El nacimiento del siglo XII vino marcado por la conquista de Jerusalén a los musulmanes en 1099, durante la Primera Cruzada. La escasez de efectivos capaces de defender un reino tan alejado de la Europa cristiana (Bizancio tenía suficiente con tratar de defenderse a sí misma) se vio aliviada por la creación de unas órdenes religiosas que tenían como principal objetivo la protección, con las armas si fuera preciso, de los Santos Lugares. Así nacieron en los primeros años del Reino de Jerusalén las órdenes del Temple y del Hospital de San Juan de Jerusalén, luego llamada de Malta.Al Andalus, mientras tanto, sufría los cada vez más audaces ataques de los reinos del norte (Toledo había caído en 1085) y el imperio almorávide no parecía capaz de frenarlos. A mediados del XII, en el período conocido como Segundas Taifas, las órdenes militares de Oriente llegaron a Castilla para colaborar en la reconquista, haciéndose cargo los caballeros templarios de la villa de Calatrava, clave en la protección de Toledo, y los de San Juan del enclave de Uclés, en Cuenca. La huida de la orden del Temple ante el empuje musulmán propició la creación de la primera orden militar castellana en 1158, cuando el abad Raimundo de Fitero formó un ejército de 20.000 hombres que defendió con éxito Calatrava. A continuación, en 1170, la orden de Santiago tomó el mando en Uclés ante la desidia de los hospitalarios. La orden de Alcántara apareció en la Extremadura dominada por el reino de León, con el nombre original de San Julián de Pereiro.Las órdenes regían sus propios territorios, reclutaban monjes-soldado y administraban y repoblaban las localidades que se iban incorporando a Castilla. Y cuando era necesario, enviaban sus tropas, caballeros con capas blancas y cruces coloreadas, a ponerse al lado de los enormes ejércitos reales que trataban de forzar la entrada al valle del Guadalquivir.El creciente poder de las órdenes militares entre los siglos XII y XV llevó a los Reyes Católicos a tomar la decisión de asumir su mando, convirtiéndolas así en meros instrumentos al servicio de la Corona y, con el tiempo, en órdenes honoríficas que aglutinaban a nobles de las mejores familias.
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La Cruz y la Espada (II)
Imágenes: caballeros templarios y cruces de las órdenes de Calatrava, Santiago y Alcántara
Si el tatarabuelo de Iker Jiménez hubiera visitado Córdoba, probablemente habría sabido de un pequeño cuento chino que se contaba por estas calles en los primeros años del siglo XIX, y vete tú a saber desde cuándo. La leyenda se situaba en la calle Caño, la que hoy va de la esquina de Fuentes Guerra hasta cerca de la plazuela de Chirinos, y que antiguamente, por no existir comunicación con Ronda de los Tejares, giraba para desembocar en Osario. Contaban las madres para acongojar a los niños revoltosos, y educar a las niñas desmadradas, que vivían una vez una señora con su hija en la mencionada calle. Al parecer la chavala la humillaba constantemente y llevaba una vida, digamos, adelantada a su tiempo. Era tal la desesperación de la madre que un buen día, harta ya de maltratos y deshonras, le soltó una maldición no exenta de originalidad, pues le dijo que más le valdría haber parido cualquier tipo de bestia, desahogándose a continuación hasta que tembló el cielo y la tierra.Cuál no sería la sorpresa la mañana (supongamos) que apareció la niña convertida en ternera, para desesperación de la madre, que pensaría que no se refería exactamente a eso cuando hablaba de bestias y castigos divinos. Vamos a pensar que la señora trató de enmendar el tema con el párroco de San Miguel o con unos pocos rosarios, antes de pasar al siguiente capítulo de la historia, que consistió en coger un hacha y cortarle el pescuezo a la ternera/hija, tirando ambas partes al caño subterráneo que daba y da nombre a la calle.Y desde entonces, por las noches, los vecinos se recogían temprano en sus casas para evitar el encuentro con la ternera descabezada, que salía dando bramidos y espantando al vecindario del barrio del Trascastillo.---
Se puede leer un poco más de la historia en la edición digital de "Paseos por Córdoba".
