martes, 23 de octubre de 2007

Habrás de jurarlo

Cuenta la tradición, transmitida por varias generaciones de cordobeses, que el padre Andrés de las Roelas, en aquellas noches de primavera de 1578, se sentía carcomido por la duda, por la sospecha de que todo pudiera ser un engaño de sus mermados sentidos, una consecuencia de la enfermedad que padecía.

Desde aquella noche en que, animado por una voz interior (Sal al campo y sanarás) salió al Marrubial desde su casa, cerca de San Lorenzo, y se le aparecieron cinco caballeros, quienes le aseguraron que los restos recientemente encontrados en la iglesia de San Pedro pertenecían a los mártires de Córdoba, Acisclo y Victoria.

El joven que, desde entonces, le visitaba por las noches para contarle historias sobre estos mártires, y que se había identificado como el Arcángel San Rafael, había motivado sus consultas con otros religiosos, e incluso con el Provisor de los Jesuitas, el cual fue claro en su consejo: que la visión demostrara ser quien decía.

Esa fue la condición que puso el padre Roelas para escucharle la quinta noche de apariciones. Cuentan que el ángel, se dice incluso que con irritación, mostró su autoridad con un juramento: "Yo te juro ante Cristo crucificado que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por custodio de esta ciudad".

Así lo contaron los cordobeses cuando los escritos privados del sacerdote se dieron a conocer, y así lo grabaron los escultores en los triunfos por toda la ciudad.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Las Siete Revueltas

Uno de los rincones más desconocidos y menos transitados del Casco Histórico es el conjunto de callejas agrupadas bajo el nombre de las Siete Revueltas, que empiezan justo enfrente de la iglesia de Santiago y van trazando varios ángulos y dejando callejones sin salida hasta desembocar en la calle Alfonso XII (la que va de San Pedro a Derecho).

Este olvidado lugar albergó en su día el caso de mayor longevidad de la ciudad de Córdoba, registrado por el censo de 1718. Habitaban estas callejas unas veinte personas de origen africano (aunque llaman la atención sus nombres, españoles, quizás por nacimiento en colonias o por un cambio posterior), una de las cuales, María de la Encarnación, contaba ciento catorce años de edad. Su vecina Ana Catalina la seguía con ciento cinco, según cuenta Ramírez de Arellano en los Paseos.

Pero sin duda lo más importante de las Siete Revueltas es la llamada Casa de las Campanas, que toma su nombre de su antiguo uso como fundición, y que constituye una de las joyas de la arquitectura civil cordobesa. Es de estilo mudéjar, del siglo XIV, y las arquerías y elaborados relieves la hacen comparable en valor a la Casa del Indiano. Hoy día está dedicada a la Biblioteca Viva de Al Andalus, así como a festivales de música y otros actos culturales.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Córdoba frente al misterio (3): Don Severo Ochoa

Premio Nobel de Medicina y Fisiología, asturiano, fallecido en 1993. Uno de los españoles más importantes del siglo XX, investigador incansable en Biología Molecular y Bioquímica y Doctor “Honoris Causa” por la Universidad de Córdoba en el año 1989.

A finales de junio de 2007, una limpiadora, sordomuda, subió aterrorizada hasta la conserjería. En el semisótano había visto algo extraño. Acompañada por otra trabajadora, volvió a bajar, y señaló repetidamente al lugar en el que veía aquella figura, que nadie más conseguía distinguir.

Presa de la histeria, abandonó el escenario y prometió, aun costándole su puesto de trabajo, que nunca más volvería a aquel edificio. No fue hasta pasados unos días, en otras dependencias de la Universidad, cuando tuvo un segundo susto, en un pasillo, al observar colgada en la pared una foto que le resultó familiar. La mujer aseguraba que era el hombre que había visto en el pasillo del semisótano. Le informaron de que aquel hombre se llamaba Severo Ochoa.

Los trabajadores de servicios y muchos investigadores del módulo, que alberga los departamentos de Bioquímica, Biología Molecular y Biología Celular, manejan con abrumador desparpajo las palabras espíritu y fantasma, y coinciden en que nunca antes, ni después, ha habido un caso similar que haya turbado la calma del lugar. Del edificio C6, renombrado hace años, como reza el cartel de la entrada, como “Severo Ochoa”.

martes, 18 de septiembre de 2007

El muro en Fuentes Guerra

Esta foto nos muestra lo que en realidad cualquiera puede ver con asomarse por encima del muro que protege las obras del solar junto a la parada de Fuentes Guerra. Cimientos de construcciones recientes, muros de los bloques circundantes y, embutida en la Córdoba moderna, la muralla, con enormes bloques romanos y posteriores adiciones.

