viernes, 30 de mayo de 2008
El gañote de "Lagartijo"
Rafael miró a su paisano y no le contestó, le dio una palmada en el hombro, sonrió y llamó al camarero. Rafael Molina Sánchez, "Lagartijo". Casi nada. El "Retor" no se despegaba de su protector, que le llevaba de cuando en cuando, como parte de su cuadrilla, a sus grandes corridas por toda España. En todo le imitaba, tratando de acomodarse a un mundo que le venía grande. Si "Lagartijo" daba la mano, él la daba. Si "Lagartijo" alababa con elegancia el peinado de una señora, más aún le gustaba al "Retor".
Y el maestro, que se las colaba por todas partes y se divertía como un enano, le dijo al camarero: nos trae dos cortaos. Pero uno templadito y otro, aquí para el socio, caliente pa quitar el pellejo la tripa. Oído. Y con la mesa llena de gente importante, hablando de dineros, se bebió "Lagartijo" el cortao de un trago, sin parpadear, y de otro trago se tomó el suyo el "Retor", que después de pasearse a la carrera Gran Vía arriba y abajo durante diez minutos, con la mano al cuello pero sin levantar la voz ni un momento, vuelve a su asiento y, con porte digno, se le arrima al oído a Rafael para decirle:
- ¡Compare, tiés el gañote forrao de lata!
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De José Cruz, "Los piconeros cordobeses", con ciertas libertades.
martes, 27 de mayo de 2008
El vuelo americano y la evolución de Gran Vía Parque
En esta comparativa aparece la avenida Gran Vía Parque, tal y como estaba el año pasado y cincuenta años atrás. Bueno, mejor dicho, tal y como no estaba. Se puede ver la plaza de Costa Sol, el camino que hoy es la avenida del Aeropuerto, el paso a nivel junto a la actual glorieta Ibn Zaydun y la fosilización de los antiguos caminos tradicionales en la nueva ciudad, como ocurre con el camino de Almodóvar que pasa hoy por el aparcamiento de la plaza de toros.
sábado, 24 de mayo de 2008
Milenario (1): la última primavera de Qurtuba
(ver siguiente)Hace exactamente mil años, la grandiosa Qurtuba califal vivió su última primavera. Era mayo de 1008, cuando florecieron por última vez los jardines de Medina Alzahira (al-Madinat al-Zahira) y se adornaron de colores las almunias que rodeaban a la capital.
Reinaba el tercer Califa de la dinastía de los Omeya, Hisham (Hixem) II, encerrado en su propio palacio por el valido Abd al-Malik al-Muzaffar, hijo del todopoderoso Almanzor y gobernante efectivo desde su muerte en 1002, estableciendo de esta manera una dinastía amirí en el poder, paralela y sobrepuesta a la legítima familia reinante.
La ciudad era inmensa. Inabarcable. Los historiadores decimonónicos jamás se creyeron las cifras de población porque no imaginaban una Córdoba de doscientos, trescientos mil, medio millón de habitantes constreñida entre sus murallas medievales; les faltaba el dato esencial: Córdoba ocupaba una superficie mucho, muchísimo mayor. Rebasaba los muros y se extendía por la actual Ciudad Jardín hasta más allá de los límites actuales, seguía el río hasta las almunias de Casillas, se había construido en lo que hoy son las Margaritas, Ollerías, casi con toda seguridad algunas zonas de Levante hasta Carlos III.
Ni París, ni Roma, ni Londres podían soñar siquiera con semejante extensión o con una parecida cantidad de artistas, artesanos o científicos. Sólo la opulenta Constantinopla, Bagdad o Cairuán podían compararse con Córdoba.
Dos ciudades palatinas, Medina Azahara al oeste y Medina Alzahira al este, rivalizaban en riqueza. Junto a ellas, se habían extendido los barrios de funcionarios y comerciantes, formando en algunas zonas casi un continuo de siete millas que Ramírez de las Casas-Deza nunca pudo llegar a entender.
Y sin embargo, la bomba étnica que suponía la mezcla de árabes, beréberes, muladíes, eslavos y mozárabes había ido fraguando una inestabilidad cuya mecha sería el enfrentamiento dinástico entre omeyas y amiríes. Desde finales de 1008 y, especialmente, principios de 1009, cuando estalló la guerra civil, una vertiginosa sucesión de Califas, asedios, saqueos y revueltas aplastó durante veintidós años la memoria de Qurtuba. Medina Alzahira fue destruida en 1009, Medina Azahara fue violada y hundida en 1010. Sólo quedó, en palabras de Ocaña Jiménez, un "campo pletórico de espantosas ruinas", un cementerio de casas, muros caídos y tejados carbonizados, miles de viviendas abandonadas, capiteles rotos. Columnas caídas, arcos colapsados, palacios desvalijados.
