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viernes, 13 de mayo de 2011

La puerta de los Sacos en la muralla de la Huerta del Alcázar

Llevo mucho tiempo detrás de esta entrada, pensando si debería colgarla toda del tirón o partirla para hacerla menos rollete. Pero creo que, según he bajado el ritmo de producción, lo justo es contarlo todo junto y que cada uno se administre. Ha sido un trabajo muy bonito y, aunque no está cerrado, creo que hay material como para contar la historia de la más desconocida de las puertas de las murallas de Córdoba: la puerta de los Sacos.


La puerta de los Sacos no pertenecía a la muralla de la ciudad, propiamente dicha, sino al último recinto fortificado que se construyó, junto con el Alcázar Viejo: la Huerta del Alcázar. Es el trozo de color amarillo en la foto de arriba, que he ampliado en un detalle del plano de 1851. En los años 50, cuando se construyó la autovía atravesando la Huerta del Alcázar, para ir a dar al nuevo puente de San Rafael, la puerta de los Sacos fue eliminada de su ubicación, quedando sólo el nombre conservado en el llamado puente de la puerta de los Sacos, un puentecillo califal sobre el cauce del arroyo del Moro, hoy escondido debajo de la avenida.

La puerta de los Sacos ha cambiado tanto de sitio, que más vale que contemos su historia a través de las fuentes de cada época para aclararnos un poco. Vámonos, por supuesto, al maestro Wyngaerde, el que hizo la foto de Córdoba en el siglo XVI: esta es la primera imagen de la puerta, y la única en su ubicación original en el lienzo sur de la muralla, el que mira al río. Ahí la tenemos, casi en la esquina de la Huerta del Alcázar, mirando al sur. Probablemente ya tuviera el mismo nombre, debido a que era el punto principal de abastecimiento de harina al Alcázar, procedente de los molinos del río. Debo reconocer que me fijé en esa imagen de la puerta gracias al análisis que hizo Rojunson en su blog.




Cerca de un siglo después, Vaca de Alfaro hace su valiosísima descripción de la muralla de la ciudad, y nos cuenta cómo en el siglo XVII la puerta se encontraba cerrada por su estado de deterioro, confirmando su ubicación en el lienzo sur, entre dos torres un poco maltrechas ya en aquella época. Las fuentes del siglo XIX, como Ramírez de las Casas-Deza, nos hablan de una puerta de los Sacos tapiada y sin uso en el lienzo occidental de la muralla. Es decir, en algún momento, entre el XVII tardío y el XIX temprano, la puerta se traslada al otro lado de la esquina y se reconstruye, probablemente ya sin torres, la parte de la muralla donde estaba la antigua puerta que daba al sur.

Y aquí llegan los primeros fotógrafos en el siglo XX, y consiguen este documento para la Historia: la foto más antigua de la puerta. Está hecha desde la orilla del río, en lo que hoy sería la base de la parte norte del puente de San Rafael. La puerta es el hueco que se ve entre los álamos, su ubicación del cuadro de Wyngaerde estaría más a la derecha, entre la esquina y la torre.


Pocos años después de esta foto, llegaría la definitiva remodelación que haría caer la puerta en el olvido. La radical intervención que rompió el lazo entre la ciudad y el río, la nacional IV que invadió la ribera norte, derribó la muralla y enlazó con el nuevo eje de Vallellano y el puente de San Rafael. El antes y el después de esa obra nos muestra el grado de impacto que tuvo en el urbanismo de la zona.


Y sí, ahí está, en la primera foto, nuestra puerta de los Sacos, rodeada por el progreso. En este detalle se ve mejor.


¿Qué fue de la puerta? Pues aquí entra el soplo que me dio Saqunda, sacado del libro de Solano Márquez, La Córdoba de Antonio Cruz Conde: el alcalde que cambió la ciudad. Se dice aquí que a partir de 1954, cuando finaliza la restauración de la barbacana y el foso y empieza la de la muralla, la puerta de los Sacos fue desmontada, "restaurando el dovelaje de su arco apuntado, volviendo a montarlo y rehaciendo su almenado". Es decir, que la trasladaron. ¿Adónde? Pues hay dos opciones.

La primera de ellas es una puerta que aparece en el plano de 1851 que puse antes. Se ve en el lienzo oeste, a la izquierda, como un hueco en el muro cerca ya de las primeras casas de San Basilio. Esa puerta sigue existiendo hoy, y sufrió una restauración como se ve en las fotos siguientes, una de ellas tomada justo cuando tenía los andamios puestos.



