miércoles, 26 de mayo de 2010

La Casa de las Tetas

Volviendo un poco a los orígenes (y también un poco por vagancia), quería traer por aquí un detalle curioso de los Paseos, concretamente de la descripción del barrio de Santa Marina. Contra lo que pueda parecer, que se sepa, no tiene nada que ver con la Mancebía ni nada por el estilo.

Eso debía pensar, desde luego, Ramírez de Arellano sobre el nombre que la gente le daba desde siempre a esa casa situada al final de la calle Cárcamo, llegando ya al hospital de la Misericordia y a la muralla norte de la ciudad. La verdadera respuesta le vino dada por unas obras en 1870, cuando se derribó la fachada de la casa, y apareció bajo los materiales modernos y formando parte de una antigua portada, un fragmento de escultura romana femenina con un busto desproporcionado. Los antiguos, que solían llamar a las cosas por su nombre, no tardarían en bautizar el inmueble en honor a la señora aquella.


Al parecer, la escultura fue llevada a uno de los patios del hospital. Cabe la posibilidad de que allí estuviera hasta el derribo y nueva urbanización en el siglo XX, por lo que, con un poco de suerte, la pieza podría estar en el Museo Arqueológico. Un día me llegaré a echar un ojo a todas las esculturas romanas femeninas, todo sea por la cultura.

sábado, 22 de mayo de 2010

El asedio de San Acisclo y el complicado encuentro de razas

En el relato tradicional de la invasión musulmana está incluida la resitencia de un puñado de soldados visigodos (varios cientos, no diré trescientos por no pagar derechos de autor) en la iglesia de San Acisclo, donde aguantaron unos tres meses el asedio beréber.

Aunque no tenemos suficientes datos para afirmarlo con seguridad, se ha postulado que San Acisclo podría haberse encontrado en algún lugar entre el sur de Ciudad Jardín y el cementerio de la Salud, en la zona de Vista Alegre y, dado el tiempo que duró la defensa, debía estar bien protegida o fortificada.


Los musulmanes veían que se prolongaba demasiado tiempo la situación, y decidieron forzar la rendición cortando el suministro de agua que llegaba a la iglesia mediante un acueducto (interesantísimo dato), para lo cual enviaron a un soldado que, según el cronista Ibn al-Sabbat, era el único de raza negra que había pasado el Estrecho. Su misión era, si atendemos al historiador magrebí al-Maqqari, apresar en los alrededores de San Acisclo a algún cristiano al que sacar informes sobre la situación de los sitiados y el lugar por el que les llegaba el agua.


El soldado, sin embargo, fue apresado por los visigodos, que se extrañaron del color de su piel, y le llevaron junto al punto de salida del acueducto para allí tratar de quitarle el pigmento que le cubría, hasta hacerle sangrar de tanto frotar. Así, una vez que le dejaron tranquilo y consiguió fugarse, pudo contar a los musulmanes de dónde llegaba el abastecimiento de agua potable.


Al cortarles el agua, los cristianos debieron quedar algo menos animosos, pero aún así no quisieron rendirse y probablemente ardieron junto a su iglesia-fortaleza cuando al caudillo Mugit se le acabó la paciencia, al cabo de tres meses.


Aunque es muy probable que en época romana llegaran a Córdoba hombres y mujeres de raza negra, no deja de ser curioso que se mencione en las crónicas a este "adelantado", que vino a hacer el papel del
negro Estebanico en América, pero con un final algo más digno.

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Tomado, un poco libremente, de la Historia de Córdoba durante el emirato omeya, de Antonio Arjona Castro

martes, 18 de mayo de 2010

Córdoba frente al misterio (16): la trola del fantasma de Santa Marina

Hace poco me preguntaba, cabizbajo, un desconsolado seguidor del Fulham, mientras le enseñaba el patio de Marroquíes, si había leyendas de fantasmas y esas cosillas en el Casco Histórico de Córdoba. Él no sabía nada del blog ni de la ciudad, así que le podía haber hablado del duende de la calle Almonas o de casas embrujadas, o de muchas cosas que te van contando pero no puedes publicar por aquí, pero me dio por comentarle un fantasma de mentira, y luego escribir esta entrada.

No sé exactamente qué andaba buscando por periódicos de 1859, cuando me encontré una de las tres
gacetillas que aparecen aquí, y luego me puse a rastrear los periódicos de esos días hasta reconstruir, más o menos, la historia.

La cosa debió empezar a primeros de
septiembre, cuando en el barrio de Santa Marina se corrió la voz de que un fantasma salía a recorrer las calles todas las noches, asustando a la gente y tocando una bocina. Se decía incluso que si el ruido se escuchaba frente a alguna casa en concreto, al día siguiente habría alguna desgracia en ella.

