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miércoles, 31 de julio de 2019

La calle de Heredia: recuperación por las bravas de un topónimo perdido


Hace algunos años, en los tiempos del Chorrijuego, hubo quien propuso a los participantes del desaparecido foro "Calleja de las Flores" averiguar el nombre original de la calle Teniente Albornoz, ya que el tradicional azulejo estaba cubierto por varias capas de cal o pintura blanca. Teniente Albornoz es una de las calles que comunican Torres Cabrera con la calle Osario. Tiene una entrada por la esquina del colegio de la Divina Pastora y otra, más o menos, enfrente de la antigua pastelería de la Purísima.

El azulejo, descubierto
El caso es que el encargo nos cogió por sorpresa y, en cuanto empezamos a buscar, descubrimos que no había referencias a esa calle por ninguna parte en las fuentes tradicionales. Al día siguiente, un compañero (¿se puede mencionar, aunque sea el nick?) subió la foto con la respuesta: el azulejo escondía el nombre de la calle de Heredia. Para descubrirlo, había montado una acción de comando dominguero en la que una niña, subida a una valla, había rascado el azulejo hasta dejar visible el antiguo nombre.

No duró demasiado la alegría porque, no sabemos si fue el Ayuntamiento o los propietarios de la manzana, el azulejo quedó de nuevo cubierto por varias capas de pintura concienzudamente aplicadas sobre el nombre antiguo de la vía. Aunque a decir verdad, lo que no está tan claro es en qué momento histórico (breve, desde luego) llegó a existir la calle de Heredia.

Si nos vamos al plano de 1851, se ve claramente cómo esa calle no estaba aún ahí. En realidad, el palacio de Torres Cabrera se extendía sin interrupción hasta la plaza de las Doblas, y lo único que había era una calleja de la calle Osario, llamada de Heredia en honor a Pedro de Heredia, nombrado marqués de Prado Castellano a finales del siglo XVIII. No debió ser hasta el segundo cuarto del siglo XX cuando se segregó el palacio de los condes de Torres Cabrera del llamado palacio de los marqueses de Valdeflores, que es el edificio rehabilitado por Rafael Gómez en la plaza de las Doblas y que alberga algunas de las joyas kitsch de la época del pelotazo ladrillístico.

Parte de la historia se cuenta en la Cordobapedia, donde se explica que la venta a la familia de los marqueses de Valdeflores se produjo en 1914, y a los propios marqueses en 1942. Las fechas concuerdan con el abandono del otro palacio de Valdeflores, el que veíamos el otro día ocupar gran parte del solar de Simago. En alguno de esos momentos, se abrió el tramo moderno de la nueva calle, más ancho que la antigua calleja, prologándose hasta salir a la esquina donde está el azulejo de marras. Julio Albornoz, teniente cordobés muerto en el desastre de Annual (1921), acabaría por dar nombre a la calle.

Y ahora, sabiendo que San Google ha archivado esta información por si alguien se vuelve a preguntar qué había escrito en aquel azulejo, podemos pasar a otra cosa y dejar que los cordobeses olviden este topónimo que probablemente nunca más verá la luz.

lunes, 29 de abril de 2013

El bar Correo y la oficina postal de la calle Jesús María

El bar Correo y Simago, foto tomada del blog "Córdoba por siempre"
Reconozco que no abundan mucho los bares por este blog, ni las cañas, ni los flamenquines. Podría decir que lo hago aposta, para contrarrestar el imperio de los devoradores de salmorejo sobre esta ciudad y sus espacios libres (la última vez que paseé de noche por la muralla de la puerta de Almodóvar se me cayó el alma al suelo), pero en realidad es más bien por falta de datos.



Aún así, y como muestra de buena voluntad, quería compartir la alegría de haberme enterado de por qué al bar Correo se le llama así. Para quien no conozca el bar, estamos hablando de un minúsculo local junto a la heladería de David Rico de las Tendillas, en la calle Jesús María. Aquí no son muy populares las tapas, los refrescos o los vargas. Al Correo se va básicamente a beber cerveza, mientras se charla alegremente en la calle, de pie, ocupando en los días buenos todo el ancho de la calle.

Los más avispados lo habrán asociado ya con el nombre de la farmacia "del Correo", que está a dos pasos del bar, y por ahí van los tiros. Aunque la calle Jesús María mantiene su nombre original (que viene del convento de monjas, llamado de Jesús y María, que había junto al local del cine Góngora), su aspecto cambió enormemente a lo largo del siglo XX. Originalmente era una calle estrecha y llena de rincones, desde el Conservatorio hasta las Tendillas. Como se ve en las fotos de la derecha, circular por esa calle era un auténtico tostón.

