En la entrada "El muro en Fuentes Guerra", que estaba ilustrada con una foto nocturna en la que no se distinguía la muralla de los jaramagos, he colgado esta en la que se aprecia mucho mejor la muralla romana, con sus añadidos posteriores medievales.
domingo, 19 de abril de 2009
Retoques
Aquí dejo un par de imágenes que prometí subir hace ya mucho tiempo.
En la entrada "El muro en Fuentes Guerra", que estaba ilustrada con una foto nocturna en la que no se distinguía la muralla de los jaramagos, he colgado esta en la que se aprecia mucho mejor la muralla romana, con sus añadidos posteriores medievales.
Y de paso, en la entrada "La basílica de Santa Eulalia", he puesto el croquis que hizo Ramírez de Arellano sobre los restos encontrados en el Palacio de la Merced en el siglo XIX.
En la entrada "El muro en Fuentes Guerra", que estaba ilustrada con una foto nocturna en la que no se distinguía la muralla de los jaramagos, he colgado esta en la que se aprecia mucho mejor la muralla romana, con sus añadidos posteriores medievales.
sábado, 18 de abril de 2009
Buscando el arroyo del Camello: recuperación de un topónimo olvidado (y II)
(ver anterior)
Pero, ¿tenemos algún testimonio más directo de cómo era el arroyo del Camello o Casitas Blancas antes de la urbanización de gran parte de su cauce? Por fortuna, sí. Encontramos uno de ellos en el mapa realizado por el ejército alemán a una escala de 1:50000 en los primeros años cuarenta. En él se puede ver marcado en azul el recorrido del arroyo hasta verter sus aguas en el de las Piedras, ya en el Marrubial.
Por otro lado, una referencia más tardía aunque mucho más ilustrativa es la ortofoto estadounidense de finales de los 50. En ella he marcado con puntos azules el cauce, para no ocultar la imagen, y si la comparamos con la foto de Google Earth de la entrada anterior, podemos hacernos una idea de cómo ha ido evolucionando toda la zona por la que el arroyo transitaba.
Habría que hacer referencia a otro grupo de documentos que mencionan también el arrroyo del Camello, como son los relativos a una conducción medieval de agua que llegaba a la parte oriental de Córdoba hasta su inutilización (y posible recuperación parcial posterior) a mediados del siglo XIX. Este agua era conocida como del nacimiento de Miraflores, y fue concedida su explotación y aprovechamiento, con muchas condiciones, a los Padres Trinitarios, para abastecimiento de su convento y las fuentes cercanas.
El agua procedía de dos puntos diferentes. En primer lugar, un nacimiento en las proximidades, según López Amo en "Las aguas de Córdoba", del arroyo Hormiguita (recordemos que esta es la denominación que adoptó el del Camello desde el punto en que se unían los dos), a la altura del Molino Quemado, es decir, poco antes de la junta de los arroyos.
Además, este agua se unía al procedente de un segundo origen denominado "sudaderos del arroyo del Camello". ¿Dónde se encontraba esta zona, en el sector ya urbanizado o en la parte que subsiste más o menos intacta? Sánchez Feria dice que sube este Arroyo à cortar el camino real, que baxa de las Ollerìas, y caminando poco mas arriba àzia el Norte està en èl el nacimiento de dichas aguas de los Padres Trinitarios. Si "poco" quiere decir menos de un kilómetro, entonces esos manantiales están bajo el Polígono de Chinales. Pero si nos permitimos estirar ese "poco" hasta un 1,3 km, llegamos a una zona que, verdaderamente, rezuma agua.
Se encuentra frente a las nuevas urbanizaciones de Mirabueno, donde el arroyo corre más o menos paralelo a la antigua vía de Almorchón. Cuando estuve por allí una semana después de algunas lluvias intensas, todos los rodales de juncos que pueblan la ladera estaban completamente encharcados, bajando el agua hacia el fondo de la vaguada. Los manantiales más importantes, al menos dos de ellos, están marcados con piezas de hierro clavadas en troncos o en el suelo.