Al menos, así lo dice la tradición y la mayor parte de las fuentes. Difunto o agonizante, Almanzor entró en Medinaceli (Soria) en agosto de 1002, y recibió sepultura en el interior de la ciudad, honor reservado únicamente a altas dignidades (en Córdoba, únicamente a emires y califas). Había mantenido durante años la tradición de sacudirse el polvo de sus vestimentas cada vez que llegaba al campamento tras una batalla, guardándolo para ser enterrado bajo él. La inscripción junto a la tumba decía así:
Sus hazañas te hablarán sobre él, como si con tus ojos lo estuvieras viendo¡Por Alá! Nunca volverá a dar el mundo nadie como él, ni defenderá las fronteras otro que se le pueda compararEl paso del tiempo y de las guerras llevaron al olvido general el lugar del reposo de Almanzor, pero siempre hubo alguien que pudo asegurar que allí donde se alzó en primer lugar la iglesia románica de Santa María y, ya en el siglo XVI, la nueva Colegiata, la tierra guardaba al guerrero andalusí.Después de largos debates sobre lo que el destino ha podido deparar a las tumbas de los emires y califas cordobeses, emociona seguir una pista que nos puede llevar hasta este punto donde la Historia se detuvo hace más de mil años.Os dejo las fotos del lugar donde empezamos la rutas soriana este verano.

A veces da la impresión de que Córdoba está por todas partes. Hace unas semanas, en nuestro camino de Burgo de Osma a Soria capital, tomamos un desvío para visitar el lugar donde dice la leyenda que se fraguó el declive del imperio omeya.
En el año 1002, siendo Califa el abúlico Hisham II, el hayib o todopoderoso primer ministro Muhammad ibn Abu Amir preparaba una de sus habituales expediciones hacia tierras cristianas, para pasar a sangre y fuego la región del Alto Duero, en la frontera entre los reinos del norte y el Califato.Cuentan las crónicas que Almanzor, el Victorioso, que es como se hacía llamar el caudillo musulmán, regresaba de arrasar San Millán de la Cogolla cuando se encontró por sorpresa, en un lugar llamado Calatañazor, con un ejército coaligado de castellanos, leoneses y navarros. Se entabló una feroz batalla que dio como resultado la derrota de las tropas califales, quedando Almanzor herido de muerte.Aprovechando la noche, huyó hacia la inexpugnable Medinaceli con los restos de su ejército, pero se cree que nunca llegó a la ciudad, muriendo en el valle de Bordecorex.Sin embargo, esta leyenda que aún pervive en el imaginario colectivo castellano ("en Calatañazor, Almanzor perdió el tambor") podría no corresponderse con la realidad. Las fuentes cristianas de la época ignoran el acontecimiento y se limitan a señalar la fecha y lugar (Medinaceli, en este caso) de la muerte del líder amirí. Las fuentes musulmanas, por su parte, nos presentan a un Almanzor enfermo ya en la salida de Córdoba, y por lo tanto fallecido no a causa de heridas de guerra, sino de muerte natural.¿Hubo realmente una batalla en los llanos de Calatañazor? ¿O fue sólo una pequeña escaramuza que, unida a la noticia de la desaparición del temido hayib, prendió la mecha de la leyenda en el mundo cristiano?Según el interesantísimo artículo de Juan Castellanos, los castigados pobladores del norte necesitaban creer en un ejercicio de justicia divina para sanar las heridas que la destrucción de Santiago de Compostela en 998 produjo en sus almas.Lo único seguro es que la sucesión de Almanzor en la figura de sus hijos, instaurando una dinastía amirí paralela a la de los califas omeyas, marcó un punto de no retorno en el declive del Califato. Cuentan que, en su lecho de muerte, al ver llorar a su hijo Abd al-Malik, el hayib afirmó: "Esta me parece la primera señal de la decadencia que aguarda al imperio".Ver línea temporal.