Pues bien, en el número cinco de esa calle, tercer portal de la izquierda contando desde las Tendillas, estaba situada una oficina de Correos y Telégrafos, que siguió allí hasta el traslado al edificio de la calle Cruz Conde en los años 40. Esa oficina dio nombre tanto a la farmacia como al bar, que según la Cordobapedia abrió un 25 de mayo de 1931, siendo desde entonces un negocio familiar. Así se puede ver en la fotografía de abajo (izquierda), de los años 50, en la que se distingue el cartel del bar Correo detrás del de David Rico. La oficina de Correos, que ya no estaba activa en aquel momento, corresponde al pequeño edificio de la acera de enfrente, uno que está encajado entre el bloque de tres plantas y la fachada encalada del otro edificio ancho y bajo que, si no equivoco, debe ser el palacio de los marqueses de Valdeflores (también vacío en esos años).



Ampliando las fotos se puede ver como el balcón de ese edificio tiene un mástil para bandera, indicando su función pasada de sede de un organismo oficial. En la foto de la derecha, es el edificio que hay entre el señor que camina despistado y el que posa apoyado en un jaco. Al fondo, se ve la plaza de las Tendillas.

Y una vez dicho todo esto, ya podemos ir de cañas al Correo a comentar el urbanismo de mediados del siglo pasado.

PS. Carlos Castilla del Pino, en su famoso artículo "Apresúrese a ver Córdoba", menciona en la segunda página al palacio de los marqueses de Valdeflores (siglo XVIII) como uno de los que se habían ido destruyendo ante la pasividad de las autoridades que debían conservar el patrimonio histórico. Pues bien, ahí está una foto del palacio perdido.


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Fotos del Archivo Municipal de Córdoba.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La corrida que pagó el monumento a Manolete


De gustos no hay nada escrito, de modo que, aunque a mí no me gusta, ya nos conocemos y nos llevamos bien. Hace mucho tiempo que leí mi descripción favorita del monumento a Manolete de la plaza del Conde de Priego (Santa Marina, vaya), y ahora no lograba volver a encontrarla. Lo asociaba vagamente con el estilo Harazem, y por ahí me ha venido la respuesta. Fue Carlos Castilla del Pino, en su artículo Apresúrese a ver Córdoba, el que lo describió de esta manera:

"La destrucción comenzó emplazando allí el monumento a Manolete, horrendo pisapapeles de tamaño descomunal, que tiene el honor de figurar en la antología del mal gusto mundial" [y aporta cita].

Pero el pisapapeles kitsch al que nos hemos acostumbrado no salió gratis. La pasta para la obra, que sería luego encargada a Manuel Álvarez Laviada (800.000 pesetas de la época), se quiso reunir por suscripción pública pero el pueblo no estuvo por la labor. Al final provino, como cuenta la Cordobapedia, de una corrida de toros con matadores españoles y mexicanos celebrada el 21 de octubre de 1951, domingo para más señas, y cuyo folleto llegó a mis manos hace unas semanas, como me llegan últimamente algunas verdaderas maravillas del siglo pasado.

Aquí lo dejo, adornado de topicazos cordobeses y con publicidad y todo (sombrerería Rusi incluida). Diez toros, diez, uno de cada ganadería, con un estadillo para permitir al público explayarse en su crítica taurina. Por mi falta de cultura del tema o mi castellanidad de sangre, sólo conozco a dos toreros de la lista, Lagartijo y Calerito. A éste último, por la calle de la academia "Número e", lo reconozco.





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Foto del monumento tomada de Cordobapedia. 

viernes, 13 de mayo de 2011

La puerta de los Sacos en la muralla de la Huerta del Alcázar

Llevo mucho tiempo detrás de esta entrada, pensando si debería colgarla toda del tirón o partirla para hacerla menos rollete. Pero creo que, según he bajado el ritmo de producción, lo justo es contarlo todo junto y que cada uno se administre. Ha sido un trabajo muy bonito y, aunque no está cerrado, creo que hay material como para contar la historia de la más desconocida de las puertas de las murallas de Córdoba: la puerta de los Sacos.


