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sábado, 13 de diciembre de 2008

Las Tendillas de Calatrava


De entre las órdenes militares (ver entradas con esa etiqueta) que se asentaron en Córdoba con posterioridad a la Conquista, es posible que la de Calatrava fuera la que con más intensidad quedó enraizada en la ciudad, interviniendo algunos de sus miembros en numerosos episodios de su historia.

Sin ir más lejos, la plaza que hoy marca el centro comercial de Córdoba, las Tendillas, recibía la denominación antigua de "Tendillas de Calatrava" porque en la pequeña plazuela original había un mercado desde los primeros años de la Edad Moderna, y por encontrarse junto al convento de dicha orden.

Los caballeros de Calatrava ocupaban, a consecuencia de los repartimentos de Fernando III, la mayor parte de la manzana que se ha marcado en rojo en la imagen, desde la plazuela del Mármol de Bañuelos, al norte, hasta la esquina de Juan de Mena con Jesús María, al sur, definiéndose por las calles de Diego León, el tramo más antiguo de la calle del Paraíso, Juan de Mena, Jesús María, la antigua línea de fachada de las Tendillas y la calle de la Plata.

La céntrica posición del solar, y su gran extensión, provocaron el interés del Concejo por abrir una nueva calle que comunicara la llamada de los Sanjuanes (la actual Duque de Hornachuelos hasta la esquina con Diego León) con la plazuela de las Tendillas. Así surgió este tramo de la calle del Paraíso, que sería la acera que actualmente está entre las heladerías de David Rico y La Flor de Levante, marca en amarillo en la imagen. La orden para la apertura de la calle se dio el 16 de junio de 1564, siendo comendador de Calatrava don Pedro Fernández de Córdoba, que se encontraba en el castillo de Montemayor.

Las casas de la Encomienda de Calatrava siguieron recibiendo este nombre hasta su derribo en el año 1860, previo a la construcción del moderno Hotel Suizo de los hermanos Puzzini. El plano anterior a este derribo es el que se muestra en la segunda imagen, de nuevo con la antigua manzana marcada en rojo. Cuesta trabajo imaginar la actual plaza de las Tendillas sobre este plano de 1851, si no es por el tramo de la calle del Paraíso abierto en el siglo XVI.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La Cruz y la Espada (II)


En 1236, cuando Córdoba estaba a punto de caer ante las tropas de Fernando III de Castilla, se congraron en Alcolea los maestres de las órdenes monásticas militares, procedentes de todo el reino. Allí estaba don Gonzal Yáñez, maestre de Calatrava, don Pedro González Mengo, de Santiago y, junto a ellos, don Pedro Yáñez, maestre de la orden de Alcántara, al frente un ejército de dos mil hombres a pie y seiscientos caballeros, reunidos a toda prisa en menos de una semana.

Junto a ellos se encontraban los monjes-soldado de las grandes órdenes orientales: el poderoso Temple, los caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén (orden de Malta) y los caballeros Teutónicos que más tarde aterrorizarían Prusia y la Pomerania.

El éxito de la campaña hizo que el Rey repartiera entre estas órdenes numerosas posesiones cuyos dueños musulmanes habían sido expulsados de la ciudad. Así, a los Teutónicos les correspondieron varias casas principales en la calle de la Madera, la que sube paralela a la Victoria desde la puerta de Almodóvar hasta la calle Concepción. Allí permanecieron hasta principios del siglo XIV.

Los Templarios recibieron los edificios de la manzana de Santiago, al sudeste, junto a la parroquia, así como el que todavía se conoce como cortijo del Temple, al sur del Guadalquivir y cerca de Almodóvar. También ostentaron la propiedad de Palma del Río y sus alrededores, hasta que la disolución de la orden en los primeros años del XIV hizo que sus posesiones cambiaran de manos. Ramírez de Arellano nos transmite sospechas acerca de la pertenencia al Temple de la parroquia (antiguamente, ermita) de Santa María de Trassierra.

Los caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén, alguno de los cuales es ya conocido, recibieron la renovada iglesia de San Juan Bautista, construida sobre la mezquita original. Al parecer la convirtieron en fortaleza durante el tiempo en el que les perteneció.

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La Cruz y la Espada (I)

sábado, 27 de septiembre de 2008

La Cruz y la Espada (I)


El nacimiento del siglo XII vino marcado por la conquista de Jerusalén a los musulmanes en 1099, durante la Primera Cruzada. La escasez de efectivos capaces de defender un reino tan alejado de la Europa cristiana (Bizancio tenía suficiente con tratar de defenderse a sí misma) se vio aliviada por la creación de unas órdenes religiosas que tenían como principal objetivo la protección, con las armas si fuera preciso, de los Santos Lugares. Así nacieron en los primeros años del Reino de Jerusalén las órdenes del Temple y del Hospital de San Juan de Jerusalén, luego llamada de Malta.

Al Andalus, mientras tanto, sufría los cada vez más audaces ataques de los reinos del norte (Toledo había caído en 1085) y el imperio almorávide no parecía capaz de frenarlos. A mediados del XII, en el período conocido como Segundas Taifas, las órdenes militares de Oriente llegaron a Castilla para colaborar en la reconquista, haciéndose cargo los caballeros templarios de la villa de Calatrava, clave en la protección de Toledo, y los de San Juan del enclave de Uclés, en Cuenca.

La huida de la orden del Temple ante el empuje musulmán propició la creación de la primera orden militar castellana en 1158, cuando el abad Raimundo de Fitero formó un ejército de 20.000 hombres que defendió con éxito Calatrava. A continuación, en 1170, la orden de Santiago tomó el mando en Uclés ante la desidia de los hospitalarios. La orden de Alcántara apareció en la Extremadura dominada por el reino de León, con el nombre original de San Julián de Pereiro.

Las órdenes regían sus propios territorios, reclutaban monjes-soldado y administraban y repoblaban las localidades que se iban incorporando a Castilla. Y cuando era necesario, enviaban sus tropas, caballeros con capas blancas y cruces coloreadas, a ponerse al lado de los enormes ejércitos reales que trataban de forzar la entrada al valle del Guadalquivir.

El creciente poder de las órdenes militares entre los siglos XII y XV llevó a los Reyes Católicos a tomar la decisión de asumir su mando, convirtiéndolas así en meros instrumentos al servicio de la Corona y, con el tiempo, en órdenes honoríficas que aglutinaban a nobles de las mejores familias.
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La Cruz y la Espada (II)
Imágenes: caballeros templarios y cruces de las órdenes de Calatrava, Santiago y Alcántara