Aunque no recibe todas las visitas que cabría esperar, por estar expuesta al insufrible sol de mediodía y encontrarse a la espalda del recorrido turístico estándar de la Judería, la calle Cairuán es un espacio histórico de gran relevancia. A lo largo de ella transcurre la antigua muralla occidental de la ciudad, construida en la ampliación augustea de la urbe romana, cerca del inicio de nuestra era, y reedificada por musulmanes y cristianos en diversas ocasiones.La calle Cairuán fue abierta a principios de los años 60, con la eliminación de varias viviendas que cerraban el acceso desde el lateral de la puerta de Almodóvar (ver la foto inferior). Recibió su nombre en 1968 a raíz del hermanamiento de Córdoba con esa ciudad norteafricana. La muralla fue restaurada de una forma que ha sido a veces ensalzada, y más a menudo criticada, por la artificialidad del resultado en zonas donde había quedado bastante arrasada.Algunos investigadores han situado en esta zona el punto por el que accedieron los invasores beréberes a la ciudad en el año 711, al haber crónicas que hablan del lamentable estado del lienzo occidental del muro protector. Otras fuentes se llevan este punto a las proximidades del puente romano.Aparte de la piedra, el elemento más relevante de esta calle es el agua. Lo que a primera vista parece un conjunto de estanques ornamentales es en realidad un trozo de memoria que recuerda los sistemas de abastecimiento de agua de la Córdoba antigua. Estos estanques son herederos directos del pequeño arroyo que corría por esta zona siglos atrás, tomando parte de su caudal del agua sobraba de la alcubilla anexa a la puerta de Almodóvar. Aquí confluían las aguas de la Fábrica de la Catedral, las del venero del Alcázar y las de Esquinas Paradas o agua de la Huerta del Rey (nombre que recibía la actual zona de Doctor Fleming), procedentes todas ellas de las faldas de la sierra. Parte de estas aguas, redirigidas hoy desde los estanques del Alcázar por modernos conductos y sistemas de bombeo, siguen circulando por el reconstruido foso de la muralla.
Son varias las mezquitas, en uso aún en el periodo almohade, que quedaron convertidas en iglesias después de la conquista cristiana. Sin embargo, aquellas que se encontraban en los arrabales califales del siglo X, destruidos por las sucesivas guerras civiles, no han salido a la luz hasta que no se ha comenzado a excavar de forma sistemática el territorio a poniente de la ciudad.
Uno de los edificios religiosos que se han conservado se encuentra, de manera muy parcial, en el sótano de la estación de autobuses. Es tan poco lo que se sabe sobre él que en los primeros años se explicaba a las visitas como si fuera un establecimiento industrial (alfarería o similar). Más tarde se asentó la idea de que la pared semicircular se correspondía con el mirhab de una mezquita, y el muro con la qibla. Se conserva parte de la decoración interior de estuco blanco, y del revestimiento externo.
Los restos fueron integrados in situ y acompañados de un cartel informativo, para que todos los viajeros que pasaran por allí tuvieran ocasión de contemplarlos. ¿Y pasan muchos? Bueno, lo cierto es que por allí no van muchos turistas. La gente se asoma al balconcillo redond
o desde el piso superior, y ve cuatro piedras que no se corresponden con la mezquita que conocen de oídas. Sólo si bajan y se dirigen a un extremo del aparcamiento subterráneo, paupérrimamente iluminado, veran un pequeño tragaluz que ilumina sin demasiado éxito un muro bajo. El cartel apenas se puede leer con la luz disponible. Ahí están los restos del modesto templo del arrabal de Cercadilla.
El hecho de ser uno de los puntos de reunión más frecuentes de la ciudad, ha permitido a este topónimo perdurar en la memoria y el uso de los cordobeses. La Puerta de Gallegos o de los Gallegos se abría a occidente, hacia el ejido de la Victoria donde se encontraba el convento del mismo nombre.
Según las teorías más aceptadas, en tiempos de la Corduba romana ya existía aquí una puerta monumental, situada en un decumano secundario. Frente a ella se extendía la necrópolis más importante de la ciudad, a uno y otro lado de las vías que tenían su origen en ella, de la que son recordatorio los monumentos funerarios recientemente restaurados. La calzada que discurre entre ellos, como prolongación del supuesto decumano, parece afianzar esta hipótesis.
Se cuenta que en la reconstrucción que se llevó a cabo en la época emiral se utilizaron sillares almohadillados y dos enormes columnas a ambos lados, coronadas por capiteles romanos (de ahí la suposición de una puerta monumental anterior). En esta época era conocida con el nombre de Bab al-Amir. Tanto en la época de esplendor califal como durante la expansión urbana de la Colonia Patricia romana, las necrópolis que se situaban en esta zona en los momentos de contracción urbana fueron sustituidas por arrabales.
