martes, 11 de enero de 2011

Muralla en los cimientos de Ronda de los Tejares

Hace ya bastante tiempo, mientras las obras estaban todavía en su primera etapa, me acerqué para comprobar si habían aparecido restos de muralla en el subsuelo del número 11 de Ronda de los Tejares, y subí aquí el resultado: algo había, probablemente de origen romano y en línea con la que se conserva en el edificio de al lado, visitable y declarada Bien de Interés Cultural.

Pero mientras yo me asomaba por encima de la tapia, había alguien más avispado que se subía a la azotea del edificio de enfrente: Rafa Jiménez, un viejo conocido de la blogosfera cordobesa, con cuyas fotos topé accidentalmente y que me dio permiso para publicar aquí por su interés.

En ellas se puede ver no sólo la muralla, sino también una torre semicircular adosada a ella, en un excelente estado de conservación. Desconozco si en el bloque, que ya se ha terminado de construir, habrá cocheras, pero es evidente que la muralla se tiene que haber conservado y que debe existir una forma de acceder a ella. Será cosa de intentarlo, así como de encontrar los informes que expliquen la datación y la importancia de estos restos.

viernes, 7 de enero de 2011

El ídolo de Alcolea, 5000 años de historia

Esparcidos por los campos alrededor de Córdoba, pero visibles sólo a los ojos de investigadores experimentados, hay multitud de restos que, si tuvieran la oportunidad de que se los explicaran adecuadamente, dejarían de piedra a la mayoría de los cordobeses. Pequeños y degradados fragmentos de cerámica, molinos y otros utensilios cuya antigüedad se remonta a épocas anteriores a la ocupación romana, llegando y extendiéndose por el Neolítico.

Cuando a estos expertos se les da la ocasión de excavar de manera seria y de analizar y publicar sus resultados, pasan cosas como la de Alcolea en 2005, cuando Rafael Martínez, de la Universidad de Córdoba, descubrió la que podría ser la representación humana (o al menos, antropomórfica) más antigua de la vega cordobesa del Guadalquivir.

Es una pequeña pieza de terracota, muy similar a otras encontradas en Portugal y en Murcia, que ha sido datada en el cuarto milenio antes de nuestra era, alrededor del año 3500 AC. Se puede ver cómo, con una pequeña presión con los dedos, el autor de la pieza le dio una rudimentaria forma humana, con una nariz y ojos. Las líneas paralelas a ambos lados del cuello son un motivo repetido en esta clase de piezas.

Los autores de la investigación, aunque reconocen que es muy complicado imaginar para qué se utilizaba, afirman que sólo el hecho de que sea una imagen humana simbólica, lo que en estos casos se llama un "ídolo", ya tiene una gran importancia dentro del arte neolítico.

Este período de la historia, tan extenso como desconocido, tiene el problema de que normalmente no aporta descubrimientos espectaculares o estructuras visitables bien conservadas. Sólo con un intenso trabajo didáctico que capte el interés de la gente se podrá hacer ver que todas las tierras que rodean la ciudad están llenas de pequeños testimonios de los pueblos que la habitaron hace miles de años.

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Martínez Sánchez RM, García Benavente R, 2009: Una terracota figurada del IV milenio AC en la Vega Media del Guadalquivir, Trabajos de Prehistoria, 66.

domingo, 2 de enero de 2011

La puerta del Puente, tal como era

No he ido a ver la puerta del Puente desde que regresé, pero quiero pensar que conserva más o menos la misma imagen con la que la dejé en verano, con sus columnas y sus relieves, y que a nadie se le ha ocurrido pintarla de rosa o algo así.

