jueves 19 de noviembre de 2009

Luchando contra la viruela

El siglo XIX vio el desarrollo de las primeras vacunas, y los intentos por extender la inmunización a la mayor cantidad de gente posible. La viruela, cuyas epidemias asolaban periódicamente a la población, era el objetivo de las primeras campañas de vacunación. El pus o la linfa extraídos de las terneras infectadas se transportaba en viales de cristal hasta los pueblos más recónditos, donde la inexperiencia de los profesionales encargados del proceso y la mala calidad de las muestras provocaban la desconfianza general de los ciudadanos.

A finales del siglo, prácticamente durante la última década, tomó fuerza un nuevo procedimiento, que suponía llevar las terneras directamente al lugar donde se iba a practicar la vacunación, lo cual resultaba más útil para evitar la infección de los sujetos con otras enfermedades, y mejoraba la eficacia de la vacuna.


En este contexto se encuadran el anuncio encontrado en la prensa local cordobesa del día 9 de octubre de 1897, la fotografía procedente del
blog de un médico gallego y la pintura que he añadido, que ilustran las escenas que se darían en ese local de la plaza de Colón.


sábado 14 de noviembre de 2009

Propietarios faroleros: el mortal peligro de perderse en la sierra.

Cordobeses (y cordobesas) inconscientes (e inconscientas), imprudente gentuza aún empeñada en andurrear libremente por la sierra y sus caminos públicos de cuyo recorrido el Hexcelentísimo Alluntamiento no quiere acordarse. ¿No se dai cuenta del peligro que acecha al senderista incauto a la vuelta de la esquina?

La muerte se esconde en cualquier esquina en caso de despistarse y no seguir al pie de la letra las instrucciones de los propietarios y guardas de las fincas, que por nuestro bien van cerrando las veredas y caminos de libre tránsito, no vaya a ser que un día ocurra una tragedia.


Tragedia como la que le pudo ocurrir a un pariente de un guarda de una finca cercana a Valdejetas, cuando un jabalí enfurecido se le acercó amenazante, cerca de la zona por donde pretendíamos dar una vuelta, según nos contó. Ni se me pasó por la cabeza que simplemente nos estuviera metiendo miedo para no recorrer una vereda usurpada por los propietarios de la finca.


O como la que puede suceder en una finca próxima a Las Jaras, donde al parecer, según me contó un pariente del dueño, los guardas tienen la orden de soltar los perros a cualquiera que se encuentre fuera del recorrido habilitado por la Junta como vereda provisional. Es decir, que si te pierdes o caminas por la vereda auténtica, corres peligro de muerte.
Igual sí que los propietarios hacen uso del humor argentino: señora, no asuste a los niños con brujas, ogros, extraños seres imaginarios. Llegado el caso, emplee algo más real. Un lobo, una araña, una buena víbora...

O, finalmente, como el aviso a navegantes que encabeza el artículo, sito en un camino junto al Guadiatillo. No hay ninguna valla que cierre la finca, ni ningún obstáculo al paso de ganado por el camino, pero te asustan con la existencia de ganado bravo, igual que te avisan del corte del camino cuando hay cacería. Con la escopeta hemos ido a dar, amigo Sancho.

Paseen, gente. Que a poco que llueva estará el campo bonito.

miércoles 11 de noviembre de 2009

San Martín o la ermita de las Montañas en la calle Montero

Hoy, 11 de noviembre, es el día de San Martín: tradicionalmente, la fecha de la matanza. Así que parece buen momento para hablar de una pequeña ermita que, si hacemos caso a las siempre peligrosas teorías de Bartolomé Sánchez Feria (siglo XVIII), puede ser uno de los centros de culto cristiano más antiguos de Córdoba.