El arroyo corría débilmente, pero se podía seguir su rastro en dirección a su nacimiento, encontrando los restos de una fuente destruida, que menciona Francisco Carrasco en su descripción. Son visibles los tres pilares (no en la foto), pero la inscripción y la palmera parece que desaparecieron hace mucho tiempo.


Y hasta aquí lo que puedo aportar sobre el tema. No estoy seguro de que sea esta zona la de los "sudaderos", porque para ello habría que excavar y localizar el origen de las aguas de los Trinitarios, pero al menos ha quedado constancia de lo poco que se conserva de este arroyo que un día regó el Marrubial.
Pero, ¿tenemos algún testimonio más directo de cómo era el arroyo del Camello o Casitas Blancas antes de la urbanización de gran parte de su cauce? Por fortuna, sí. Encontramos uno de ellos en el mapa realizado por el ejército alemán a una escala de 1:50000 en los primeros años cuarenta. En él se puede ver marcado en azul el recorrido del arroyo hasta verter sus aguas en el de las Piedras, ya en el Marrubial.
Por otro lado, una referencia más tardía aunque mucho más ilustrativa es la ortofoto estadounidense de finales de los 50. En ella he marcado con puntos azules el cauce, para no ocultar la imagen, y si la comparamos con la foto de Google Earth de la entrada anterior, podemos hacernos una idea de cómo ha ido evolucionando toda la zona por la que el arroyo transitaba.
Habría que hacer referencia a otro grupo de documentos que mencionan también el arrroyo del Camello, como son los relativos a una conducción medieval de agua que llegaba a la parte oriental de Córdoba hasta su inutilización (y posible recuperación parcial posterior) a mediados del siglo XIX. Este agua era conocida como del nacimiento de Miraflores, y fue concedida su explotación y aprovechamiento, con muchas condiciones, a los Padres Trinitarios, para abastecimiento de su convento y las fuentes cercanas.El agua procedía de dos puntos diferentes. En primer lugar, un nacimiento en las proximidades, según López Amo en "Las aguas de Córdoba", del arroyo Hormiguita (recordemos que esta es la denominación que adoptó el del Camello desde el punto en que se unían los dos), a la altura del Molino Quemado, es decir, poco antes de la junta de los arroyos.
Además, este agua se unía al procedente de un segundo origen denominado "sudaderos del arroyo del Camello". ¿Dónde se encontraba esta zona, en el sector ya urbanizado o en la parte que subsiste más o menos intacta? Sánchez Feria dice que sube este Arroyo à cortar el camino real, que baxa de las Ollerìas, y caminando poco mas arriba àzia el Norte està en èl el nacimiento de dichas aguas de los Padres Trinitarios. Si "poco" quiere decir menos de un kilómetro, entonces esos manantiales están bajo el Polígono de Chinales. Pero si nos permitimos estirar ese "poco" hasta un 1,3 km, llegamos a una zona que, verdaderamente, rezuma agua.
Se encuentra frente a las nuevas urbanizaciones de Mirabueno, donde el arroyo corre más o menos paralelo a la antigua vía de Almorchón. Cuando estuve por allí una semana después de algunas lluvias intensas, todos los rodales de juncos que pueblan la ladera estaban completamente encharcados, bajando el agua hacia el fondo de la vaguada. Los manantiales más importantes, al menos dos de ellos, están marcados con piezas de hierro clavadas en troncos o en el suelo.
El arroyo corría débilmente, pero se podía seguir su rastro en dirección a su nacimiento, encontrando los restos de una fuente destruida, que menciona Francisco Carrasco en su descripción. Son visibles los tres pilares (no en la foto), pero la inscripción y la palmera parece que desaparecieron hace mucho tiempo.