Sin embargo, la imagen que tiene hoy no es tan antigua como podría parecer, al menos en su conjunto. El hecho de que mucha gente la conozca como el Arco del Triunfo (en detrimento de aquél efímero en honor a Isabel II) se debe, probablemente, a dos motivos: el primero, que esa es la forma arquitectónica que tiene ahora mismo, y el segundo, la cercanía del triunfo de San Rafael. La realidad es que de las dos caras idénticas que tiene la puerta, sólo la exterior, la que mira al río, es la original. La cara interior no es más que una copia que se hizo para darle "armonía" en el primer tercio del siglo XX, en 1928, según la Cordobapedia.

Es decir, alguien llegó de alguna estancia lejos de Córdoba pensando, como yo, que la puerta seguía en su sitio, igual de cochambrosa que siempre, y de pronto se encontró con que le había salido otra portada en la chepa, en una decisión que hoy haría llevarse las manos a la cabeza a casi todo el mundo. ¿Qué aspecto tenía la puerta antes de semejante actuación? Pues, desde atrás, más o menos éste:

La verdad es que se puede entender, en su contexto, que alguien quisiera tapar semejante vergüenza. Igual que se entiende que se decidiera edificar la puerta monumental cuando ya se caía a trozos la que venía heredada, como mínimo, del tiempo de los árabes. Eso fue a finales del siglo XVI, a lo largo de la década de los setenta, empezando en 1572 y tomando nuevo impulso en 1576 tras permanecer inacabada.

En cuanto a lo que había antes de la puerta que conocemos, cabría pensar que es muy difícil de averiguar, salvo a través de testimonios arqueológicos que sólo nos hablarán de una entrada con tres o cinco arcos. Sin embargo, Córdoba es de esas muchas ciudades afortunadas por haber sido retratadas por la cámara fotográfica de Wyngaerde, el cual llegó aquí, para mayor alegría, sólo cuatro años antes de que empezara la remodelación. Gracias a eso nos legó el único dibujo existente de la antigua puerta del Puente, de construcción probablemente musulmana.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Milenario (10): el saqueo de Medina Azahara

Si hubiera estado en Córdoba no se me habría pasado la fecha. Pero aquí, al otro lado del mundo, ha sido esta mañana cuando, todavía en la cama, me ha venido a la cabeza el aniversario. Estamos en noviembre de 2010, y hace mil años que ardió Medina Azahara. Decidí poner fin a la serie de artículos sobre el milenario del fin del Califato, porque se estaban volviendo demasiado complicados, pero creo que han pasado suficientes meses y la ocasión merece recuperar el tema.

La guerra civil en Al Andalus duraba ya más de un año y medio, desde la revuelta inicial de febrero de 1009 contra el nefasto gobierno del hijo de Almanzor, que puso fin a la autoridad real de éste, y al reinado, para entonces ya sólo nominal, de Hisham II. Entre 1009 y 1010 se sucedieron los gobernantes, apoyados unos por los andalusíes y otros por los beréberes, mercenarios norteafricanos traídos por Almanzor para su ejército. Todo con la intervención, por primera vez en siglos, de los reinos cristianos del norte, que se frotaban las manos viendo como se consumía el antaño todopoderoso imperio cordobés.

Los beréberes habían sido expulsados en mayo de 1010 por las tropas de al-Mahdi, un ejército combinado de eslavos, andalusíes y catalanes reunido en Toledo, que venció a los norteafricanos en Córdoba y les persiguió hasta Cádiz. Allí se cambiaron las tornas, los catalanes fueron vencidos, y regresaron a Córdoba en desbandada, saqueando la ciudad y haciendo entender a los pobladores que los beréberes regresarían, más pronto que tarde, buscando venganza. La maltrecha capital se preparó de nuevo para la guerra.

En verano, al-Mahdi fue asesinado, y se restituyó a Hisham II, el último califa estable que había tenido Al Andalus. Los eslavos dirigieron la defensa, cavando un enorme foso alrededor de la ciudad, y levantando nuevas murallas entre las que quizá estuvieran las que hoy conocemos como murallas de la Axerquía (especialmente su parte sur). Los defensores se atrincheraron en las ciudades de Córdoba y Medina Azahara, dejando a su suerte o arrasando de forma preventiva otros lugares como el palacio de la Arruzafa.