La ermita de Nuestra Señora de las Montañas, en la calle Montero, no es hoy más que un taller de carpintería, pero su discreta fachada, con el óculo central, no deja lugar a dudas: hasta los años 50, según
Cordobapedia, mantuvo su función original. Antes, hasta 1831, fue hospedería de los ermitaños del Desierto de Belén ("Las Ermitas") para sus estancias en la ciudad, y posiblemente venga de aquí el nombre popular de la advocación. Con ese uso nos remontamos allá por el siglo XVIII, y nos acercamos a la época en que era más conocida con el título de San Martín. San Martín era la imagen principal que había en el retablo de la ermita, y el titular del hospital que antiguamente albergaba el edificio anexo.

Sánchez Feria se remite a las crónicas que tratan el viaje que hizo a Córdoba el monje San Juan de Gorcia, como embajador del emperador Otón I del Sacro Imperio Romano Germánico, en tiempos de Abderramán III, concretamente en 957. En ellas se afirma que San Juan se alojó en un palacio, bien vigilado, y que acudía los domingos a la iglesia de San Martín, que se encontraba cerca de dicha residencia, a dos millas del Alcázar andalusí. Sin embargo, la distancia real entre el Alcázar y la ermita es más o menos de una milla. En ningún caso está de acuerdo el autor con identificar esta iglesia de San Martín con el monasterio de San Martín de Rojana, situado en la sierra.


Esta dudosa identificación, junto al estudio de la imagen del titular, sirve a Sánchez Feria para argumentar que la ermita de las Montañas, situada en lo que sería un antiguo arrabal emiral o incluso tardorromano, hunde sus raíces en un lugar de culto anterior a la invasión musulmana. Estaríamos hablando de una carpintería con más de 1300 años de historia.

sábado 7 de noviembre de 2009

El retorno del Mejor entre los Príncipes

La ciudad velaba, en pie toda ella, en la ladera desde la que se dominaba la calzada. Un mar de antorchas iluminaba de manera fantasmal la colina de Épora, cientos de ojos miraban fijos hacia el este, contemplando el insólito espectáculo. En el silencio de la noche, el metálico rugido de los pasos acompasados de los legionarios. La interminable fila de soldados que avanzaba, con sus armas envainadas, por la via Augusta, la gran ruta que comunicaba la Bética con Roma.

A lo largo de miles de kilómetros de incansable marcha, los pueblos y ciudades se habían vaciado de gente ansiosa por compartir el solemne momento del paso del ejército. La multitud se concentraba en la calzada. Si de día resultaba una experiencia imborrable, por la noche se convertía en un encuentro con los dioses. Aquella madrugada de noviembre del año 117, hasta el cielo de Hispania rendía homenaje al
Optimus princeps, al Mejor entre los Emperadores. El gran Júpiter, su padre Saturno y su hijo Marte, dios de la guerra, estaban presentes junto a las constelaciones del otoño.

Una representación de cada una de las legiones que habían servido al Emperador en las guerras que llevaron a la gloria al Imperio Romano escoltaban ahora al gobernante en su último viaje. Los veteranos de Dacia, aquellos que vieron las montañas de Persia, los que sufrieron el desierto pétreo. Con sus hachas encendidas iluminaban el camino de vuelta a la patria de su líder, a la floreciente Bética. No le llevarían a su ciudad natal, Itálica, sino que descansaría para la eternidad en el foro de la capital provincial, la rica Colonia Patricia, antigua
Corduba. Para ello había suprimido el Senado la prohibición de enterrar dentro de las urbes del Imperio, quedando así parte de los restos mortales en la capital, Roma.

Al borde del camino, a pocas millas ya de Colonia Patricia, un campesino admiró la vanguardia de la fúnebre comitiva. El rostro impasible de los enormes soldados de la infantería pesada, las disciplinadas columnas, el poder que desprendía la caballería en la penumbra. Al fin, el gigantesco carro que transportaba la urna de mármol, en cuyo interior, un cofre metálico escondía las cenizas del Emperador. El súbdito bajó la cabeza y murmuró para sí:

- Que la tierra te sea leve, príncipe Trajano.


