¿Y cuál era el ingrediente secreto de estas pirulitas? Sí, señor, cocaína, presentada una treintena de años atrás como una panacea médica, al igual que ocurriría con otras sustancias como la heroína, que también comercializaba la misma marca. Toma, niño, que no tosas.
Es de suponer que los farmacéuticos de Córdoba se darían de tortas en el andén de la estación cuando se descargaran las cajas procedentes de Madrid: la farmacia que dispensara las píldoras tendría la clientela más fiel de la ciudad. Eso por no hablar de algún farmacéutico que las hubiera probado él mismo, y que estaría un pelín más agresivo que los demás.
1 comentario:
Jajaja, qué buena entrada... (qué tiempos aquellos, quien los pillara...)
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