Todo olía un poco a chamusquina, y se pedía, desde luego, que interviniera la polícía, lo que también hacía un periódico de Málaga, en referencia a los casos repetidos de "fantasmas" en las calles de las dos ciudades andaluzas y también de Madrid.

Y fue a raíz de las patrullas de la policía cuando, unos dí
as después, el propio "Diario de Córdoba" dio por terminado el asunto con una gacetilla titulada "Ya no sale" que terminaba con una frase categórica: "no estamos ya en tiempo de duendes". Fue una frase valiente pero que los años desmentirían, porque siempre es tiempo de duendes y fantasmas, aunque vayan evolucionando de la mano de nuestra sociedad.

Y como el año pasado, habrá otra historia de misterio por la noche mágica de San Juan.

viernes, 14 de mayo de 2010

Puerta de Osario, mirando atrás

Si me hubieran contado, tal día como hoy, tres años atrás, que este blog iba a llegar con vida y (esporádica) actividad hasta aquí, no me lo habría creído. Cuando colgué la primera entrada era mayo de 2007 y no tenía nada mejor que hacer que preparar los exámenes de 5º... ahora echo la vista atrás y me parece increíble la cantidad de cosas que han ocurrido desde que me puse la careta del león de piedra.

El caso es que había escrito hace tiempo, para hoy, una larguíiiisima entrada sobre cómo nació y creció la página, pero luego pensé que era mejor, simplemente, acordarme de todos los que habéis pasado por aquí en algún momento a lo largo de estos años. Me vale con que hayáis echado un buen rato con alguna entrada en particular, o que hayáis descubierto algo que os gustara. También, por supuesto, de los muchos que han ayudado en los momentos de poca motivación, que los ha habido. Muchas gracias a todos.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Los cordobeses de la Invencible

Audio sobre la Armada Invencible, vía 32rumbos.com (para el mp3, click derecho y "Guardar enlace como")

No se le puede reprochar a Felipe II que fuera chuleando, desde luego. Él nunca la llamó la Armada Invencible, como mucho era llamada "la Grande y Felicísima Armada", o "la Gran Armada", a secas. Fueron los propios ingleses, que no se creían que fueran a salir con vida de aquella, los que le pusieron el nombre con el que la recordamos.

Para el pueblo llano era sencillamente "la empresa de Inglaterra", es decir, la genial idea de poner a Isabel I mirando a Escocia a base de transportar a través del Canal de la Mancha, con una enorme flota, a la infantería que Alejandro Farnesio tenía en Flandes, logrando invadir Inglaterra (1), que además había abandonado durante aquel siglo el recto camino del catolicismo.



Sin embargo, nada salió como estaba previsto. No se puede decir que los ingleses hundieran la Armada en aquel verano de 1588, pero no hubo invasión, y el regreso de los barcos en su enorme rodeo por el norte de Escocia y el oeste de Irlanda se convirtió en un infierno meteorológico y de otros tipos, como cuenta en el archivo de audio Juan Antonio Cebrián.

Entre el reguero de barcos que fue quedando por las costas inglesas, nos hablan los "
Casos Notables", escritos apenas unos años después de esta guerra, de uno en concreto, que fue a embarrancar en la playa de Londres (?, la verdad es que el relato, contrastado con información de hoy día, huele un poquillo a historias de marineros que no tenían muy claro por dónde andaban). Se trataba de un barco capitaneado por el caballero Antonio de Córdoba (don Antonio embarcose, como le gustaba decir al Cebri), cuyos hombres, convertidos en náufragos en un país extraño y enemigo, estaban dispuestos a convertirse en esclavos de los ingleses con tal de salvar la vida.

Las órdenes de la reina Isabel I, por desgracia, eran poco compatibles con su idea. Temerosa de que los curtidos infantes españoles colaboraran en una revuelta interna de los católicos ingleses, ordenó que se pasara a cuchillo a cualquier náufrago de la Invencible que llegara a las costas (como dicen los "Casos Notables",
que no dejasen ni piante ni mamante). Miles de españoles murieron así en Inglaterra e Irlanda. Pero don Antonio de Córdoba debía ser un tipo con suerte, porque se topó con un capitán inglés que, jugándose su puesto y quizás algo más, decidió que el español y muchos de los hombres que le acompañaban quedaran libres incluso contraviniendo las órdenes recibidas.

Don Antonio y todos los naturales de Córdoba fueron enviados de vuelta a España para sorpresa de las familias que ya les daban por muertos. El inglés sólo dio una explicación para justificar su comportamiento: había escuchado tanto acerca de los hombres de armas y letras que la ciudad de Córdoba había dado a lo largo de la historia, que creyó a los soldados cordobeses dignos de ser devueltos a su tierra sin daño alguno, y sin contrapartida.


Como realidad se cuenta en el libro; como leyenda, probablemente, hay que leerlo a día de hoy. Pero si fue verdad, más vale que lo primero que hicieran al llegar a casa fuera irse a Granada a ponerle flores al Gran Capitán.