La segunda está un poquito más al norte. Hay que recordar que la puerta de Sevilla que hoy vemos no es la original, sino una mera reconstrucción. En esta foto de los años 50 se puede ver todavía el boquete que quedaba desde su derribo en 1865. Pero no es eso lo que nos importa, sino la puerta ancha encalada que se ve a la derecha:


Esa puerta coincide por situación con esta otra, que es la actual: alguien puso unas dovelas nuevas donde no las había, fueran o no las de la puerta de los Sacos.


Las dos opciones me parecen buenas. La segunda tiene a favor la evidencia del cambio, pero en contra el tamaño (el arco es pequeño para lo que parece la puerta en las fotos antiguas). Cuando estábamos delante, parecía más tentadora esta última, pero ahora, después de ver los andamios que prueban que también se reformó (y mucho) la puerta que da a la huerta, parece más lógico que sea esa la que contenga hoy día las dovelas de la antigua y sufrida puerta de los Sacos. Hay que añadir que la pequeña debe dar entrada a una casa particular, y la grande da a un espacio público abierto. Pero bueno, a lo mejor pronto tenemos más datos para tomar una decisión mejor argumentada. Mientras tanto, por qué no un paseíto para volver a conocer con otros ojos ese rincón de la ciudad...

domingo, 3 de abril de 2011

La muralla y los almogávares: ¿existió una puerta de Benito de Baños?

Córdoba recuerda pocos nombres relacionados con el episodio de la conquista de la ciudad a los restos del imperio almohade, en 1236. Algunos de ellos, como Álvar Pérez de Castro o Pedro Ruiz Tafur, figuran como jefes militares de algunos de los batallones que ocuparon la Axerquía aquella noche. Pero hay dos que siempre van unidos entre sí y a una historia (quizás leyenda) épica de acciones de comando al estilo medieval: son los almogávares Álvar Colodro y Benito de Baños, siempre mencionados en ese orden.

Resulta bastante curioso. Hace tiempo me pregunté qué tenía Colodro que no tuviera Benito de Baños, para que una puerta de la ciudad llevara su nombre en recuerdo de la acción militar. Parece bastante injusto que, sin que se tenga noticia de que uno estuviera por encima de otro en rango o importancia, a Alvar Colodro se le diera ese privilegio.

¿O no fue así? ¿Quedaron los dos en el recuerdo porque realmente existieron dos puertas en la muralla, cada una con el nombre de uno de los soldados?

Sólo he encontrado una cita en relación a este tema, en el artículo "El recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval", de Escobar Camacho, quien hace referencia a la descripción de la muralla por Enrique Vaca de Alfaro en el siglo XVII*. En dicha descripción aparecen, entre la puerta del Colodro y la de la Misericordia, unas "torres de Benito de Baños", construidas en argamasa y con un arco entre ellas. En el plano que acompaña al artículo, aunque con poca resolución, se sitúan esas torres a medio camino entre las puertas del Colodro y la Misericordia, en un pequeño recodo como el que albergaba, en origen, las puertas de la Misericordia (Alquerque, por entonces) y Andújar.



La presencia de torreones en la muralla unidos por un arco (volado o adosado al lienzo de piedra) aparece, aparte de este punto, en otros tres lugares de la cerca cordobesa:
 - En la puerta de Baeza, que se conservó hasta finales del siglo XIX.
 - En la primera ubicación de la puerta de los Sacos en el lienzo sur de la muralla de la Huerta del Alcázar (de este tema hablaremos en unos días).
 - En la primitiva puerta de Andújar, que fue macizada para formar la conocida como torre de los Donceles.

En definitiva, esa estructura responde a las necesidades defensivas de una puerta de la muralla, y no parece descabellado pensar que existió una puerta de Benito de Baños, tapiada ya para el siglo XVII, cuatrocientos años después de la conquista, quizás como consecuencia de alguna epidemia, como ocurrió en otros casos más modernos y mejor documentados.

Por desgracia, un acontecimiento tan temprano en la historia de la Córdoba castellana estaba ya más que olvidado cuando se escribieron las completas crónicas del siglo XIX, y no tenemos más datos para hablar sobre esta hipótesis que los que la arqueología nos vaya dando.