Hasta hace ciento cincuenta años, durante casi exactamente dos mil, un gran muro iba, sin interrupción, desde la esquina de la Puerta de Osario hasta la de la Victoria, y no se encontraba ninguna puerta hasta la de Gallegos. La calle Caño (la de Fuentes Guerra) no tenía el ramal que ahora la conecta con Ronda de los Tejares, Cruz Conde aún no había atravesado las antiguas callejuelas, la calle en "L" frente a Cajasur no era sino un callejón ciego, Gran Capitán era ocupada por un convento y huertas, y las otras dos pequeñas calles no se abrían aún a la avenida.

Era el lienzo norte de la muralla original de la Corduba republicana, especialmente fortificado en épocas posteriores, de manera que aquel barrio que la calle Cruz Conde desconfiguró se llamaba el Trascastillo y, por su apartada situación y enrevesadas callejas, fue uno de los centros de la mala vida cordobesa del XIX.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Guía Arqueológica de Córdoba

En el año 2003 vio la luz uno de los más completos esfuerzos por acercar a los cordobeses la historia de su ciudad, prescindiendo en gran medida del relato histórico y basándose en la evidencia, en lo que los lectores pueden visitar un sábado por la tarde o un día libre.

Dirigida por el profesor de la UCO Desiderio Vaquerizo, la Guía Arqueológica de Córdoba se estructura en varios capítulos, en los que explica brevemente el contexto histórico de cada época, para a continuación analizar lo que podemos averiguar de ella en los restos arqueológicos y del trazado urbano actual.

Presenta varios itinerarios de visita por el centro, reconstrucciones por ordenador de edificios y monumentos desaparecidos, fotografías normalmente desconocidas de excavaciones arqueológicas y una completa guía de los fondos del Museo Arqueológico.

El libro es pequeño, manejable y comprensible gracias al glosario y a una línea cronológica que te permite situarte en cada momento de la historia. Muchos de sus contenidos se pueden ver también en la web www.arqueocordoba.com.

Guía Arqueológica de Córdoba
Editorial Plurabelle
312 páginas, color, 24 x 13 cm

miércoles, 12 de septiembre de 2007

La Fuensanta (III): el caimán

El río Guadalquivir, en tiempos históricos, no ha sido nunca refugio de caimanes. Y se hace muy raro que alguien, en siglos pasados, quisiera liberar uno en sus aguas por algún motivo. Sin embargo, la cultura popular ha construido en torno al caimán del santuario de la Fuensanta una curiosa historia.

Dice la tradición que este animal, merodeando las aguas y la orilla del río a su paso por Córdoba, estaba sembrando el pánico entre sus habitantes, sin que nadie se atreviera a hacerle frente. Al fin, decidieron ofrecer a un condenado a muerte (¿estaban de vacaciones todos los alguaciles de la ciudad?) el indulto a cambio de la caza del animal. Sin que haya trascendido cómo lo hizo, semejante motivación fue suficiente como para que le diera muerte en un arroyo cercano, quedando como recuerdo de aquellos días su cuerpo en el santuario.

Es una lástima que Ramírez de Arellano, el cronista de la Córdoba moderna y contemporánea, se limite a decir que el caimán fue traído de América, y que se puede relegar la otra versión al terreno de la fábula popular.

Y un pequeño detalle. En Ávila, en el santuario de Ntra Sra de Sonsoles, muy visitado en la ciudad, suelen llevar a muchos niños para que disfruten con el objeto más curioso del lugar: un caimán disecado.

jueves, 6 de septiembre de 2007

La Fuensanta (II)

En el año de 1420, según unos, y 1442, según otros, este ermitaño tuvo su respuesta. Afirmó que la noche del 8 de septiembre escuchó una voz que le revelaba la existencia de una imagen de la Virgen en el interior de la higuera, donde habría quedado escondida en tiempos de la dominación musulmana, envolviéndola el árbol en su crecimiento. Informado el obispo, se decidió cortar la higuera, apareciendo la imagen de barro de la Fuensanta.

