Luz cambiante que acarició sus sillares con las manos que los tallaron.
Don Manuel García
Este nombre, por lo que entiendo, se debe aplicar al pequeño y olvidado mirador que se encuentra en la carretera de Trassierra, superado más de la mitad del desnivel camino del "Cruce", en un falso llano con varias curvas antes de llegar a la Residencia San José. Ramírez de Arellano, tras pasar la Albaida, dice que "siguiendo nuestra ruta pasamos por un sitio conocido por el Balcón del Mundo, a causa del magnífico y extenso panorama que desde él se admira, y dejando a los lados los lagares de San José y el Rosal [...], llegamos a la aldea de Santa María de Trassierra".
El aspecto del mirador es, efectivamente, el de un balconcito de hierro al que se accede por unas escaleras. Junto a la carretera, en un apartadero al que la única forma razonable de llegar es en bicicleta (ya no hay espacio para dejar el coche, como antiguamente), aún perdura una fuente revestida de azulejos, que sólo mana agua en los años en que el cielo es generoso, como ha sido el caso de este invierno.
Aquí dejo las fotos (sí, lo siento, del Google Street View), para que se reconozca mejor el lugar.
Pues todo indica que la palmera era real. Y no sólo eso, sino que además era bastante conocida, hasta el punto de que daba nombre a la casa en la que se encontraba: la Casa de la Palma, propiedad de los Condes de Hornachuelos, con entrada principal por la actual calle María Cristina, entonces calle del Arco Real, que era un poco más larga que hoy: al no existir Claudio Marcelo, se prolongaba hasta la esquina de la cuesta de Luján.
Y de paso, señala que en el jardín donde se encontraba la palmera, a muchos metros de profundidad, nacía el agua de la Romana, una de los manatiales que surgen de la acusada pendiente que separa la Villa de la Ajerquía, y que abastecía una fuente junto al Arco Bajo de la Corredera, parte de la fuente de la plaza de las Cañas y otros establecimientos privados.
Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.
Los "Paseos por Córdoba" más o menos vienen a corroborar el relato, aunque se sustituye el terremoto por una tormenta y varía la fecha un par de días.
identificación del árbol con el "algarrobo del Moro" es algo que nunca será posible probar, pero que tampoco me parece descabellado. Implicaría que en 1792, hace 200 años, al imprimirse la "Palestra" (y no en 1680, según entiendo al leer el relato), el algarrobo era ya tan grande y conocido que tenía nombre propio y sirvió al autor para orientar a los lectores sobre el lugar del suceso. Aquí quedan la leyenda, la literatura y la imagen encontrada en aquel lugar a finales del siglo XVII, y conservada en el Císter, en el primer altar del lado de la epístola (fuente). Allí, esperemos que por muchos años, queda el monumental algarrobo del Patriarca.