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(1) Algo parecido intentaría Napoleón unos siglos más tarde, con similar resultado.

sábado, 1 de mayo de 2010

La gran rajada de Alfonso XIII en el Círculo de la Amistad

Habría muchos que no se estuvieran enterando de la misa la media, pero la mayor parte de los asistentes sí que entendían por dónde iban los tiros, y los tiros iban muy altos. Nobleza, autoridades, el ministro de Fomento y el resto de la élite de la ciudad de Córdoba miraban con los ojos como platos al Rey mientras éste proclamaba un inesperado y sorprendente discurso.


Es la noche del 23 de mayo de 1921, y Alfonso XIII recibe todos los honores del centenar y medio de ilustres invitados que se han congregado para la cena de gala en el Cïrculo de la Amistad. Era una de sus visitas oficiales (sobre las extraoficiales ya dejamos volar un día la imaginación). En boca del monarca, se suceden los elogios a Córdoba: a su pasado, a su presente y al futuro que las obras públicas en proyecto iban a proporcionarle. Si es que esas obras eran aprobadas, claro, si es que la burocracia no las ponía en peligro como muchas otras veces. Podemos imaginar, en ese punto, un silencio incómodo, unas densas miradas entre los invitados, un traguito de fino del Borbón.

Y comenzó el verdadero discurso:
yo no soy un Rey absoluto -estoy muy satisfecho de no serlo- y mi firma autoriza tan sólo a los gobiernos a presentar sus proyectos ante el Parlamento. Luego, en el Parlamento, ya saben ustedes lo que pasa... Murmullos, carraspeos, al ministro de Fomento se le atraganta una aceituna con el susto, y se pone a toser. Es evidente que el juego de la política, con sus movimientos pasionales, con sus arrebatos, con todo lo que constituye la lucha política, frustra muchas veces el buen deseo y el ánimo decidido que los gobiernos tienen de hacer labor útil para el país. Toses incómodas, caras blancas como la cera, ¿está este hombre cuestionando al Parlamento abiertamente?

Nunca el Rey se había atrevido a hablar así de los políticos y gobernantes, nunca había cedido de tal manera ante una pulsión autoritaria que pudiera tener en su interior...
Se derriba a los gobiernos [...] el nuevo gobierno hace suyos esos proyectos, pero entonces la hostilidad procede de quienes cayeron derribados... La política entorpece, indeliberadamente, pero con obstáculos insuperables, la acción de los gobernantes.

La línea argumental, la consecuencia lógica de ese discurso estaba llevando al fin de la legitimidad del Parlamento, a la oscuridad de las instituciones, y los presentes lo sabían y entendían. Los periodistas no daban abasto a copiar palabras que en muchos periódicos no saldrían íntegramente publicadas hasta varios días después, debido al escándalo y la polémica que sacudió todo el país.


Faltaba el último recado:
si ustedes se agrupan alrededor del Rey, si la opinión asiste al Rey, se logrará al menos que la firma del Rey sea una garantía para que los proyectos beneficiosos para el país salgan adelante, según transcribe "La acción". O según la versión de "El Defensor de Córdoba", comprendo la necesidad de que las provincias inicien un movimiento de apoyo al Rey y entonces en el Parlamento no triunfarán las ideas políticas, sino el bien de la nación. Entonces los políticos se comportarán como deben comportarse, [...] y el pueblo hará efectivo su voto, aquel voto que les dio en las urnas.

El Rey dijo que no quería salirse de la Constitución. Pero aquella soflama en contra del Parlamento y de los políticos la bordeaba por el lado de fuera. En la mente de todos estaba muy clara la consecuencia última que podrían traer aquellas palabras, combinadas con la explosiva situación que vivía el país, inmerso en la impopular guerra africana y sumido en el caos económico y social: la instauración de una dictadura militar autorizad
a por Alfonso XIII. Un par de años tardó en llegar el golpe de Estado de Primo de Rivera.

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Primicia primiciosa, por gentileza de Jerónimo Sánchez, un pequeño trozo de historia: el menú de la noche de autos. Madre mía, cómo se pusieron.


sábado, 24 de abril de 2010

La Piedra Escrita, entre dos Córdobas

No podía faltar, porque aquí empezó todo. Así que después de casi tres años de blog, ya va siendo hora de dedicarle una entrada a la Piedra Escrita, la fuente del cruce de las calles Cárcamo y Moriscos. La fuente que descubrí (me descubrieron) hace ya cosa de seis años, cuando por primera vez hice el camino de las Ollerías por dentro del barrio.

Hoy, la fuente es uno de los dos símbolos del blog, y al igual que el otro, si se mira bien, también tiene forma de puerta, de arco de entrada a la Córdoba que tuve la suerte de encontrarme aquella noche: la primera vez que dejé que el agua del león de la derecha, que es el que me gusta a mí, me chorreara por la cara.