Fue llevada a la Catedral mientras se construía el primer humilladero en el lugar, rápidamente sustituido a finales del siglo XV por la base del santuario actual. La fama de la Fuensanta se había extendido ya por todo el país, e incluso la reina Dª María de Aragón, esposa del rey D. Alonso, se acercó a Córdoba a mediados de dicho siglo, para curarse de una hidropia (no pregunteis). En agradecimiento, hizo al santuario donaciones suficientes como para levantar una hospedería para los pobres que llegaban hasta él.

Las leyendas y tradiciones sobre la Fuensanta necesitarían un blog para ellas solas, pero hay muchas que, por conocidas o curiosas, se pueden destacar.

Como la de los tres hermanos cordobeses que arrojaron a su hermana inválida al pozo del santuario para librarse de ella, contándose que ella misma salió por sus medios y se volvió andando a casa, curada.

O como el niño que en dicho pozo cayó en 1554, diciendo la tradición que el agua abría subido hasta hacer posible que saliera de él. O como el demonio que consiguieron expulsar, el 7 de junio de 1671, del cuerpo de una mujer llamada María Manuela, después de ocho meses de exorcismos e intentos fallidos.

lunes, 3 de septiembre de 2007

La Fuensanta (I)

Cuenta la tradición, ya casi olvidada, que un hombre llamado Gonzalo García, cardador de lana que habitaba el barrio de San Lorenzo en la primera mitad del siglo XV, salió un día a pasear por los alrededores de la ciudad, por la zona de la actual Facultad de Derecho. Iba lamentándose de la suerte de su familia, ya que había dejado en casa a su mujer, paralítica, y a su hija, que había perdido la razón.

Caminaba cerca del arroyo de las Piedras, que bajaba del Marrubial, y llegado un punto se encontró con tres jóvenes, un hombre y dos mujeres, a los que identificó como a la Virgen y a los patronos de Córdoba (Acisclo y Victoria). Se dirigieron a él y, señalando una fuente que brotaba de una higuera cerca de la puerta de Baeza (junto a las Lonjas), le dijeron que tomara agua y la llevara a casa, dando de beber a su familia. Compró un jarro en la calle del Sol y lo llenó, volviendo con su mujer e hija, que sanaron ese mismo día.

Cundió la noticia, y muchos cordobeses se fueron cercando al lugar, bebiendo y, según recoge la tradición, afirmando que gracias a aquel agua se curaban milagrosamente numerosos enfermos.

Uno de ellos fue un ermitaño de la Albaida, incurable, que se acercó, veinte años después del primer caso, a beber de aquella fuente y, agradecido por su sanación, quiso saber cuál era el origen de aquel misterio.

viernes, 31 de agosto de 2007

La entrada de Dupont

Vencida la resistencia de los cordobeses, los cañones martillearon las murallas y las bombas cayeron sobre el barrio de la Magdalena, hasta que la Puerta Nueva no resistió más y quedó abierta. Los franceses, que habían sido hostigados desde la iglesia de Trinitarios y otros edificios altos, entraron con orden de saqueo, arrasando iglesias, conventos y cualquier vivienda en que intuyeran la presencia de objetos de valor.

Los conventos de San Francisco y Capuchinos fueron especialmente castigados, junto con la Fuensanta, La intervención del alférez mayor de la ciudad, que salió al encuentro de Dupont a la altura de San Pedro y que, dando la ciudad por rendida, pidió clemencia para sus habitantes, evitó que la violencia fuera aún mayor.

Nada más entrar el general Dupont por la Puerta Nueva, en la calle hoy de Alfonso XII, un vecino llamado Pedro Moreno se asomó a su balcón y, lleno de rabia por ver Córdoba vencida, disparó su escopeta contra el francés, matando a su caballo e hiriendo a uno de sus acompañantes.

Los soldados franceses entraron a la casa y, sin mediar palabra, mataron a toda la familia, exceptuando a una niña de pocos meses, que dieron a una mujer en acogida.