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 * Archivo de la Catedral de Córdoba, tomo 278, folios 5 r. y 6 r.

martes, 11 de enero de 2011

Muralla en los cimientos de Ronda de los Tejares

Hace ya bastante tiempo, mientras las obras estaban todavía en su primera etapa, me acerqué para comprobar si habían aparecido restos de muralla en el subsuelo del número 11 de Ronda de los Tejares, y subí aquí el resultado: algo había, probablemente de origen romano y en línea con la que se conserva en el edificio de al lado, visitable y declarada Bien de Interés Cultural.

Pero mientras yo me asomaba por encima de la tapia, había alguien más avispado que se subía a la azotea del edificio de enfrente: Rafa Jiménez, un viejo conocido de la blogosfera cordobesa, con cuyas fotos topé accidentalmente y que me dio permiso para publicar aquí por su interés.

En ellas se puede ver no sólo la muralla, sino también una torre semicircular adosada a ella, en un excelente estado de conservación. Desconozco si en el bloque, que ya se ha terminado de construir, habrá cocheras, pero es evidente que la muralla se tiene que haber conservado y que debe existir una forma de acceder a ella. Será cosa de intentarlo, así como de encontrar los informes que expliquen la datación y la importancia de estos restos.

domingo, 2 de enero de 2011

La puerta del Puente, tal como era

No he ido a ver la puerta del Puente desde que regresé, pero quiero pensar que conserva más o menos la misma imagen con la que la dejé en verano, con sus columnas y sus relieves, y que a nadie se le ha ocurrido pintarla de rosa o algo así.

Sin embargo, la imagen que tiene hoy no es tan antigua como podría parecer, al menos en su conjunto. El hecho de que mucha gente la conozca como el Arco del Triunfo (en detrimento de aquél efímero en honor a Isabel II) se debe, probablemente, a dos motivos: el primero, que esa es la forma arquitectónica que tiene ahora mismo, y el segundo, la cercanía del triunfo de San Rafael. La realidad es que de las dos caras idénticas que tiene la puerta, sólo la exterior, la que mira al río, es la original. La cara interior no es más que una copia que se hizo para darle "armonía" en el primer tercio del siglo XX, en 1928, según la Cordobapedia.

Es decir, alguien llegó de alguna estancia lejos de Córdoba pensando, como yo, que la puerta seguía en su sitio, igual de cochambrosa que siempre, y de pronto se encontró con que le había salido otra portada en la chepa, en una decisión que hoy haría llevarse las manos a la cabeza a casi todo el mundo. ¿Qué aspecto tenía la puerta antes de semejante actuación? Pues, desde atrás, más o menos éste:

La verdad es que se puede entender, en su contexto, que alguien quisiera tapar semejante vergüenza. Igual que se entiende que se decidiera edificar la puerta monumental cuando ya se caía a trozos la que venía heredada, como mínimo, del tiempo de los árabes. Eso fue a finales del siglo XVI, a lo largo de la década de los setenta, empezando en 1572 y tomando nuevo impulso en 1576 tras permanecer inacabada.

En cuanto a lo que había antes de la puerta que conocemos, cabría pensar que es muy difícil de averiguar, salvo a través de testimonios arqueológicos que sólo nos hablarán de una entrada con tres o cinco arcos. Sin embargo, Córdoba es de esas muchas ciudades afortunadas por haber sido retratadas por la cámara fotográfica de Wyngaerde, el cual llegó aquí, para mayor alegría, sólo cuatro años antes de que empezara la remodelación. Gracias a eso nos legó el único dibujo existente de la antigua puerta del Puente, de construcción probablemente musulmana.

domingo, 7 de marzo de 2010

La Torre de las Siete Esquinas: quien dice siete, dice ocho

Reconozco que la primera vez que fui no lo hice, pero los siguientes días no pude resistir la tentación. Al menos dos de las veces que he estado en la Torre de las Siete Esquinas, ante una magnífica vista panorámica de Córdoba a la que se accede dando un corto paseo desde la carretera del Mirador de las Niñas (de esto hablamos otro día...), he curioseado alrededor de la torre contando sus caras y aristas. La segunda vez llegué a marcar la primera esquina que conté, para asegurarme del todo. Incluso ahora mismo me tiembla la mano pensando "¿y si conté mal, y eran siete, y ahora hago el ridículo?".

Pero esta torre, a la que he leído (todavía no en una publicación científica, quizás porque no he dado con ella) que se le da cronología califal, o de la que incluso he oído que se erigió para vigilar a los mozárabes de la sierra (1), tiene ocho esquinas. De verdad.


