viernes, 26 de marzo de 2010

El puente de los Diablos sobre el arroyo Pedroche

La ciudad de Córdoba, en su crecimiento a lo largo del siglo XX, fue engullendo poco a poco las zonas del ruedo, es decir, las huertas que rodeaban la población y cuyo terreno ocupan hoy barrios periféricos como Ciudad Jardín, Levante o la Fuensanta.

En estas últimas zonas, además, la urbanización se fue comiendo el cauce de antiguos arroyos que quedaron soterrados, perdiéndose con ellos los puentecillos que servían para sortearlos y llegar hasta los terrenos de labor.


Uno de los puentes con nombre propio era el llamado de los Diablos, situado más o menos en lo que hoy es el paso del camino de Carbonell por debajo de la autovía de Madrid, al lado de la avenida Virgen del Mar. Era un puente sobre el arroyo Pedroche, como se ve en la foto aérea de 1957, adonde llegaban dos caminos, procedentes de las puertas Nueva y de Baeza, que se dirigían desde allí a los molinos de Lope García y Carbonell (Salmoral, a finales del XIX). Estos caminos figuran en las ordenanzas de 1884 y han sido recuperados para el nuevo
proyecto municipal de reglamento para los caminos públicos, con los números 70 y 73.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, imagina la construcción del puente alrededor de los siglos XIV o XV, mientras que expone una vieja leyenda según la cual fue construido en una noche de tormenta en que un lego franciscano, de vida un poco libertina, volvía de una cita y se encontró crecido el arroyo, sin poder vadearlo. En ese momento invocó al diablo para que le ayudara a regresar al convento de Madre de Dios, y una legión de demonios (socios de los de la plaza de las Dueñas, quizás) le construyeron en tiempo récord un puente sobre sobre el Pedroche, tal y como otras leyendas relatan en varios puntos de la geografía europea.

Hoy, desgraciadamente, se ha perdido no sólo el puente, sino también su memoria, salvo los mayores que sean capaces de recordar el nombre de aquel lugar, un topónimo que ya, también, es historia de Córdoba.


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Siento la ausencia. Las musas pasaron de mí, se habrían ido con el Nano, allá por Huelva...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sánchez Peña, los mejores sombreros del país

Hay muchos detalles del dibujo de Guesdon que llaman poderosamente la atención, pero uno de los que más me descolocaron fue la enorme chimenea humeante junto a la plaza de la Corredera. ¿Qué era aquello? Una búsqueda en los Paseos por Córdoba me aclaró la duda: ni más ni menos que la renombrada fábrica de sombreros de "Sánchez y Cia".

José Sánchez Peña, que da nombre a la antigua calle de los Odreros, la que entra de la Corredera a la plaza de las Cañas, fue un comerciante e industrial cordobés del siglo XIX (1801-1883), al que conocimos al hablar de la
casa de baños de la Merced, que era de su propiedad.

Pero su gran apuesta, su empresa señera, fue esta fábrica de sombreros en que la usó la última tecnología de la época (máquinas de vapor) para producir género de primera calidad. La compró al Ayuntamiento después de que la cárcel fuera trasladada al Alcázar, y fundó su fábrica el día 23 de agosto de 1846, según explica la Cordobapedia. Llegó a exportar al extranjero, y a ganar premios en algunos certámenes.


Por otro lado, Ramírez de Arellano nos señala que Sánchez Peña fue un adelantado a su tiempo (y casi al nuestro) en lo referente al trato a sus empleados y a los derechos que les reconocía:
los operarios a las órdenes del señor Sánchez han encontrado siempre en él un amigo en vez de un principal, y un decidido protector que, lejos de escatimarles el producto de sus trabajos, se los ha favorecido, educando a sus hijos y dando a muchos participación en los productos.

En un Diario de Córdoba de 1869 encontré, un poco al azar, un anuncio de "Sánchez y compañía", que tenía su negocio de cara al público en la calle Librería (entre Capitulares y la Feria), en el mismo local en el que en 1875 aparece instalado otro negocio (una tienda de quincalla) ya que la tienda de Sánchez Peña, para ese año, se ha trasladado al número 46 de la plaza de la Corredera.