Y aunque la única intención era traer a portada este rincón de la ciudad, habrá que contar también algo de curtura. La fuente fue construida en 1721, como atestiguan López Amo y Ramírez de Arellano, después de que las aguas que se iban a emplear para ella, las llamadas después
de la Piedra Escrita, fueran objeto de pleitos y negociaciones en las que intervinieron, sobre todo, los Trinitarios, interesados en el uso de este agua para su huerto.

El nacimiento se situaba en la zona de la Fuensantilla, hoy lo que queda del Hospital Militar, y al parecer eran aguas de las más corrosivas de Córdoba. Además, dejaban en las conducciones residuos de cardenillo, sedimentos de color verdoso.


Lo de la "piedra escrita", según Ramírez de Arellano, viene de una losa con una inscripción romana borrada ya en el siglo XIX, que había en lo que sería el vano del arco, encima del pilar. No la confunde con la losa escrita con el texto sobre su construcción, debajo del escudo, que también cita. De modo que hoy en día nos queda una "piedra escrita", pero no la original, la romana, que dio nombre a la fuente.


Para todo lo demás, salvo la fecha de construcción, ahí están los datos de la
Cordobapedia, que para algo la tenemos. La foto está tomada del artículo, y es de Rafaelji.

viernes, 9 de abril de 2010

Paradojas cordobesas

Por consejo de un amigo de baja resolución, hace poco me leí "La feria de los discretos", ambientada en la Córdoba del siglo XIX, y me ha venido muy bien para ponerme en situación de cara a otras tareíllas que ando haciendo por esa época. El caso es que me resultó un poco sorprendente encontrarme una referencia tan añeja de un típico pego cordobés contemporáneo: que tenemos la ONCE en Vista Alegre, un centro de ayuda a personas alcohólicas en los Olivos Borrachos y, por supuesto, el Cementerio de la Salud. Alguna otra he oído suelta por ahí, pero creo que estas tres son las más conocidas.

Pues en el libro de Baroja, ni más ni menos, un personaje se arranca a explicar a otro que en Córdoba puede encontrar la Caridad en el Potro, la verdad
en el Campo y la Salud en el cementerio.


Tan contento me quedé yo con esta cita, que aluciné unos días más tarde buscando no sé qué ñuscos en un periódico de 1883. Bajo la gacetilla "Se van perdiendo", se enumeran cuatro "paradojas cordobesas", a saber: en el cementerio, la Salud (esa la conocemos); la Caridad en el Potro (ese juego de palabras, también); la Merced en el Matadero (esa es nueva, y mira por dónde me toca en mi barrio, que antes se llamaba así) y el punto en un cuerno.


¿El punto en un cuerno? ¿Qué acertijo es ese? Además, aparece como lo más normal del mundo, como si cualquier cordobés lo conociera, porque añade que aunque el Matadero se había trasladado ya al Campo de San Antón (hoy avenida de Libia) y el hospital de la Caridad había variado de uso, al menos "el Punto se encuentra en lugar seguro".

Después de jugar con la idea de que se refiriera a la calle del Cuerno, parece ser que está haciendo referencia a un altar, con capilla y sacristía, llamado del Punto, que existe o existía en una nave de la Mezquita en la que cuelga un
colmillo de elefante. Por lo que llevo leído, el Cristo lo debió regalar el obispo Martín de Córdoba y Mendoza, del siglo XVI, y con el nombre del Punto era conocido de forma general.

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Ya sé que no tiene nada que ver, pero no da para una entrada y me ha parecido que tenía que colgarlo por algún lado, por entrañable. Buscando el "Punto", en la calle de los Siete Rincones, hoy calle Málaga, junto a las Tendillas, me he encontrado a este señor adelantado a su siglo, y casi al siguiente. Un verdadero visionario en 1875.

viernes, 26 de marzo de 2010

El puente de los Diablos sobre el arroyo Pedroche

La ciudad de Córdoba, en su crecimiento a lo largo del siglo XX, fue engullendo poco a poco las zonas del ruedo, es decir, las huertas que rodeaban la población y cuyo terreno ocupan hoy barrios periféricos como Ciudad Jardín, Levante o la Fuensanta.

En estas últimas zonas, además, la urbanización se fue comiendo el cauce de antiguos arroyos que quedaron soterrados, perdiéndose con ellos los puentecillos que servían para sortearlos y llegar hasta los terrenos de labor.