La puerta de los Sacos no pertenecía a la muralla de la ciudad, propiamente dicha, sino al último recinto fortificado que se construyó, junto con el Alcázar Viejo: la Huerta del Alcázar. Es el trozo de color amarillo en la foto de arriba, que he ampliado en un detalle del plano de 1851. En los años 50, cuando se construyó la autovía atravesando la Huerta del Alcázar, para ir a dar al nuevo puente de San Rafael, la puerta de los Sacos fue eliminada de su ubicación, quedando sólo el nombre conservado en el llamado puente de la puerta de los Sacos, un puentecillo califal sobre el cauce del arroyo del Moro, hoy escondido debajo de la avenida.

La puerta de los Sacos ha cambiado tanto de sitio, que más vale que contemos su historia a través de las fuentes de cada época para aclararnos un poco. Vámonos, por supuesto, al maestro Wyngaerde, el que hizo la foto de Córdoba en el siglo XVI: esta es la primera imagen de la puerta, y la única en su ubicación original en el lienzo sur de la muralla, el que mira al río. Ahí la tenemos, casi en la esquina de la Huerta del Alcázar, mirando al sur. Probablemente ya tuviera el mismo nombre, debido a que era el punto principal de abastecimiento de harina al Alcázar, procedente de los molinos del río. Debo reconocer que me fijé en esa imagen de la puerta gracias al análisis que hizo Rojunson en su blog.




Cerca de un siglo después, Vaca de Alfaro hace su valiosísima descripción de la muralla de la ciudad, y nos cuenta cómo en el siglo XVII la puerta se encontraba cerrada por su estado de deterioro, confirmando su ubicación en el lienzo sur, entre dos torres un poco maltrechas ya en aquella época. Las fuentes del siglo XIX, como Ramírez de las Casas-Deza, nos hablan de una puerta de los Sacos tapiada y sin uso en el lienzo occidental de la muralla. Es decir, en algún momento, entre el XVII tardío y el XIX temprano, la puerta se traslada al otro lado de la esquina y se reconstruye, probablemente ya sin torres, la parte de la muralla donde estaba la antigua puerta que daba al sur.

Y aquí llegan los primeros fotógrafos en el siglo XX, y consiguen este documento para la Historia: la foto más antigua de la puerta. Está hecha desde la orilla del río, en lo que hoy sería la base de la parte norte del puente de San Rafael. La puerta es el hueco que se ve entre los álamos, su ubicación del cuadro de Wyngaerde estaría más a la derecha, entre la esquina y la torre.


Pocos años después de esta foto, llegaría la definitiva remodelación que haría caer la puerta en el olvido. La radical intervención que rompió el lazo entre la ciudad y el río, la nacional IV que invadió la ribera norte, derribó la muralla y enlazó con el nuevo eje de Vallellano y el puente de San Rafael. El antes y el después de esa obra nos muestra el grado de impacto que tuvo en el urbanismo de la zona.


Y sí, ahí está, en la primera foto, nuestra puerta de los Sacos, rodeada por el progreso. En este detalle se ve mejor.


¿Qué fue de la puerta? Pues aquí entra el soplo que me dio Saqunda, sacado del libro de Solano Márquez, La Córdoba de Antonio Cruz Conde: el alcalde que cambió la ciudad. Se dice aquí que a partir de 1954, cuando finaliza la restauración de la barbacana y el foso y empieza la de la muralla, la puerta de los Sacos fue desmontada, "restaurando el dovelaje de su arco apuntado, volviendo a montarlo y rehaciendo su almenado". Es decir, que la trasladaron. ¿Adónde? Pues hay dos opciones.

La primera de ellas es una puerta que aparece en el plano de 1851 que puse antes. Se ve en el lienzo oeste, a la izquierda, como un hueco en el muro cerca ya de las primeras casas de San Basilio. Esa puerta sigue existiendo hoy, y sufrió una restauración como se ve en las fotos siguientes, una de ellas tomada justo cuando tenía los andamios puestos.



La segunda está un poquito más al norte. Hay que recordar que la puerta de Sevilla que hoy vemos no es la original, sino una mera reconstrucción. En esta foto de los años 50 se puede ver todavía el boquete que quedaba desde su derribo en 1865. Pero no es eso lo que nos importa, sino la puerta ancha encalada que se ve a la derecha:


Esa puerta coincide por situación con esta otra, que es la actual: alguien puso unas dovelas nuevas donde no las había, fueran o no las de la puerta de los Sacos.


