De vez en cuando, la motivación llega en forma de caluroso apoyo de los amigos. El otro día, tinto en mano, el compañero malabaddon me recordó que, días atrás, me había pasado un enlace curioso, añadiendo que "ya no publicas entradas ni cuando te las dan hechas". Guardaré esa frase junto a las no menos queridas "maldita la hora en la que te enseñé la Piedra Escrita", "a veces pienso que el blog te lo escribe un negro" o "si son más de tres párrafos ni lo leo" que me han ido regalando en estos años.
El caso es que estaba malabaddon echando el rato ante la "Historia medieval del sexo y el erotismo" de Ana Martos, cuando encontró una referencia que no he podido localizar en ninguna fuente diferente a esa: el uso de leche de sirena en la corte del ilustrado Califa Alhakén II, a finales del siglo X.
Al parecer, este exótico producto cuya fuente real (una vez descartada la colaboración de las quimeras de mujer y pescadilla) es desconocida, provenía de una anciana, de existencia no menos cuestionable, que vivía en el golfo de Bengala, y que se lo proporcionaba a los mercaderes que llegaban del Mediterráneo.
La leche de sirena tenía dos propiedades a cuál más apetecibles: por un lado, permitía a aquél que la tomaba disfrutar de sueños eróticos con la mujer que quisiera. Por otro, le convertía en invisible, con lo que podía entrar a los harenes sin ser visto por los eunucos que vigilaban a las concubinas de palacio.
El hecho de que esa fuera la mejor utilidad que le vieran a un brebaje que vuelve invisible dice mucho a favor de la gente del siglo X. Quizás estaban menos obsesionados con la guerra de lo que a veces nos pensamos...
martes, 27 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
Los viejos dioses en el Vial
Nadie repara en lo que ocurre sobre su cabeza, porque hace décadas que se olvidó el cielo dentro de las ciudades, y hace siglos que nadie atiende ya a los viejos dioses que regían los ciclos de la vida, el amor o la guerra.
Saturno, Marte y Venus, de izquierda/arriba a derecha/abajo, posan juntos sobre las avenidas de Córdoba, como desde hace unos días y hasta dentro de un par de semanas. El 12 de agosto, en plenas lágrimas de San Lorenzo, con la Luna creciente y nada más ponerse el sol, se dejarán ver junto a Mercurio, entre las constelaciones de Virgo y Leo.
Las fotos son un poco improvisadas y con muchos reflejos, no sabía qué otras oportunidades tendría y había que aprovechar el momento. Y una recomendación: la mejor guía del cielo en el ordenador.
miércoles, 21 de julio de 2010
Remontando el arroyo de San Cayetano, y metiéndonos en el fango del arroyo del Colodro
Hace tiempo, Laurentino publicó en Puente Mayor una entrada que llevaba tiempo rumiando para este blog. En ella hablaba de los dos arroyos que confluían cerca de la Malmuerta, el del Matadero y otro que venía del norte, y explicaba cómo en la excavación de la parcela donde se construye actualmente el polideportivo de San Cayetano se había encontrado un posible paleocauce en dirección norte-sur, que podría estar relacionado con el arroyo de Santa Marina y San Lorenzo, el que corría por el interior de la Axerquía entrando por la plaza de la Lagunilla.
Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.
La verdad es que me parece muy probable que fuera este arroyo, procedente de la zona de la Cuesta Negra, bien conocida por el compañero Laurentino, el que se dirigía hacia el sur penetrando en el barrio de Santa Marina. O mejor dicho, era el que se dirigía hacia el sur desde antes de existir la ciudad, y alrededor del cual surgieron los antiguos arrabales que conformarían los barrios de la Axerquía.

Y...
En cuanto al otro arroyo que confluía con el anterior, el que se puede ver al oeste en el plano de Laurentino, viniendo por una vaguada al otro lado de la vía del tren, me ha dejado bastante pensativo. Supongo que la línea azul que atraviesa el barrio del Matadero está tirada un poco al tun tún... yo la pondría un poco más al norte.
Concretamente en la actual avenida de los Molinos, donde en los años 70 se hundió un trozo de suelo durante la construcción de los nuevos bloques, y un coche cayó a una especie de galería abovedada que la gente identificó entonces con el "arroyo del Colodro". Bueno, el arroyo del Colodro, a estas alturas de la película, está tan trillado por la leyenda popular que podría estar en quince sitios diferentes, con lo cual lo mejor sería dejar de usar ese topónimo, en mi opinión. En este caso, y mirando el plano, bien podría ser que por Molinos Alta pase la canalización de ese antiguo arroyo del Matadero, camino de la Malmuerta y la Lagunilla.
---
Ruiz, E. "IAU en calle Santa Rosa s/n esquina con avenida de los Almogávares (Córdoba)", Anuario Arqueológico de Andalucía 1997, III/Actividades de Urgencia, pp. 218-223.
Sin embargo, ese dato era sólo la mitad de la entrada que tenía proyectada, y creo que es un buen momento para sacar a la luz (aunque es algo ya publicado), el resto de la información. Resulta que en otra excavación realizada más al norte, en la esquina de la calle Santa Rosa con la avenida de los Almogávares (antiguo cine Santa Rosa), aparecieron hace ya bastantes años una serie de estructuras que nos indican la existencia de un antiguo arroyo, tanto desde el punto de vista geológico ("la paleotopografía de la zona parece indicarnos la existencia del cauce de un arroyo procedente de la sierra y que dependiendo del régimen de lluvias se desbordaría ocasionalmente inundando las márgenes") como arqueológico, con obras de encauzamiento cuyo inicio fecha Eduardo Ruiz Nieto en época romana (incluyendo, al parecer, un puente). Otras estructuras relacionadas con este curso de agua se construirían en época musulmana.La verdad es que me parece muy probable que fuera este arroyo, procedente de la zona de la Cuesta Negra, bien conocida por el compañero Laurentino, el que se dirigía hacia el sur penetrando en el barrio de Santa Marina. O mejor dicho, era el que se dirigía hacia el sur desde antes de existir la ciudad, y alrededor del cual surgieron los antiguos arrabales que conformarían los barrios de la Axerquía.

