martes, 27 de julio de 2010

Leche de sirena en la Córdoba califal

De vez en cuando, la motivación llega en forma de caluroso apoyo de los amigos. El otro día, tinto en mano, el compañero malabaddon me recordó que, días atrás, me había pasado un enlace curioso, añadiendo que "ya no publicas entradas ni cuando te las dan hechas". Guardaré esa frase junto a las no menos queridas "maldita la hora en la que te enseñé la Piedra Escrita", "a veces pienso que el blog te lo escribe un negro" o "si son más de tres párrafos ni lo leo" que me han ido regalando en estos años.

El caso es que estaba malabaddon echando el rato ante la "Historia medieval del sexo y el erotismo" de Ana Martos, cuando encontró una referencia que no he podido localizar en ninguna fuente diferente a esa: el uso de leche de sirena en la corte del ilustrado Califa Alhakén II, a finales del siglo X.


Al parecer, este exótico producto cuya fuente real (una vez descartada la colaboración de las quimeras de mujer y pescadilla) es desconocida, provenía de una anciana, de existencia no menos cuestionable, que vivía en el golfo de Bengala, y que se lo proporcionaba a los mercaderes que llegaban del Mediterráneo.


La leche de sirena tenía dos propiedades a cuál más apetecibles: por un lado, permitía a aquél que la tomaba disfrutar de sueños eróticos con la mujer que quisiera. Por otro, le convertía en invisible, con lo que podía entrar a los harenes sin ser visto por los eunucos que vigilaban a las concubinas de palacio.


El hecho de que esa fuera la mejor utilidad que le vieran a un brebaje que vuelve invisible dice mucho a favor de la gente del siglo X. Quizás estaban menos obsesionados con la guerra de lo que a veces nos pensamos...

2 comentarios:

Marcos Y. Jiménez Hidalgo dijo...

No veas estos califas... le gustaba más soñar... jajaja

malabaddon dijo...

La verdad es que me resulta muy extraño cómo no hay casi referencias en internet a ese término con lo sugerente que es.

Aparte de la fuente original en la que se basa Ana Martos, Tertulia de boticas prodigiosas y Escuela de curanderos, de Álvaro Cunqueiro, y de alguna referencia a la obra de Lorca, sólo he encontrado lo que se dice de Lantarón, un dios cántabro del mar que se representa portando una vara de saúco, de cuyos frutos negros mezclados con leche de sirena, se prepara un brebaje que otorga sus poderes mágicos al tiempo que lo hace fosforescente durante la noche. Vamos a tener que probar esa mierda.