Uno de los puentes con nombre propio era el llamado de los Diablos, situado más o menos en lo que hoy es el paso del camino de Carbonell por debajo de la autovía de Madrid, al lado de la avenida Virgen del Mar. Era un puente sobre el arroyo Pedroche, como se ve en la foto aérea de 1957, adonde llegaban dos caminos, procedentes de las puertas Nueva y de Baeza, que se dirigían desde allí a los molinos de Lope García y Carbonell (Salmoral, a finales del XIX). Estos caminos figuran en las ordenanzas de 1884 y han sido recuperados para el nuevo
proyecto municipal de reglamento para los caminos públicos, con los números 70 y 73.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, imagina la construcción del puente alrededor de los siglos XIV o XV, mientras que expone una vieja leyenda según la cual fue construido en una noche de tormenta en que un lego franciscano, de vida un poco libertina, volvía de una cita y se encontró crecido el arroyo, sin poder vadearlo. En ese momento invocó al diablo para que le ayudara a regresar al convento de Madre de Dios, y una legión de demonios (socios de los de la plaza de las Dueñas, quizás) le construyeron en tiempo récord un puente sobre sobre el Pedroche, tal y como otras leyendas relatan en varios puntos de la geografía europea.

Hoy, desgraciadamente, se ha perdido no sólo el puente, sino también su memoria, salvo los mayores que sean capaces de recordar el nombre de aquel lugar, un topónimo que ya, también, es historia de Córdoba.


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Siento la ausencia. Las musas pasaron de mí, se habrían ido con el Nano, allá por Huelva...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sánchez Peña, los mejores sombreros del país

Hay muchos detalles del dibujo de Guesdon que llaman poderosamente la atención, pero uno de los que más me descolocaron fue la enorme chimenea humeante junto a la plaza de la Corredera. ¿Qué era aquello? Una búsqueda en los Paseos por Córdoba me aclaró la duda: ni más ni menos que la renombrada fábrica de sombreros de "Sánchez y Cia".

José Sánchez Peña, que da nombre a la antigua calle de los Odreros, la que entra de la Corredera a la plaza de las Cañas, fue un comerciante e industrial cordobés del siglo XIX (1801-1883), al que conocimos al hablar de la
casa de baños de la Merced, que era de su propiedad.

Pero su gran apuesta, su empresa señera, fue esta fábrica de sombreros en que la usó la última tecnología de la época (máquinas de vapor) para producir género de primera calidad. La compró al Ayuntamiento después de que la cárcel fuera trasladada al Alcázar, y fundó su fábrica el día 23 de agosto de 1846, según explica la Cordobapedia. Llegó a exportar al extranjero, y a ganar premios en algunos certámenes.


Por otro lado, Ramírez de Arellano nos señala que Sánchez Peña fue un adelantado a su tiempo (y casi al nuestro) en lo referente al trato a sus empleados y a los derechos que les reconocía:
los operarios a las órdenes del señor Sánchez han encontrado siempre en él un amigo en vez de un principal, y un decidido protector que, lejos de escatimarles el producto de sus trabajos, se los ha favorecido, educando a sus hijos y dando a muchos participación en los productos.

En un Diario de Córdoba de 1869 encontré, un poco al azar, un anuncio de "Sánchez y compañía", que tenía su negocio de cara al público en la calle Librería (entre Capitulares y la Feria), en el mismo local en el que en 1875 aparece instalado otro negocio (una tienda de quincalla) ya que la tienda de Sánchez Peña, para ese año, se ha trasladado al número 46 de la plaza de la Corredera.

Tras la muerte del empresario, sus herederos fueron transformando poco a poco el establecimiento industrial en un conjunto de locales comerciales de alquiler, que serían el embrión del mercado que aún hoy se encuentra en ese edificio, el más importante de la plaza, y cuyo reloj debe la ciudad de Córdoba al fundador de la olvidada sombrerería.

jueves, 11 de marzo de 2010

Una cita decimonónica de quebrantahuesos cordobeses

Bonito o no, depende de gustos (a mí, desde luego, me lo parece). Pero en cuanto a impresionante, creo que no hay ningún animal en toda la península capaz de hacerle sombra al quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), la mayor rapaz de nuestro país en estrecha competencia con el buitre negro, llegando los dos a superar los 2,5 metros de envergadura. Es, además, la única ave capaz de alimentarse de forma casi exclusiva de huesos, que despeña previamente para ingerirlos en trozos de hasta veinte centímetros. 

Personalmente, por encima de los subvencionados bigotes del lince ibérico, me quedo como icono de la conservación de la naturaleza con el mágico juego cromático del ojo del quebranta, y me parece que en este caso ni todas las negligencias ambientales del mundo me harían aborrecerlo. Además, es posible que, si los esfuerzos de reintroducción que se llevan a cabo en Cazorla dan los frutos deseados, pasen pocos años antes de volver a disfrutar de su inconfundible silueta en nuestros cielos.

A lo que vamos.