Fue la mayor catástrofe, sólo comparable a la destrucción por las legiones de Julio César, que esta ciudad haya visto en su Historia, y se va a cumplir su milenario. Ha llegado la hora de rescatarla del olvido.
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Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)
miércoles, 21 de mayo de 2008
Cine Alkazar
El periódico del día siguiente se deshace en halagos hacia la calidad del sonido, de las butacas, de la iluminación indirecta y de las múltiples comodidades que habrían de llegar en cuanto el cine estuviera terminado por completo, ya que se inauguró inconcluso por los deseos del público, según la empresa explotadora.
Aquí queda, archivado para la posteridad.
lunes, 19 de mayo de 2008
Retoques
Córdoba vive: el Hombre Río
Abrazamozas
Don Juan, el último bohemio
domingo, 18 de mayo de 2008
Cruda descripción del cordobés medio
Los cordobeses son bien formados, de color trigueño o moreno por lo general, gallardos y buenos jinetes; y disfrutando de un cielo despejado, de un clima meridional apacible y risueño y de un suelo feracísimo y ameno; son vivos, alegres, ingeniosos de imaginación ardiente, ponderativos, amantes del lujo y de la vida libre y aventurera, frugales, presuntuosos, poco dados al trabajo, enemigos de la profesión militar, y nada hospitalarios ni benéficos aún con los consanguíneos. La educación está descuidada proporcionalmente en todas las clases y en uno y otro sexo.
Magistral don Luis María en la técnica de atraer al incauto con halagos y pasar a continuación a zurrarle sin contemplaciones. ¿Cuánto hemos cambiado en siglo y medio?
jueves, 15 de mayo de 2008
Ategua
El poblado medieval posteriormente conocido como Teba, cuyos restos se alzan hoy junto al cortijo de Teba la Vieja, a unos cinco kilómetros de Santa Cruz en dirección a Castro, es el yacimiento con mayor cantidad de estratos históricos estudiables de todo el término de Córdoba, y posiblemente de toda su provincia, igualando a la capital, con la salvedad de que ésta varió de emplazamiento en el momento de la fundación romana.
En Ategua se han hallado restos del Calcolítico, allá por el tercer milenio antes de Cristo, de la Edad del Bronce, cuya etapa final se difumina entre una mezcolanza de civilizaciones con restos tartésicos, celtíberos, fenicios y griegos, que nos llevan a las primeras etapas históricas. Para entonces ya existía una ciudad amurallada, que los romanos ocuparon y conservaron, convirtiéndose en escenario de algunos enfrentamientos decisivos de las guerras civiles en tiempos de Julio César.
La ciudad siguió habitada durante la ocupación musulmana, habiéndose encontrado, entre otros muchos restos, cerámicas califales. Fue reconquistada por los castellanos, pero su vida estaba a punto de llegar a su fin. Apenas un siglo después, en 1348, la Peste Negra asoló el poblado, y los escasos supervivientes se dispersaron por otras poblaciones.
Ategua ha sido excavada en varias ocasiones, pero de una manera parcial y sin perspectiva de convertirlo en un monumento visitable de primer orden. Miles de piezas descansan en las salas y los sótanos de museos y depósitos, otras muchas en naves industriales de las redes de traficantes. Mientras tanto, los enamorados de esta ciudad perdida siguen soñando con tiempos mejores.
lunes, 12 de mayo de 2008
El cofre escondido de Lepanto
Afirmó, a sus 66 años, que alguien debería rebuscar en el subsuelo de dicho muro, cerca de las columnas de ladrillo que flanquean la puerta frenta a los Trinitarios, para encontrar un pequeño cofre que se depositó allí el día de 1877 en que Alfonso XII, de visita en Córdoba, colocó la primera piedra de los futuros cuarteles.
Dentro del cofre se habrían depositado algunos objetos de la época, como monedas o algún mensaje escrito para la posteridad. Ahora es el momento de elegir entre recuperarlo para un museo o dejarlo dormir bajo la nueva avenida que se está proyectando en Ronda del Marrubial.
Como curiosidad, aquí os dejo el periódico del día en que se anunciaba la visita del Rey.
viernes, 9 de mayo de 2008
Juan Palo
Al parecer, lo tomó de uno de sus vecinos, un tal Juan, de apodo "Juan Palo", que vivía con una mujer que la leyenda nos presenta como muy autoritaria, de manera que el marido acababa con frecuencia en casa de su madre, donde se lamentaba de su suerte.