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Fue bajo el mandato de Trajano cuando el Imperio alcanzó su máximo esplendor. Curiosamente, fue el primer emperador hispano, y el primero también de fuera de Italia. Realmente, tras la muerte de Trajano, sus cenizas fueron introducidas en la base de la columna que lleva su nombre, en el foro romano, y saqueadas posteriormente durante las invasiones bárbaras.

martes 3 de noviembre de 2009

Milenario (9): Suleiman, el Califa de los beréberes

(ver anterior / ver siguiente)

¿Existe una forma simple de explicar las guerras civiles de 1009-1031? Es arriesgado, pero Viguera Molins se acerca en Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes: aparte de las injerencias cristianas y las influencias de los poderosos eslavos, fue básicamente una guerra entre los andalusíes y los beréberes llegados en el siglo X. Los andalusíes eran los hispanorromanos, tanto los convertidos al islam (muladíes, que debían ser mayoritarios en el siglo XI) como los aún abundantes cristianos, sumandos a los árabes sirios y yemeníes, y a los beréberes venidos en los primeros tiempos de la dominación musulmana. Los nuevos beréberes habían llegado recientemente para servir a Almanzor, y se habían convertido en una fuerza incontrolable.

El nefasto (y breve) cuarto Califa al-Mahdi se encontró pronto con la horma de su babucha. ¿Se podía esperar otra cosa, después de desterrar a sus más capaces gobernantes eslavos, y maltratar a sus mejores soldados, los indomables beréberes? ¿Cómo podría defenderse de estos últimos si decidían tomar el poder? La respuesta es sencilla: no podría.

Cuando Suleiman al-Mustain reunió a los norteafricanos en torno a sí, cerca de Adamuz, y completó sus tropas con soldados de Castilla, la suerte de Córdoba quedó echada. Muhammad II al-Mahdi apenas pudo oponer un grupo inexperto de comerciantes, campesinos y demás civiles reconvertidos a guerreros. Las crónicas nos hablan de diez mil cordobeses muertos en la batalla del 5 de noviembre de 1009, que provocó la huida del Califa a Toledo y la proclamación de Suleiman como quinto gobernante desde que Abderramán III puso fin al emirato en 929.

¿Qué fue de Hisham II, que permanecía oculto por al-Mahdi desde la farsa de su entierro? Pues su propio opresor trató de sacarle a la calle en busca de legitimidad, cuando la batalla contra Suleiman parecía ya imposible de ganar. El débil hijo de Alhakén sólo duró unas horas en libertad, y volvió a las mazmorras.

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Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)

viernes 30 de octubre de 2009

Córdoba frente al misterio (14): la iglesia voladora de 1861

Bienvenidos a uno de los episodios más absurdos de la historia de la prensa local cordobesa. Un monumento al sinsentido, inquietante a la vez que surrealista.

Podemos centrar un poco el tema situándonos en el invierno de 1860 a 1861. Como ya vimos al hablar de la destrucción por el Guadalquivir de las huertas del Campo de la Verdad, desde noviembre venía haciendo un tiempo de perros, con varias riadas consecutivas y enormes vendavales, según se describe en el artículo de hoy.

En este plan, el día de Reyes de 1861, domingo, a la hora tonta de la siesta, ocurrió lo imposible. Un enorme objeto (globo de dimensiones colosales y color oscuro) apareció por encima de Sierra Morena, suspendido en el aire y avanzando hacia el sur, hacia la ciudad. La atravesó, pasando, según dice el recorte, casi rozando el San Rafael de la torre de la mezquita, y continuó sin variar su dirección.

Un astrónomo aficionado pudo ver el objeto con su telescopio y dio su diagnóstico: se trataba de la cúpula de la iglesia mayor de Grum, que había cruzado volando toda España.

Para terminar de arreglar el asunto, se identifica el objeto con un amasijo de ladrillos que cayó en el patio de un sultán en Mequinez (Marruecos), provocando el desmayo de la favorita del emperador.

Vayamos por partes.