Hace unos años, la primera vez que leí el Indicador Cordobés de Ramírez de las Casas-Deza, me llamó la atención su descripción de la flora y fauna de la sierra cordobesa. En lo referente a las especies de aves, dice que llegan al número de 242, debiendo notarse entre las rapaces los buitres leonado y pardo que anidan en los escarpados picos de las cabreras del Guadiato [frente a los baños de Popea, por ejemplo]; varias especies de alcones [sic], entre ellos el azul; las águilas imperial, real y calzada..." Y a continuación añade: "el grifo (gipastos barbatus [sic]) ave de gran fuerza y tamaño, pues la envergadura de sus alas llega a 15 pies: no es abundante pero se le ve alguna vez en la parte alta de la sierra." La medida parece exagerada, porque supera los 4 metros (1 pie castellano = 0,28 m). 

Parece normal que aún quedaran quebrantas en la provincia de Córdoba a finales del siglo XIX, y lo más probable es que sobrevivieran hasta mediados del siglo XX, aunque no tengo más datos. Lo que me llamó la atención fue el nombre que Ramírez de las Casas-Deza le dio, "grifo", como la bestia mitológica que era mitad águila y mitad león, de plumas doradas y enorme fuerza. Es la primera vez que leo una cita con esa denominación, y la verdad es que no sé hasta dónde fue una licencia o un cultismo del autor, que prefirió usar la mitología en lugar del nombre común que le daría por entonces la gente de los pueblos, que le veía despeñar los secos huesos del ganado muerto por los riscos.

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La segunda foto, la buena, es del fotógrafo Richard Bartz.

domingo, 7 de marzo de 2010

La Torre de las Siete Esquinas: quien dice siete, dice ocho

Reconozco que la primera vez que fui no lo hice, pero los siguientes días no pude resistir la tentación. Al menos dos de las veces que he estado en la Torre de las Siete Esquinas, ante una magnífica vista panorámica de Córdoba a la que se accede dando un corto paseo desde la carretera del Mirador de las Niñas (de esto hablamos otro día...), he curioseado alrededor de la torre contando sus caras y aristas. La segunda vez llegué a marcar la primera esquina que conté, para asegurarme del todo. Incluso ahora mismo me tiembla la mano pensando "¿y si conté mal, y eran siete, y ahora hago el ridículo?".

Pero esta torre, a la que he leído (todavía no en una publicación científica, quizás porque no he dado con ella) que se le da cronología califal, o de la que incluso he oído que se erigió para vigilar a los mozárabes de la sierra (1), tiene ocho esquinas. De verdad.


Claro, es lo que se llama una torre ochavada, octogonal, como la Malmuerta, por ejemplo, o la que se ve en la avenida del Alcázar. Torres con ocho ángulos iguale
s, que todo hijo de vecino llamaría, por ejemplo, y sin partirse mucho el cráneo, Torre de las Ocho Esquinas. ¿No es curioso? ¿Por qué se empeña la gente en llamarla de las Siete Esquinas?

Pues a lo mejor hay que buscar la explicación en las imágenes que un día estuvieron en la retina de los cordobeses, y hace ya décadas, quizás siglos, que dejaron de estarlo. Existió en Córdoba otra Torre de las Siete Esquinas, llamada así por la gente. Y parece que esta sí tenía siete. Con reservas.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, sitúa esta torre ochavada justo en la esquina sudeste de la muralla de la Axerquía, lo que viene a ser por la ermita de los Mártires, siguiendo hacia el sur el muro que sobrevive frente a la comisaría de Lonjas. Por una desafortunada ambigüedad (2), parece, pero no se puede asegurar, que la torre fue condenada a la ruina por el terremoto de Lisboa de 1755. Escobar Camacho (3) da por bueno el dato, y añade, pero tampoco con rotundidad, lo que parece la confirmación, de la mano de Vaca de Alfaro, de que había una torre ochavada en esa esquina.

Bueno, pues a ver esa torre. Vámonos a Guesdon, fechado según lo último que he podido leer, en 1853.


No hay nada allí. Sólo muralla, y poco espectacular. Eso parece concordar con la destrucción de la torre en 1755, la verdad. Vamos a dar marcha atrás del todo y a echarle un vistazo a Wyngaerde (1567).

O no llegamos o nos pasamos. Ahí tenemos tres torres: dos con varios lados, una de ellas en la esquina, y además otra menos llamativa en medio. Quizás es esa nuestra torre de las Siete Esquinas, por ser ochavada y tener un ángulo pegado a la muralla. Pero... ¿no parece hexagonal, más bien? Pasemos a Baldi (1668).

Aquí se lo curró Rojunson en su análisis, mostrándonos una explicación de las tres torres, que se ven muy claramente. Básicamente las dos de la izquierda estarían unidas a la muralla por arcos, que no se ven muy claros pero parece que ahí están, y la tercera, la más majestuosa, mediante un muro. Tal y como decíamos con Wyngaerde, la torre de la esquina es hexagonal. Y la de la derecha, cerca ya de la puerta de Baeza, es la única ochavada que parecía haber por allí. Además, con la particularidad de estar unida a la muralla por lo que parece un muro, que le quitaría un ángulo dejándola... con siete esquinas.

