura. La fuente fue construida en 1721, como atestiguan López Amo y Ramírez de Arellano, después de que las aguas que se iban a emplear para ella, las llamadas después
de la Piedra Escrita, fueran objeto de pleitos y negociaciones en las que intervinieron, sobre todo, los Trinitarios, interesados en el uso de este agua para su huerto.

El nacimiento se situaba en la zona de la Fuensantilla, hoy lo que queda del Hospital Militar, y al parecer eran aguas de las más corrosivas de Córdoba. Además, dejaban en las conducciones residuos de cardenillo, sedimentos de color verdoso.


Lo de la "piedra escrita", según Ramírez de Arellano, viene de una losa con una inscripción romana borrada ya en el siglo XIX, que había en lo que sería el vano del arco, encima del pilar. No la confunde con la losa escrita con el texto sobre su construcción, debajo del escudo, que también cita. De modo que hoy en día nos queda una "piedra escrita", pero no la original, la romana, que dio nombre a la fuente.


Para todo lo demás, salvo la fecha de construcción, ahí están los datos de la
Cordobapedia, que para algo la tenemos. La foto está tomada del artículo, y es de Rafaelji.

viernes, 26 de marzo de 2010

El puente de los Diablos sobre el arroyo Pedroche

La ciudad de Córdoba, en su crecimiento a lo largo del siglo XX, fue engullendo poco a poco las zonas del ruedo, es decir, las huertas que rodeaban la población y cuyo terreno ocupan hoy barrios periféricos como Ciudad Jardín, Levante o la Fuensanta.

En estas últimas zonas, además, la urbanización se fue comiendo el cauce de antiguos arroyos que quedaron soterrados, perdiéndose con ellos los puentecillos que servían para sortearlos y llegar hasta los terrenos de labor.


Uno de los puentes con nombre propio era el llamado de los Diablos, situado más o menos en lo que hoy es el paso del camino de Carbonell por debajo de la autovía de Madrid, al lado de la avenida Virgen del Mar. Era un puente sobre el arroyo Pedroche, como se ve en la foto aérea de 1957, adonde llegaban dos caminos, procedentes de las puertas Nueva y de Baeza, que se dirigían desde allí a los molinos de Lope García y Carbonell (Salmoral, a finales del XIX). Estos caminos figuran en las ordenanzas de 1884 y han sido recuperados para el nuevo
proyecto municipal de reglamento para los caminos públicos, con los números 70 y 73.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, imagina la construcción del puente alrededor de los siglos XIV o XV, mientras que expone una vieja leyenda según la cual fue construido en una noche de tormenta en que un lego franciscano, de vida un poco libertina, volvía de una cita y se encontró crecido el arroyo, sin poder vadearlo. En ese momento invocó al diablo para que le ayudara a regresar al convento de Madre de Dios, y una legión de demonios (socios de los de la plaza de las Dueñas, quizás) le construyeron en tiempo récord un puente sobre sobre el Pedroche, tal y como otras leyendas relatan en varios puntos de la geografía europea.

Hoy, desgraciadamente, se ha perdido no sólo el puente, sino también su memoria, salvo los mayores que sean capaces de recordar el nombre de aquel lugar, un topónimo que ya, también, es historia de Córdoba.


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Siento la ausencia. Las musas pasaron de mí, se habrían ido con el Nano, allá por Huelva...

domingo, 21 de febrero de 2010

La Casa del Agua de la calle Juan de Mena

La leyenda del lago de las Tendillas, probablemente, nació en una pequeña casa-patio a las espaldas del colegio de la Inmaculada, en la calle Juan de Mena, nº 3, encajonada entre éste y las dependencias de la parroquia del Salvador (Compañía). Como se puede ver en la ficha de la Gerencia de Urbanismo, se la llama la "Casa del Agua", aunque realmente hubo varios lugares en Córdoba con el mismo nombre, lo que pudo dar lugar a alguna confusión a lo largo de la historia. Quizás esta confusión fue relativamente reciente, ya que Ramírez de Arellano ni siquiera menciona el término en su paseo por Juan de Mena. Este tema ya se trató en comentarios de una entrada antigua, en Una mirada desde el sur, y antes aún en el foro antiguo de la Calleja.

La Casa del Agua, vamos a llamarla así, tiene poco de especial por encima del suelo, pero a través de una trampilla en el patio se puede acceder a uno de los secretos mejor guardados del casco histórico cordobés. Cinco tramos de escaleras empinadas conducen a un sótano cuya construcción podría remontarse a la época romana (según la mayoría de las fuentes, aunque no he visto ningún estudio científico ni sé si lo hay). La caprichosa disposición de las escaleras permite ver, desde un balconcillo junto a uno de los tramos, la balsa de agua que existe al final de la bajada. En la foto, que fue colgada en el foro de la Calleja y en "Una mirada desde el sur", se aprecia una pequeña estancia, con huecos para unas tinajas, así como el aspecto que presenta el aljibe lleno de agua.