Y...
En cuanto al otro arroyo que confluía con el anterior, el que se puede ver al oeste en el plano de Laurentino, viniendo por una vaguada al otro lado de la vía del tren, me ha dejado bastante pensativo. Supongo que la línea azul que atraviesa el barrio del Matadero está tirada un poco al tun tún... yo la pondría un poco más al norte.
Concretamente en la actual avenida de los Molinos, donde en los años 70 se hundió un trozo de suelo durante la construcción de los nuevos bloques, y un coche cayó a una especie de galería abovedada que la gente identificó entonces con el "arroyo del Colodro". Bueno, el arroyo del Colodro, a estas alturas de la película, está tan trillado por la leyenda popular que podría estar en quince sitios diferentes, con lo cual lo mejor sería dejar de usar ese topónimo, en mi opinión. En este caso, y mirando el plano, bien podría ser que por Molinos Alta pase la canalización de ese antiguo arroyo del Matadero, camino de la Malmuerta y la Lagunilla.
---
Ruiz, E. "IAU en calle Santa Rosa s/n esquina con avenida de los Almogávares (Córdoba)", Anuario Arqueológico de Andalucía 1997, III/Actividades de Urgencia, pp. 218-223.
sábado, 17 de julio de 2010
El siglo que se iba
Un poco como la nave espacial que se da la vuelta y toma una foto del mundo del que se aleja, el siglo XX tomó esta foto de Córdoba mientras emprendía su viaje hacia el pasado. Hace unos años ya, me la pasó el Doctor Mabuse, de la Calleja de las Flores, a quien se la pedí para tener más a mano este pequeño recuerdo de la infancia. La verdad es que el barrio que yo conocí aún no había nacido (estaban por construir la mayoría de los pisos de Noriega alrededor del chimeneón, no se había hecho el colegio "La Malmuerta"...), pero dado que recuerdo bien el Viaducto y algunos otros detalles, me considero parte de esta imagen.
Y como a cada uno le traerá sentimientos diferentes y, además, como se ha podido comprobar en el último mes, no ando muy inspirado últimamente, no digo más y os dejo la foto a la máxima calidad que Flickr me permite colgar.
Y como a cada uno le traerá sentimientos diferentes y, además, como se ha podido comprobar en el último mes, no ando muy inspirado últimamente, no digo más y os dejo la foto a la máxima calidad que Flickr me permite colgar.
lunes, 14 de junio de 2010
El collar de la paloma, de Ibn Hazm
Todo estaba ya inventado, porque todos somos, como dice don Manuel, hijos del vaivén. Ya se podía escribir un tratado, todas las situaciones que vinieran después se podrían aplicar a algún pasaje de "El collar de la paloma", un ensayo sobre el amor. Hace mil años, entre pesadillas, mientras ardía su memoria de tiempos de grandeza del Califato cordobés, Ibn Hazm iba rumiando la obra que más contribuiría a hacerle inmortal.
Ibn Hazm de Córdoba, nacido el año 994, criado en los
últimos estertores de grandeza de la corte de Almanzor, es el tipo que está hecho estatua delante de los arcos que hay junto a la puerta de Sevilla y hecho calle entre el Brillante y la Cuesta Negra, con la transliteración de "Abén Hazam". Un hombre al que las revoluciones de 1009 en adelante pillaron por sorpresa, derrumbando su mundo, su familia, sus sueños y sus aspiraciones; quizás también parte de su carácter. Se convirtió en lo que se llamaba un legitimista omeya, es decir, alguien que soñaba, en medio de los ríos de sangre de las guerras civiles de Al Andalus, con restituir en el poder a un Omeya que volviera a reinar sobre todo el antiguo imperio cordobés.
Y entretanto, desde el exilio en las taifas de Levante, escribió una pequeña joya en treinta capítulos (muy cortitos, la mayoría), en la que se sumerge en todos los matices de una relación sentimental, recordando de vez en cuando detalles de la Córdoba que ya no existía (un pasado roto no es nada...) y refiriéndose constantemente a los recuerdos de su infancia entre las concubinas de la corte.
En medio de cada capítulo, el autor incluye poesías de su propia cosecha (que al traducirse, como pasa normalmente, pierden casi toda la gracia), además de historias con moraleja y enseñanzas de su propia experiencia.
Sentado debajo de un árbol, en las últimas mañanas frescas antes del verano, con el "Collar" entre las manos, resulta fácil comprender que las personas no han cambiado demasiado en el último milenio. Tenemos los mismos deseos, las mismas ilusiones y muy parecidos problemas. A través de la pluma de Ibn Hazm, los cordobeses del siglo XI nos siguen ayudando a explicarnos a nosotros mismos.
---
"El collar de la paloma", Alianza editorial. Versión de Emilio García Gómez, bolsillo, 350 págs.