Tras la muerte del empresario, sus herederos fueron transformando poco a poco el establecimiento industrial en un conjunto de locales comerciales de alquiler, que serían el embrión del mercado que aún hoy se encuentra en ese edificio, el más importante de la plaza, y cuyo reloj debe la ciudad de Córdoba al fundador de la olvidada sombrerería.

jueves, 11 de marzo de 2010

Una cita decimonónica de quebrantahuesos cordobeses

Bonito o no, depende de gustos (a mí, desde luego, me lo parece). Pero en cuanto a impresionante, creo que no hay ningún animal en toda la península capaz de hacerle sombra al quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), la mayor rapaz de nuestro país en estrecha competencia con el buitre negro, llegando los dos a superar los 2,5 metros de envergadura. Es, además, la única ave capaz de alimentarse de forma casi exclusiva de huesos, que despeña previamente para ingerirlos en trozos de hasta veinte centímetros. 

Personalmente, por encima de los subvencionados bigotes del lince ibérico, me quedo como icono de la conservación de la naturaleza con el mágico juego cromático del ojo del quebranta, y me parece que en este caso ni todas las negligencias ambientales del mundo me harían aborrecerlo. Además, es posible que, si los esfuerzos de reintroducción que se llevan a cabo en Cazorla dan los frutos deseados, pasen pocos años antes de volver a disfrutar de su inconfundible silueta en nuestros cielos.

A lo que vamos.

Hace unos años, la primera vez que leí el Indicador Cordobés de Ramírez de las Casas-Deza, me llamó la atención su descripción de la flora y fauna de la sierra cordobesa. En lo referente a las especies de aves, dice que llegan al número de 242, debiendo notarse entre las rapaces los buitres leonado y pardo que anidan en los escarpados picos de las cabreras del Guadiato [frente a los baños de Popea, por ejemplo]; varias especies de alcones [sic], entre ellos el azul; las águilas imperial, real y calzada..." Y a continuación añade: "el grifo (gipastos barbatus [sic]) ave de gran fuerza y tamaño, pues la envergadura de sus alas llega a 15 pies: no es abundante pero se le ve alguna vez en la parte alta de la sierra." La medida parece exagerada, porque supera los 4 metros (1 pie castellano = 0,28 m). 

Parece normal que aún quedaran quebrantas en la provincia de Córdoba a finales del siglo XIX, y lo más probable es que sobrevivieran hasta mediados del siglo XX, aunque no tengo más datos. Lo que me llamó la atención fue el nombre que Ramírez de las Casas-Deza le dio, "grifo", como la bestia mitológica que era mitad águila y mitad león, de plumas doradas y enorme fuerza. Es la primera vez que leo una cita con esa denominación, y la verdad es que no sé hasta dónde fue una licencia o un cultismo del autor, que prefirió usar la mitología en lugar del nombre común que le daría por entonces la gente de los pueblos, que le veía despeñar los secos huesos del ganado muerto por los riscos.

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La segunda foto, la buena, es del fotógrafo Richard Bartz.

domingo, 7 de marzo de 2010

La Torre de las Siete Esquinas: quien dice siete, dice ocho

Reconozco que la primera vez que fui no lo hice, pero los siguientes días no pude resistir la tentación. Al menos dos de las veces que he estado en la Torre de las Siete Esquinas, ante una magnífica vista panorámica de Córdoba a la que se accede dando un corto paseo desde la carretera del Mirador de las Niñas (de esto hablamos otro día...), he curioseado alrededor de la torre contando sus caras y aristas. La segunda vez llegué a marcar la primera esquina que conté, para asegurarme del todo. Incluso ahora mismo me tiembla la mano pensando "¿y si conté mal, y eran siete, y ahora hago el ridículo?".

Pero esta torre, a la que he leído (todavía no en una publicación científica, quizás porque no he dado con ella) que se le da cronología califal, o de la que incluso he oído que se erigió para vigilar a los mozárabes de la sierra (1), tiene ocho esquinas. De verdad.


Claro, es lo que se llama una torre ochavada, octogonal, como la Malmuerta, por ejemplo, o la que se ve en la avenida del Alcázar. Torres con ocho ángulos iguale
s, que todo hijo de vecino llamaría, por ejemplo, y sin partirse mucho el cráneo, Torre de las Ocho Esquinas. ¿No es curioso? ¿Por qué se empeña la gente en llamarla de las Siete Esquinas?