Por intenso que sea el vendaval, el huracán, o el mismísmo apocalipsis, una cúpula de ladrillo no vuela: se derrumba, se deshace, se cae, pero no sale volando desde algún punto de Europa central hasta Marruecos. Y además, ¿qué ciudad es esa de Grum? ¿Por qué no aparece en ninguna búsqueda en internet (ni Grumm, ni Grom, ni nada parecido), y en el Córdoba se la menciona como si fuera conocida por todos? Me da que ni los ladrillos del patio del sultán, ni la descripción del astrónomo, son pistas fiables para aclarar el entuerto.

¿Qué fue entonces lo que cruzó el cielo de Córdoba? Pues a mí me resulta más razonable pensar en lo que afirma el propio periodista: un globo. Una especie de dirigible, quizás, con un diseño extraño, poco reconocible. A lo mejor algún pionero de la aviación estaba haciendo sus primeras pruebas.

Los cerros de Sierra Morena cercanos a Córdoba alcanzan en ocasiones más de 500 metros sobre el nivel del mar, frente a los 170, más o menos, del San Rafael de la torre. Esto nos indicaría, si la descripción del hecho fuera ajustada, algún tipo de capacidad de control de la altitud, como en los globos aerostáticos.


Por otro lado, el hecho de que el ingenio (si lo fuera) pasara justo sobre el centro de Córdoba, con lo amplia que es la vega del Guadalquivir, podría hacernos sospechar de capacidad de dirección del vuelo.


Lo curioso es que el primer dirigible totalmente gobernable fue construido en 1863 en Estados Unidos, después de varias décadas de avances tecnológicos, desde el primer vuelo rudimentariamente propulsado (manualmente) en 1784, hasta el primero que incorporaba una máquina de vapor en Francia, en 1852.


¿Estamos ante la versión cordobesa de las fascinantes
mistery airships norteamericanas? No cabe duda de que el siglo XIX estuvo lleno de sesudos inventores adelantados a su tiempo, que de vez en cuando daban algún susto a los inadvertidos ciudadanos. Y tenían a un tal Julio Verne para irlo contando.

lunes 26 de octubre de 2009

El aljibe califal de San Rafael de la Albaida

Al principio había un poco de confusión, y de hecho hubo alguna pintada en el amasijo de cemento y perfiles de hierro que protegían el aljibe, creyendo que aquella chapuza era la decoración definitiva de la rotonda, situada en la carretera de Trassierra. Pero no, cuando tocó hacerse la foto la rana se convirtió en príncipe, y quedó esta estructura que a los que no lean el cartel explicativo que hay junto a ella, probablemente, no les dirá nada.

Se trata, simplemente, de un depósito de agua subterráneo, un aljibe, encontrado en las obras de la Ronda Oeste, en la zona al sur de la carretera del aeropuerto, más o menos a la espalda del Urende, para entendernos. Se halló en una casa de un arrabal del siglo X, uno de los muchos que nos hemos cargado últimamente en la zona. Debía ser una casa de poderío, porque es de las más grandes de las que se pueden ver en los planos de la zona, con el clásico patio central alrededor del cual, siguiendo una galería cubierta, se van disponiendo las distintas estancias.

El aljibe mide casi tres metros de largo, y 2,60 metros de altura, y en su interior se encontró una cierta cantidad de restos de cerámica de la época. Es de agradecer que, dentro de la incalculable destrucción de los arrabales occidentales en los últimos años, se haya rescatado este trocito de historia para adornar la nueva ronda.

jueves 22 de octubre de 2009

La calle del Zarco

En esta entrada no contaré nada de especial, ninguna historia ni ninguna anécdota. Sólo voy a dar mi voto en un hipotético concurso (un dia habría que ponerse) para elegir el nombre de calle más bonito de Córdoba, entre las tradicionales, se entiende.

Mi voto va para la calle del Zarco, que Ramírez de Arellano explica, como si nada, diciendo que llámase así de aquella cualidad de uno de sus antiguos moradores, el que a la vez era el de más viso de toda la calle. Queda por averiguar si lo del viso iba por apariencia física o por poderío económico. ¿Y lo de zarco?