Ibn Hazm de Córdoba, nacido el año 994, criado en los
Y entretanto, desde el exilio en las taifas de Levante, escribió una pequeña joya en treinta capítulos (muy cortitos, la mayoría), en la que se sumerge en todos los matices de una relación sentimental, recordando de vez en cuando detalles de la Córdoba que ya no existía (un pasado roto no es nada...) y refiriéndose constantemente a los recuerdos de su infancia entre las concubinas de la corte.
En medio de cada capítulo, el autor incluye poesías de su propia cosecha (que al traducirse, como pasa normalmente, pierden casi toda la gracia), además de historias con moraleja y enseñanzas de su propia experiencia.
Sentado debajo de un árbol, en las últimas mañanas frescas antes del verano, con el "Collar" entre las manos, resulta fácil comprender que las personas no han cambiado demasiado en el último milenio. Tenemos los mismos deseos, las mismas ilusiones y muy parecidos problemas. A través de la pluma de Ibn Hazm, los cordobeses del siglo XI nos siguen ayudando a explicarnos a nosotros mismos.
---
"El collar de la paloma", Alianza editorial. Versión de Emilio García Gómez, bolsillo, 350 págs.
viernes, 11 de junio de 2010
El Palace antes de volverse mohoso
Así que, para no aburrir, os dejo directamente que disfrutéis del estilo publicitario de la época. Con aire acondicionado, teléfono e incluso aparato de radio en cada habitación, ¿quién no querría venir al "corazón de la romántica y legendaria Andalucía?"
domingo, 6 de junio de 2010
El algarrobo del Patriarca: ¿cómo de centenario? (y II)
Capítulo Dos: la leyenda del algarrobo del Moro
(Capítulo Uno: el árbol)
Hace unos años, cuando ya conocía el algarrobo del que hablamos en la entrada anterior, leí en la "Palestra Sagrada" de Sánchez Feria una vieja historia sobre una imagen religiosa encontrada en las cercanías del cerro de las ermitas. Hacía referencia a un árbol de esta especie y desde entonces no puedo dejar de preguntarme si estamos hablando del mismo lugar. Os hago copia-pega de la historia según este autor:
Los "Paseos por Córdoba" más o menos vienen a corroborar el relato, aunque se sustituye el terremoto por una tormenta y varía la fecha un par de días.
Refiere la historia que un niño de siete años llamado Bartolomé de Pedroza fue el día de 7 de octubre de 1680 a buscar un haz de leña. Ya muy lejos de la población se armó una gran tormenta de agua y grandes exhalaciones que acobardaron al niño, pensando si volverse o no a su casa, cuando vio entre las matas una horrible culebra en dirección suya. Entonces corrió a esconderse entre unas peñas, donde encontró esta imagen, que trajo a Córdoba, entregándola al rector de su parroquia, Santa Marina, don Fernando Dávila, quien, para darla título, puso varias papeletas y sacó una, tocándole el de Villaviciosa. Donola al convento del Cister, recién establecido, y cuya comunidad la ha conservado con extremado culto.


La expresión "al pie del cerro" es un poco ambigua, pero puede aplicarse al lugar del algarrobo que conocemos, porque desde allí todo es subida (y dura) hacia las ermitas, y nos metemos en la falda de la montaña. La foto en la que se ven el árbol y el cerro puede resultar engañosa a este respecto. Y curiosamente, a unos metros del árbol se encuentran unas antiguas canteras, similares a las conservadas junto al Castillo de la Albaida que, si dejamos volar la imaginación, podrían identificarse con los peñascos de la leyenda.
Cada uno es libre a la hora de interpretar el tema como quiera. La
identificación del árbol con el "algarrobo del Moro" es algo que nunca será posible probar, pero que tampoco me parece descabellado. Implicaría que en 1792, hace 200 años, al imprimirse la "Palestra" (y no en 1680, según entiendo al leer el relato), el algarrobo era ya tan grande y conocido que tenía nombre propio y sirvió al autor para orientar a los lectores sobre el lugar del suceso. Aquí quedan la leyenda, la literatura y la imagen encontrada en aquel lugar a finales del siglo XVII, y conservada en el Císter, en el primer altar del lado de la epístola (fuente). Allí, esperemos que por muchos años, queda el monumental algarrobo del Patriarca.
---
Para el que se encuentre algo confuso con el tema, aclarar que esta imagen es sólo una de varias con el mismo título que se han venerado históricamente en Córdoba.
(Capítulo Uno: el árbol)
Hace unos años, cuando ya conocía el algarrobo del que hablamos en la entrada anterior, leí en la "Palestra Sagrada" de Sánchez Feria una vieja historia sobre una imagen religiosa encontrada en las cercanías del cerro de las ermitas. Hacía referencia a un árbol de esta especie y desde entonces no puedo dejar de preguntarme si estamos hablando del mismo lugar. Os hago copia-pega de la historia según este autor:
Los "Paseos por Córdoba" más o menos vienen a corroborar el relato, aunque se sustituye el terremoto por una tormenta y varía la fecha un par de días.Refiere la historia que un niño de siete años llamado Bartolomé de Pedroza fue el día de 7 de octubre de 1680 a buscar un haz de leña. Ya muy lejos de la población se armó una gran tormenta de agua y grandes exhalaciones que acobardaron al niño, pensando si volverse o no a su casa, cuando vio entre las matas una horrible culebra en dirección suya. Entonces corrió a esconderse entre unas peñas, donde encontró esta imagen, que trajo a Córdoba, entregándola al rector de su parroquia, Santa Marina, don Fernando Dávila, quien, para darla título, puso varias papeletas y sacó una, tocándole el de Villaviciosa. Donola al convento del Cister, recién establecido, y cuya comunidad la ha conservado con extremado culto.