Pues a lo mejor hay que buscar la explicación en las imágenes que un día estuvieron en la retina de los cordobeses, y hace ya décadas, quizás siglos, que dejaron de estarlo. Existió en Córdoba otra Torre de las Siete Esquinas, llamada así por la gente. Y parece que esta sí tenía siete. Con reservas.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, sitúa esta torre ochavada justo en la esquina sudeste de la muralla de la Axerquía, lo que viene a ser por la ermita de los Mártires, siguiendo hacia el sur el muro que sobrevive frente a la comisaría de Lonjas. Por una desafortunada ambigüedad (2), parece, pero no se puede asegurar, que la torre fue condenada a la ruina por el terremoto de Lisboa de 1755. Escobar Camacho (3) da por bueno el dato, y añade, pero tampoco con rotundidad, lo que parece la confirmación, de la mano de Vaca de Alfaro, de que había una torre ochavada en esa esquina.

Bueno, pues a ver esa torre. Vámonos a Guesdon, fechado según lo último que he podido leer, en 1853.


No hay nada allí. Sólo muralla, y poco espectacular. Eso parece concordar con la destrucción de la torre en 1755, la verdad. Vamos a dar marcha atrás del todo y a echarle un vistazo a Wyngaerde (1567).

O no llegamos o nos pasamos. Ahí tenemos tres torres: dos con varios lados, una de ellas en la esquina, y además otra menos llamativa en medio. Quizás es esa nuestra torre de las Siete Esquinas, por ser ochavada y tener un ángulo pegado a la muralla. Pero... ¿no parece hexagonal, más bien? Pasemos a Baldi (1668).

Aquí se lo curró Rojunson en su análisis, mostrándonos una explicación de las tres torres, que se ven muy claramente. Básicamente las dos de la izquierda estarían unidas a la muralla por arcos, que no se ven muy claros pero parece que ahí están, y la tercera, la más majestuosa, mediante un muro. Tal y como decíamos con Wyngaerde, la torre de la esquina es hexagonal. Y la de la derecha, cerca ya de la puerta de Baeza, es la única ochavada que parecía haber por allí. Además, con la particularidad de estar unida a la muralla por lo que parece un muro, que le quitaría un ángulo dejándola... con siete esquinas.

¿Es esta la verdadera Torre de las Siete Esquinas a la que el pueblo cordobés dio nombre propio? ¿Se olvidó, una vez arruinada por el terremoto, su ubicación exacta, situándola la memoria popular un poco más al sur, en la esquina de la muralla? La idea no tiene mala pinta. Pero de lo que estoy casi seguro es de que en este rincón de la ciudad está el secreto de por qué alguien llegó a una torre con ocho lados en mitad de la sierra, y la bautizó de la manera más ilógica. O no.

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(1) Como suena. Para vigilar que no volvieran a levantar el monasterio de Peñamelaria. Ya puede estar esto respaldado por una buena crónica de la época porque, si no, es tan aventurado como imaginar el signo zodiacal del maestro cantero.
(2) ¿Se refiere don Teodomiro a la torre, o a la puerta de Martos, que es de lo que está hablando en general?
(3) Escobar Camacho, José Manuel. El recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval.

martes, 2 de marzo de 2010

Mortadelo en Córdoba

Llegó por error, por casualidad, pero llegó. Es más, posiblemente volviera, pero ahora mismo no recuerdo ningún otro tebeo en el que Mortadelo y Filemón visitaran nuestra ciudad. Sólo esta vez, durante su participación en el Mundial de Argentina en 1978, cuando se perdieron mientras conducían a la selección de fútbol hacia Córdoba (Argentina) y acabaron en la esquina del colmao de Lagartijo. Habrá algún avispado que se atreva a reconocer personajes reales en la viñeta, pero es aventurado y poco fundado, en cualquier caso.

El fondo de edificios de la ciudad, un estándar de Ibáñez, recuerda un poco a esa Salamanca de la escena final de "En el punto de mira", convertida por efectos especiales en una enorme capital de calles interminables, pero se le puede perdonar. ¿Hasen unos chatiyos?

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Por supuesto, cualquier recuerdo que tenga algún lector sobre visitas a Córdoba de personajes de cómic (no me extrañaría que estuviera por aquí el Capitán Trueno, como lo hizo muy de pasada Astérix), será bienvenido, para eso están el correo y los comentarios.

domingo, 28 de febrero de 2010

Siguiendo a "Cinco Siglos" en Sarajevo


Mañana del lunes 1 de marzo. Antonio Torralba, de "Cinco Siglos", nos envía una pequeña crónica del concierto desde Sarajevo, y algunas fotos:

Ubicado junto a la catedral en unos antiguos baños turcos, el Instituto Bosnio alberga en sus elegantes salas singulares testimonios de la artesanía, la historia, la literatura y los tradicionales modos de vida del pueblo bosnio. La más noble de esas salas congregó ayer bajo su doble cúpula a un numeroso público (entre el que se encontraban los embajadores de EEUU, Austria y España) dispuesto a escuchar las lecturas instrumentales de romances sefardíes que "Cinco Siglos", en formación de sexteto, había preparado para la ocasión.