Según se entra desde la la rotonda, la casa hace esquina con la primera calle a la derecha. La taberna que en ella había fue conocida desde aquel suceso como de la "Niña del milagro"

martes, 28 de agosto de 2007

Alcolea, 1808

Entremezclados el populacho y las tropas españolas, la verdadera caballería y los jinetes voluntarios, alrededor de veinte mil hombres (algunas fuentes hablan del doble) se concentraron en los días precedentes al 7 de junio de 1808, algo más de un mes después del alzamiento del 2 de mayo en Madrid, para salvaguardar la puerta por la que el ejército francés quería entrar en el bajo Guadalquivir: el puente de Alcolea.


Los milicianos habían llegado de los pueblos, de la capital y también desde Sevilla, de donde trajeron la escasa artillería disponible. Durante toda la mañana del día 7, los cordobeses, al mando del comandante general Chavarri, resistieron con sus escopetas a los quince mil franceses veteranos bien armados. Los cañones iban reteniendo a la vanguardia francesa, e incluso la caballería intentó una acción por sorpresa que fue frustrada.


Finalmente, la lógica se impuso y la falta de munición empezó a hacer cundir el pánico, empujando a los paisanos hacia Córdoba y hacia sus pueblos de origen. Los batallones españoles se retiraron en relativo orden, y los invasores cruzaron el puente.


Poco a poco, el general Dupont fue concentrando sus soldados frente a la Puerta Nueva o de Alcolea, que estaba cerrada a cal y canto, como toda la ciudad: dispuesta a resistir desde los escasos tejados que asomaban sobre la muralla, tratando de evitar a la desesperada el saqueo y los crímenes en venganza por la batalla.

domingo, 26 de agosto de 2007

Osio de Córdoba

Frente al Rectorado de la Universidad, ante la puerta del convento de las Capuchinas, se levanta la estatua de Osio, obispo de Córdoba en los últimos años del siglo III y primera mitad del IV, venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa y la Católica de rito Oriental el 27 de agosto de cada año.


A lo largo de sus 101 años de vida, Osio se convirtió en uno de los personajes más influyentes del Imperio Romano, por su cercanía de consejero con el emperador Constantino, a quien se cree que convenció para su conversión al cristianismo en el lecho de muerte. Junto a él viajó a Milán en el año 313, en que se proclamó el Edicto que ponía fin a las persecuciones religiosas en el Imperio.


La misión de Osio se centró en la oposición a la herejía arriana, a la que combatió en Alejandría y en los numerosos concilios de la época. En el más importante de ellos, el de Nicea, el obispo de Córdoba redactó y proclamó el credo que ha llegado hasta nuestros días, y que es quizás el más fuerte vínculo entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa.


Desterrado a la actual Serbia por el emperador proarriano Constancio, Osio murió en el año 357, sin llegar a ver la desaparición de los seguidores de Arrio, que llegaría siglos después.

viernes, 24 de agosto de 2007

Campo de cuádrigas

La refundación de la asolada Corduba republicana bajo el mandato de Augusto, pocos años antes del inicio de nuestra era, marcó el inicio de su apogeo. Recuperó la capitalidad de la provincia Baetica tras la reorganización de Hispania y comenzó una monumentalización de la ciudad bajo el nuevo nombre de Colonia Patricia.

Buscado desde hacía años, dado que la importancia de Colonia Patricia (junto con indicios arqueológicos indirectos) implicaba que tenía que haberse construido, el Circo o hipódromo romano cordobés permanecía oculto para la arqueología. Hubo que esperar hasta los años noventa para que unas excavaciones en el palacio de Orive, junto a San Pablo, empezaran a sacar a la luz materiales y terrazas pertenecientes a este enorme edificio, que mostraba su lado menor al actual Ayuntamiento y al templo que hay junto a él, y que se prolongaba más de doscientos metros encajado entre la actual calle San Pablo y la plaza de la Corredera.

Cien años, aproximadamente, estuvo activo este Circo, entre mediados del siglo I y del II d.C., hasta que graves problemas estructurales obligaron a abandonarlo, para construir otro en la zona occidental de la ciudad, cuyos restos aún no han sido hallados. Al aprovecharse gran cantidad de material del Circo antiguo, éste quedó prácticamente desaparecido, y de ahí lo compleja que ha resultado su localización.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Un pego

"No digas pegos". "No seas pegoso". ¿Qué es un "pego"? Algo que dicho en cualquier parte de España les sonaría igual que si les pidieras un vargas, tiene en Córdoba un significado muy claro. El pego es la chorrada, la tontería, lo innecesario. Pero, ¿desde cuándo? Y, sobre todo, ¿por qué?