Cuando el enemigo llegó, puso sitio a la capital. Era casi imposible tomar Córdoba por asalto, pero Medina Azahara, el sueño de Abderramán III hecho realidad en 936, se encontraba aislada y casi indefensa. Se dice que fue el 4 de noviembre cuando comenzó el ataque. Y después de tanto tiempo usando su libro como fuente, lo mejor será copiar el relato que Antonio Muñoz Molina hace de aquellos momentos:

"A principios de noviembre pusieron sitio a Madinat al-Zahra, tomándola por asalto al cabo de tres días y degollando primero a los soldados de la guarnición y luego a todos los hombres, mujeres y niños que vivían en la ciudad palacio de Abderramán al-Nasir, sin respetar siquiera a los que se habían refugiado en la mezquita. Cazaron a los animales exóticos que poblaban los jardines, destrozaron la gran taza de mármol sobre la que en otro tiempo se derramaba el mercurio, arrancaron las perlas y las piedras preciosas incrustadas en los capiteles, usaron como cuadra para sus caballos los salones donde se habían humillado ante el califa de al-Andalus los embajadores de los reinos del mundo. Durante todo aquel invierno se ensañaron sin descanso en la destrucción y luego la consumaron con el fuego".

El asedio de Córdoba todavía tenía que durar tres años más. Las huertas, almunias y palacios alrededor de la ciudad desaparecieron. Los arrabales que quedaban en pie fueron saqueados y quemados, y sólo el pequeño núcleo que hoy constituye el casco histórico resistió detrás de las murallas hasta el momento en que no hubo más remedio que rendirse. Aunque hubo guerra antes y después, este fue el episodio que desangró y derrumbó la antigua capital califal de medio millón de habitantes y siete kilómetros de largo, desde Medina Azahara hasta los meandros del Guadalquivir cerca de las Quemadas.

No sé si en Córdoba habrá habido algún recuerdo para este aniversario, pero a mí siempre me conmovió, y creo que es una historia que merece ser contada de vez en cuando.

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Todas las fotos pertenecen al usuario Vértice, y sus derechos están reservados.

jueves, 21 de octubre de 2010

San Diego de Alcalá

A Sebastián Vizcaíno le daba un poco lo mismo todo. Como dice Carlos Canales, era un "hombre de acción", y explorar la costa oeste americana iba a ser, hasta ese momento, su misión estelar. Vizcaíno debía tener un ego de considerables dimensiones, porque se dedicó a renombrar los lugares que ya había descubierto en 1542 Rodríguez Cabrillo, y así ocurrió con el puerto (en el sentido de bahía o puerto natural, porque aún no se había construido nada) de San Miguel.

Vizcaíno llegó allí en noviembre de 1602, se lo pensó como
dos segundos, y al final proclamó que desde entonces ese puerto se conocería como San Diego de Alcalá. Pudo ser por dos motivos: el primero, porque era el nombre del principal barco de su expedición. Y el otro, porque llegó allí en el mes de noviembre, cabe suponer que muy cerca de la festividad de San Diego, si no el mismo día. Y así, la que hoy es la octava ciudad más poblada de Estados Unidos (según algunas fuentes, aunque el concepto de "ciudad" es muy flexible), tomó, al ser fundada como presidio y misión españoles en 1769, el nombre de aquel fraile franciscano que varios siglos antes, bajo el atorrante sol del valle del Guadalquivir, se paseaba entre los jaramagos secos de la Albaida.