Melodías del acervo cultural de las comunidades de Salónica, Tetuán o Tekirdag llenaron durante una hora el auditorio del Bosniak Institute y la imaginación de unos asistentes cuyas vidas transcurren en uno de los espacios geopolíticos más complejos del planeta. Largamente aplaudidos, estos "Sones de Sefarad" hicieron especial efecto en un grupo humano a menudo olvidado de entre los que tejen el entramado social de la castigada ciudad de Sarajevo, los viejos judeoespañoles que se reúnen en un centro cultural cuyo nombre es también un manifiesto: "La Benevolencia".


Noche del domingo 28. El concierto ha terminado con lleno hasta la bandera y gente fuera por falta de espacio. Por lo visto, ha asistido hasta el embajador de EEUU en Bosnia. El grupo está satisfecho por el público y por la acústica del auditorio. Ya contarán con más tranquilidad.

Minaretes y campanarios en Sarajevo

Tarde del domingo 28. Acompañados por personal de la Embajada, andan los integrantes del grupo conociendo un poco mejor la capital bosnia y visitando su casco histórico, muy reconstruido según me cuenta Dani Sáez, aunque mantiene en muchos casos las huellas de los tiroteos en las fachadas. Encajonada entre altas montañas, Sarajevo se va extendiendo de una manera un poco anárquica a lo largo del valle y por la parte baja de las laderas, sin demasiada planificación.

En su paseo han conocido uno de los lugares más impactantes de la capital: el Bulevar Mese Selimovica, que en tiempos de la guerra fue conocido como S
niper Avenue, la avenida de los francotiradores, por ser uno de los lugares más vulnerables para los habitantes de la ciudad sitiada.

La rueda de prensa de la mañana, con sus pequeños fallos de organización, ha venido seguida de los actos de clausura del Festival, que termina hoy. Y a estas horas, estará el grupo ensayando en el Bosniak, preparándose para el recital "Sones de Sefarad", que contará con unos invitados de excepción: los integrantes de una pequeña comunidad sefardí que sobrevive en Sarajevo, alguno de cuyos miembros conoce, mal que bien, nues
tro idioma. Una pieza más en el enorme rompecabezas étnico de Bosnia-Herzegovina, el gran problema sin resolver de este país, el origen del laberinto de odio que le llevó al pozo de la guerra. Esta noche, la música del pasado más remoto sonará en Sarajevo a camino de futuro: sólo la convivencia y el respeto a lo diferente conseguirá cerrar las heridas.


El bulevar Mese Selimovica

Madrugada del domingo 28. Me escribe el infiltrado en "Cinco Siglos" desde Sarajevo, ya están allí descansando. Finalmente parece que sí habrá posibilidad de comunicarnos. Ha sido un viaje larguísimo, de todo el día, con escala incluida en Viena para probar el chocolate local...

Pero probablemente más intenso será el día de mañana (ya hoy) domingo. Comenzará con una rueda de prensa a eso de las 10.00, hora local, y a las 17.00 ya estarán en el lugar del concierto, el Bosniak Institute, para empezar los ensayos que se extenderán durante las dos horas previas a la actuación.


Además de por aquí, también se les puede seguir la pista en su
muro de Facebook.

viernes, 26 de febrero de 2010

Los cordobeses "Cinco Siglos" en el Sarajevo Winter Festival

No existe, en el imaginario colectivo europeo, ninguna ciudad que represente con más profundidad el dolor de la guerra. Con la II Guerra Mundial demasiado lejos en la memoria, y aunque algunos episodios como el español de Guernica aún sean vivamente recordados, nada se puede comparar con el nombre de Sarajevo.

Sarajevo, la ciudad mártir que la generación de los ochenta conocimos a golpe de telediario, fue el centro de la vergüenza de Europa durante años, un doliente monumento al sinsentido que moría, día sí y día también, mientras compraba el pan en el mercado de Markale.