Claro, es lo que se llama una torre ochavada, octogonal, como la Malmuerta, por ejemplo, o la que se ve en la avenida del Alcázar. Torres con ocho ángulos iguale
s, que todo hijo de vecino llamaría, por ejemplo, y sin partirse mucho el cráneo, Torre de las Ocho Esquinas. ¿No es curioso? ¿Por qué se empeña la gente en llamarla de las Siete Esquinas?

Pues a lo mejor hay que buscar la explicación en las imágenes que un día estuvieron en la retina de los cordobeses, y hace ya décadas, quizás siglos, que dejaron de estarlo. Existió en Córdoba otra Torre de las Siete Esquinas, llamada así por la gente. Y parece que esta sí tenía siete. Con reservas.

Ramírez de Arellano, en sus Paseos, sitúa esta torre ochavada justo en la esquina sudeste de la muralla de la Axerquía, lo que viene a ser por la ermita de los Mártires, siguiendo hacia el sur el muro que sobrevive frente a la comisaría de Lonjas. Por una desafortunada ambigüedad (2), parece, pero no se puede asegurar, que la torre fue condenada a la ruina por el terremoto de Lisboa de 1755. Escobar Camacho (3) da por bueno el dato, y añade, pero tampoco con rotundidad, lo que parece la confirmación, de la mano de Vaca de Alfaro, de que había una torre ochavada en esa esquina.

Bueno, pues a ver esa torre. Vámonos a Guesdon, fechado según lo último que he podido leer, en 1853.


No hay nada allí. Sólo muralla, y poco espectacular. Eso parece concordar con la destrucción de la torre en 1755, la verdad. Vamos a dar marcha atrás del todo y a echarle un vistazo a Wyngaerde (1567).

O no llegamos o nos pasamos. Ahí tenemos tres torres: dos con varios lados, una de ellas en la esquina, y además otra menos llamativa en medio. Quizás es esa nuestra torre de las Siete Esquinas, por ser ochavada y tener un ángulo pegado a la muralla. Pero... ¿no parece hexagonal, más bien? Pasemos a Baldi (1668).

Aquí se lo curró Rojunson en su análisis, mostrándonos una explicación de las tres torres, que se ven muy claramente. Básicamente las dos de la izquierda estarían unidas a la muralla por arcos, que no se ven muy claros pero parece que ahí están, y la tercera, la más majestuosa, mediante un muro. Tal y como decíamos con Wyngaerde, la torre de la esquina es hexagonal. Y la de la derecha, cerca ya de la puerta de Baeza, es la única ochavada que parecía haber por allí. Además, con la particularidad de estar unida a la muralla por lo que parece un muro, que le quitaría un ángulo dejándola... con siete esquinas.

¿Es esta la verdadera Torre de las Siete Esquinas a la que el pueblo cordobés dio nombre propio? ¿Se olvidó, una vez arruinada por el terremoto, su ubicación exacta, situándola la memoria popular un poco más al sur, en la esquina de la muralla? La idea no tiene mala pinta. Pero de lo que estoy casi seguro es de que en este rincón de la ciudad está el secreto de por qué alguien llegó a una torre con ocho lados en mitad de la sierra, y la bautizó de la manera más ilógica. O no.

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(1) Como suena. Para vigilar que no volvieran a levantar el monasterio de Peñamelaria. Ya puede estar esto respaldado por una buena crónica de la época porque, si no, es tan aventurado como imaginar el signo zodiacal del maestro cantero.
(2) ¿Se refiere don Teodomiro a la torre, o a la puerta de Martos, que es de lo que está hablando en general?
(3) Escobar Camacho, José Manuel. El recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval.

viernes, 12 de febrero de 2010

Muralla en el sótano de la plaza de Colón, nº 8

Otro trocito de historia oculto en una cochera. No creo que haya cambiado mucho desde que se hicieron estas fotos hace unos años, y cualquiera puede entrar allí con permiso de algún vecino, aunque sea del vecino que en ese momento sale del sótano...

Este trozo de muralla está conservado en el bloque de la plaza de Colón nº8, si no me equivoco, que es el que hace esquina con la calle Torres Cabrera, junto a la plaza de las Doblas. La puerta de la cochera no da a Colón, sino a esta otra calle, y los restos se pueden intuir desde fuera, protegidos por una malla metálica.


