Al parecer, lo tomó de uno de sus vecinos, un tal Juan, de apodo "Juan Palo", que vivía con una mujer que la leyenda nos presenta como muy autoritaria, de manera que el marido acababa con frecuencia en casa de su madre, donde se lamentaba de su suerte.
La madre, que debemos recordar que vivió hará como unos tres siglos, le señalaba insistentemente que "ninguna medicina era tan eficaz como una buena dosis de acebuche (sic)". Expresaba su idea gritándole al pobre hombre:
- ¡Juan, palo, palo en ella, que el loco por la pena es cuerdo!
Los vecinos, que pasaban las semanas escuchando semejantes consejos de madre, acabaron por ponerle al tal Juan el apodo que le ha quedado para la posteridad.
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