La expresión "al pie del cerro" es un poco ambigua, pero puede aplicarse al lugar del algarrobo que conocemos, porque desde allí todo es subida (y dura) hacia las ermitas, y nos metemos en la falda de la montaña. La foto en la que se ven el árbol y el cerro puede resultar engañosa a este respecto. Y curiosamente, a unos metros del árbol se encuentran unas antiguas canteras, similares a las conservadas junto al Castillo de la Albaida que, si dejamos volar la imaginación, podrían identificarse con los peñascos de la leyenda.
Cada uno es libre a la hora de interpretar el tema como quiera. La
identificación del árbol con el "algarrobo del Moro" es algo que nunca será posible probar, pero que tampoco me parece descabellado. Implicaría que en 1792, hace 200 años, al imprimirse la "Palestra" (y no en 1680, según entiendo al leer el relato), el algarrobo era ya tan grande y conocido que tenía nombre propio y sirvió al autor para orientar a los lectores sobre el lugar del suceso. Aquí quedan la leyenda, la literatura y la imagen encontrada en aquel lugar a finales del siglo XVII, y conservada en el Císter, en el primer altar del lado de la epístola (fuente). Allí, esperemos que por muchos años, queda el monumental algarrobo del Patriarca.---
Para el que se encuentre algo confuso con el tema, aclarar que esta imagen es sólo una de varias con el mismo título que se han venerado históricamente en Córdoba.
viernes, 4 de junio de 2010
El algarrobo del Patriarca: ¿cómo de centenario? (I)
Capítulo Uno: el árbol
(Capítulo Dos: la leyenda del algarrobo del Moro)
¿Cuántos atardeceres ha visto uno de los seres vivos más viejos de Córdoba y sus alrededores? Resulta imposible aproximarse a una respuesta, con los métodos que conocemos, antes de que acabe por morir de forma natural o, más probablemente en este mundo que nos ha tocado vivir, de ser tristemente talado.


En la zona del Patriarca, más cerca ya de las primeras casas de Santa Ana de la Albaida, hunde sus raíces un algarrobo (Ceratonia siliqua) que, aunque menos conocido que el de la loma de los Escalones, cuya edad se estima entre 350 y 400 años, se le aproxima en sus dimensiones. Realmente es muy complicado dar un dato fiable hasta que no se corta el árbol y se cuentan los anillos, porque además la toma de una muestra radial se complica cuanto más dura es la madera, siendo, para colmo, más complicado contar los anillos estacionales en especies de hoja perenne.
Este algarrobo centenario viene señalado en la conocida como "ruta verde" de los Paseos por la Sierra de Córdoba, y creo recordar que durante un tiempo tuvo un cartel explicativo sobre cómo sirvió de fuente de alimento en las épocas del hambre.


El árbol tiene tres enormes fustes que emergen de un tronco principal cuyo perímetro a ras de suelo es complicado de definir, por la sedimentación en el lado norte y la erosión del lado sur. De todos modos, se acerca a los diez metros (espero poder traer las medidas más precisas en breve). Los diámetros N-S y W-E son, respectivamente, 16,5 y 14 metros. A pesar de ello, no está en la lista de árboles singulares de la provincia, lo cual debería corregirse de inmediato, dándole protección ante cualquier futura agresión urbanística.
Y aunque el algarrobo del Patriarca, por su propia historia vital, ya merecía una entrada en este blog, hay algo más que me tiene escamado, y que quería compartir aquí desde hace tiempo. Una leyenda local, de las llamadas "tradiciones piadosas", que remite a este lugar y quién sabe si a este árbol en concreto.
Para no alargar el tema, partiré la entrada, y os la contaré en un par de días.
(Capítulo Dos: la leyenda del algarrobo del Moro)
En la zona del Patriarca, más cerca ya de las primeras casas de Santa Ana de la Albaida, hunde sus raíces un algarrobo (Ceratonia siliqua) que, aunque menos conocido que el de la loma de los Escalones, cuya edad se estima entre 350 y 400 años, se le aproxima en sus dimensiones. Realmente es muy complicado dar un dato fiable hasta que no se corta el árbol y se cuentan los anillos, porque además la toma de una muestra radial se complica cuanto más dura es la madera, siendo, para colmo, más complicado contar los anillos estacionales en especies de hoja perenne.
Este algarrobo centenario viene señalado en la conocida como "ruta verde" de los Paseos por la Sierra de Córdoba, y creo recordar que durante un tiempo tuvo un cartel explicativo sobre cómo sirvió de fuente de alimento en las épocas del hambre.
El árbol tiene tres enormes fustes que emergen de un tronco principal cuyo perímetro a ras de suelo es complicado de definir, por la sedimentación en el lado norte y la erosión del lado sur. De todos modos, se acerca a los diez metros (espero poder traer las medidas más precisas en breve). Los diámetros N-S y W-E son, respectivamente, 16,5 y 14 metros. A pesar de ello, no está en la lista de árboles singulares de la provincia, lo cual debería corregirse de inmediato, dándole protección ante cualquier futura agresión urbanística.
Y aunque el algarrobo del Patriarca, por su propia historia vital, ya merecía una entrada en este blog, hay algo más que me tiene escamado, y que quería compartir aquí desde hace tiempo. Una leyenda local, de las llamadas "tradiciones piadosas", que remite a este lugar y quién sabe si a este árbol en concreto.