Parece lógico que la existencia de este depósito, así como de algunos veneros cercanos, esté detrás de la leyenda del lago. De hecho, se cuenta que fue en algún intento de introducirse en las galerías que llegan hasta la Casa de Agua, en los años 20, como se llegó a conocer la existencia de una cueva de estalagmitas y estalactitas bajo el centro de Córdoba, que nunca se volvió a investigar. Es un trabajo, en todo caso, peligroso, y los propietarios guardan con celo el secreto de su sótano, por lo que actualmente este lugar no es visitable. Eso sí, conozco a un par de personas que han bajado allí, y coinciden en que es una verdadera experiencia.

sábado, 9 de mayo de 2009

El arca de agua y la fuente de Mariblanca en la calle Montero

De pura casualidad, hace poco tiempo, me volví a topar con una foto que en el foro Calleja de las Flores se había tratado de ubicar en algún rincón de Córdoba, meses atrás. La imagen (1) inmortaliza a dos mujeres junto a varios cántaros, una fuente y un arca o depósito de agua a la espalda de la misma. Es una de las poquísimas imágenes que se conservan de este tipo de depósitos en nuestra ciudad, si exceptuamos, claro está, el que ha sobrevivido hasta nuestros días adosado a la Mezquita.

Al ver la foto, que debe pertenecer a la década de 1920, tuve la sensación de haber pasado recientemente por allí, y a los pocos días, sin quererlo, me encontré en el lugar indicado con una cámara de la mano. La plazuela que aparece en la imagen es la que se conocía con el nombre de Muladar de Mariblanca o Mari-blanca (en cordobés, muleá, me han apuntado), en la calle Montero. Aparte de la forma general de la plaza, es inconfundible la ventana que se ve en la pared de la derecha, que sobrevive aún hoy ligeramente ampliada hacia abajo. El edificio sobre el que se apoyaba el arca de agua ha desaparecido, con el depósito y con la fuente.

La fuente del Muladar de Mariblanca, según un artículo de Juan Aranda Doncel, se habría instalado en el cruce de la calle Montero con la de Rivas y Palma a finales del siglo XVII, dentro de un programa de mejora del abastecimiento de agua a la Axerquía. Esta fuente, al igual que la de San Lorenzo, la de la plaza de los Olmos y alguna más de la zona, estaba regada con agua del nacimiento de Miraflores, que procedía de las inmediaciones de los arroyos Camello y Hormiguita, en la zona del Marrubial norte y actual Chinales.

López Amo, en "Las aguas de Córdoba", nos indica que las aguas de Miraflores se perdieron por problemas en sus cañerías, y las fuentes pasaron a surtirse en el siglo XIX del agua de la Palma, que procedía del nacimiento del Sombrero del Rey en el arroyo Pedroche (cerca del Molino de los Ciegos, junto a las cocheras de Aucorsa). Así, cuando el archivero López Amo escribe su obra, ya nos habla de que el arca de agua de la calle Montero recibe cuatro pajas del depósito principal de la puerta de Plasencia (por la calle de los Frailes), que se distribuyen de esta manera:

  • Una paja y media para la fuente del Muladar de Mariblanca, cuyo derrame fue concedido en 1790 a la Hermandad de Ánimas de San Pedro a cambio del mantenimiento de arca y fuente.
  • Dos pajas y media para el Hospital de Jesús Nazareno (junto al Buen Suceso), con algunas condiciones de uso.
Ramírez de Arellano, en los "Paseos", se limita a mencionar lo horrible que es la fuente, y el hecho de que el nombre de Mariblanca le viniera por deseo de un corregidor de imitar la monumental fuente madrileña que estuvo en la Puerta del Sol.


Por cierto, ¿alguien tiene alguna sugerencia sobre la ocupación de la señora que está en la mesa? Cualquier idea es bien recibida.


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(1) Imagen del Archivo Municipal de Córdoba, referencia FO010101-A00188-0056 de la categoría "Actividades Municipales, 1925-1995".

sábado, 18 de abril de 2009

Buscando el arroyo del Camello: recuperación de un topónimo olvidado (y II)

(ver anterior)

Pero, ¿tenemos algún testimonio más directo de cómo era el arroyo del Camello o Casitas Blancas antes de la urbanización de gran parte de su cauce? Por fortuna, sí. Encontramos uno de ellos en el mapa realizado por el ejército alemán a una escala de 1:50000 en los primeros años cuarenta. En él se puede ver marcado en azul el recorrido del arroyo hasta verter sus aguas en el de las Piedras, ya en el Marrubial.