Pues no había escuchado esa palabra en mi vida, pero resulta que zarco es aquél que tiene los ojos de color azul claro. Y viene del árabe, zárqa, casi sin modificación. A lo mejor por las Andalucías es común, al menos entre los abuelos, pero en casa de mis castellanos padres nunca la he oído.

Le dieron el nombre de la calle a un vecino porque tenía los ojos azules. Igual era descendiente de emires, vaya usted a saber... en cualquier caso, un bonito descubrimiento.

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La calle del Zarco se encuentra en el barrio de Santa Marina, y comunica la plazuela que hay a un lateral de la parroquia con la calle de la Reja de don Gome, cerca de San Agustín, haciendo un recodo en el que está el cine Olimpia.

martes 20 de octubre de 2009

Fuerza y honor

Un 20 de octubre, hace dos años, la voz que se presentaba encantada y feliz como una lombriz, nuestro amigo y compañero Juan Antonio Cebrián, se nos iba para siempre. Hacer divulgación histórica y no rendir homenaje a este gigante es como olvidar a una parte de tu familia. Sin haberle conocido, nos hizo parte de su vida, nos llenó las madrugadas y nos pintó los lunes del color morado de las ojeras.

Ahora ya estás con los personajes de tus Versus, con los hombres y mujeres que hicieron historia. Como cada noche, Cebri, fuerza y honor.

domingo 18 de octubre de 2009

Milenario (8): el Imperio que rodó por la pendiente de la locura

(ver anterior / ver siguiente)

Muhammad al-Mahdi, el cuarto Califa, pudo hacerlo peor, pero no mucho peor. Una vez que se metió en el tremendo berenjenal de la
revolución de febrero de 1009, que desalojó del poder efectivo a la dinastía de validos amiríes que, desde Almanzor, venía usurpando las funciones califales, tenía la oportunidad de devolver el equilibro al país.

Sin embargo, al-Mahdi tomó otro camino. En primer lugar, despreció a la clase gobernante de origen eslavo que los amiríes habían colocado en cargos de gran responsabilidad. Directamente, los expulsó de la ciudad, provocando sin saberlo el inicio de las taifas de Levante, que desde ese momento comenzarían a formarse en torno a estos altos funcionarios en Tortosa, Játiva, Almería, Valencia, Orihuela y otras regiones.

Aún más estúpido fue su desaire al estamento militar de origen beréber, la base de los temidos ejércitos de Almanzor. La población andalusí, que contaba con un antiguo componente norteafricano desde el siglo VIII, no veía con buenos ojos a los nuevos beréberes llegados en los últimos años del Califato. Al-Mahdi humilló a sus líderes y permitió el acoso a sus familias y propiedades, aumentando la brecha de odio.

Para terminar de cavar su propia tumba, la farsa del entierro de Hisham II, que probablemente no coló entre el resto de la familia Omeya, puso en su contra a gran parte del clan. Hisham al-Rashid, nieto del gran Abderramán III, dirigió una primera rebelión en junio, que fracasó.

Su sobrino, Suleiman, que sería llamado al-Mustain, decidió que había llegado su turno. Acumuló una gran cantidad de tropas beréberes en las cercanías de Armillat, no lejos de la actual Adamuz. Y esperó pacientemente la llegada de un aliado contra natura. Una mañana, seguramente al principio del otoño, los ejércitos de Castilla llegaban a las inmediaciones de Córdoba. Lucharían al lado de un Omeya, para destronar a otro. Era un tiempo nuevo, convulso. La agonía de la Córdoba califal.

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Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)

miércoles 14 de octubre de 2009

Una visita a las supuestas ruinas de Cuteclara



Pues me esperaba otra cosa, francamente. Entre esparraguera y esparraguera, pensábamos comprobar el tamaño de esas ruinas que se veían en las fotos de satélite de Google Earth, justo donde el PGOU indica que están los restos del monasterio de Santa María de Cuteclara, a 37º 54' 07'' N y 4º 50' 33'' O. Todos los que lo busquen verán que hay una desviación de unos 250 m en la foto de satélite, que se repite para todos los sitios arqueológicos de la zona, como por ejemplo el pozo de la nieve.