Pasado mañana, quince años después de que terminara la guerra de Bosnia, el grupo cordobés "Cinco Siglos", de música antigua, irá a esta ciudad mayoritariamente musulmana a tocar música procedente de los judíos españoles, a dar vida a partituras e instrumentos traídos gracias a los frecuentes viajes en el tiempo que tienen lugar en los talleres de luthier del grupo.

El Sarajevo Winter Festival es el más importante acontecimiento cultural de la ciudad. Se celebra anualmente desde 1984, habiendo tenido lugar incluso en los peores años del asedio serbio, y este año acoge como invitado especial a nuestro país. El mes de febrero se ha llenado de actuaciones musicales, obras de teatro y conferencias, y el concierto de "Cinco Siglos" prácticamente supone una ceremonia de clausura.

El programa "Sones de Sefarad" incluye música procedente de los países a los que emigraron los judíos sefardíes, más de cien mil personas que fueron expulsadas de los reinos peninsulares en 1492, y que se desperdigaron desde Marruecos hasta Yemen,
Grecia o Jerusalén. En palabras de Antonio Torralba, la música sefardí suena hebrea, hispana, pero también árabe, beréber, turca, griega, serbia, persa... es fundamentalmente mestiza y mediterránea.

A una ciudad que quiere vivir, y a vivir empieza, van nuestros paisanos a tocar un mensaje de nostalgia, pero también de convivencia. Desconozco qué Sarajevo se encontrarán, pero quiero pensar en una capital llena de luz, en plena reconstrucción de edificios y almas.


Con un poco de suerte y dependiendo de las conexiones a internet, intentarán pasarnos calentitas, y desde la propia ciudad de Sarajevo, las sensaciones de estos días. Mañana hacen las maletas y salen para allá, la cita es, para quien quiera llegarse, a las 19.00 hora local, en el Bosniak Institute. Ya lo dice el cartel del Festival de 1995: allí, todo es posible.

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Programa "Sones de Sefarad":

La consagración de Moisés (Tetuán)
Las quejas de Ximena (Tánger)
Decidle a mi amor (Tánger)
Alekhem Kehal (Siria)
Scalerica le hizo-El raptor pordiosero (Constantinopla)
Está Raquel lastimosa (Larache)
Decía el aguadero (Tetuán)
Ahot Ketana (Siria)
Triste estaba el rey David (Esmirna)
Morikos los mis morikos (Milas, Terkidag, Salónica)
Qyria Yefefyia (Yemen)
Cuando el rey Nimrod (Jerusalén)

Forman "Cinco Siglos": Miguel Hidalgo (laúdes y dirección musical), Antonio Torralba (flautas), Gabriel Arellano (viola y rabel), José Ignació Fernández (laúdes), Daniel Sáez (baglama) y Antonio Sáez (percusión).

domingo, 21 de febrero de 2010

La Casa del Agua de la calle Juan de Mena

La leyenda del lago de las Tendillas, probablemente, nació en una pequeña casa-patio a las espaldas del colegio de la Inmaculada, en la calle Juan de Mena, nº 3, encajonada entre éste y las dependencias de la parroquia del Salvador (Compañía). Como se puede ver en la ficha de la Gerencia de Urbanismo, se la llama la "Casa del Agua", aunque realmente hubo varios lugares en Córdoba con el mismo nombre, lo que pudo dar lugar a alguna confusión a lo largo de la historia. Quizás esta confusión fue relativamente reciente, ya que Ramírez de Arellano ni siquiera menciona el término en su paseo por Juan de Mena. Este tema ya se trató en comentarios de una entrada antigua, en Una mirada desde el sur, y antes aún en el foro antiguo de la Calleja.

La Casa del Agua, vamos a llamarla así, tiene poco de especial por encima del suelo, pero a través de una trampilla en el patio se puede acceder a uno de los secretos mejor guardados del casco histórico cordobés. Cinco tramos de escaleras empinadas conducen a un sótano cuya construcción podría remontarse a la época romana (según la mayoría de las fuentes, aunque no he visto ningún estudio científico ni sé si lo hay). La caprichosa disposición de las escaleras permite ver, desde un balconcillo junto a uno de los tramos, la balsa de agua que existe al final de la bajada. En la foto, que fue colgada en el foro de la Calleja y en "Una mirada desde el sur", se aprecia una pequeña estancia, con huecos para unas tinajas, así como el aspecto que presenta el aljibe lleno de agua.