Por otro lado, una referencia más tardía aunque mucho más ilustrativa es la ortofoto estadounidense de finales de los 50. En ella he marcado con puntos azules el cauce, para no ocultar la imagen, y si la comparamos con la foto de Google Earth de la entrada anterior, podemos hacernos una idea de cómo ha ido evolucionando toda la zona por la que el arroyo transitaba.

Habría que hacer referencia a otro grupo de documentos que mencionan también el arrroyo del Camello, como son los relativos a una conducción medieval de agua que llegaba a la parte oriental de Córdoba hasta su inutilización (y posible recuperación parcial posterior) a mediados del siglo XIX. Este agua era conocida como del nacimiento de Miraflores, y fue concedida su explotación y aprovechamiento, con muchas condiciones, a los Padres Trinitarios, para abastecimiento de su convento y las fuentes cercanas.

El agua procedía de dos puntos diferentes. En primer lugar, un nacimiento en las proximidades, según López Amo en "Las aguas de Córdoba", del arroyo Hormiguita (recordemos que esta es la denominación que adoptó el del Camello desde el punto en que se unían los dos), a la altura del Molino Quemado, es decir, poco antes de la junta de los arroyos.

Además, este agua se unía al procedente de un segundo origen denominado "sudaderos del arroyo del Camello". ¿Dónde se encontraba esta zona, en el sector ya urbanizado o en la parte que subsiste más o menos intacta? Sánchez Feria dice que sube este Arroyo à cortar el camino real, que baxa de las Ollerìas, y caminando poco mas arriba àzia el Norte està en èl el nacimiento de dichas aguas de los Padres Trinitarios. Si "poco" quiere decir menos de un kilómetro, entonces esos manantiales están bajo el Polígono de Chinales. Pero si nos permitimos estirar ese "poco" hasta un 1,3 km, llegamos a una zona que, verdaderamente, rezuma agua.

Se encuentra frente a las nuevas urbanizaciones de Mirabueno, donde el arroyo corre más o menos paralelo a la antigua vía de Almorchón. Cuando estuve por allí una semana después de algunas lluvias intensas, todos los rodales de juncos que pueblan la ladera estaban completamente encharcados, bajando el agua hacia el fondo de la vaguada. Los manantiales más importantes, al menos dos de ellos, están marcados con piezas de hierro clavadas en troncos o en el suelo.











El arroyo corría débilmente, pero se podía seguir su rastro en dirección a su nacimiento, encontrando los restos de una fuente destruida, que menciona Francisco Carrasco en su descripción. Son visibles los tres pilares (no en la foto), pero la inscripción y la palmera parece que desaparecieron hace mucho tiempo.











Y hasta aquí lo que puedo aportar sobre el tema. No estoy seguro de que sea esta zona la de los "sudaderos", porque para ello habría que excavar y localizar el origen de las aguas de los Trinitarios, pero al menos ha quedado constancia de lo poco que se conserva de este arroyo que un día regó el Marrubial.

miércoles, 15 de abril de 2009

Buscando el arroyo del Camello: recuperación de un topónimo olvidado (I)

(ver siguiente)

Hace bastante tiempo, en los primeros pasos del blog, se trató en una entrada sobre el arroyo que atravesaba la parte oriental del casco histórico de Córdoba, hasta finales del siglo XVIII. Este arroyo, que recibía diversos nombres según el barrio por el que iba pasand
o, entraba en la ciudad por las inmediaciones de la puerta del Colodro, procedente con toda probabilidad de la zona de Santa Rosa o Valdeolleros. Y a él hace referencia Francisco Carrasco en su libro "Arroyos de Córdoba", mencionándolo brevemente:

Venía de la Asomadilla por la Cruz de Juárez, Matadero Viejo, Puerta del Colodro, Santa Marina, San Andrés, San Rafael y San Lorenzo. todavía se oyen sus aguas por el pozo que hay en uno de los patios del Palacio de Viana. El alcalde mandó construir puentecillos de madera para cruzar las calles. Este arroyo se llamaba del Camello y ha aparecido su cauce cuando se realizaron trabajos para el ferrocarril de alta velocidad en estos años.

Posteriormente me fui encontrando varias referencias a un "arroyo del Camello" que nada tenía que ver con esta descripción, de modo que las expondré aquí, a sabiendas de que es un tema resbaladizo por basarse en nombres populares que van cambiando con el tiempo.

La descripción más detallada de la situación de este arroyo desaparecido bajo el asfalto de los barrios de Levante la proporciona en 1772 el médico y escritor Bartolomé Sánchez de Feria en su "Palestra Sagrada", cuando trata de precisar de manera exacta el lugar en el que Andrés de las Roelas se encontró con los Cinco Caballeros. El relato completo está en la siguiente imagen, pero abreviadamente, viene a decir que los dos arroyos que discurrían por el campo del Marrubial, el de las Peñas, las Piedras o San Cristóbal, que bajaba de Sansueña, y el de la Hormiguita u Hormiguilla, que venía de lo que hoy es la fábrica de cementos, confluían en un punto situado unos metros al norte del actual cuartel de Lepanto.