Las estructuras son de época romana, y comparten características con los que hay en otros edificios colindantes. El hecho de que la muralla coincida con la medianera trasera del edificio no es casual, y es un patrón que se repite por toda la ciudad (Ollerías, Alfaros...), a consecuencia de la construcción de viviendas que aprovechaban la cerca como muro, o bien que seguían respetando la alineación que marcaba la muralla ya desaparecida, en un proceso llamado
fosilización del entramado urbano.


lunes, 8 de febrero de 2010

La Córdoba de Baldi (1668)

Junto con el conocido dibujo de Anton van der Wyngaerde (Antonio de las Viñas, para el cordobés medio de la época) en el siglo XVI, y el de Alfred Guesdon a mediados del XIX, hay (al menos) un tercer dibujo o grabado que nos muestra el aspecto de Córdoba en tiempos pasados.

Su autor es Pier Maria Baldi, artista que acompañaba a
Cosme III de Médici, cuando aún no era duque de Toscana, en sus viajes alrededor de Europa. Baldi tuvo la genial idea de ir dibujando todas las ciudades por las que pasaba la comitiva, dejando una enorme cantidad de valiosos documentos históricos. El viaje tuvo lugar entre 1668 y 1669, y Córdoba fue una de sus etapas.

Resulta un poco frustrante, aunque comprensible, que los primeros fotógrafos locales y otros artistas se centraran en la zona más monumental, los alrededores de la Mezquita, cuando elegían su lugar de trabajo. Hoy en día, la Mezquita sigue en su sitio, pero otras muchas zonas de la ciudad no fueron retratadas y ya han cambiado por completo su aspecto.


En este sentido, el dibujo de Baldi tiene la ventaja de mostrarnos una nueva perspectiva del casco histórico, porque parece que fue realizado desde el santuario de la Fuensanta. En él se pueden ver la Calahorra, el puente romano (con una perspectiva un tanto extraña) y el lienzo oriental de la muralla en la zona conocida como Campo Madre de Dios. A continuación tenemos el arrabal de la Fuensanta, una zona industrial, posiblemente dedicada a la producción y comercio de la seda, aunque esto es sólo una hipótesis. El arroyo de la Fuensanta, en esta zona, era llamado "de las Moreras".


Resulta importantísimo destacar que este dibujo es el único testimonio gráfico de la puerta de Baeza, una de las más monumentales de la ciudad, y que fue derribada en 1869 a pesar de la airada oposición de algunos eruditos locales.


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Descubrí el dibujo de Baldi gracias al blog de Rojunson, donde analiza algunos aspectos del mismo. Curiosamente, para su reconstrucción virtual de la puerta de Baeza, ha utilizado imágenes de la puerta del Grande o del Alcázar de la muralla de Ávila, cuyas manchas a muchos nos resultan inconfundibles...

La imagen que he utilizado aquí la encontré en una segunda fuente en internet, pero no recuerdo dónde.

viernes, 4 de diciembre de 2009

La muralla romana de Ronda de los Tejares, 13

Cuando se habla de las sorpresas que esconde el subsuelo de Córdoba, normalmente pensamos en lo que se va desenterrando con el crecimiento urbanístico actual (casi pasado, ya). Sin embargo, hay algunos restos arqueológicos que llevan años a buen recaudo en los sótanos de la ciudad, ignorados por la mayor parte de los cordobeses.

Es el caso del lienzo de muralla conservado en las cocheras de Ronda de los Tejares, 13, un espacio privado pero que se puede visitar habitualmente sin problemas, y en cualquier caso con permiso de los propietarios o del portero, que recibe amablemente a los curiosos despistados.


Se trata de un muro de unos cuatro metros de alzado, formado por enormes bloques de
opus quadratum de 1,2 metros de espesor, que algunos autores fechan en el período fundacional, lo que convertiría este monumento en la construcción más antigua de Córdoba (mediados del siglo II a.C.) y otros retrasan hasta la época de las guerras civiles de César contra los hijos de Pompeyo (45 a.C.). Además del simple muro hay una torre cuadrangular, así como diversas estructuras que están ocultas tras algunas paredes del sótano, entras las que aparece una vivienda adosada a un fuerte muro, paralelo a la muralla, y que podría también tener alguna finalidad defensiva.



