miércoles, 9 de diciembre de 2009

Las cuentas del Gran Capitán

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Una de anécdotas, que me hizo ilusión escucharla en la voz del maestro Cebrián. Aunque recomiendo escuchar el audio, lo contaré también por escrito, porque si no quitaría el blog y pondría un podcast.

Básicamente, la historia trata de la antipatía que sentía el rey Fernando V de Castilla (y, sobre todo, II de Aragón
), más conocido como Fernando el Católico, hacia su mejor jefe militar, el montillano Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Dicen las malas lenguas que su animadversión venía de la sospechosa e intensa amistad que unía a éste con la reina Isabel la Católica, pero nada hay confirmado.

El caso es que después de una serie de campañas victoriosas que permitieron a la Corona de Aragón consolidar su expansión por el sur de Italia, tomando la ciudad y el reino de Nápoles, se comenzó a cuestionar la gestión del Gran Capitán como virrey de los nuevos territorios, hasta que las malas lenguas convencieron al rey Fernando de que era necesario pedir explicaciones al militar por el uso de la pasta del reino aragonés.


Y don Gonzalo hizo dos cosas: por un lado, enviar unas pormenorizadas cuentas que se conservan en el Archivo General de Simancas. Y por otro, entrar en la leyenda cuando se popularizó la versión legendaria del suceso.


Dicen que el Gran Capitán se sentó delante de Su Majestad, abrió su libro y empezó a relatar, tal que así:


Ciento setenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas con el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.


Millón y medio para mantener prisioneros y heridos.


Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla.


Y así sucesivamente, mientras don Fernando se iba poniendo de todos los colores de su
escudo heráldico. La última partida, concretamente, fue la que le puso de color verde Granada:

Y cien millones de ducados, que es lo que vale mi paciencia al tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado todo un reino.


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Más sobre las
cuentas del Gran Capitán, en Wikipedia. También en este documento de 1910. Sus primeras batallas en Nápoles están contadas aquí, pendientes de continuación (siguen dedicadas a Antonio, claro).