Para no alargar el tema, partiré la entrada, y os la contaré en un par de días.
miércoles, 26 de mayo de 2010
La Casa de las Tetas
Volviendo un poco a los orígenes (y también un poco por vagancia), quería traer por aquí un detalle curioso de los Paseos, concretamente de la descripción del barrio de Santa Marina. Contra lo que pueda parecer, que se sepa, no tiene nada que ver con la Mancebía ni nada por el estilo.Eso debía pensar, desde luego, Ramírez de Arellano sobre el nombre que la gente le daba desde siempre a esa casa situada al final de la calle Cárcamo, llegando ya al hospital de la Misericordia y a la muralla norte de la ciudad. La verdadera respuesta le vino dada por unas obras en 1870, cuando se derribó la fachada de la casa, y apareció bajo los materiales modernos y formando parte de una antigua portada, un fragmento de escultura romana femenina con un busto desproporcionado. Los antiguos, que solían llamar a las cosas por su nombre, no tardarían en bautizar el inmueble en honor a la señora aquella.
Al parecer, la escultura fue llevada a uno de los patios del hospital. Cabe la posibilidad de que allí estuviera hasta el derribo y nueva urbanización en el siglo XX, por lo que, con un poco de suerte, la pieza podría estar en el Museo Arqueológico. Un día me llegaré a echar un ojo a todas las esculturas romanas femeninas, todo sea por la cultura.
sábado, 22 de mayo de 2010
El asedio de San Acisclo y el complicado encuentro de razas
En el relato tradicional de la invasión musulmana está incluida la resitencia de un puñado de soldados visigodos (varios cientos, no diré trescientos por no pagar derechos de autor) en la iglesia de San Acisclo, donde aguantaron unos tres meses el asedio beréber.
Aunque no tenemos suficientes datos para afirmarlo con seguridad, se ha postulado que San Acisclo podría haberse encontrado en algún lugar entre el sur de Ciudad Jardín y el cementerio de la Salud, en la zona de Vista Alegre y, dado el tiempo que duró la defensa, debía estar bien protegida o fortificada.
Los musulmanes veían que se prolongaba demasiado tiempo la situación, y decidieron forzar la rendición cortando el suministro de agua que llegaba a la iglesia mediante un acueducto (interesantísimo dato), para lo cual enviaron a un soldado que, según el cronista Ibn al-Sabbat, era el único de raza negra que había pasado el Estrecho. Su misión era, si atendemos al historiador magrebí al-Maqqari, apresar en los alrededores de San Acisclo a algún cristiano al que sacar informes sobre la situación de los sitiados y el lugar por el que les llegaba el agua.
El soldado, sin embargo, fue apresado por los visigodos, que se extrañaron del color de su piel, y le llevaron junto al punto de salida del acueducto para allí tratar de quitarle el pigmento que le cubría, hasta hacerle sangrar de tanto frotar. Así, una vez que le dejaron tranquilo y consiguió fugarse, pudo contar a los musulmanes de dónde llegaba el abastecimiento de agua potable.
Al cortarles el agua, los cristianos debieron quedar algo menos animosos, pero aún así no quisieron rendirse y probablemente ardieron junto a su iglesia-fortaleza cuando al caudillo Mugit se le acabó la paciencia, al cabo de tres meses.
Aunque es muy probable que en época romana llegaran a Córdoba hombres y mujeres de raza negra, no deja de ser curioso que se mencione en las crónicas a este "adelantado", que vino a hacer el papel del negro Estebanico en América, pero con un final algo más digno.
---
Tomado, un poco libremente, de la Historia de Córdoba durante el emirato omeya, de Antonio Arjona Castro
Aunque no tenemos suficientes datos para afirmarlo con seguridad, se ha postulado que San Acisclo podría haberse encontrado en algún lugar entre el sur de Ciudad Jardín y el cementerio de la Salud, en la zona de Vista Alegre y, dado el tiempo que duró la defensa, debía estar bien protegida o fortificada.
Los musulmanes veían que se prolongaba demasiado tiempo la situación, y decidieron forzar la rendición cortando el suministro de agua que llegaba a la iglesia mediante un acueducto (interesantísimo dato), para lo cual enviaron a un soldado que, según el cronista Ibn al-Sabbat, era el único de raza negra que había pasado el Estrecho. Su misión era, si atendemos al historiador magrebí al-Maqqari, apresar en los alrededores de San Acisclo a algún cristiano al que sacar informes sobre la situación de los sitiados y el lugar por el que les llegaba el agua.
El soldado, sin embargo, fue apresado por los visigodos, que se extrañaron del color de su piel, y le llevaron junto al punto de salida del acueducto para allí tratar de quitarle el pigmento que le cubría, hasta hacerle sangrar de tanto frotar. Así, una vez que le dejaron tranquilo y consiguió fugarse, pudo contar a los musulmanes de dónde llegaba el abastecimiento de agua potable.
Al cortarles el agua, los cristianos debieron quedar algo menos animosos, pero aún así no quisieron rendirse y probablemente ardieron junto a su iglesia-fortaleza cuando al caudillo Mugit se le acabó la paciencia, al cabo de tres meses.
Aunque es muy probable que en época romana llegaran a Córdoba hombres y mujeres de raza negra, no deja de ser curioso que se mencione en las crónicas a este "adelantado", que vino a hacer el papel del negro Estebanico en América, pero con un final algo más digno.