El vídeo que he subido tiene mala calidad, y queda aún peor en Youtube, pero confío en que ayude a hacerse una idea del lugar a los que no tengan ocasión de visitarlo. Este trozo de patrimonio fue declarado bien de interés cultural (BIC) en 1985, y figura en el catálogo del
Patrimonio Inmueble de Andalucía.



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Ventura Villanueva, A. El abastecimiento de agua a la Córdoba romana II, Universidad de Córdoba, p. 68

www.arqueocordoba.com


martes, 6 de octubre de 2009

La puerta del Colodro: acorralando a Vernier

Pues sí, he ahí la puerta del Colodro. El lugar que recibió su nombre por ser el punto de entrada de las tropas cristianas en la Axerquía en 1236, bajo el liderazgo de los almogávares Benito Baños y Alvar Colodro. En la época musulmana, al parecer, no existía ninguna puerta en el lugar, aunque quizás las investigaciones arqueológicas ahora en curso cambien esta idea.

El minúsculo dibujo, con muy poco detalle, es un fragmento de la pintura de Guesdon que representa a Córdoba en el tercer cuarto del siglo XIX, antes de la construcción del ferrocarril. Pero debemos mirarlo con respeto, porque es el único documento que representa, sin ninguna duda, este monumento desaparecido de la ciudad.

La puerta del Colodro aparece como un simple arco en la muralla de tapial, sin más decoración ni almenas sobre ella. Apenas se conserva un trozo de muro por encima del arco, y el aspecto general es bastante ruinoso. Esta simplicidad en sus formas determinó, probablemente, que no quedara de ella ninguna descripción en las obras de la época.

En principio, la fidelidad de la imagen se puede tomar como alta. Las puertas de Almodóvar, Puente y Osario del mismo dibujo, de las que disponemos de fotografías, son prácticamente calcadas en la pintura de Guesdon, que se basó en una suerte de protofotografía llamada daguerrotipo.

La puerta del Colodro fue derribada entre finales de 1882 y el mes de enero de 1883, en el marco de una reforma del camino de las Ollerías que acabó de forma simultánea con la puerta de la Misericordia. Curiosamente, la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos autorizó el derribo a condición de que una placa conmemorase para siempre el hecho histórico ocurrido en aquel lugar (1).


Y a todo esto, ¿es esta la puerta que dibujó Vernier en su estancia cordobesa? Es de las mejor situadas, desde luego. Para mí no es la favorita, pero debo reconocer que no hay ningún argumento de peso que la descarte. Hay que tener en cuenta, eso sí, las importantes diferencias que se ven entre las dos imágenes. Aunque no venga al caso, podemos tomar como ejemplo la iglesia de San Agustín, que está más o menos a la misma distancia que el Colodro en la pintura, y que se representa de manera bastante fiel, aunque con algunos errores:


La pintura de Guesdon corresponde al principio de la década de 1860, cuando Vernier contaba 30 años. Al ser derribada la puerta, el artista estaba dedicado ya casi en exclusiva a pintar marinas en la costa francesa, a sus 53 años.
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(1) Cristina Martín López, Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica.
La foto aérea de San Agustín está tomada por Rafa Tena desde su paramotor. Ver "Córdoba desde el cielo"

lunes, 27 de julio de 2009

Persiguiendo a Vernier: cómo se echó abajo la puerta de Gallegos

Después de descartar la puerta de la Misericordia, vamos a desplazarnos a otra zona de la ciudad para aclarar ideas sobre otra de las puertas candidatas a ser la retratada por Émile Vernier en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX.

En este caso volveremos sobre la puerta de Gallegos, que por la forma del remate superior podría recordar al dibujo en cuestión. Tenemos que partir de la única foto de que disponemos en la que aparece la puerta: la de 1862, en medio de la celebración de la Feria de la Salud.


Sólo observando la imagen podríamos, si nos ponemos quisquillosos, descartar su identificación con la de Vernier. Las proporciones son distintas, falta un cuerpo de muralla entre la puerta y el remate y, además, las almenas las diferencian. Por no hablar del aspecto ruinoso de la muralla del dibujo, frente a las líneas rectas de la foto.

Sin embargo, hay otro punto que nos limita todavía más la imaginación: si lo que pintó Vernier fue una versión empobrecida de la puerta de Gallegos, en algún momento entre 1862 y el derribo final (1865), suponiendo que el ánimo destructivo de la época hubiera ido dañando el monumento en sus últimos años de vida, sólo pudo hacerlo en un lapso de tiempo muy concreto: entre el 5 de abril y el 24 de mayo de 1865. A los planos.