Fray Diego de San Nicolás llegó a Córdoba de joven, en el primer cuarto del siglo XV. Mientras se fundaba el presidio de San Diego, en California, Sánchez Feria escribía su "Yermo de Córdoba" y su "Palestra Sagrada", y por lo que nos cuenta, el fraile en cuestión, por entonces todavía un simple ermitaño nacido en San Nicolás del Puerto (Sevilla), podría hallarse ya en la Albaida cuando se fundó el convento franciscano de San Francisco de la Arruzafa, en 1417, del que aún se conservan restos en las cercanías del parador. Hay fuentes que nos hablan de una "cueva de San Diego", que en un documento de principios del XVIII he visto nombrada como "del Osario" (otro día hablamos de eso, si es que Paco Muñoz no lo ha contado ya en las Notas Cordobesas, que creo que sí), y que podría perfectamente ser la que aún hoy se conserva frente a los restos de la fachada del convento.

El paso de fray Diego por el convento de la Arruzafa, y por Córdoba en general, debió ser tan señalado que, aunque nosotros, los modernos cordofrikis, empleemos el nombre de San Francisco, Ramírez de Arellano nos dice en sus "Paseos" que el cenobio era conocido "generalmente" como "San Diego de Alcalá". La reliquia que se envió a Córdoba tras su muerte se depositó, tras la desamortización que puso fin a la existencia del convento de la Arruzafa, en el de Santa Isabel de los Ángeles, cerca de Santa Marina.

Que por cierto, y dicho sea de paso, es un nombre que no había escuchado, escrito ni pronunciado en el último mes y medio, y que me ha puesto un huevo de nostálgico. Un saludo a todos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

De libélulas

El amor es de luz que pasa por ojos de puente romano...
Luz cambiante que acarició sus sillares con las manos que los tallaron.

Don Manuel García

jueves, 16 de septiembre de 2010

La última Córdoba: Cordova, AK

Desde luego, al decir que Córdoba estaba en todas partes, en referencia a las entradas sobre Calatañazor y el Santuario de Sonsoles, en Ávila, no podía imaginar hasta qué punto era cierta la frase. A unos 8.500 km de Andalucía, entre lenguas de glaciares que caen al océano Pacífico y antiguas pesquerías, se levanta, en el estado nortamericano de Alaska, la última Córdoba.

El 3 de junio de 1790, en el marco de una campaña para asegurar la soberanía sobre la costa occidental de Norteamérica, el explorador Salvador Fidalgo le dio a un enclave de la bahía de la Orca, en Alaska, el nombre de Puerto Córdova. Este lugar (60º 32' N, 145º 45' W), junto a la cercana punta Gravina y a la localidad de Valdez, son los topónimos españoles situados más al norte en todo el mundo, que además fueron la pieza que completó el puzzle de la máxima extensión del ya debilitado imperio. Su latitud coincide con la del extremo sur de la isla de Groenlandia.


Paradójicamente, el nombre es un homenaje al sevillano don Luis de Córdova y Córdova, Capitán General de la Real Armada bajo Carlos III, que tuvo bajo su mando uno de los mejores barcos de guerra que han existido, el
Santísima Trinidad. De todos modos, parece que algunos miembros de la expedición como Jacinto Caamaño, Manuel Quimper o el propio Fidalgo tenían un apego especial por Córdoba, lo que pudo ser otro factor importante a la hora de crear el topónimo, que luego se extendería al arroyo Cordova, al glaciar y al pico del mismo nombre.

España renunció a finales del siglo XVIII, por las
convenciones de Nutka, a un prometedor programa explorador y colonizador que le habría dado el control de toda la costa americana del Pacífico, desde Alaska hasta California, donde comenzaba su dominio ininterrumpido hasta Chile.

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Hay mucha información sobre esta zona y sobre los intentos de afirmar la soberanía en Alaska y Columbia Británica en esta página.

martes, 31 de agosto de 2010

Parque Cruz Conde: cuando la arqueología basta

No hay nada más fácil de esconder que lo que está bajo tierra. No hay nada más difícil de defender que lo que la gente no conoce. La ciencia juega siempre con la desventaja de la incompresión: la exploración del espacio, la investigación básica... El conocimiento puro, el saber por el saber, es la más perdida de las causas perdidas, y se convierte en una batalla romántica, de las que los buenos siempre pierden, cuando se encuentra frente a frente con la política, la construcción o, por decirlo en una palabra, la pasta.