¿Es esta la verdadera Torre de las Siete Esquinas a la que el pueblo cordobés dio nombre propio? ¿Se olvidó, una vez arruinada por el terremoto, su ubicación exacta, situándola la memoria popular un poco más al sur, en la esquina de la muralla? La idea no tiene mala pinta. Pero de lo que estoy casi seguro es de que en este rincón de la ciudad está el secreto de por qué alguien llegó a una torre con ocho lados en mitad de la sierra, y la bautizó de la manera más ilógica. O no.

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(1) Como suena. Para vigilar que no volvieran a levantar el monasterio de Peñamelaria. Ya puede estar esto respaldado por una buena crónica de la época porque, si no, es tan aventurado como imaginar el signo zodiacal del maestro cantero.
(2) ¿Se refiere don Teodomiro a la torre, o a la puerta de Martos, que es de lo que está hablando en general?
(3) Escobar Camacho, José Manuel. El recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval.

martes, 2 de marzo de 2010

Mortadelo en Córdoba

Llegó por error, por casualidad, pero llegó. Es más, posiblemente volviera, pero ahora mismo no recuerdo ningún otro tebeo en el que Mortadelo y Filemón visitaran nuestra ciudad. Sólo esta vez, durante su participación en el Mundial de Argentina en 1978, cuando se perdieron mientras conducían a la selección de fútbol hacia Córdoba (Argentina) y acabaron en la esquina del colmao de Lagartijo. Habrá algún avispado que se atreva a reconocer personajes reales en la viñeta, pero es aventurado y poco fundado, en cualquier caso.

El fondo de edificios de la ciudad, un estándar de Ibáñez, recuerda un poco a esa Salamanca de la escena final de "En el punto de mira", convertida por efectos especiales en una enorme capital de calles interminables, pero se le puede perdonar. ¿Hasen unos chatiyos?

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Por supuesto, cualquier recuerdo que tenga algún lector sobre visitas a Córdoba de personajes de cómic (no me extrañaría que estuviera por aquí el Capitán Trueno, como lo hizo muy de pasada Astérix), será bienvenido, para eso están el correo y los comentarios.

domingo, 28 de febrero de 2010

Siguiendo a "Cinco Siglos" en Sarajevo


Mañana del lunes 1 de marzo. Antonio Torralba, de "Cinco Siglos", nos envía una pequeña crónica del concierto desde Sarajevo, y algunas fotos:

Ubicado junto a la catedral en unos antiguos baños turcos, el Instituto Bosnio alberga en sus elegantes salas singulares testimonios de la artesanía, la historia, la literatura y los tradicionales modos de vida del pueblo bosnio. La más noble de esas salas congregó ayer bajo su doble cúpula a un numeroso público (entre el que se encontraban los embajadores de EEUU, Austria y España) dispuesto a escuchar las lecturas instrumentales de romances sefardíes que "Cinco Siglos", en formación de sexteto, había preparado para la ocasión.


Melodías del acervo cultural de las comunidades de Salónica, Tetuán o Tekirdag llenaron durante una hora el auditorio del Bosniak Institute y la imaginación de unos asistentes cuyas vidas transcurren en uno de los espacios geopolíticos más complejos del planeta. Largamente aplaudidos, estos "Sones de Sefarad" hicieron especial efecto en un grupo humano a menudo olvidado de entre los que tejen el entramado social de la castigada ciudad de Sarajevo, los viejos judeoespañoles que se reúnen en un centro cultural cuyo nombre es también un manifiesto: "La Benevolencia".


Noche del domingo 28. El concierto ha terminado con lleno hasta la bandera y gente fuera por falta de espacio. Por lo visto, ha asistido hasta el embajador de EEUU en Bosnia. El grupo está satisfecho por el público y por la acústica del auditorio. Ya contarán con más tranquilidad.

Minaretes y campanarios en Sarajevo

Tarde del domingo 28. Acompañados por personal de la Embajada, andan los integrantes del grupo conociendo un poco mejor la capital bosnia y visitando su casco histórico, muy reconstruido según me cuenta Dani Sáez, aunque mantiene en muchos casos las huellas de los tiroteos en las fachadas. Encajonada entre altas montañas, Sarajevo se va extendiendo de una manera un poco anárquica a lo largo del valle y por la parte baja de las laderas, sin demasiada planificación.

En su paseo han conocido uno de los lugares más impactantes de la capital: el Bulevar Mese Selimovica, que en tiempos de la guerra fue conocido como S
niper Avenue, la avenida de los francotiradores, por ser uno de los lugares más vulnerables para los habitantes de la ciudad sitiada.