Parece lógico que la existencia de este depósito, así como de algunos veneros cercanos, esté detrás de la leyenda del lago. De hecho, se cuenta que fue en algún intento de introducirse en las galerías que llegan hasta la Casa de Agua, en los años 20, como se llegó a conocer la existencia de una cueva de estalagmitas y estalactitas bajo el centro de Córdoba, que nunca se volvió a investigar. Es un trabajo, en todo caso, peligroso, y los propietarios guardan con celo el secreto de su sótano, por lo que actualmente este lugar no es visitable. Eso sí, conozco a un par de personas que han bajado allí, y coinciden en que es una verdadera experiencia.

martes, 16 de febrero de 2010

La leyenda del lago de las Tendillas

En este tiempo de pérdida de tradiciones orales, hay un puñado de relatos que sobreviven agonizantes entre televisiones y videojuegos, tratando de transmitirse a una generación más. El oro macizo del interior de la Malmuerta es uno de ellos, otro algo más tangible es el del caimán de la Fuensanta y luego, entre otros, tenemos el del lago de las Tendillas. "El lago de las Tendillas". La expresión se me hace tan familiar porque llevo oyéndola desde el colegio, cuando sin tener una gran idea de qué podía significar, todos dejábamos volar la imaginación bajo la plaza.

Que hay un lago debajo de las Tendillas lo sabe todo el mundo. Basta con charlar un rato con el dueño de algún negocio de toda la vida por la zona para que te cuente con pelos y señales una historia, siempre distinta, sobre ese reino oculto. Al fin y al cabo, en eso consiste una leyenda.


Hace ya unos años, hubo una alegre discusión en el foro de la Calleja de las Flores en la que varios participantes estuvieron a punto de llamarse el nombre del marrano mientras buscaban un enfoque científico del tema. Se comentó, por ejemplo, que había existido un cierto interés por parte de la televisión autonómica para rodar un pequeño documental sobre el supuesto lago subterráneo del centro de Córdoba. También se llegó a decir que habían navegado barcas por un amplio curso de agua situado por debajo de las Tendillas, lo que habría dado origen a la leyenda del lago.


Evidentemente, cada uno de estos datos es un poco más alucinante que el anterior. ¿Hay realmente un lago debajo de las Tendillas? Pues un lago, propiamente dicho, probablemente no. Pero perfectamente podría haberlo, sin duda, porque Córdoba tiene aguas subterráneas para aburrir, y muchos habréis oído hablar del sistema de cuevas que recorre la zona del norte y centro de la ciudad.


¿Y de dónde salió esta idea tan peregrina que ha sobrevivido a lo largo de los siglos? Salió del subsuelo, de donde mana el agua que, efectivamente, hay justo debajo o cerca de las Tendillas. Y esto sí es real. Uno de los usuarios de Calleja de las Flores colgó una foto, nada más llegar, y afirmó: "yo he estado allí". Por la desaparición del foro con el ataque, y por el hecho de que él mismo la publicara, me permito ponerla encabezando la entrada. Su autor añadió que estaba tomada a muchos metros de profundidad, debajo del centro de Córdoba.


El caso es que para entender la leyenda del lago de las Tendillas, hay que visitar una casa en la que se mezclan el patrimonio y la tradición popular... la Casa del Agua de la calle Juan de Mena.


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La foto pertenece al usuario La Colina. El resto de los datos sobre aguas subterráneas en el centro de Córdoba que se aporten en este blog serán de fuentes alternativas a este usuario, por motivos de confidencialidad y seguridad.

viernes, 12 de febrero de 2010

Muralla en el sótano de la plaza de Colón, nº 8

Otro trocito de historia oculto en una cochera. No creo que haya cambiado mucho desde que se hicieron estas fotos hace unos años, y cualquiera puede entrar allí con permiso de algún vecino, aunque sea del vecino que en ese momento sale del sótano...

Este trozo de muralla está conservado en el bloque de la plaza de Colón nº8, si no me equivoco, que es el que hace esquina con la calle Torres Cabrera, junto a la plaza de las Doblas. La puerta de la cochera no da a Colón, sino a esta otra calle, y los restos se pueden intuir desde fuera, protegidos por una malla metálica.


Las estructuras son de época romana, y comparten características con los que hay en otros edificios colindantes. El hecho de que la muralla coincida con la medianera trasera del edificio no es casual, y es un patrón que se repite por toda la ciudad (Ollerías, Alfaros...), a consecuencia de la construcción de viviendas que aprovechaban la cerca como muro, o bien que seguían respetando la alineación que marcaba la muralla ya desaparecida, en un proceso llamado
fosilización del entramado urbano.


lunes, 8 de febrero de 2010

La Córdoba de Baldi (1668)

Junto con el conocido dibujo de Anton van der Wyngaerde (Antonio de las Viñas, para el cordobés medio de la época) en el siglo XVI, y el de Alfred Guesdon a mediados del XIX, hay (al menos) un tercer dibujo o grabado que nos muestra el aspecto de Córdoba en tiempos pasados.