El parque Cruz Conde es uno de los recintos arqueológicos más importantes de la provincia de Córdoba. Si nuestra joya de Medina Azahara nos ofrece apenas cien años de historia del Califato, si el más antiguo de los capiteles del templo romano de la calle Claudio Marcelo fue esculpido dos mil años atrás, lo que hay bajo el Parque Cruz Conde es tan apasionante que deja pequeña esa línea temporal.


En la colina de los Quemados, el cerro del parque, está todo lo que ocurrió en Córdoba
antes de la llegada de los romanos, antes de que Claudio Marcelo fundara la ciudad que hoy conocemos, en el siglo II a. C. El primer lugar que se llamó Córduba fue aquél, una ciudad perdida que existió durante tanto tiempo que bastó con la acumulación de los restos de casas, levantadas unas sobre otras, para que surgiera esa colina que hoy podemos ver. La ciudad romana tomó el nombre de aquel asentamiento indígena que, poco a poco, fue desapareciendo a lo largo de cien años, en beneficio de la nueva fundación, y donde ya sólo se levantaron algunas estructuras en la época del apogeo musulmán del siglo X y durante el periodo almohade, en el siglo XII.

Desde la cima del parque Cruz Conde, en vertical hacia abajo, hay metros y metros de estratos que se remontan hasta más allá del año 2000 a. C. De hecho,
Córdoba existió más tiempo en esa colina de lo que lleva existiendo en la plaza de las Tendillas, cerca del antiguo foro romano. Allí está la cerámica griega que los comerciantes trajeron hasta aquí. Allí están, posiblemente, muchas de las claves que nos pueden explicar la oscuridad del origen de Córdoba, anterior a la llegada de cartagineses y fenicios, anterior al surgimiento de pueblos avanzados como los turdetanos en el sur de la península.

Por eso está declarado como Reserva Arqueológica, por eso duele como una puñalada cada boquete que se abre en ese lugar y por eso sorprende que todavía no se conozca a nivel general el verdadero origen de esa pequeña montaña artificial. En ese parque está prohibido hacer nada que no sea el mantenimiento estrictamente necesario del propio jardín. Y no es porque allí vaya la gente a hacer deporte, sino por su subsuelo. La arqueología es razón no sólo necesaria, sino suficiente, para que no se toque esa zona y para que quede al margen de cualquier planeamiento urbanístico. Esta vez la arqueología no es el obstáculo, sino la auténtica protagonista, porque ese sitio fue creado por el paso de los siglos.

La pasada, presente y futura urbanización de la colina representa la continuidad de un modelo de desarrollo que ha despreciado la huella histórica existente en la ciudad, difuminando su antiguo aspecto, como ocurrió con la autovía que hundió la muralla del Alcázar, causante también de la pérdida de la rasante natural de la avenida del Corregidor.

El parque Cruz Conde y la Ciudad de los Niños no son un simple jardincito y no deben quedar a merced de pavimentadores o comerciantes. Son un tesoro que debe ser conservado intacto, explicado e interiorizado por los cordobeses. Sencillamente, Córdoba dejó de estar allí hace dos mil años, como me dijo un amigo hace unos días. Creernos tan listos e importantes como para regresar ahora con nuestros ladrillitos de diseño (no digamos con los bares de cuya futura instalación se ha venido sospechando) es un ejercicio de estupidez y de falta de humildad que, sin duda, cometeremos más pronto que tarde.

martes, 10 de agosto de 2010

La villa romana de Santa Rosa: pecando de pardo

Será que me estoy volviendo más prudente, pero iba a hacer una entrada en plan salvaje contra lo que veo como el principio de un posible timo a la ciudad de Córdoba, y al final me ha salido simplemente un resumen de situación. En el fondo debe ser que soy un pardillo, y que cuando leo un plazo de ejecución en el periódico cometo el error de creérmelo.