La conquista cristiana de Córdoba supuso el nuevo bautismo de la puerta, que pasó a llamarse de los Gallegos, según dice la versión más tradicional, porque por aquí entraron los soldados de este origen que acompañaban a Fernando III. Es la misma argumentación que se emplea con las puertas de Plasencia, Martos y Baeza. Sufrió entonces una modificación de la parte superior, para colocar en ella las armas de Castilla y Córdoba. Sin embargo, en 1755, debido al gran terremoto, la puerta quedó muy dañada y hubo que tirarla y reconstruirla tal y como se ve en las fotos del siglo XIX, conservando dicha forma hasta el año 1865 en que fue derribada.
Cuentan que una vez, paseando por su palacio de la Arruzafa, el emir Abderramán I reparó en un pequeño brote que salía del suelo. Se agachó y lo estudió con detenimiento. Era una única hoja afilada que se elevaba hacia el cielo, como preparándose para abrirse en abanico pasados unos días. Abderramán sabía que en aquella tierra no nacían plantas así, salvo los pequeños palmitos aguas abajo del Guadalquivir.
Según pasaba el tiempo iba viendo crecer a la planta. La protegía, y avisó a sus sirvientes de que no debía ser dañada bajo ningún concepto. Poco a poco, fue tomando la forma que el emir esperaba: el pequeño plantón era una palmera. Dice la leyenda que no existía ninguna hasta ese momento en la península Ibérica, y que esta primera vino como semilla con algún cargamento procedente de África u Oriente.
El caso es que Abderramán I, que añoraba su tierra siria de origen, veía a la palmera como una compañera en el agridulce destino que le había llevado a refundar su dinastía lejos de su reino original. Es por ello que, al cabo de los años, le compuso un poema que más tarde traduciría Juan Valera:
Tú también eres, oh palma
en este suelo extranjera.
Llora, pues, mas siendo muda
¿cómo has de llorar mis penas?
Tú no sientes, cual yo siento
el martirio de la ausencia.
Si tu pudieras sentir
amargo llanto vertieras.
Cuando la ciudad se tranquiliza y se recoge a descansar, empieza la jornada para algunos cazadores nocturnos. Normalmente estos vecinos pasan desapercibidos, pero no es extraño cruzarse con alguno de ellos durante un paseo tranquilo por el centro de Córdoba.
De entre las rapaces nocturnas, las que con más facilidad se adaptan a la vida en la ciudad son las lechuzas y los cárabos, con la particularidad de que a una especie es más fácil verla, y a la otra resulta más normal escucharla.
La lechuza se puede contemplar como una silueta blanca, con alas largas y de punta redondeada, planeando o batiendo con suavidad. Uno de los mejores lugares para verlas es la zona del río, donde con un poco de suerte se las puede avistar volando cerca de la Mezquita.
En general, están presentes en prácticamente todos los parques de mediano tamaño de nuestra ciudad: Colón, la Victoria, Vallellano, Chinales y el Parque Cruz Conde. Puede ser más complejo dar con ellas en estas zonas, ya que los árboles contribuyen a su discreción.
Lo mismo puede decirse de la distribución del cárabo, que resulta algo más huidizo a la vista. Se descubre de vez en cuando su reclamo cuando los coches dejan de aturdir los oídos. Incluso desde dentro de las viviendas se pueden oír.
En ocasiones se pueden encontrar en los parques sus egagrópilas, los restos regurgitados de la digestión de sus presas, convertidos en bolitas de pelo y huesos. Ambas rapaces se alimentan principalmente de pequeños mamíferos, como ratones o topillos, rara vez de pájaros o lombrices. Son, por tanto, inofensivos y beneficiosos en el ambiente urbano.
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Las imágenes y el sonido están tomadas de brinzal.org

Hombro con hombro, figuras altivas, en sus treinta el más joven, peinando canas el otro. Los rostros curtidos por el sol, la batalla y la aventura; los brazos gesticulan intensamente mientras se describen el uno al otro las situaciones vividas. Calle abajo por las Tiendas, desde la parroquia de Santo Domingo, los vecinos se les quedan mirando, porque las ropas y los andares denotan la alta clase de la que proceden. "Son forasteros", comenta alguien. Rápidamente un paisano le corrije:
- No, ese no. Ese es don Gonzalo.