Además, explica que dicho arroyo de la Hormiguita, marcado en azul en la superposición de planos, había sido llamado desde antiguo "del Camello", hasta principios o mediados del siglo XVIII, cuando fue tomando el nombre de un pequeño arroyuelo que se le incorporaba desde el este. Sánchez Feria rechaza esa modificación, afirmando que debería conservarse en todo su recorrido el nombre del mayor y más largo, el del Camello.

Curiosamente, Francisco Carrasco sí menciona ese arroyo de la Hormiguita como un afluente menor de otro, al que denomina arroyo de Casitas Blancas, cuyo recorrido coincide con el atribuido al del Camello en el siglo XVIII por la "Palestra". Son el mismo curso de agua, llamado de distinta manera con una diferencia de dos siglos y medio.

Siguiendo la descripción de este arroyo de Casitas Blancas, y combinándolo con el plano de Córdoba de 1884, podemos definir el recorrido que seguía desde su origen hasta su desembocadura en el arroyo de las Piedras.

martes, 19 de agosto de 2008

La calle Cairuán

Aunque no recibe todas las visitas que cabría esperar, por estar expuesta al insufrible sol de mediodía y encontrarse a la espalda del recorrido turístico estándar de la Judería, la calle Cairuán es un espacio histórico de gran relevancia. A lo largo de ella transcurre la antigua muralla occidental de la ciudad, construida en la ampliación augustea de la urbe romana, cerca del inicio de nuestra era, y reedificada por musulmanes y cristianos en diversas ocasiones.

La calle Cairuán fue abierta a principios de los años 60, con la eliminación de varias viviendas que cerraban el acceso desde el lateral de la puerta de Almodóvar (ver la foto inferior). Recibió su nombre en 1968 a raíz del hermanamiento de Córdoba con esa ciudad norteafricana. La muralla fue restaurada de una forma que ha sido a veces ensalzada, y más a menudo criticada, por la artificialidad del resultado en zonas donde había quedado bastante arrasada.

Algunos investigadores han situado en esta zona el punto por el que accedieron los invasores beréberes a la ciudad en el año 711, al haber crónicas que hablan del lamentable estado del lienzo occidental del muro protector. Otras fuentes se llevan este punto a las proximidades del puente romano.

Aparte de la piedra, el elemento más relevante de esta calle es el agua. Lo que a primera vista parece un conjunto de estanques ornamentales es en realidad un trozo de memoria que recuerda los sistemas de abastecimiento de agua de la Córdoba antigua. Estos estanques son herederos directos del pequeño arroyo que corría por esta zona siglos atrás, tomando parte de su caudal del agua sobraba de la alcubilla anexa a la puerta de Almodóvar. Aquí confluían las aguas de la Fábrica de la Catedral, las del venero del Alcázar y las de Esquinas Paradas o agua de la Huerta del Rey (nombre que recibía la actual zona de Doctor Fleming), procedentes todas ellas de las faldas de la sierra. Parte de estas aguas, redirigidas hoy desde los estanques del Alcázar por modernos conductos y sistemas de bombeo, siguen circulando por el reconstruido foso de la muralla.

sábado, 15 de marzo de 2008

La Fuenseca

Mediada la calle Alfaros, baja la calle de Juan Rufo hasta llegar a una pequeña plazoleta en la que sólo encontramos una fuente, adosada al muro. Es la llamada Fuenseca, con su inagotable caudal que resuena en las calles cercanas noche tras noche, y que constituye uno de los símbolos de la Córdoba más profunda y auténtica.

¿Por qué se llama Fuenseca una fuente que siempre ha sido considerada de las más abudantes? La explicación hay que buscarla en su ubicación original, que era la plazoleta de Alfaros a escasos cincuenta metros de distancia pero en un terreno bastante más elevado. Esto provocaba que, desde su construcción en 1495, la fuente apenas tuviera agua, con excepción de los años más lluviosos, en los que venía un mayor caudal desde su nacimiento en la huerta del antiguo convento de las Dueñas, entre el Císter y el Bailío.

El nombre popular de Fuenseca quedó tan arraigado que no se perdió tras su traslado al centro de la plaza que hoy ocupa, que se llevó a cabo en el año 1760. Para asegurar el caudal, el Ayuntamiento la situó además en una hondonada a la que se bajaba por dos o tres escalones. En 1808, durante la dominación francesa, fue modificada hasta tomar la forma que hoy vemos, colocándose sobre ella el San Rafael que había en la plaza, según Ramírez de Arellano, en un pedestal de mampostería muy ridículo.