Hace cosa de siete años, fue descubierto un conjunto arqueológico en una parcela de 2700 metros cuadrados, destinada a viviendas, que estaba siendo excavada en el extremo suroccidental de Santa Rosa, casi en la avenida del Brillante. Según cuenta el diario "Córdoba" del momento, aparecieron unos impresionantes mosaicos que la Junta de Andalucía recomendó no sólo conservar, sino adaptar para el aprovechamiento didáctico y turístico.

Terminaron las excavaciones, se redactaron los informes, se tra
sladaron los mosaicos y se construyó el nuevo bloque de viviendas. Cuando algunos empezábamos a preguntarnos qué había sido de aquella villa romana que llamaban "del Algarrobo", apareció en el "Córdoba" en marzo de 2008 la noticia de que a lo largo de ese año iba a ser por fin visitable el yacimiento, aunque el mayor y más espectacular de los mosaicos, por razones técnicas, iba a ser sustituido por una copia.

Cuando llegó diciembre no teníamos villa romana, a pesar de que ya se podía ver desde hacía tiempo la futura entrada por la calle Algarrobo, pero en su lugar tuvimos una
recreación mu bonita en tres dimensiones de cómo debía ser aquello que seguía escondido en el subsuelo.

Siguiendo la pista al tema, en enero de 2010 se deja caer en una noticia que ya estaba todo listo para abrir las puertas, y que sólo faltaba la instalación del montaje audiovisual. Es de suponer que en otro par de años, a más tardar, esté preparado el dichoso montaje y se oferte la visita a la villa romana en una zona tan inédita para el turismo como es hasta el momento el barrio de Santa Rosa.

O a lo mejor estoy volviendo a ser un pardillo, y durante muchos más años tendremos que seguir conformándonos con los únicos restos visibles al aire libre, situados en la parcela de enfrente y protegidos por unas vallas. Que, desde luego, saben a bastante poco para lo largos que nos pusieron los dientes.

jueves, 5 de agosto de 2010

El Balcón del Mundo, en la carretera de Trassierra

Gracias a no tener ni idea sobre la ciudad de Córdoba cuando empecé con toda esta historia, hay muchos nombres que primero conocí por los libros y luego escuché mencionar a las personas. Uno de ellos es el mirador del Balcón del Mundo, que me encontré por última vez en el nuevo Plan de la Sierra, situado, según esta y otras muchas fuentes disponibles, en las Ermitas.

El majestuoso mirador de las Ermitas podrá ser el mejor situado para ver Córdoba de cerca y en altura, junto al de la carretera del Assuán, pero me da que no tiene nada que ver con el verdadero Balcón del Mundo.

Este nombre, por lo que entiendo, se debe aplicar al pequeño y olvidado mirador que se encuentra en la carretera de Trassierra, superado más de la mitad del desnivel camino del "Cruce", en un falso llano con varias curvas antes de llegar a la Residencia San José. Ramírez de Arellano, tras pasar la Albaida, dice que "siguiendo nuestra ruta pasamos por un sitio conocido por el Balcón del Mundo, a causa del magnífico y extenso panorama que desde él se admira, y dejando a los lados los lagares de San José y el Rosal [...], llegamos a la aldea de Santa María de Trassierra".

Y aún más: existe entre las fotos antiguas de Córdoba una que debió ser tomada a principios del siglo XX, y que está titulada en inglés, francés y español "Vista de la ciudad desde el Balcón del Mundo". Como se puede ver, la panorámica coincide con la de la carretera de Trassierra, y no con la de las Ermitas: se aprecia la línea recta que vie
ne desde Turruñuelos y, en última instancia, desde las Margaritas, dejando a un lado el Castillo de la Albaida y la Casilla del Aire antes de empezar la subida.