Y el grupo de mirones cambia su expresión de recelo por otra de profundo respeto hacia el joven Gonzalo Fernández de Córdoba, a quien ya se llama Gran Capitán, el ganador de Íllora para la Cristiandad. Habrá venido a la ciudad de visita.
Caminan bajo el Arquillo junto a la iglesia y giran a la derecha hacia la puerta de Hierro. Por la cuesta va su acompañante charlando animadamente mientras mueve su mano en el aire, simulando el oleaje del mar embravecido. Don Gonzalo niega con la cabeza y dice que ya podéis vos decir misa, que yo no me creo una palabra. El otro le golpea en el hombro con camaradería y ambos ríen, Escribanías alante. Menudo rodeo hemos dado, parésceme. En efecto, no sería mala empresa abrir otra calle más centrada, si no fuera por la gran pendiente que formaría. Y hablando, entran en la pequeña tienda abarrotada de pinturas, tinta y papeles raídos.
El Gran Capitán estrecha la mano del comerciante y presenta a su compañero, quien expone sin dilación lo que necesita. Un mapa de las Jónicas, para uso personal. Nada recargado, sin adornos, algo sobrio para manejo cotidiano. Extrañado, el hombre pasa al interior y ambos se acodan en la mesa, bicheando la tienda.
De vuelta con un boceto del mapa, el tendero le dice el autor y el año, y le comunica que en un par de semanas podría tenerlo listo. Semblante serio, se habla de maravedíes y de plazos, y queda la fecha recortada en dos días. Un hombre se levanta de un pequeño taburete desde el que contemplaba un viejo mapa del norte de África con grandes manchas, y sale sin mirarles. Don Gonzalo se tienta el cinto, por si acaso.
Apretón de manos, no esperaba menos de vuestra merced. Un honor tenerle por aquí, Capitán General. También un honor volver a verle, don Gonzalo. Salen girando a mano izquierda, hacia la calle de la Feria. De pronto, a pocos metros, les sorprende un paisano que asoma de una casa muy baja y casi derruida con una gran losa de mármol en sus brazos. Le siguen, a la carrera, otros dos, con la misma carga, que sonríen a los militares con la boca desdentada y la cara tiznada. En la pared, apoyado junto a una ventana hundida, hay un hombre. El que estaba en la tienda. Ropa oscura, rostro afilado.
- Os jugáis los barcos usando esas cartas - le dice al forastero.
- Os jugáis vos la vida hablando así tan cerca de la escribanía - contesta él. Pero ve que ha dejado un flanco expuesto y trata de corregirlo - ¿Y quién os ha hablado de que yo pueda tener varios barcos?
El desconocido le ha ganado la primera mano.
- Sé que barcos tiene vuestra merced, y que barcos manda. Y sé, también, que los perderá en Cefalonia o donde quiera que se meta si usa ese mapa que le ofrecen.
- ¿Y cómo sabéis vos que el mapa está equivocado?
- Porque hace diez años que tuve que corregirlo con mis manos. Salvé una carraca a menos de veinte pies de unas rocas que no estaban señaladas.
- ¿Sugerís, quizás, que debo navegar sin mapas?
- Sugiero que vengáis a mi taller dentro de diez días y recojáis mi mapa por el primer precio que os ofreció ese iletrado.
De modo que aquel sujeto dibujaba mapas, había navegado por todo el Mediterráneo y no regateaba. Parecía extranjero, estiraba las palabras y se atascaba en ocasiones. Pero estaba muy seguro de sí mismo.
- ¿Cuál es vuestro nombre, si no es molestia?
- Mi nombre me lo labraré si quiere Dios y sus Católicas Majestades.
Entonces fue don Gonzalo quien sintió curiosidad.
- ¿Hace su merced negocios con sus Majestades?
Una sonrisa triste invadió su rostro.
- A eso vine a Castilla. Pero volveréme pronto si el asunto no mejora. Quizás Enrique el inglés sea más razonable.
Caminaron juntos los tres hacia el río. Para negocios están los Reinos. Primero, la guerra. Cuando haya caído Granada, habrá tiempo y dinero para otra empresa. Ya lo entiendo, señores, pero lo que yo prometo es gloria, y no se me entiende. Gloria e inmensas riquezas, y tierras si se tercia. ¿Dónde están esas tierras, y cómo llegar a ellas?
