Las aguas tradicionales procedentes de manantiales de la sierra abastecieron a Córdoba desde la época romana hasta principios del siglo XX, permitiendo a la población disfrutar de unos niveles de salubridad que variaron mucho a lo largo de las distintas épocas.
Una de las canalizaciones más importantes fue la conocida como "el agua de la Palma", por asociación con una huerta que se encontraba en lo que hoy es el barrio de Fátima, y que llevaba ese nombre. Esta conducción tiene la particularidad de nutrirse de la misma zona de la que en tiempos romanos, según Ángel Ventura, llegaba a Córdoba el acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta: el arroyo Pedroche.
Según el libro de "Las aguas de Córdoba", de López Amo, el manantial se encontraba en el depósito del Sombrero del Rey. Este nombre era relativamente común, y se daba a las alcubillas que tenían una curiosa forma en la parte superior, de las que en Córdoba hubo al menos tres. Este Sombrero del Rey, cerca de las cocheras de Aucorsa y el molino de los Ciegos, fue tapado de manera inmisericorde en unas relativamente recientes obras de ampliación del acceso por la carretera de Badajoz. En esta foto de Saqunda se puede ver su estado antes de las obras.
Desde allí, el agua bajaba a Córdoba de alcubilla en alcubilla, hasta llegar a la puerta de Plasencia, donde comenzaba su distrubución hacia las distintas fuentes públicas y propietarios particulares. Un ramal se dirigía hacia la calle Montero: hace mucho tiempo, colgué por aquí la única foto conocida de la fuente de Mariblanca que, junto con el hospital de Jesús Nazareno, se abastecían de esta conducción.Otra parte del agua entraba hacia la entonces ermita de San Rafael, y surtía la fuente de la plazuela, que aún sigue allí. El convento de Santa María de Gracia e incluso algunas casas de la calle Almonas, mayormente de gente de pasta, se beneficiaban del agua de la Palma.
El grueso del caudal, sin embargo, se distribuía entre tres fuentes públicas de gran importancia: las de la plaza de la Magdalena, el Campo de San Antón y el Campo Madre de Dios. Cada una de ellas estaba surtida con seis pajas de agua, de las 27 que constituían el caudal completo que venía del manantial. La del Campo Madre de Dios, que hoy día sigue allí, un poco trasladada, en el jardincito frente a las Lonjas, es la de la izquierda. A la derecha se ve el Campo de San Antón, junto al convento del Carmen (hoy Facultad de Derecho). La fuente se trasladó más tarde a la plaza de los Trinitarios, donde anteriormente había otra pequeñita, surtida con agua de Miraflores.
Y, aparte, también les llegaba agua de esta conducción a otros edificios importantes extramuros de los barrios de la Magdalena y Santiago: el hospital de San Bartolomé y el convento de San Juan de Dios, cerca de Derecho, por ejemplo.
En fin, toda esta historia se fue terminando según avanzaba el siglo XX y se renovaba el aporte de agua potable a la ciudad, con la mejora de algunas cañerías de la sierra y, sobre todo, con la construcción de la presa del Guadalmellato.



3 comentarios:
Amigo Puerta, el venero de la Palma me toca especialmente la fibra sensible, y la verdad es que me dio tanta pena que enterrasen el Sombrero del Rey (ojo, un momumento del siglo XVIII), donde he ido a tomar agua de chico, que cuando paso en coche frente a Aucorsa procuro no mirar hacia el arroyo. Se va nuestra historia poco a poco, y me da pena hasta escribir algo de ello.
Y lo malo es que la Ronda Norte puede acabar aún con lo poco que queda: restos del acueducto romano (hace poco fui por allí y si hay bastantes), las alcubillas de otro venero cercano (Maimón), unas bombas de agua abandonadas junto a la Huerta de Don Marcos. Vamos, hasta la Palomera si se les tercia...
Un abrazo. Y lo dicho, magnífica entrada.
Gracias! Sí, la verdad es que estoy dejando siempre para luego ir a tomar unas fotitos del sombrero del rey del punto limpio de Chinales, y al final me lo van a quitar de enmedio. Por cierto, dos preguntas. Una, ¿cómo sabes que es del siglo XVIII, tienes alguna fuente interesante para leer? Y segunda, ¿por qué no hemos coincidido todavía ningún día, en carne mortal?
A la primera pregunta, que la alcubilla es del siglo XVIII el primero que me lo apuntó fue Alberto EM de 8picos, gran amante de esa zona del arroyo Pedroches. Luego lo he visto en varios sitios, como este: http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=298078
De todas formas ya me olía que la alcubilla debía de ser de por esa época. Así, López Amo habla de que el propio venero de La Palma fue concedido a la ciudad en 1724 por Felipe V. Bien es verdad que no se cita el Sombrero, salvo en el encabezado o título de cuando comienza a describir el venero, por lo que se dejaría la puerta abierta (aunque muy raro) a que fuese posterior. Sin embargo otro dato que da Lopez Amo viene a señalar de nuevo al XVIII: el arreglo de la conducción de las Aguas de la Fábrica Catedral, que en 1741 modificó su antigua traza por la Victoria y la sustituyó por una conducción "moderna" de atanores con un primer depósito llamado también "Sombrero del Rey". Y es que como dejó escrito La Colina en una entrada en la Calleja (http://www.callejadelasflores.org/?p=10078), esto del "Sombrero del Rey" era un tipo o modelo de alcubilla. Y los datos apuntan a que era la "moda" en alcubillas en el XVIII, cuyo estilo algo "orientalizante" también casa con fuentes de Córdoba construidas y datadas documentalmente en ese mismo siglo.
En relación a la segunda. Pues, aparte del trabajo, imagínate mi tiempo con un niño chico... y otro en camino. La última vez que pude ir a un acto "social" fue en la conferencia de Pancho en la fundación Bodegas Campos sobre las conducciones de agua subterráneas, hace ya casi un año. Pero prometo ponerme las pilas cuando pueda, de verdad.
Un abrazo.
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