La madre, que debemos recordar que vivió hará como unos tres siglos, le señalaba insistentemente que "ninguna medicina era tan eficaz como una buena dosis de acebuche (sic)". Expresaba su idea gritándole al pobre hombre:
- ¡Juan, palo, palo en ella, que el loco por la pena es cuerdo!
Los vecinos, que pasaban las semanas escuchando semejantes consejos de madre, acabaron por ponerle al tal Juan el apodo que le ha quedado para la posteridad.
lunes, 5 de mayo de 2008
¿Hacia dónde mira la qibla? (y II)
Ángel Ventura, en varios trabajos, identifica la nave central de la Mezquita, antes de la ampliación de Almanzor que descentró el Mihrab, con uno de los kardines o calles que se crearon tras la refundación augustea de la ciudad, que desbordó hacia el sur las primitivas murallas republicanas. De esta forma, la Mezquita sería un edificio aún encorsetado, siete siglos después, por el urbanismo hispanorromano. Una aproximación a su teoría es la que muestra esta figura:
Sin embargo, la hipótesis más romántica y exótica es la que ha gozado de más popularidad. Navegando por el terreno de la leyenda, se afirma que Abderramán I, al emprender la construcción de la Aljama, se dejó llevar por la añoranza de su tierra siria, donde las mezquitas señalan casi hacia el sur, hacia La Meca, y ordenó que la nueva edificación respetara esta orientación.
Podemos hacer un viaje a Siria y tratar de verificar esta idea:
Que cada uno estudie las fuentes y entienda lo que crea más conveniente, porque seguramente habrá explicaciones alternativas a estas, pero a mí, que no me dedico a la Historia, me convence más la teoría del urbanismo romano. Y cuando encuentre tiempo para leer, a lo mejor profundizamos por ese lado.
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¿Hacia dónde mira la qibla? (I)
sábado, 3 de mayo de 2008
¿Hacia dónde mira la qibla? (I)
En efecto, si trazamos una línea prolongando el muro occidental o el oriental de la Mezquita más allá del río, de la costa y del Mediterráneo, acabaremos aproximadamente en el centro de África, a miles de kilómetros de Arabia. Podéis hacer la prueba con cualquier mapamundi. La qibla de la Mezquita de Córdoba mira hacia el sudeste.
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¿Hacia dónde mira la qibla? (II)
miércoles, 30 de abril de 2008
Una poesía de García Baena
Una poesía, homenaje a la dignidad que vive en el recuerdo fiel de lo que fue nuestra ciudad. De Pablo García Baena, del Grupo Cántico.
Córdoba
A Carlos Castilla
¿A quien pediremos noticias de Córdoba?
Porque las piedras que amabas a la tarde han sido derribadas,
talados los cipreses y su claustro de salmos silenciosos,
destruidos los arcos,
el capitel rodó sobre la ortiga
y los artesonados aplastaron blasones,
soberbia, yelmos, gules...
Corrio la lagartija sobre lises
y las manos falaces arrasaron vergeles,
enmudeció la esquila en la espadaña,
abatieron dinteles, picaron tracerías. hundieron hornacinas
y a la venta pusieron atauriques,
teselas. surtidores, plata ilustre de ofrendas
y cobraron monedas de la traición tus hijos,
subastaron tus lágrimas, oh madre,
patria mía.
No había más belleza en este mundo
Por las calles de cal cuando furtiva
ajena sombra iba enamorada,
incansable de sol a sol,
tejiendo el embeleso luna a luna,
telones y murallas, celosías
de altas clausuras,
palmas de sombra sobre tapias blancas,
era ya solo amor el escenario,
la letanía armoniosa de los nombres:
Muro de la Misericordia, Alcázar Viejo,
Plaza de los Aguayos, Piedra Escrita,
Tesoro, Hoguera, Cidros, Mucho Trigo
¿Que ramos de tristeza los naranjos al cielo levantaban?
¿Que soledad y sus aspas de relente
enfriaban heridas como joyas?
Fuentes cegadas, oigo vuestros caños por la memoria,
vivas gargantas sollozantes.
Palpo el mármol, los fustes, las verdinas
sobre bronces ecuestres. Aromas como anillos
ciñen nupcias, suben por galerias desvaídas:
jazmín morisco, lilas, ajedrea.
Edén siempre perdido,
concédeme el recuerdo y su llave de niebla.