Su autor es Pier Maria Baldi, artista que acompañaba a
Cosme III de Médici, cuando aún no era duque de Toscana, en sus viajes alrededor de Europa. Baldi tuvo la genial idea de ir dibujando todas las ciudades por las que pasaba la comitiva, dejando una enorme cantidad de valiosos documentos históricos. El viaje tuvo lugar entre 1668 y 1669, y Córdoba fue una de sus etapas.

Resulta un poco frustrante, aunque comprensible, que los primeros fotógrafos locales y otros artistas se centraran en la zona más monumental, los alrededores de la Mezquita, cuando elegían su lugar de trabajo. Hoy en día, la Mezquita sigue en su sitio, pero otras muchas zonas de la ciudad no fueron retratadas y ya han cambiado por completo su aspecto.


En este sentido, el dibujo de Baldi tiene la ventaja de mostrarnos una nueva perspectiva del casco histórico, porque parece que fue realizado desde el santuario de la Fuensanta. En él se pueden ver la Calahorra, el puente romano (con una perspectiva un tanto extraña) y el lienzo oriental de la muralla en la zona conocida como Campo Madre de Dios. A continuación tenemos el arrabal de la Fuensanta, una zona industrial, posiblemente dedicada a la producción y comercio de la seda, aunque esto es sólo una hipótesis. El arroyo de la Fuensanta, en esta zona, era llamado "de las Moreras".


Resulta importantísimo destacar que este dibujo es el único testimonio gráfico de la puerta de Baeza, una de las más monumentales de la ciudad, y que fue derribada en 1869 a pesar de la airada oposición de algunos eruditos locales.


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Descubrí el dibujo de Baldi gracias al blog de Rojunson, donde analiza algunos aspectos del mismo. Curiosamente, para su reconstrucción virtual de la puerta de Baeza, ha utilizado imágenes de la puerta del Grande o del Alcázar de la muralla de Ávila, cuyas manchas a muchos nos resultan inconfundibles...

La imagen que he utilizado aquí la encontré en una segunda fuente en internet, pero no recuerdo dónde.

martes, 2 de febrero de 2010

Descanso

Una tarde, sin embargo, se sentaron todos en el suelo y posaron la carga, negándose a continuar. Por más dinero que les ofreciese, los indígenas no se movían. Finalmente, cuando el explorador pidió una explicación para aquel comportamiento, obtuvo la siguiente respuesta:

- Hemos andado demasiado deprisa, y ya no sabemos ni lo que estamos haciendo. Tenemos que esperar a que nuestras almas nos alcancen


Maktub
Paulo Coelho



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Si te das cuenta antes de que el vaso rebose, siempre puedes ir a vaciarlo al río. Luego me llegaré.

Y el lunes, Chorrijuego y entrada.

lunes, 1 de febrero de 2010

Medina Azahara fundada por los romanos: "Morales alucinóse"

Le debo una a Ambrosio de Morales. Bueno, después de hoy, dos. Es uno de los personajes de más renombre que ha dado Córdoba, y sólo lo traigo por aquí para contar su automutilación genital y una teoría histórica disparatada.

Morales, cronista, historiador y arqueólogo del tiempo de Felipe II, escribió sus
Antigüedades de las ciudades de España dedicando un interés especial a Córdoba, su patria chica, de la que nos da valiosas informaciones de la época sobre historia natural, que un día de estos habrá que contar, porque son muy reveladoras si se combinan con el Indicador Cordobés del siglo XIX.

Pero dedica una parte muy importante de su capítulo cordobés a justificar una teoría que, se mire por donde se mire, fue un patón de los gordos. Morales recorrió unas imponentes ruinas al pie del cerro donde estaba el monasterio de San Jerónimo, en la finca llamada "Córdoba la vieja", y emitió su veredicto: eran ruinas de la Córdoba romana. No podía haberlo dicho mejor, siglos después, Ramírez de las Casas-Deza, en un manuscrito:


El cronista se sacó de la manga una teoría que imaginaba a Claudio Marcelo fundando un suntuoso enclave romano a una legua de la Córdoba que anteriormente existía, y que sí estaría situada donde la actual. Se dedicó a medir el tamaño de Medina Azahara:

Además, nos cuenta cómo era su plaza de armas, sus murallas y torres, los caminos que se veían en el terreno y un "templo", que probablemente era el muro de contención de las terrazas ajardinadas que hoy vemos frente al Salón Rico. Por supuesto, aquí sitúa Morales la vida de Séneca, Lucano y cuantos acontecimientos tuvieron lugar durante la ocupación romana.