En el plano de 1851, así como en el estudio de detalle realizado el mismo año en un intento por alinear y adecentar las fachadas del lienzo oeste de la muralla, actual paseo de la Victoria, se puede ver cómo la puerta de Gallegos está encajonada entre dos casas. A la izquierda, según se entra, el número 1 de la plazuela de Aladreros. A la derecha, el número 49 de la calle Concepción.


Por lo tanto, en este momento no se puede suponer que Vernier realizara el dibujo de la puerta de un modo detallista, quitando a su antojo una edificación. Sería necesario eliminar la casa número 1 de la plazuela de Aladreros (que lindaba con la muralla y con el nº 3 de la misma plaza) para hacer una vista interior en la que el muro a la derecha de la puerta estuviese libre. ¿Cuándo fue esto posible? Más o menos entre las fechas que dije antes.

Cuando se decidió echar abajo la puerta de Gallegos fue necesario demoler, en primer lugar, la casa que estaba adosada al lienzo norte junto a la entrada, para dejar más espacio. El 28 de marzo de 1865 el Ayuntamiento compró la vivienda a Dª Rosalía Arteaga, e inició los trámites para su derribo. El 5 de abril se celebró una subasta para adjudicar los materiales de construcción que se obtuvieran, y la obra comenzó poco después. El 30 de abril ya estaba realizada, y sólo se pensaba en hundir la puerta antes de que empezara la Feria, cuando más tránsito de gente habría por la zona.

Durante el mes de mayo se sucedieron las subastas de materiales sobrantes de la muralla, y el 24 de mayo la situación estaba normalizada, y se podía circular sin problema por esta renovada entrada de la ciudad.



Es decir, suponiendo que la puerta en 1865 ya no tuviera almenas, y salvando las diferencias en las proporciones entre la foto y el dibujo, Vernier sólo tuvo poco más de un mes para plasmar la puerta de Gallegos. ¿Pudo hacerlo a sabiendas de que era un monumento a punto de desaparecer? En ese caso chirría un poco que no eligiera la vista exterior, más representativa.

En mi opinión, tampoco es la puerta de Gallegos la que está colgada en el Louvre huérfana de nombre.

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La información para este artículo está tomada del completísimo libro de Cristina Martín López, "Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica".

domingo, 21 de junio de 2009

Más datos sobre la puerta Excusada

(Entrada anterior sobre la puerta Excusada)

Para que no se quede como uno de los temas inacabados que nunca se retoman, conviene completar el ladrillo del otro día con algunos datos sueltos de la puerta de la Misericordia o Excusada. Nuevamente tengo que tirar de los "Paseos", porque de momento no conozco otra fuente que la mencione.

El nombre más antiguo que se le da es el de "puerta de Alquerque", que aparece en un documento de la época de Alfonso X (siglo XIII). Podría indicar un topónimo árabe, a lo mejor de un arrabal, según Ricardo de Montis. Lo de puerta Excusada vendría por una leyenda según la cual un gobernante musulmán la habría calificado así después de que por ella penetraran parte de las tropas cristianas durante la Conquista, y con ese nombre se la conocería hasta que la fundación y crecimiento del hospital de la Misericordia provocaron el cambio en la denominación popular.

Se sabe que entre los siglos XV y XVI sufrió un incendio, que provocó que fuera tapiada durante un tiempo, hasta que el 10 de febrero de 1520 se decidió restituirla. Es por ello que recibió durante largo tiempo el nombre de "puerta Quemada".

Por lo demás, señalar a modo de curiosidad que el edificio que se ve en los planos de la entrada anterior a la izquierda según se sale, adosado por el exterior al muro de la Misericordia, es una fundición de hierro que pertenecía a los señores Portilla White y Compañía, según explica Cristina Martín en "Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica".

Y para terminar, otra imagen más: la comparación de la zona hoy en día con el mismo lugar en 1957, cuando se hicieron las fotos del vuelo americano. Se puede ver que la manzana del hospital, sobre todo en su parte oriental, conserva las líneas que ya tenía en los planos del siglo XIX.

jueves, 18 de junio de 2009

Persiguiendo a Vernier: la puerta Excusada, de Alquerque o de la Misericordia

La búsqueda de la puerta de Vernier sigue avanzando poco a poco, pero al menos me ha servido para poder informarme sobre una de las que en principio consideramos como posibles, la puerta del Santo Cristo de la Misericordia, más conocida como puerta Excusada y, antes, puerta de Alquerque. Esta puerta se situaba en la mitad oriental de la actual avenida de las Ollerías, en la salida al campo por la calle Cárcamo. En un pequeño corte del plano de 1851 se nos muestra así:



Esta es una comparativa de su evolución entre 1851 y 1884, donde podemos notar como único cambio importante el derribo de la muralla, y por tanto, de la puerta, que tiene lugar en el año 1882.