Don Luis se alejó por la calleja,
el Duque miró el ángel dorado del ocaso,
volvió al baño Lucano y tus hijos
de la campiña fueron a trabajar a Dusseldorf
Amarillas banderas
como présagas aves codlciosas
enlutaron terrazas. Usura y avaricia
la heredad repartieron destruyéndola,
dividieron tu suelo,
echaron suertes
sobre el solar patricio,
fonsque sophiae,
mientras te disfrazaban percalinas
para un siniestro carnaval turístico,
oh inmortal, eterna, augusta siempre,
oh flor pisoteada de España.
domingo, 27 de abril de 2008
Las conquistas italianas del Gran Capitán (I)
Más de cinco mil hombres se agolpan ya en los campamentos de las afueras, y entre ellos, explorando sus sensaciones y su nivel de moral, cabalga Gonzalo Fernández de Córdoba, uno de los artífices de la toma de Granada. A sus cuarenta y dos años, inteligente, curtido en la guerra civil de Castilla y en las últimas etapas de la Reconquista, Fernández de Córdoba puede notar en el ambiente el respeto hacia su figura.
Su misión era clara: debía expulsar a los ejércitos franceses del reino de Nápoles, y asegurar el dominio aragonés al sur de los territorios del Papa. El rey francés Carlos VIII había enviado allí duque de Montpensier, quien había ocupado las principales ciudades napolitanas.
Sesenta navíos y diez leños (a vela y remo) transportarían a seis mil infantes y casi un millar de jinetes hasta Sicilia, territorio aragonés, y después hasta Calabria, en el extremo sur de la península Itálica, donde se hicieron fuertes. Gonzalo Fernández de Córdoba se trabajó la lealtad de sus hombres dirigiéndoles con mano maestra y forzando sus posibilidades con largas marchas hacia sus objetivos.
El magistral manejo de la flota por el conde de Trivento, Galcerán de Requesens, permitió a los españoles bloquear y amenazar los puertos ocupados por Francia, causando revueltas de la población en la misma capital, Nápoles.
Por tierra, el Gran Capitán avanzó hasta recluir a los franceses en Gaeta, al norte de Nápoles, y en Tarento, cerca de la costa adriática. En estos últimos actos de la campaña, al bloqueo naval y a la colaboración de los aliados venecianos se unión el efecto de la peste declarada entre las filas de Montpensier, quien murió en Gaeta, marcando el final de la resistencia francesa.
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Con cariño para Antonio
jueves, 24 de abril de 2008
Abrazamozas
A medio camino entre las Tendillas y la Trinidad, comunicando la plaza Doctor Emilio Luque con San Felipe, se encuentra la estrecha calle de Valdés Leal. Sin embargo, hasta 1862, en que se quiso recordar para siempre a este pintor cordobés dándole su nombre a esta callejuela, se la había conocido como Abrazamozas, al menos desde el siglo XVIII.
Contaban antiguamente a modo de enseñanza que un joven atrevido, de los muchos que se dedicaban a dar serenatas a las mujeres de la ciudad, solía ser algo más decidido que sus compañeros y siempre acababa por abrazar ("abrazar") a las damas que rondaban por aquel barrio.
Una noche se encontró con una, bien alta, que venía andando por la calle de los Leones (hoy, Sevilla), con el rostro tapado y todo el cuerpo cubierto, y que se resistió más de lo habitual a su cortejo. Por más que ella insistió en que la dejara marchar tranquila, él la siguió hasta la calle de la Palma, antiguo nombre de Abrazamozas, donde le hizo un último requerimiento.
La mujer, deteniéndose, le advirtió. Si quería un abrazo, podía exponerse a consecuencias poco agradables. Considerando esta amenaza como una muestra de debilidad, la rodeó con sus brazos y sintió bajo la tela el frío roce de un amasijo de huesos desnudos, sin carne ni piel, de un esqueleto fantasmal que le heló el ánimo al corresponderle en su abrazo y no dejarle marchar. El muchacho perdió el conocimiento y le encontraron a la mañana siguiente, tirado en la calle y convencido de que, desde aquel día, iba a cambiar algunos hábitos.
lunes, 21 de abril de 2008
Y tocar el cielo en las Tendillas
Roque Olsen en el banquillo. Benegas, Simonet, Mingorance, Navarro, Martínez, Marañón, Riaji, Juanín, Miralles, Vázquez y Homar creando para el cordobesismo del futuro una leyenda a la que agarrarse en las aciagas tardes de paseo al borde del pozo. Casi los mismos (salvo Paz y Costa) que el 1 de abril habían celebrado en el Colombino, ante diez mil cordobeses, el 0-4 con el que el equipo lograba el sueño acariciado desde su fundación en 1954, a partir de las cenizas de anteriores proyectos.
En el estreno, con el antiguo estadio del Arcángel convertido en una fiesta, la leyenda tomó forma cuando Juanín, en el minuto 59, se encontró con un balón en el punto de penalti y lo hizo volar hasta el fondo de la portería del fondo sur. Fue el primer gol y la primera victoria del Córdoba entre los grandes. Días de gloria, para soñar.