Básicamente, lo que hay en lo alto de un pequeño cerro son las ruinas de una estructura que parece un edificio con dos naves paralelas, de unos 11 metros de largo, y 4,5 metros de ancho cada una. Se conserva un alzado de poco más de medio metro, como máximo, y en algunas partes toda la estructura está cubierta por tierra y matorral. El material es piedra y ladrillo, y como no soy arqueólogo diré que he visto lo mismo en Cercadilla y en algunos muros de casas medio caídas de Santa Marina, con lo cual no me dice nada. Algunas de las paredes están encaladas. Hay restos de material por las laderas del cerro, incluyendo algunas tejas. Aquí van algunas fotos:











Para ver el tema con perspectiva, pongo también la comparación de la zona entre 1957 y 2007, donde se puede ver como a mediados del siglo pasado había dos caminos que subían a la pequeña edificación, aunque no se llega a ver si está en mejor estado que hoy.

Y por último, un pequeño mapa de cómo llegar al sitio en cuestión.

A mí me quedó una sensación un poco extraña. La verdad es que por un lado me hace ilusión pensar que efectivamente son las ruinas del monasterio, pero no acabo de verlo... Es demsiado pequeño, podría servir como la iglesia del monasterio, pero tiene que haber algo más. Con esto sólo no vamos a ningún lado, y veo más posible que sea cualquier tipo de construcción agrícola más moderna. Si alguien conoce algún dato más que refuerce lo que que dice el Ayuntamiento en su PGOU, estaría bien que lo compartiera. Mientras tanto, habrá que creerse que allí, conocida sólo por los esparragueros, se esconde la memoria de Cuteclara.

sábado 10 de octubre de 2009

El legendario monasterio de Santa María de Cuteclara

En la época del emirato independiente de Córdoba, concretamente en la primera mitad del siglo IX, la sociedad local era enormemente compleja. La población iba convirtiéndose, poco a poco, a las costumbres y religión de los invasores musulmanes, pero aún quedaba un amplio estrato que conservaba el latín modificado como lengua habitual, seguían considerándose cristianos y mantenían sus iglesias de barrio en las afueras de la Medina.

Algunos grupos, liderados espiritual y terrenalmente por Eulogio de Córdoba, convirtieron los monasterios de la periferia de la ciudad en reductos del más puro cristinanismo anterior al 711, que en la década de 850 serían los focos principales del llamado movimiento martirial cordobés.


Uno de estos lugares era el monasterio de Santa María de Cuteclara, que tomaba su nombre del reducido asentamiento o aldea en el que se encontraba, hoy desaparecido por completo. Ambrosio de Morales supuso que el monasterio sobrevivió hasta convertirse en el convento de la Victoria, opinión que fue despreciada más tarde por Sánchez Feria (s. XVIII), que argumentó concienzudamente que Cuteclara eran esas grandes ruinas que había en la finca de Córdoba la Vieja, bajo San Jerónimo, para acabar diciendo que no le extrañaría, por otro lado, que el poblado hubiera estado en la Albaida.

Santa María de Cuteclara, al parecer, existía desde antiguo con esa advocación, probablemente desde antes de la invasión musulmana y era un monasterio de los llamados dúplices. Es decir, albergaba una comunidad masculina y otra femenina en el mismo cenobio, siendo la femenina, según algunos estudios, predominante en este caso. Existían, por tanto, un abad y una abadesa al mismo tiempo, y de varios de ellos conocemos sus nombres, como por ejemplo de Frugelo, Pedro de Écija y Artemia. Aurea, María, Columba fueron monjas de Cuteclara, y tanto ellas como los abades mencionados son considerados santos mártires por la Iglesia Católica, al ser ejecutados a mediados del siglo IX, por su pública y deliberada ofensa al Islam.