El aspecto del mirador es, efectivamente, el de un balconcito de hierro al que se accede por unas escaleras. Junto a la carretera, en un apartadero al que la única forma razonable de llegar es en bicicleta (ya no hay espacio para dejar el coche, como antiguamente), aún perdura una fuente revestida de azulejos, que sólo mana agua en los años en que el cielo es generoso, como ha sido el caso de este invierno.

Aquí dejo las fotos (sí, lo siento, del Google Street View), para que se reconozca mejor el lugar.

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Foto del Archivo Municipal de Córdoba, FO020202-A00194-0002-0002.

sábado, 31 de julio de 2010

La palmera de la Casa de la Palma

Si hace poco nos fijábamos en la chimenea que, en el dibujo de Alfred Guesdon (ca. 1860), delata a la fábrica de sombreros de Sánchez Peña en la Corredera, también merece la pena detenerse en otro detalle del mismo dibujo.

A medio camino entre la Corredera y la iglesia del Císter, en pleno centro de ciudad, nos encontramos una palmera de gran tamaño. ¿Es una licencia del artista o realmente se encontraba allí? La pregunta puede parecer una tontería, pero saber la respuesta nos daría un buen indicador de la fidelidad de la pintura.

Pues todo indica que la palmera era real. Y no sólo eso, sino que además era bastante conocida, hasta el punto de que daba nombre a la casa en la que se encontraba: la Casa de la Palma, propiedad de los Condes de Hornachuelos, con entrada principal por la actual calle María Cristina, entonces calle del Arco Real, que era un poco más larga que hoy: al no existir Claudio Marcelo, se prolongaba hasta la esquina de la cuesta de Luján.

Ramírez de Arellano nos dice, de una pequeña plazuela a la entrada de la casa, que antes se conocía por plazuela de la Casa de la Palma, porque aquélla tiene una desde muy antiguo sobre la muralla divisoria, lo que la hace aparecer con mucha mayor elevación de la grande que tiene, por divisarse desde casi toda la parte baja de la población. Pues ahí la tenemos.

Además, nos cuenta cómo en el patio de la casa ya había algunos capite
les de tamaño descomunal, que habían aparecido en las primeras excavaciones de lo que luego se conocería como templo romano.

Y de paso, señala que en el jardín donde se encontraba la palmera, a muchos metros de profundidad, nacía el agua de la Romana, una de los manatiales que surgen de la acusada pendiente que separa la Villa de la Ajerquía, y que abastecía una fuente junto al Arco Bajo de la Corredera, parte de la fuente de la plaza de las Cañas y otros establecimientos privados.

martes, 27 de julio de 2010

Leche de sirena en la Córdoba califal

De vez en cuando, la motivación llega en forma de caluroso apoyo de los amigos. El otro día, tinto en mano, el compañero malabaddon me recordó que, días atrás, me había pasado un enlace curioso, añadiendo que "ya no publicas entradas ni cuando te las dan hechas". Guardaré esa frase junto a las no menos queridas "maldita la hora en la que te enseñé la Piedra Escrita", "a veces pienso que el blog te lo escribe un negro" o "si son más de tres párrafos ni lo leo" que me han ido regalando en estos años.

El caso es que estaba malabaddon echando el rato ante la "Historia medieval del sexo y el erotismo" de Ana Martos, cuando encontró una referencia que no he podido localizar en ninguna fuente diferente a esa: el uso de leche de sirena en la corte del ilustrado Califa Alhakén II, a finales del siglo X.


Al parecer, este exótico producto cuya fuente real (una vez descartada la colaboración de las quimeras de mujer y pescadilla) es desconocida, provenía de una anciana, de existencia no menos cuestionable, que vivía en el golfo de Bengala, y que se lo proporcionaba a los mercaderes que llegaban del Mediterráneo.