---
Tomado, un poco libremente, de la Historia de Córdoba durante el emirato omeya, de Antonio Arjona Castro
martes, 18 de mayo de 2010
Córdoba frente al misterio (16): la trola del fantasma de Santa Marina
Hace poco me preguntaba, cabizbajo,
un desconsolado seguidor del Fulham, mientras le enseñaba el patio de Marroquíes, si había leyendas de fantasmas y esas cosillas en el Casco Histórico de Córdoba. Él no sabía nada del blog ni de la ciudad, así que le podía haber hablado del duende de la calle Almonas o de casas embrujadas, o de muchas cosas que te van contando pero no puedes publicar por aquí, pero me dio por comentarle un fantasma de mentira, y luego escribir esta entrada.
No sé exactamente qué andaba buscando por periódicos de 1859, cuando me encontré una de las tres gacetillas que aparecen aquí, y luego me puse a rastrear los periódicos de esos días hasta reconstruir, más o menos, la historia.
La cosa debió empezar a primeros de septiembre, cuando en el barrio de Santa Marina se corrió la voz de que un fantasma salía a recorrer las calles todas las
noches, asustando a la gente y tocando una bocina. Se decía incluso que si el ruido se escuchaba frente a alguna casa en concreto, al día siguiente habría alguna desgracia en ella.
Todo olía un poco a chamusquina, y se pedía, desde luego, que interviniera la polícía, lo que también hacía un periódico de Málaga, en referencia a los casos repetidos de "fantasmas" en las calles de las dos ciudades andaluzas y también de Madrid.
Y fue a raíz de las patrullas de la policía cuando, unos días después, el propio "Diario de Córdoba" dio por terminado el asunto con una gacetilla titulada "Ya no sale" que terminaba con una frase categórica: "no estamos ya en tiempo de duendes". Fue una frase valiente pero que los años desmentirían, porque siempre es tiempo de duendes y fantasmas, aunque vayan evolucionando de la mano de nuestra sociedad.
Y
como el año pasado, habrá otra historia de misterio por la noche mágica de San Juan.
un desconsolado seguidor del Fulham, mientras le enseñaba el patio de Marroquíes, si había leyendas de fantasmas y esas cosillas en el Casco Histórico de Córdoba. Él no sabía nada del blog ni de la ciudad, así que le podía haber hablado del duende de la calle Almonas o de casas embrujadas, o de muchas cosas que te van contando pero no puedes publicar por aquí, pero me dio por comentarle un fantasma de mentira, y luego escribir esta entrada.No sé exactamente qué andaba buscando por periódicos de 1859, cuando me encontré una de las tres gacetillas que aparecen aquí, y luego me puse a rastrear los periódicos de esos días hasta reconstruir, más o menos, la historia.
La cosa debió empezar a primeros de septiembre, cuando en el barrio de Santa Marina se corrió la voz de que un fantasma salía a recorrer las calles todas las
noches, asustando a la gente y tocando una bocina. Se decía incluso que si el ruido se escuchaba frente a alguna casa en concreto, al día siguiente habría alguna desgracia en ella.Todo olía un poco a chamusquina, y se pedía, desde luego, que interviniera la polícía, lo que también hacía un periódico de Málaga, en referencia a los casos repetidos de "fantasmas" en las calles de las dos ciudades andaluzas y también de Madrid.
Y fue a raíz de las patrullas de la policía cuando, unos días después, el propio "Diario de Córdoba" dio por terminado el asunto con una gacetilla titulada "Ya no sale" que terminaba con una frase categórica: "no estamos ya en tiempo de duendes". Fue una frase valiente pero que los años desmentirían, porque siempre es tiempo de duendes y fantasmas, aunque vayan evolucionando de la mano de nuestra sociedad.
Y
como el año pasado, habrá otra historia de misterio por la noche mágica de San Juan.
viernes, 14 de mayo de 2010
Puerta de Osario, mirando atrás
Si me hubieran contado, tal día como hoy, tres años atrás, que este blog iba a llegar con vida y (esporádica) actividad hasta aquí, no me lo habría creído. Cuando colgué la primera entrada era mayo de 2007 y no tenía nada mejor que hacer que preparar los exámenes de 5º... ahora echo la vista atrás y me parece increíble la cantidad de cosas que han ocurrido desde que me puse la careta del león de piedra. El caso es que había escrito hace tiempo, para hoy, una larguíiiisima entrada sobre cómo nació y creció la página, pero luego pensé que era mejor, simplemente, acordarme de todos los que habéis pasado por aquí en algún momento a lo largo de estos años. Me vale con que hayáis echado un buen rato con alguna entrada en particular, o que hayáis descubierto algo que os gustara. También, por supuesto, de los muchos que han ayudado en los momentos de poca motivación, que los ha habido. Muchas gracias a todos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Los cordobeses de la Invencible
Audio sobre la Armada Invencible, vía 32rumbos.com (para el mp3, click derecho y "Guardar enlace como")No se le puede reprochar a Felipe II que fuera chuleando, desde luego. Él nunca la llamó la Armada Invencible, como mucho era llamada "la Grande y Felicísima Armada", o "la Gran Armada", a secas. Fueron los propios ingleses, que no se creían que fueran a salir con vida de aquella, los que le pusieron el nombre con el que la recordamos.
Para el pueblo llano era sencillamente "la empresa de Inglaterra", es decir, la genial idea de poner a Isabel I mirando a Escocia a base de transportar a través del Canal de la Mancha, con una enorme flota, a la infantería que Alejandro Farnesio tenía en Flandes, logrando invadir Inglaterra (1), que además había abandonado durante aquel siglo el recto camino del catolicismo.