No se tiene claro cuándo desapareció el monasterio. Sánchez Feria rechaza los datos sobre la vida de Santa Laura, que habría sido abadesa hasta su ejecución en 864 (1), y supone, en su Yermo de Córdoba, que los monjes y monjas de Cuteclara, o sus vecinos de San Salvador de Peña Melaria, habrían refundado el monasterio de Samos, en Lugo, que fue entregado en 862 a un abad cordobés llamado Ofilón, acompañado por el presbítero Vicente y la monja María. De hecho, Samos también fue en aquella época un monasterio dúplice.

Curiosamente, el Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba nos sorprende dándonos las coordenadas exactas de lo que se supone que son las ruinas de Santa María de Cuteclara, cerca del Castillo de la Albaida, y todavía no he averiguado en qué se basó quien hizo esa identificación. Posiblemente tenga algo que ver con las excavaciones de Rafael Castejón en 1949 (Boletín de la Real Academia de Córdoba nº 61), cuando se emprendió la búsqueda de estos monasterios mozárabes.

El próximo día sacaré las fotos de cuando hace un año y medio nos dimos una vuelta por esas supuestas ruinas...

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(1) De hecho, pone a caldo en su Palestra Sagrada (IV, 42) al cronista Luitprando, por decir entre otras cosas que Santa Aurea fue abadesa y predecesora en el cargo de Laura, lo que considera falso, atizándole de paso acerca de algunas ideas sobre la justica islámica de la época. "Toda esta narración es fabulosa, y digna del fuego", dice don Bartolomé.

La imagen es un mapa esquemático de los monasterios mozárabes de Córdoba, del siglo XVII. Se puede ver, por ejemplo, la basílica de Santa Eulalia, ya tratada en el blog. El mapa me lo pasó Jerónimo Sánchez.

martes 6 de octubre de 2009

La ciencia española no necesita tijeras

A pesar del vergonzoso espectáculo de derroche, mal uso y descarado desperdicio de dinero público que dan a diario nuestros gobernantes de todos los niveles, los Presupuestos Generales del Estado camuflan, bajo una reducción aparentemente menor, un descenso de alrededor del 15% en Investigación y Desarrollo. Un sector que vive con el agua al cuello, y al que se le retuerce un poquito más el año que viene, difícilmente podrá liderar nuevos modelos productivos ni zarandajas varias.

Muchos ya no confiamos en nada. Pero siempre queda el pataleo.

La ciencia española no necesita tijeras.

Una iniciativa de la Aldea Irreductible, estamos en Facebook y en Twitter.

La puerta del Colodro: acorralando a Vernier

Pues sí, he ahí la puerta del Colodro. El lugar que recibió su nombre por ser el punto de entrada de las tropas cristianas en la Axerquía en 1236, bajo el liderazgo de los almogávares Benito Baños y Alvar Colodro. En la época musulmana, al parecer, no existía ninguna puerta en el lugar, aunque quizás las investigaciones arqueológicas ahora en curso cambien esta idea.

El minúsculo dibujo, con muy poco detalle, es un fragmento de la pintura de Guesdon que representa a Córdoba en el tercer cuarto del siglo XIX, antes de la construcción del ferrocarril. Pero debemos mirarlo con respeto, porque es el único documento que representa, sin ninguna duda, este monumento desaparecido de la ciudad.

La puerta del Colodro aparece como un simple arco en la muralla de tapial, sin más decoración ni almenas sobre ella. Apenas se conserva un trozo de muro por encima del arco, y el aspecto general es bastante ruinoso. Esta simplicidad en sus formas determinó, probablemente, que no quedara de ella ninguna descripción en las obras de la época.

En principio, la fidelidad de la imagen se puede tomar como alta. Las puertas de Almodóvar, Puente y Osario del mismo dibujo, de las que disponemos de fotografías, son prácticamente calcadas en la pintura de Guesdon, que se basó en una suerte de protofotografía llamada daguerrotipo.