Las dos opciones me parecen buenas. La segunda tiene a favor la evidencia del cambio, pero en contra el tamaño (el arco es pequeño para lo que parece la puerta en las fotos antiguas). Cuando estábamos delante, parecía más tentadora esta última, pero ahora, después de ver los andamios que prueban que también se reformó (y mucho) la puerta que da a la huerta, parece más lógico que sea esa la que contenga hoy día las dovelas de la antigua y sufrida puerta de los Sacos. Hay que añadir que la pequeña debe dar entrada a una casa particular, y la grande da a un espacio público abierto. Pero bueno, a lo mejor pronto tenemos más datos para tomar una decisión mejor argumentada. Mientras tanto, por qué no un paseíto para volver a conocer con otros ojos ese rincón de la ciudad...

viernes, 11 de junio de 2010

El Palace antes de volverse mohoso




Han caído en mis manos unos cuantos folletos que mi compañera pucelana definiría sabiamente como "añejos", y la verdad es que no sabía por cuál empezar a publicarlos aquí. He elegido este del desaparecido Hotel Meliá, entonces "Córdoba Palace", porque es uno de los más antiguos (de entre mediados de los cincuenta y mediados de los sesenta) y, en mi opinión, de los más curiosos.

Así que, para no aburrir, os dejo directamente que disfrutéis del estilo publicitario de la época. Con aire acondicionado, teléfono e incluso aparato de radio en cada habitación, ¿quién no querría venir al "corazón de la romántica y legendaria Andalucía?"











































domingo, 4 de enero de 2009

Paul merece el beso

Feliz año a todo el mundo, a los cordobeses que os quedáis en la ciudad, pero especialmente a aquellos que dentro de unos días nos dejaréis para volver a vuestros lugares de trabajo...

Para que la vuelta resulte algo menos pesarosa, colgaré un documento que lleva unos días paseando por muchas páginas y blogs cordobeses, pero que no por ello deja de merecer toda la atención del mundo. Se trata de un vídeo montado por la empresa 12frames con imágenes originales rodadas por Paul McCartney y Mal Evans (asistente del grupo) durante un viaje a Córdoba en noviembre de 1966, cuando volvían de una visita frustrada a John Lennon en Almería. Hay más datos aquí y aquí, así que me limito a poner el vídeo y, de paso, la canción que suena de fondo completa. Como alguien ha sugerido en un comentario en El Día, es un gran spot promocional de Córdoba.



martes, 2 de diciembre de 2008

Los inicios de Edisol


Las fotos del vuelo americano de 1957 nos muestran cómo lo que hoy es el barrio comprendido entre la calle Sagunto y la avenida Agrupación Córdoba, era en su mayor parte una zona de huertas del ruedo oriental de Córdoba, habiéndose construido sólo una pequeña cantidad de casas en las proximidades del cuartel de Lepanto, y una calle en mitad de la nada.


Curiosamente, dicha calle fue rodeada en las décadas posteriores por las nuevas construcciones del barrio de Levante, siendo integrada y conservando su aspecto de callejuela de pueblo aún en la actualidad, lo que la diferencia del resto de la zona y evidencia su antigüedad. Se trata de la calle López de Alba, como se puede observar en la comparativa entre las dos fotos aéreas separadas por medio siglo.

En la imagen se han señalado algunos puntos relevantes para orientarse mejor. Aparte de la mencionada calle (3), se ha marcado la parroquia de San Antonio (1), el cruce de la Fuensantilla o del Hospital Militar (2), el antiguo camino que pasaba por la cruz de los Cinco Caballeros, recorrido que aún hoy sigue el Camino de Santiago (4) y el solar donde se está llevando a cabo una interesante intervención arqueológica, y que coincide aproximadamente en el plano de 1884 con la huerta de Murillo, topónimo del que Ángel Ventura saca petróleo (con una teoría interesante) en uno de sus trabajos (5).

martes, 19 de agosto de 2008

La calle Cairuán

Aunque no recibe todas las visitas que cabría esperar, por estar expuesta al insufrible sol de mediodía y encontrarse a la espalda del recorrido turístico estándar de la Judería, la calle Cairuán es un espacio histórico de gran relevancia. A lo largo de ella transcurre la antigua muralla occidental de la ciudad, construida en la ampliación augustea de la urbe romana, cerca del inicio de nuestra era, y reedificada por musulmanes y cristianos en diversas ocasiones.