Entre el reguero de barcos que fue quedando por las costas inglesas, nos hablan los "Casos Notables", escritos apenas unos años después de esta guerra, de uno en concreto, que fue a embarrancar en la playa de Londres (?, la verdad es que el relato, contrastado con información de hoy día, huele un poquillo a historias de marineros que no tenían muy claro por dónde andaban). Se trataba de un barco capitaneado por el caballero Antonio de Córdoba (don Antonio embarcose, como le gustaba decir al Cebri), cuyos hombres, convertidos en náufragos en un país extraño y enemigo, estaban dispuestos a convertirse en esclavos de los ingleses con tal de salvar la vida.
Las órdenes de la reina Isabel I, por desgracia, eran poco compatibles con su idea. Temerosa de que los curtidos infantes españoles colaboraran en una revuelta interna de los católicos ingleses, ordenó que se pasara a cuchillo a cualquier náufrago de la Invencible que llegara a las costas (como dicen los "Casos Notables", que no dejasen ni piante ni mamante). Miles de españoles murieron así en Inglaterra e Irlanda. Pero don Antonio de Córdoba debía ser un tipo con suerte, porque se topó con un capitán inglés que, jugándose su puesto y quizás algo más, decidió que el español y muchos de los hombres que le acompañaban quedaran libres incluso contraviniendo las órdenes recibidas.
Don Antonio y todos los naturales de Córdoba fueron enviados de vuelta a España para sorpresa de las familias que ya les daban por muertos. El inglés sólo dio una explicación para justificar su comportamiento: había escuchado tanto acerca de los hombres de armas y letras que la ciudad de Córdoba había dado a lo largo de la historia, que creyó a los soldados cordobeses dignos de ser devueltos a su tierra sin daño alguno, y sin contrapartida.
Como realidad se cuenta en el libro; como leyenda, probablemente, hay que leerlo a día de hoy. Pero si fue verdad, más vale que lo primero que hicieran al llegar a casa fuera irse a Granada a ponerle flores al Gran Capitán.
---
(1) Algo parecido intentaría Napoleón unos siglos más tarde, con similar resultado.
sábado, 1 de mayo de 2010
La gran rajada de Alfonso XIII en el Círculo de la Amistad
Habría muchos que no se estuvieran enterando de la misa la media, pero la mayor parte de los asistentes sí que entendían por dónde iban los tiros, y los tiros iban muy altos. Nobleza, autoridades, el ministro de Fomento y el resto de la élite de la ciudad de Córdoba miraban con los ojos como platos al Rey mientras éste proclamaba un inesperado y sorprendente discurso.
Es la noche del 23 de mayo de 1921, y Alfonso XIII recibe todos los honores del centenar y medio de ilustres invitados que se han congregado para la cena de gala en el Cïrculo de la Amistad. Era una de sus visitas oficiales (sobre las extraoficiales ya dejamos volar un día la imaginación). En boca del monarca, se suceden los elogios a Córdoba: a su pasado, a su presente y al futuro que las obras públicas en proyecto iban a proporcionarle. Si es que esas obras eran aprobadas, claro, si es que la burocracia no las ponía en peligro como muchas otras veces. Podemos imaginar, en ese punto, un silencio incómodo, unas densas miradas entre los invitados, un traguito de fino del Borbón.
Y comenzó el verdadero discurso: yo no soy un Rey absoluto -estoy muy satisfecho de no serlo- y mi firma autoriza tan sólo a los gobiernos a presentar sus proyectos ante el Parlamento. Luego, en el Parlamento, ya saben ustedes lo que pasa... Murmullos, carraspeos, al ministro de Fomento se le atraganta una aceituna con el susto, y se pone a toser. Es evidente que el juego de la política, con sus movimientos pasionales, con sus arrebatos, con todo lo que constituye la lucha política, frustra muchas veces el buen deseo y el ánimo decidido que los gobiernos tienen de hacer labor útil para el país. Toses incómodas, caras blancas como la cera, ¿está este hombre cuestionando al Parlamento abiertamente?
Nunca el Rey se había atrevido a hablar así de los políticos y gobernantes, nunca había cedido de tal manera ante una pulsión autoritaria que pudiera tener en su interior... Se derriba a los gobiernos [...] el nuevo gobierno hace suyos esos proyectos, pero entonces la hostilidad procede de quienes cayeron derribados... La política entorpece, indeliberadamente, pero con obstáculos insuperables, la acción de los gobernantes.
La línea argumental, la consecuencia lógica de ese discurso estaba llevando al fin de la legitimidad del Parlamento, a la oscuridad de las instituciones, y los presentes lo sabían y entendían. Los periodistas no daban abasto a copiar palabras que en muchos periódicos no saldrían íntegramente publicadas hasta varios días después, debido al escándalo y la polémica que sacudió todo el país.
Faltaba el último recado: si ustedes se agrupan alrededor del Rey, si la opinión asiste al Rey, se logrará al menos que la firma del Rey sea una garantía para que los proyectos beneficiosos para el país salgan adelante, según transcribe "La acción". O según la versión de "El Defensor de Córdoba", comprendo la necesidad de que las provincias inicien un movimiento de apoyo al Rey y entonces en el Parlamento no triunfarán las ideas políticas, sino el bien de la nación. Entonces los políticos se comportarán como deben comportarse, [...] y el pueblo hará efectivo su voto, aquel voto que les dio en las urnas.
El Rey dijo que no quería salirse de la Constitución. Pero aquella soflama en contra del Parlamento y de los políticos la bordeaba por el lado de fuera. En la mente de todos estaba muy clara la consecuencia última que podrían traer aquellas palabras, combinadas con la explosiva situación que vivía el país, inmerso en la impopular guerra africana y sumido en el caos económico y social: la instauración de una dictadura militar autorizada por Alfonso XIII. Un par de años tardó en llegar el golpe de Estado de Primo de Rivera.