La puerta del Colodro fue derribada entre finales de 1882 y el mes de enero de 1883, en el marco de una reforma del camino de las Ollerías que acabó de forma simultánea con la puerta de la Misericordia. Curiosamente, la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos autorizó el derribo a condición de que una placa conmemorase para siempre el hecho histórico ocurrido en aquel lugar (1).


Y a todo esto, ¿es esta la puerta que dibujó Vernier en su estancia cordobesa? Es de las mejor situadas, desde luego. Para mí no es la favorita, pero debo reconocer que no hay ningún argumento de peso que la descarte. Hay que tener en cuenta, eso sí, las importantes diferencias que se ven entre las dos imágenes. Aunque no venga al caso, podemos tomar como ejemplo la iglesia de San Agustín, que está más o menos a la misma distancia que el Colodro en la pintura, y que se representa de manera bastante fiel, aunque con algunos errores:


La pintura de Guesdon corresponde al principio de la década de 1860, cuando Vernier contaba 30 años. Al ser derribada la puerta, el artista estaba dedicado ya casi en exclusiva a pintar marinas en la costa francesa, a sus 53 años.
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(1) Cristina Martín López, Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica.
La foto aérea de San Agustín está tomada por Rafa Tena desde su paramotor. Ver "Córdoba desde el cielo"

viernes 2 de octubre de 2009

El pleito del siglo (XVI): el Cabildo contra el Reino, por el azud de San Julián

Último capítulo. Hay material para más, pero ya está bien, que me estoy saturando ya de río y de molinos, con un libro que no hay cristiano que lo entienda y sin ninguna foto con la que ilustrar algo que ya no existe.

El cierre del "tema San Julián" no es otro que la explicación de cómo desaparecieron esos molinos, hoy enterrados (lo que quede de ellos) bajo la portada de la Feria, poco más o menos. Afortunadamente, fue un acontecimiento en el que hubo mucho dinero de por medio, lo cual, en manos eclesiásticas, es garantía de que hay cantidad de documentos antiguos que consultar.

Resulta que, en el año 1568, al poco de que Wyngaerde hiciera las maletas, los propietarios del molino de Martos empezaron a hacer una obra en la azuda que supuso el recrecimiento de la presa, entre otras muchas reformas que aproximaron el molino a la imagen que luce hoy en día. Evidentemente, al aumentar la altura del agua embalsada, los molinos de San Julián perdieron su funcionalidad, porque quedaban ahogados por la represa de Martos, situada aguas abajo. Las aceñas y batanes dejaron de producir, las norias dejaron de girar y, al poco tiempo, los molinos quedaron abandonados e improductivos.

El Cabildo, propietario de una parte de las aceñas, aglutinó en torno a sí al resto de los propietarios, incluyendo conventos y particulares, que acordaron comisionar a dos personas para que se ocuparan del pleito contra los dueños del molino de Martos. El problema es que iba a ser una pelea de titanes, ya que dichos dueños eran los frailes de la Orden de Calatrava (de Santiago, según algunos documentos), y desde los tiempos de los Reyes Católicos y los primeros Austrias, las Órdenes Militares dependían del poderoso Consejo de las Órdenes, es decir, del Rey (1).

Al final, después de muchísimo dinero gastado, el Rey accedió a comprar a los propietarios los molinos dañados, y aquí paz y después gloria. La Corona siguió pagando rentas a los damnificados (si no he interpretado mal lo leído), y explotando a través de la Orden de Calatrava el productivo molino de Martos.

Lo siguiente, ya lo sabemos. Fue el redescubrimiento en 1751 de las ruinas de la azuda, según cuenta Sánchez Feria.

Y hasta aquí el recorrido por la zona de San Julián. Hay mucho, muchísimo más que contar, pero ya habrá tiempo para ello.

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(1) Esto explicaría la denominación de "Azud Real" que aparece en algún documento, en referencia, yo creo, a la parada de Martos.
Información del libro "Molinos y aceñas de la ciudad de Córdoba", de Cristóbal Torres Delgado.