La calle Cairuán fue abierta a principios de los años 60, con la eliminación de varias viviendas que cerraban el acceso desde el lateral de la puerta de Almodóvar (ver la foto inferior). Recibió su nombre en 1968 a raíz del hermanamiento de Córdoba con esa ciudad norteafricana. La muralla fue restaurada de una forma que ha sido a veces ensalzada, y más a menudo criticada, por la artificialidad del resultado en zonas donde había quedado bastante arrasada.

Algunos investigadores han situado en esta zona el punto por el que accedieron los invasores beréberes a la ciudad en el año 711, al haber crónicas que hablan del lamentable estado del lienzo occidental del muro protector. Otras fuentes se llevan este punto a las proximidades del puente romano.

Aparte de la piedra, el elemento más relevante de esta calle es el agua. Lo que a primera vista parece un conjunto de estanques ornamentales es en realidad un trozo de memoria que recuerda los sistemas de abastecimiento de agua de la Córdoba antigua. Estos estanques son herederos directos del pequeño arroyo que corría por esta zona siglos atrás, tomando parte de su caudal del agua sobraba de la alcubilla anexa a la puerta de Almodóvar. Aquí confluían las aguas de la Fábrica de la Catedral, las del venero del Alcázar y las de Esquinas Paradas o agua de la Huerta del Rey (nombre que recibía la actual zona de Doctor Fleming), procedentes todas ellas de las faldas de la sierra. Parte de estas aguas, redirigidas hoy desde los estanques del Alcázar por modernos conductos y sistemas de bombeo, siguen circulando por el reconstruido foso de la muralla.

lunes, 7 de julio de 2008

Rabanales, el "making-of"

El 13 de junio de 1952, mientras un chaval entraba por el Campo de la Verdad con un monstruo en una caja de zapatos, se firmaba la compra de la finca donde habría de levantarse la nueva Universidad Laboral. Pocos años después, varios edificios empezaban a levantarse entre campos de cultivo.



La ortofoto del vuelo americano (que podéis consultar aquí o, si no funciona, buscando IDEA Andalucía) de la que hablamos en la entrada sobre Gran Vía Parque, pilla a las obras en sus últimos momentos, cuando faltaba todavía una gran superficie por urbanizar, pero las cruces y el resto de los bloques estaban casi completos.


Finalmente, el 3 de noviembre de 1956, fue inaugurada. Aquí os dejo un par de vídeos que se explican por sí mismos, del día de la inauguración y de una visita ministerial. Como un detalle personal con los parroquianos de la Calleja de las Flores, no colgaré la visita de Franco, pero ahí está en YouTube para quien quiera darse un paseo por el No-Do más profundo...

PD. Ojo al chaval de las gafas. Y de paso a la falta de vegetación en los Sotos de la Albolafia.



jueves, 12 de junio de 2008

La gran riada de 1947

Algo más ligerito. Una foto impresionante, tomada de un libro de Arjona Castro, que muestra cómo se comportaba el Guadalquivir en los tiempos en que su caudal aún no estaba regulado por los distintos embalses que existen a lo largo de su cauce. Corresponde a la riada de 1947. No hay más que asomarse al río a la altura del Puente Romano para imaginar la cantidad de agua que tendría que llevar para dar como resultado esta foto.

Como veis, los ojos del puente están cegados por completo, y el agua ha inundado el Campo de la Verdad. Asoman sobre la superficie los tejados de los molinos más altos, los de San Antonio y Papalotierno. La imagen, tomada desde lo alto de la torre de la Catedral, vale más que cualquier descripción.

PD. Aquí os dejo una imagen del siglo XIX, prácticamente con el mismo encuadre, para que comparéis el nivel del agua.

martes, 27 de mayo de 2008

El vuelo americano y la evolución de Gran Vía Parque

A lo largo de los años 1956 y 1957, aviones estadounidenses equipados con cámaras de fotos recorrieron todo nuestro territorio, elaborando, en colaboración con el ejército, la primera ortofotografía completa de que disponemos. El hecho de que se realizara antes de la expansión industrial y urbana de los años sesenta, nos permite tener un documento muy valioso que muestra cómo eran las ciudades cuando aún se limitaban, en muchos casos, a su perímetro medieval. En Córdoba acababan de construirse los barrios de Fray Albino y Cañero, se preparaba la ampliación de Ciudad Jardín y se empezaban a colonizar las huertas al otro lado de las vías del tren, formándose los embriones de Santa Rosa, Margaritas y Huerta de la Reina.