La leche de sirena tenía dos propiedades a cuál más apetecibles: por un lado, permitía a aquél que la tomaba disfrutar de sueños eróticos con la mujer que quisiera. Por otro, le convertía en invisible, con lo que podía entrar a los harenes sin ser visto por los eunucos que vigilaban a las concubinas de palacio.


El hecho de que esa fuera la mejor utilidad que le vieran a un brebaje que vuelve invisible dice mucho a favor de la gente del siglo X. Quizás estaban menos obsesionados con la guerra de lo que a veces nos pensamos...

viernes, 23 de julio de 2010

Los viejos dioses en el Vial

Una noche cualquiera en el Vial, los cordobeses andurrean por el paseo del Colesterol. Las tardes algo menos calurosas invitan a salir a la calle.

Nadie repara en lo que ocurre sobre su cabeza, porque hace décadas que se olvidó el cielo dentro de las ciudades, y hace siglos que nadie atiende ya a los viejos dioses que regían los ciclos de la vida, el amor o la guerra.


Saturno, Marte y Venus, de izquierda/arriba a derecha/abajo, posan juntos sobre las avenidas de Córdoba, como desde hace unos días y hasta dentro de un par de semanas. El 12 de agosto, en plenas lágrimas de San Lorenzo, con la Luna creciente y nada más ponerse el sol, se dejarán ver junto a Mercurio, entre las constelaciones de Virgo y Leo.

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Las fotos son un poco improvisadas y con muchos reflejos, no sabía qué otras oportunidades tendría y había que aprovechar el momento. Y una recomendación: la mejor guía del cielo en el ordenador.

miércoles, 21 de julio de 2010

Remontando el arroyo de San Cayetano, y metiéndonos en el fango del arroyo del Colodro

Hace tiempo, Laurentino publicó en Puente Mayor una entrada que llevaba tiempo rumiando para este blog. En ella hablaba de los dos arroyos que confluían cerca de la Malmuerta, el del Matadero y otro que venía del norte, y explicaba cómo en la excavación de la parcela donde se construye actualmente el polideportivo de San Cayetano se había encontrado un posible paleocauce en dirección norte-sur, que podría estar relacionado con el arroyo de Santa Marina y San Lorenzo, el que corría por el interior de la Axerquía entrando por la plaza de la Lagunilla.

Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.

La verdad es que me parece muy probable que fuera este arroyo, procedente de la zona de la Cuesta Negra, bien conocida por el compañero Laurentino, el que se dirigía hacia el sur penetrando en el barrio de Santa Marina. O mejor dicho, era el que se dirigía hacia el sur desde antes de existir la ciudad, y alrededor del cual surgieron los antiguos arrabales que conformarían los barrios de la Axerquía.


Y...


En cuanto al otro arroyo que confluía con el anterior, el que se puede ver al oeste en el plano de Laurentino, viniendo por una vaguada al otro lado de la vía del tren, me ha dejado bastante pensativo. Supongo que la línea azul que atraviesa el barrio del Matadero está tirada un poco al tun tún... yo la pondría un poco más al norte.


Concretamente en la actual avenida de los Molinos, donde en los años 70 se hundió un trozo de suelo durante la construcción de los nuevos bloques, y un coche cayó a una especie de galería abovedada que la gente identificó entonces con el "arroyo del Colodro". Bueno, el arroyo del Colodro, a estas alturas de la película, está tan trillado por la leyenda popular que podría estar en quince sitios diferentes, con lo cual lo mejor sería dejar de usar ese topónimo, en mi opinión. En este caso, y mirando el plano, bien podría ser que por Molinos Alta pase la canalización de ese antiguo arroyo del Matadero, camino de la Malmuerta y la Lagunilla.


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Ruiz, E. "IAU en calle Santa Rosa s/n esquina con avenida de los Almogávares (Córdoba)", Anuario Arqueológico de Andalucía 1997, III/Actividades de Urgencia, pp. 218-223.