¿Qué explicación da el cronista para el despoblamiento de esta Córdoba recién fundada, y para la vuelta al emplazamiento original junto al Guadalquivir? No fue la falta de agua, porque los acueductos eran fácilmente reconocibles, y existían fontanares en las cercanías. Así que se fabrica una enrevesada teoría, que incluye la influencia de los vientos abrasadores del sur, la escasez de defensas naturales de "Córdoba la vieja" y la distancia al puerto, por donde debía abastecerse y comerciar, para concluir que los habitantes decidieron largarse, al final del siglo III o comienzo del siglo IV, al antiguo núcleo prerromano, dejando en ruinas la fundación de Claudio Marcelo.


Evidentemente, nada de esto ocurrió así, y pronto hubo discrepancias con esta teoría de Morales, empezando los historiadores a sospechar (sospecha confirmada en el siglo XIX) que lo que había sido desmontado para construir San Jerónimo no era otra cosa que la mítica ciudad palatina de Abderramán III, Medina Azahara.

viernes, 29 de enero de 2010

La Luna, Marte y Santa Marina

Todo el cuarto creciente planificando la foto, para esto. Tenía el ángulo, Marte está en oposición (rojo, muy brillante estos días), la Luna llena... y va, y se nubla.
Otra vez será. No he mandado a mi blog a luchar contra los elementos.

EDITO


La foto no vale un duro, pero a mí me ha dejado feliz y contento.


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El otro tres en raya.

jueves, 28 de enero de 2010

Plan Renfe: guía de invernada

Desde que decidí aparcar el coche en la medida de lo posible y volver a tirar de zapatilla y tren, aparte de disfrutar de un ratito de radio o de un libro con los pies en el asiento de enfrente (niños, no lo hagáis, que está prohibido), he vuelto a encontrarme con los curiosos inquilinos del parque del Plan Renfe.

Aparte de palomas (para los de la LOGSE, las blancas), mirlos (los negros que chillan) y gorriones (los chicos), hay otros muchos pájaros que se protegen entre las manchas verdes de la ciudad. Sobre todo en invierno, cuando resulta más fácil verlos y oírlos ya que parecen preferir el efecto
isla de calor del interior de la ciudad y las suaves temperaturas de la vega del Guadalquivir frente a los fríos de la sierra. Por ejemplo, el pollo que me ha dado la idea de la entrada ha sido una curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) como la de la foto, que se colaba esta tarde como un ratoncillo entre los setos junto al carril bici.

Algunos son más fáciles de reconocer por el canto, como por ejemplo el
herrerillo (Parus caeruleus), arriba a la izquierda en el mosaico, o el carbonero (Parus major, con su chi-chi-pán o su ti-chá, ti-chá característico), que se luce algunas mañanas. Los petirrojos (Erithacus rubecula, último del mosaico) también son reconocibles de oído (tek-tek-tek), pero se acercan con más curiosidad a las personas. Lo mismo estás en un banco sentado y se te pone uno a dos metros mirándote como si fuera un gorrión.

Arriba a la derecha está el jilguero (
Carduelis carduelis, conocido por el blog como malabaddon) de toda la vida. El año pasado me encontraba todos los días con uno que había descubierto su percha favorita en una jacaranda del cruce del Pretorio, y se pasaba los ratos muertos allí cantando.

Los otros tres son más discretos. El más estirado, en el centro a la izquierda, es el colirrojo tizón (
Phoenicurus ochruros), cuyo macho en primavera es bastante más oscuro que en la foto. Después de cada vuelo corto, se posa y se agacha varias veces mientras calcula si supones una amenaza. La lavandera blanca (Motacilla alba) es un delicado pajarillo que corretea por los caminos del parque del Vial. Y el mosquitero común (Phylloscopus collybita, chiffchaff en inglés, por su canto, abajo a la izquierda) es un poco más escurridizo, pero fácil de ver si se pasa a diario por allí.