EL CONTENIDO DE ESTA ENTRADA HA SIDO REVISADO Y COMPLETADO
LÉELO AQUÍ

Hace poco leí en la Cordobapedia la primera explicación coherente a este localismo, que no he podido confirmar por ningún sitio, pero tampoco sustituir por nada mejor. Esta fuente sitúa su origen al final del siglo XIX, afirmando que sería una variación del apellido de un intelectual francés, que no son capaces de concretar. Quién sabe si era Peraud, Pegaud, Pairaud o Pereaud, el caso es que a oídos de los cordobeses se presentaba como el señor “Pegó”.


El momento de gloria de este hombre tenía que haber sido el día en que, como muestra de la llegada a Córdoba de los adelantos tecnológicos, pretendió hacer volar un globo aerostático tripulado, después de generar una gran expectación a su alrededor.


El globo no logró elevarse y, fruto de la decepción y la burla, los ciudadanos empezaron a referirse a todo aquello que no funcionaba o era inútil como similar a “lo del Pegó”. La evolución con las décadas de la palabra acabó, si esta hipótesis es la correcta, por darle el significado que hoy conocemos.

lunes, 20 de agosto de 2007

Barrios del siglo XIII

Nada más conquistar Córdoba en 1236, el rey Fernando III el Santo decidió levantarla de sus cenizas y reorganizar su administración. Para ello, mandó construir una red de nuevas parroquias (llamadas 'fernandinas') que sirvieran tanto para los servicios religiosos como para el gobierno de los diferentes barrios.

Córdoba, limitada su extensión al espacio amurallado, estaba dividida en dos por el lienzo de muralla que seguía la línea Alfaros-calle de la Feria. A su izquierda, se levantaba la Madina, Villa o ciudad alta. A su derecha, la Axerquía, un antiguo arrabal musulmán amurallado a principios del siglo XI. El nuevo plano de Córdoba dividía cada una de ellas en siete barrios.

En la Villa, además de la collación o barrio de Santa María, alrededor de la Mezquita, se levantaron las parroquias de San Miguel, San Nicolás de la Villa y las desaparecidas de San Juan (actualmente perteneciente al colegio de Las Esclavas), Omnium Sanctorum (junto a la plaza Ramón y Cajal), San Salvador (frente al IES Maimónides) y Santo Domingo de Silos (en la plaza de la Compañía).

En la Axerquía, existen aún San Lorenzo, Santa Marina, San Pedro, Santiago y San Andrés, mientras que Santa María Magdalena se cerró al culto, y de San Nicolás de la Axerquía quedan sólo algunos muros junto a la Ribera.

sábado, 18 de agosto de 2007

El exilio en Oriente

La orden de que jamás regresaran a Qurtuba si querían salvar sus vidas empujó a los miles de exiliados por la revuelta del arrabal de Saqunda a buscar un nuevo hugar. Algunos grupos se dispersaron por Al Andalus, estableciéndose sobre todo en Toledo, y otros muchos cruzaron el estrecho y se asentaron en diversas ciudades marroquíes.

Sin embargo, el grueso de la población, hasta quince mil personas según algunas fuentes, huyeron en una flota que viajó hasta Egipto, donde desembarcaron en medio de una guerra civil en la que jugaron un importante papel, hasta el punto de que se les expulsó en el año 827 para evitar su influencia. Entonces, la búsqueda de refugio les llevó hacia el norte.

Ese mismo año, ante la impotencia del debilitado Imperio Bizantino, miles de cordobeses ocuparon la isla de Creta y establecieron en ella su propia dinastía, cultivando las tierras y organizando su sociedad. Para desesperación de los habitantes de la región, los exiliados armaron su propia flota de cuarenta barcos y hostigaron los puertos del mar Egeo durante un siglo, desembarcando en islas cada vez más cercanas a la capital, Constantinopla.

Finalmente, los griegos, con la excusa de que una gran carestía les impedía mantenerlas, convencieron al gobernador cordobés de Creta de aceptar el desembarco de una gran yeguada en la isla. Así, los bizantinos dispusieron de una gran ventaja cuando en el año 961 lanzaron su ataque por sorpresa, subieron a sus caballos y terminaron con la presencia andalusí.