En esta comparativa aparece la avenida Gran Vía Parque, tal y como estaba el año pasado y cincuenta años atrás. Bueno, mejor dicho, tal y como no estaba. Se puede ver la plaza de Costa Sol, el camino que hoy es la avenida del Aeropuerto, el paso a nivel junto a la actual glorieta Ibn Zaydun y la fosilización de los antiguos caminos tradicionales en la nueva ciudad, como ocurre con el camino de Almodóvar que pasa hoy por el aparcamiento de la plaza de toros.

lunes, 21 de abril de 2008

Y tocar el cielo en las Tendillas

Muchos de los que cada domingo van al Nuevo Arcángel a ver convertirse en infinitos los diez últimos minutos de cada partido estaban allí aquella tarde mágica de 1962. El 16 de septiembre en que el Córdoba, es decir, aquel Córdoba, salió al césped a enfrentarse al Valladolid y a dejar su huella en la historia del fútbol. Empezaba la temporada en Primera División.

Roque Olsen en el banquillo. Benegas, Simonet, Mingorance, Navarro, Martínez, Marañón, Riaji, Juanín, Miralles, Vázquez y Homar creando para el cordobesismo del futuro una leyenda a la que agarrarse en las aciagas tardes de paseo al borde del pozo. Casi los mismos (salvo Paz y Costa) que el 1 de abril habían celebrado en el Colombino, ante diez mil cordobeses, el 0-4 con el que el equipo lograba el sueño acariciado desde su fundación en 1954, a partir de las cenizas de anteriores proyectos.

En el estreno, con el antiguo estadio del Arcángel convertido en una fiesta, la leyenda tomó forma cuando Juanín, en el minuto 59, se encontró con un balón en el punto de penalti y lo hizo volar hasta el fondo de la portería del fondo sur. Fue el primer gol y la primera victoria del Córdoba entre los grandes. Días de gloria, para soñar.

martes, 22 de mayo de 2007

Córdoba frente al misterio (2): el ser de otro mundo (2º parte)

Al amanecer del 15 de junio, muchos cordobeses visitaron nada más levantarse la habitación de los niños -seguían allí- y se asomaron a la ventana -nada había cambiado. La tranquilidad, para la mayoría, llegó con el diario Córdoba de esa mañana: "No hay nada que temer de otros planetas".

Algunos se habían precipitado ligeramente en su identificación del monstruo. Y así lo reconocía el periódico, con humildad y cierto sentido del humor. De la hemeroteca de Rabanales directamente al siglo XXI, aquí os dejo esta pequeña joya del periodismo local, para que os explique el misterio.

domingo, 20 de mayo de 2007

Córdoba frente al misterio (1): el ser de otro mundo (1ª parte)

Con el sol tostando el valle del Guadalquivir, avanzaba el día 13 de junio de 1952. En algún punto de la ciudad se firmaba en ese momento la compra de la finca llamada de "Rabanales", para construir en ella la futura Universidad Laboral.

Al mismo tiempo, en algún cortijo al sur de la capital, un muchacho se llevaba el susto de su vida. Encontraba en el campo, con aparentes signos de vida, un ser diferente a cualquier otro que hubiera conocido. Un animal (?) totalmente deforme, morfológicamente inclasificable, que parecía incapaz de desplazarse y agonizaba en el suelo. Juzgándolo inofensivo, el chaval lo introdujo en una caja y se dirigió a Córdoba a la carrera.

Es muy posible que todavía haya personas que recuerden la entrada del chico por el Campo de la Verdad. La curiosidad y el miedo ante lo desconocido llenaban el ambiente, y acompañaban al muchacho hasta la calle de Gondomar, donde al fin se reunió un nutrido grupo de personas para admirar el fenómeno.

En pleno boom de los avistamientos de los entonces llamados platillos volantes (sólo cinco años después de que Kenneth Arnold los describiera por primera vez), un ser con un sólo ojo ciclópeo, dos trompas y una masa informe como cuerpo iba a producir inevitablemente la temida conclusión.

Y así, el diario Córdoba tituló en su portada del 14 de junio de 1952: "Un extraño fenómeno en Córdoba: ¿un habitante de otro planeta?". La noticia corrió como la pólvora, y la ciudad durmió aquella noche intranquila temiendo que, en cualquier momento, como sucedería años después en la película ET, los seres de otro mundo vinieran a buscar a uno de los suyos.