martes, 8 de enero de 2008

Un mal día en la vida de Ambrosio de Morales

Ambrosio de Morales da nombre a la calle que, paralela a la de la Feria, lleva desde Claudio Marcelo hasta la plaza de Séneca, cerca del Museo Arqueológico. Olvidado hace mucho tiempo por la mayor parte de los cordobeses, es uno de los hombres más ilustres que ha dado esta tierra. Nacido en 1513, estudió en la Universidad de Salamanca desde muy joven, volviendo a Córdoba para ordenarse fraile jerónimo y continuar sus estudios en Alcalá de Henares.

Hombre especialmente dotado para la cultura, fue tutor de los niños de
la Corte de Madrid, hasta que Felipe II le nombró Cronista y comenzó a recorrer el reino, escribiendo miles de páginas que nos permiten ahora reconstruir la sociedad del momento. Ambrosio de Morales innovó en la investigación histórica, usando como fuentes de información objetos antiguos procedentes del estudio arqueológico, sin ceñirse como hasta entonces se hacía a las fuentes escritas.

Ahora bien, todos esos datos están disponibles en cualquier enciclopedia o página de información general. Lo que no he encontrado más que en un libro, los “Casos Notables”, es la historia de un mal día para este caballero. El día en que, agobiado por las tentaciones carnales que le atosigaban en sus tiempos de fraile en el monasterio de San Jerónimo de Córdoba, mientras celebraba la misa, tomó la decisión de acabar de una vez por todas con sus problemas de conciencia. Y “
resolvió de hacer un hecho que sólo de oírlo pone temor; […] quitar la ocasión de su inquietud”.

Que lo cuente, mejor, el escritor, que a mí me da no sé qué:


El modo de ejecutar el suplicio fue de esta manera. Levantó una tapa de una arca [sic] grande, puso en el canto una cosa delgada y puso a peso el sacrificio, y dejando caer la tapa, el gran peso que de suyo tenía, y lo que se le aplicó, dividió de su tronco lo que había sido tan connatural”. Su padre, famoso médico y profesor en Alcalá, manifestó a su mujer mientras le curaba: “yo loco, y vos loca, ¿qué había de nacer sino un hijo loco?”.

Ambrosio de Morales, que falleció en el año 1591 en el Hospital de San Sebastián (lo que hoy es el Palacio de Congresos, frente a
la Mezquita), yace hoy en San Hipólito, bien acompañado por los reyes de Castilla que, como él, son ya invisibles e inexistentes para los que pasamos andando deprisa por el bulevar.

2 comentarios:

casandra dijo...

Muy bueno Puerta, esta no la conocía y me he partido de risa.
Entre este y el taimado Don luis vaya colección de personajes ilustres que tenemos. Encima todos del clero.
:-)

lamalgama dijo...

Si es que los caminos del Señor son inescrutables, seguro que Manuel Sánchez Blanco se inspiró en él para escribir este artículo. Saludos puerta.