- Esas tierras están a Poniente. Y yo mismo llegaré con un puñado de barcos, si aceptan Sus Majestades dotarme de ellos.
En ese momento, Galcerán de Requesens reconoce el rostro del extraño. Se le quedan los ojos como platos al contemplar al lunático al que vio un día, de lejos, en una Audiencia Real en la que se preparaban los planes para el bloqueo naval de Málaga por la flota de Aragón, que él comandaba y sigue comandando. Don Gonzalo también repara en ello. Él estuvo presente en esa misma reunión. Es el hombre que pretende que le nombren Almirante de una flota, y partir hacia el fin del mundo, adonde nadie ha ido, a buscar la ruta de las Indias por Occidente.
Llegan al río, y don Gonzalo le cuenta al extranjero la historia de la Cruz del Rastro. Galcerán, que también la conocía de oídas, se estremece con ella y niega suavemente con la cabeza.
Gonzalo Fernández de Córdoba, Galcerán de Requesens y Cristóbal Colón dejan pasar un rato en silencio, de pie, sobre el barro, mirando a un río que viene crecido y se va comiendo la tierra de la orilla. Otean el horizonte, contemplando el grandioso puente y la inexpugnable torre que lo protege. Colón se rasca la nuca y se siente observado. Al girarse, ve cómo, tras una cortina, les contempla la Historia. Se escapan del cielo encapotado unas gotitas, envejece el año de Nuestro Señor de 1487.
---La iglesia junto al Arquillo es la del Salvador.
Puedes leer la historia de la Cruz del Rastro aquí: I y II.
Algo más sobre el Gran Capitán y Galcerán de Requesens.
Esta escena, probablemente, nunca tuvo lugar. Pero las frecuentes visitas a la Corte, establecida gran parte del tiempo en Córdoba, de estos tres personajes entre 1486 y 1492 hacen más que posible que se conocieran entre sí, y quién sabe, que hubiera una conversación parecida a ésta.
Es un poco desconocida para la mayoría y, como se puede ver a la derecha de la imagen, apenas sobresale por encima de los tejados. Al norte del barrio de San Lorenzo, entre Ollerías y el Marrubial, se encuentra la llamada Torre de los Perdigones, aunque este nombre no sea demasiado popular, en parte por la poca gente que transita por esta zona.
La Gerencia Municipal de Urbanismo, de cuya página está tomada la foto general, indica que la torre era una fábrica de perdigones que databa de la segunda mitad del siglo XIX (ver el primer comentario, abajo). Probablemente la fecha exacta se acerque mucho al cambio de siglo, ya que las fuentes escritas hasta 1875 no hacen mención de ella, y su hermana mayor sevillana fue levantada alrededor de 1885.
Fue restaurada no hace muchos años por el arquitecto Jerónimo Sanz, y hoy la torre pasa los meses sin pena ni gloria en estas tranquilas calles, disfrutando de su jubilación.
(Ver 711-929)- 929 - Abderramán III se proclama Califa de Al Andalus.
- 936 - Comienza la construcción de Medina Azahara (Madinat al-Zahra)
- 939 - Las tropas califales son derrotadas en la batalla de Simancas.
- 951 - Se levanta el gran alminar de la Mezquita.
- 961 - Alhakén II se convierte en el segundo Califa. Emprende un ambicioso programa cultural. Apogeo del poder califal en Córdoba.
- 976 - Muere Alhakén II y hereda el poder Hisham II, con tan sólo once años.
- 977 - Almanzor, después de una meteórica carrera diplomática y militar carente de escrúpulos, logra convertirse en hayib o primer ministro del débil Hisham II. En la práctica, instaura una dictadura.
- 979 - Almanzor comienza la construcción de la nueva ciudad de Medina Alzahira (Madinat al-Zahira), al este. Incendio de la mítica biblioteca de Alhakén II (aprox.).
- 1000 - Córdoba tiene alrededor de 400.000 habitantes, según cálculos variables.
- 1002 - Muere el hayib en las cercanías de Medinaceli tras la mítica batalla de Calatañazor. Le sucede su hijo Abd al-Malik, más conocido como Al-Muzaffar. Se establece así una dinastía paralela amirí.
- 1008 - Abd al-Rahman "Sanchuelo", hermano del anterior, ocupa su cargo.