Pero cualquier intento de comprender la historia de esta puerta pasa, necesariamente, por entender la del edificio que fue surgiendo a su lado, parasitando su espacio y, finalmente, determinando un cambio en su ubicación: el hospital de la Misericordia.

Realizando una interpretación más o menos libre de la descripción de Ramírez de Arellano, aunque sin perder de vista los importantes restos que aún perviven en la calle Fernando de Lara, podemos reconstruir el pasado de esta zona de la ciudad. Nos ayudaremos para ello de la superposición del plano de 1851 sobre el viario actual, así como de una serie de fotos de la zona, numeradas del 1 al 8.

Este es uno de los puntos de la ciudad en los que resulta confusa la línea de muralla, ya que el plano decimonónico la sitúa muy hacia el exterior, prácticamente por la acera de la avenida de las Ollerías. Sin embargo, es evidente que hay un lienzo de muralla que corre por la calle Fernando de Lara en línea recta hacia la esquina de Ollerías con Ronda de Marrubial, representado por una línea roja larga en la superposición, y visible en las fotos 2 a 7. Es un muro de tapial de notable altura y espesor, reparado con ladrillo en algunas zonas, de gran altura en un tramo de 60 metros en el que se conserva un torreón, en su extremo oriental, y varias almenas frente a la calle Nieves Viejas. ¿Cuál es la verdadera línea de muralla?



Pues posiblemente la que aparece dibujada en amarillo sobre la imagen anterior, que coincide con la descripción que hace Ramírez de Arellano de una doble esquina: se comprende la existencia de otro lienzo de muralla que, uniéndolos [los lienzos del muro de la Misericordia, a la izquierda en rojo en la imagen, y de Fernando de Lara] formaba con los otros dos ángulos encontrados, haciendo por la parte del campo una gran rinconada y en ella la puerta en tiempo de los árabes llamada de Alquerque". En la foto 2 se ve la esquina sur de esa rinconada, inconfundible en su fábrica. He marcado con una interrogación la posible ubicación de la puerta Excusada original.

Al parecer, en 1690 se funda una cofradía del Santo Cristo de la Misericordia, que decide emplear para sus reuniones y obras una ermita construida unos antes junto a la puerta Excusada. Podría corresponderse con el solar que he marcado en amarillo. Rápidamente se extiende, gracias a donaciones, y ocupa el espacio hasta la muralla, del campo a la calle de Fernando de Lara, en el año 1729. Es en ese momento cuando se hace necesario trasladar la puerta, porque el nuevo hospital fagocitará incluso terrenos extramuros, formando poco a poco la manzana que luego se verá en los planos del siglo XIX, gracias a la construcción de dependencias en solares adosados al lado exterior de la muralla.

En la descripción del plano de la Gerencia de Urbanismo, se habla de los restos de Fernando de Lara como una "excepción" del proceso de demolición de la muralla. Eso no es del todo exacto, porque el único motivo de la supervivencia de este tramo es la funcionalidad que tenía al formar parte del propio hospital. De hecho, la parte que no servía a este efecto, es decir, los 100 metros desde el torreón a la esquina del Marrubial, fue demolida casi por completo, quedando un pequeño murete hasta nuestros días.



En cuanto a la puerta, Ramírez de Arellano la describe como de horrible forma. Pero da un dato muy importante: en la nueva de 1729 se colocó un San Rafael en lo alto, probablemente el mismo que hoy adorna el jardín en el lugar exacto en el que estuvo la entrada a la ciudad (foto 8). La presencia del edificio del hospital a la derecha de la puerta, que no aparece en el grabado de Vernier (no considero que el incendio de 1867 lo borrara del mapa, como atestiguan planos posteriores), y el propio San Rafael en el remate me hacen pensar que no es ésta la puerta que andamos buscando.

Pero, ¿y lo que se aprende? El próximo día, alguna anécdota más suave sobre la puerta.

(Más sobre la puerta Excusada)