---
Primicia primiciosa, por gentileza de Jerónimo Sánchez, un pequeño trozo de historia: el menú de la noche de autos. Madre mía, cómo se pusieron.

Es la noche del 23 de mayo de 1921, y Alfonso XIII recibe todos los honores del centenar y medio de ilustres invitados que se han congregado para la cena de gala en el Cïrculo de la Amistad. Era una de sus visitas oficiales (sobre las extraoficiales ya dejamos volar un día la imaginación). En boca del monarca, se suceden los elogios a Córdoba: a su pasado, a su presente y al futuro que las obras públicas en proyecto iban a proporcionarle. Si es que esas obras eran aprobadas, claro, si es que la burocracia no las ponía en peligro como muchas otras veces. Podemos imaginar, en ese punto, un silencio incómodo, unas densas miradas entre los invitados, un traguito de fino del Borbón.Y comenzó el verdadero discurso: yo no soy un Rey absoluto -estoy muy satisfecho de no serlo- y mi firma autoriza tan sólo a los gobiernos a presentar sus proyectos ante el Parlamento. Luego, en el Parlamento, ya saben ustedes lo que pasa... Murmullos, carraspeos, al ministro de Fomento se le atraganta una aceituna con el susto, y se pone a toser. Es evidente que el juego de la política, con sus movimientos pasionales, con sus arrebatos, con todo lo que constituye la lucha política, frustra muchas veces el buen deseo y el ánimo decidido que los gobiernos tienen de hacer labor útil para el país. Toses incómodas, caras blancas como la cera, ¿está este hombre cuestionando al Parlamento abiertamente?
Nunca el Rey se había atrevido a hablar así de los políticos y gobernantes, nunca había cedido de tal manera ante una pulsión autoritaria que pudiera tener en su interior... Se derriba a los gobiernos [...] el nuevo gobierno hace suyos esos proyectos, pero entonces la hostilidad procede de quienes cayeron derribados... La política entorpece, indeliberadamente, pero con obstáculos insuperables, la acción de los gobernantes.
La línea argumental, la consecuencia lógica de ese discurso estaba llevando al fin de la legitimidad del Parlamento, a la oscuridad de las instituciones, y los presentes lo sabían y entendían. Los periodistas no daban abasto a copiar palabras que en muchos periódicos no saldrían íntegramente publicadas hasta varios días después, debido al escándalo y la polémica que sacudió todo el país.
Faltaba el último recado: si ustedes se agrupan alrededor del Rey, si la opinión asiste al Rey, se logrará al menos que la firma del Rey sea una garantía para que los proyectos beneficiosos para el país salgan adelante, según transcribe "La acción". O según la versión de "El Defensor de Córdoba", comprendo la necesidad de que las provincias inicien un movimiento de apoyo al Rey y entonces en el Parlamento no triunfarán las ideas políticas, sino el bien de la nación. Entonces los políticos se comportarán como deben comportarse, [...] y el pueblo hará efectivo su voto, aquel voto que les dio en las urnas.
El Rey dijo que no quería salirse de la Constitución. Pero aquella soflama en contra del Parlamento y de los políticos la bordeaba por el lado de fuera. En la mente de todos estaba muy clara la consecuencia última que podrían traer aquellas palabras, combinadas con la explosiva situación que vivía el país, inmerso en la impopular guerra africana y sumido en el caos económico y social: la instauración de una dictadura militar autorizada por Alfonso XIII. Un par de años tardó en llegar el golpe de Estado de Primo de Rivera.
---
Primicia primiciosa, por gentileza de Jerónimo Sánchez, un pequeño trozo de historia: el menú de la noche de autos. Madre mía, cómo se pusieron.

sábado, 24 de abril de 2010
La Piedra Escrita, entre dos Córdobas
Hoy, la fuente es uno de los dos símbolos del blog, y al igual que el otro, si se mira bien, también tiene forma de puerta, de arco de entrada a la Córdoba que tuve la suerte de encontrarme aquella noche: la primera vez que dejé que el agua del león de la derecha, que es el que me gusta a mí, me chorreara por la cara.
Y aunque la única intención era traer a portada este rincón de la ciudad, habrá que contar también algo de curtura. La fuente fue construida en 1721, como atestiguan López Amo y Ramírez de Arellano, después de que las aguas que se iban a emplear para ella, las llamadas después de la Piedra Escrita, fueran objeto de pleitos y negociaciones en las que intervinieron, sobre todo, los Trinitarios, interesados en el uso de este agua para su huerto.
El nacimiento se situaba en la zona de la Fuensantilla, hoy lo que queda del Hospital Militar, y al parecer eran aguas de las más corrosivas de Córdoba. Además, dejaban en las conducciones residuos de cardenillo, sedimentos de color verdoso.
Lo de la "piedra escrita", según Ramírez de Arellano, viene de una losa con una inscripción romana borrada ya en el siglo XIX, que había en lo que sería el vano del arco, encima del pilar. No la confunde con la losa escrita con el texto sobre su construcción, debajo del escudo, que también cita. De modo que hoy en día nos queda una "piedra escrita", pero no la original, la romana, que dio nombre a la fuente.
Para todo lo demás, salvo la fecha de construcción, ahí están los datos de la Cordobapedia, que para algo la tenemos. La foto está tomada del artículo, y es de Rafaelji.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)