- 1009 - Legitimistas omeyas deponen a Hisham II y nombran Califa a Mohamed II al-Mahdi. Comienza la gran fitna o guerra civil. Destrucción de Madinat al-Zahira, residencia oficial amirí, en febrero. Nuevo Califa en noviembre, el beréber Sulayman al-Mustain.
- 1010 - Mercenarios de los condados catalanes saquean Córdoba.
- 1013 - Destrucción de Medina Azahara. Rápida sucesión de gobernantes. Destrucción de la mayor parte de la capital cordobesa.
- 1031 - Un nuevo golpe de estado depone a Hisham III y pone fin al Califato. República de los Banu Yahwar. Reinos de taifas.
- 1070 - La taifa de Sevilla, bajo el reinado de Almutamid, ocupa Córdoba en alianza contra Toledo.
- 1075 - Ibn Dinnun de Toledo conquista Córdoba.
- 1078 - Almutamid la recupera para Sevilla.
- 1085 - Alfonso VI conquista Toledo. Los reinos de taifas piden ayuda a los fanáticos almorávides norteafricanos.
- 1091 - El imperio almorávide ocupa uno por uno todos los reinos. Córdoba cae el 28 de marzo.
- 1121 - Los habitantes de Córdoba se rebelan contra su gobernador por la inestabilidad general.
- 1126 - Alfonso I de Aragón, que vuelve de una campaña en Granada, incorpora a miles de mozárabes a su expedición. Abandonan Córdoba la práctica totalidad de los cristianos.
- 1145 - Nueva rebelión contra los almorávides, dirigida por el gobernador cordobés y el jefe militar Zafadola. Segundas taifas.
- 1146 - Alfonso VII de Castilla conquista Córdoba. Se retira a los nueve días ante la amenaza almohade, dejando un vasallo al frente.
- 1148 - La ciudad es entregada al imperio africano almohade, que ocupa ahora el sur de la Península.
- 1212 - Derrota almohade en las Navas de Tolosa.
- 1224 - Inicio de revueltas locales.
- 1236 - Fernando III de León y Castilla toma al asalto la Axerquía cordobesa, y a continuación la Medina. La población musulmana es expulsada.
Para aclarar ideas acerca del complejo período de dominación musulmana en Córdoba (711-1236), esta entrada y la próxima contendrán una línea temporal con los hechos más importantes que sucedieron en dicha época. Como algunos se irán tratando en el blog, los enlaces y la propia lista se actualizarán periódicamente.La primera parte comprende desde la invasión norteafricana en 711, hasta la proclamación del Califato de Córdoba, en 929.(Ver 929-1236)- 711 - Córdoba es ocupada por tropas beréberes. Llegan a continuación varias oleadas árabes. Se suceden en el mando una veintena de emires hasta 756.
- 717 - La capital se traslada de Sevilla a Córdoba. Se acuñan las primeras monedas con la inscripción "Al Andalus".
- 732 - La derrota musulmana en Poitiers marca el fin de la expansión musulmana.
- 740 - Las tropas sirias llamadas por el emir Abd al-Malik para combatir una revuelta beréber expulsan al propio emir e imponen a su jefe Baly. Continuarán las luchas entre tribus y etnias musulmanas.
- 750 - La dinastía omeya es derrocada en Damasco. Abderramán, único superviviente, huye hacia el norte de África.
- 756 - Abderramán I (Abd al-Rahman "al-Dajil") se proclama emir tras derrotar al gobernador designado por el Califa abbasí de Damasco. Comienzo de la dinastía omeya.
- 773 - Córdoba se convierte en emirato independiente, política y administrativamente, de Damasco.
- 786 - Comienza la construcción de la Mezquita de Córdoba.
- 788 - Inicio del reinado de Hisham I.
- 796 - Alhakén I asciende al poder.
- 818 - El arrabal de Saqunda se rebela y es aplastado por las tropas del emir, que envía a las familias al exilio.
- 822 - Abderramán II es proclamado emir.
- 844 - El ejército emiral derrota y expulsa a los vikingos de Sevilla.
- 850 - La condena a muerte del presbítero Perfecto prende la mecha del movimiento de los mártires de Córdoba.
- 852 - Abderramán II convoca el concilio cristiano de Córdoba para condenar a los mártires. Emirato de Mohamed I.