La rueda de prensa de la mañana, con sus pequeños fallos de organización, ha venido seguida de los actos de clausura del Festival, que termina hoy. Y a estas horas, estará el grupo ensayando en el Bosniak, preparándose para el recital "Sones de Sefarad", que contará con unos invitados de excepción: los integrantes de una pequeña comunidad sefardí que sobrevive en Sarajevo, alguno de cuyos miembros conoce, mal que bien, nues
tro idioma. Una pieza más en el enorme rompecabezas étnico de Bosnia-Herzegovina, el gran problema sin resolver de este país, el origen del laberinto de odio que le llevó al pozo de la guerra. Esta noche, la música del pasado más remoto sonará en Sarajevo a camino de futuro: sólo la convivencia y el respeto a lo diferente conseguirá cerrar las heridas.


El bulevar Mese Selimovica

Madrugada del domingo 28. Me escribe el infiltrado en "Cinco Siglos" desde Sarajevo, ya están allí descansando. Finalmente parece que sí habrá posibilidad de comunicarnos. Ha sido un viaje larguísimo, de todo el día, con escala incluida en Viena para probar el chocolate local...

Pero probablemente más intenso será el día de mañana (ya hoy) domingo. Comenzará con una rueda de prensa a eso de las 10.00, hora local, y a las 17.00 ya estarán en el lugar del concierto, el Bosniak Institute, para empezar los ensayos que se extenderán durante las dos horas previas a la actuación.


Además de por aquí, también se les puede seguir la pista en su
muro de Facebook.

viernes, 26 de febrero de 2010

Los cordobeses "Cinco Siglos" en el Sarajevo Winter Festival

No existe, en el imaginario colectivo europeo, ninguna ciudad que represente con más profundidad el dolor de la guerra. Con la II Guerra Mundial demasiado lejos en la memoria, y aunque algunos episodios como el español de Guernica aún sean vivamente recordados, nada se puede comparar con el nombre de Sarajevo.

Sarajevo, la ciudad mártir que la generación de los ochenta conocimos a golpe de telediario, fue el centro de la vergüenza de Europa durante años, un doliente monumento al sinsentido que moría, día sí y día también, mientras compraba el pan en el mercado de Markale.


Pasado mañana, quince años después de que terminara la guerra de Bosnia, el grupo cordobés "Cinco Siglos", de música antigua, irá a esta ciudad mayoritariamente musulmana a tocar música procedente de los judíos españoles, a dar vida a partituras e instrumentos traídos gracias a los frecuentes viajes en el tiempo que tienen lugar en los talleres de luthier del grupo.

El Sarajevo Winter Festival es el más importante acontecimiento cultural de la ciudad. Se celebra anualmente desde 1984, habiendo tenido lugar incluso en los peores años del asedio serbio, y este año acoge como invitado especial a nuestro país. El mes de febrero se ha llenado de actuaciones musicales, obras de teatro y conferencias, y el concierto de "Cinco Siglos" prácticamente supone una ceremonia de clausura.

El programa "Sones de Sefarad" incluye música procedente de los países a los que emigraron los judíos sefardíes, más de cien mil personas que fueron expulsadas de los reinos peninsulares en 1492, y que se desperdigaron desde Marruecos hasta Yemen,
Grecia o Jerusalén. En palabras de Antonio Torralba, la música sefardí suena hebrea, hispana, pero también árabe, beréber, turca, griega, serbia, persa... es fundamentalmente mestiza y mediterránea.

A una ciudad que quiere vivir, y a vivir empieza, van nuestros paisanos a tocar un mensaje de nostalgia, pero también de convivencia. Desconozco qué Sarajevo se encontrarán, pero quiero pensar en una capital llena de luz, en plena reconstrucción de edificios y almas.


Con un poco de suerte y dependiendo de las conexiones a internet, intentarán pasarnos calentitas, y desde la propia ciudad de Sarajevo, las sensaciones de estos días. Mañana hacen las maletas y salen para allá, la cita es, para quien quiera llegarse, a las 19.00 hora local, en el Bosniak Institute. Ya lo dice el cartel del Festival de 1995: allí, todo es posible.

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Programa "Sones de Sefarad":

La consagración de Moisés (Tetuán)
Las quejas de Ximena (Tánger)
Decidle a mi amor (Tánger)
Alekhem Kehal (Siria)
Scalerica le hizo-El raptor pordiosero (Constantinopla)
Está Raquel lastimosa (Larache)
Decía el aguadero (Tetuán)
Ahot Ketana (Siria)
Triste estaba el rey David (Esmirna)
Morikos los mis morikos (Milas, Terkidag, Salónica)
Qyria Yefefyia (Yemen)
Cuando el rey Nimrod (Jerusalén)

Forman "Cinco Siglos": Miguel Hidalgo (laúdes y dirección musical), Antonio Torralba (flautas), Gabriel Arellano (viola y rabel), José Ignació Fernández (laúdes), Daniel Sáez (baglama) y Antonio Sáez (percusión).