- 875 - Abbas ibn Firnas vuela sobre Córdoba.
- 880 - Inicio de la revolución muladí de Omar ben Hafsún, con origen en Bobastro, al norte de Málaga.
- 886 - Almundir sucede a su padre al frente del emirato.
- 888 - Muerte de Almundir durante el sitio de Bobastro. Abdallah I, su hermano, le sucede como emir.
- 891 - Batalla de Poley (Aguilar), gran victoria de Abdallah I contra los rebeldes.
- 912 - Abderramán III, nieto de Abdallah I asciende al trono.
- 917 - Muerte de Omar ben Hafsún en Bobastro.
- 928 - El ejército emiral conquista finalmente Bobastro.
- 929 - Abderramán III "al-Nasir" rompe con el reconocimiento religioso y moral de Damasco y se proclama Califa.
Este pequeño azulejo, en el que muy pocos reparan ya, es uno de los últmos recuerdos de lo que fue, en tiempos, uno de los conventos más señalados de la ciudad. Santa María de Gracia ocupaba, a grandes rasgos, el solar de lo que hoy es la plaza de Juan Bernier. En los años sesenta el edificio fue declarado ruinoso y, con algo de polémica de por medio, dejó paso a un espacio libre, cuya conversión en aparcamiento subterráneo se viene estudiando desde hace años.La comunidad de monjas dominicas que en él vivía hundía sus raíces en el siglo XV, cuando el Alcalde Pedro Ruiz de Cárdenas murió sin descendencia. En su testamento, otorgado el 16 de enero de 1475, mandaba emplear sus bienes para fundar un beaterio de doce mujeres en este solar que ocupaba la casa principal de su familia. Su viuda fue la primera hermana mayor, y su sobrina la siguiente, en 1488, según lo que se había estipulado (probablemente, lo que había estipulado él). Con el tiempo, la comunidad adoptó la regla de Santo Domingo de Guzmán, y el convento se fue consolidando con la construcción de la iglesia en 1601. La rebelión monjil de 1606, protagonizada por las religiosas trasladadas desde el Espíritu Santo, merece ser tratada otro día.En el año 1642, dos sucesos conmocionaron al vecindario. El primero, un incendio el día 29 de abril, durante el cual todas las hermanas tuvieron que ser ayudadas a salir por un boquete en la pared que daba al arroyo. El siguiente, el 14 de junio, cuando en medio de una multitudinaria misa, el coro alto se desplomó encima de las monjas que se encontraban en la parte inferior. Al retirar todos los escombros y encontrar, con sorpresa, a todas las religiosas ilesas, el obispo Pimentel y la gente que asistía al suceso lo tuvieron como un milagro.Algo así podríamos decir del hecho de que se conserven ciertas estructuras del edificio para la posteridad, como esta portada de la calle que aún lleva el nombre de aquel convento.
Todo aquél que comprara el Córdoba el día 18 de mayo de 1910 se encontró con una portada llena de esquemas del Sistema Solar, lo cual, a pesar de que en su momento fuera un motivo mayor de pánico para la gente, resulta muy de agradecer. Que la mitad de la primera plana de un periódico de provincias esté escrita por un astrónomo francés es algo que no se ve todos los días, y da idea del grado de popularidad que alcanzó el fenómeno. Además, el día anterior traía el periódico la biografía de Edmund Halley también en portada.
Es por ello que no sólo en Córdoba, sino en Madrid, París, Berlín y por todo el mundo, miles de personas pasaron en vela la noche del dieciocho al diecinueve, mirando al cielo. Y la mayoría de ellos miraron en vano, porque al menos en España, la nubosidad impidió ver el espectáculo. El posible que ni siquiera los afortunados pasajeros del globo que salió de Córdoba pudieran distrufarlo. A eso de las tres, la lluvia empezó a dispersar a los curiosos, mientras una blanca luminosidad envolvía el hemisferio nocturno de la Tierra, y la cola del cometa se revelaba inofensiva por su bajísima densidad.Únicamente en Villanueva de Córdoba se mantuvo el miedo durante toda la noche, porque una salvaje tormenta hizo pensar a los vecinos que, realmente, estaba cayendo sobre ellos la cólera del cielo.
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El cielo cae sobre nuestras cabezas (I)