Y hasta aquí lo que puedo aportar sobre el tema. No estoy seguro de que sea esta zona la de los "sudaderos", porque para ello habría que excavar y localizar el origen de las aguas de los Trinitarios, pero al menos ha quedado constancia de lo poco que se conserva de este arroyo que un día regó el Marrubial.
miércoles, 15 de abril de 2009
Buscando el arroyo del Camello: recuperación de un topónimo olvidado (I)
(ver siguiente)
Hace bastante tiempo, en los primeros pasos del blog, se trató en una entrada sobre el arroyo que atravesaba la parte oriental del casco histórico de Córdoba, hasta finales del siglo XVIII. Este arroyo, que recibía diversos nombres según el barrio por el que iba pasando, entraba en la ciudad por las inmediaciones de la puerta del Colodro, procedente con toda probabilidad de la zona de Santa Rosa o Valdeolleros. Y a él hace referencia Francisco Carrasco en su libro "Arroyos de Córdoba", mencionándolo brevemente:
Venía de la Asomadilla por la Cruz de Juárez, Matadero Viejo, Puerta del Colodro, Santa Marina, San Andrés, San Rafael y San Lorenzo. todavía se oyen sus aguas por el pozo que hay en uno de los patios del Palacio de Viana. El alcalde mandó construir puentecillos de madera para cruzar las calles. Este arroyo se llamaba del Camello y ha aparecido su cauce cuando se realizaron trabajos para el ferrocarril de alta velocidad en estos años.
Posteriormente me fui encontrando varias referencias a un "arroyo del Camello" que nada tenía que ver con esta descripción, de modo que las expondré aquí, a sabiendas de que es un tema resbaladizo por basarse en nombres populares que van cambiando con el tiempo.
La descripción más detallada de la situación de este arroyo desaparecido bajo el asfalto de los barrios de Levante la proporciona en 1772 el médico y escritor Bartolomé Sánchez de Feria en su "Palestra Sagrada", cuando trata de precisar de manera exacta el lugar en el que Andrés de las Roelas se encontró con los Cinco Caballeros. El relato completo está en la siguiente imagen, pero abreviadamente, viene a decir que los dos arroyos que discurrían por el campo del Marrubial, el de las Peñas, las Piedras o San Cristóbal, que bajaba de Sansueña, y el de la Hormiguita u Hormiguilla, que venía de lo que hoy es la fábrica de cementos, confluían en un punto situado unos metros al norte del actual cuartel de Lepanto.
Además, explica que dicho arroyo de la Hormiguita, marcado en azul en la superposición de planos, había sido llamado desde antiguo "del Camello", hasta principios o mediados del siglo XVIII, cuando fue tomando el nombre de un pequeño arroyuelo que se le incorporaba desde el este. Sánchez Feria rechaza esa modificación, afirmando que debería conservarse en todo su recorrido el nombre del mayor y más largo, el del Camello.
Curiosamente, Francisco Carrasco sí menciona ese arroyo de la Hormiguita como un afluente menor de otro, al que denomina arroyo de Casitas Blancas, cuyo recorrido coincide con el atribuido al del Camello en el siglo XVIII por la "Palestra". Son el mismo curso de agua, llamado de distinta manera con una diferencia de dos siglos y medio.
Siguiendo la descripción de este arroyo de Casitas Blancas, y combinándolo con el plano de Córdoba de 1884, podemos definir el recorrido que seguía desde su origen hasta su desembocadura en el arroyo de las Piedras.
Hace bastante tiempo, en los primeros pasos del blog, se trató en una entrada sobre el arroyo que atravesaba la parte oriental del casco histórico de Córdoba, hasta finales del siglo XVIII. Este arroyo, que recibía diversos nombres según el barrio por el que iba pasando, entraba en la ciudad por las inmediaciones de la puerta del Colodro, procedente con toda probabilidad de la zona de Santa Rosa o Valdeolleros. Y a él hace referencia Francisco Carrasco en su libro "Arroyos de Córdoba", mencionándolo brevemente:
Venía de la Asomadilla por la Cruz de Juárez, Matadero Viejo, Puerta del Colodro, Santa Marina, San Andrés, San Rafael y San Lorenzo. todavía se oyen sus aguas por el pozo que hay en uno de los patios del Palacio de Viana. El alcalde mandó construir puentecillos de madera para cruzar las calles. Este arroyo se llamaba del Camello y ha aparecido su cauce cuando se realizaron trabajos para el ferrocarril de alta velocidad en estos años.
Posteriormente me fui encontrando varias referencias a un "arroyo del Camello" que nada tenía que ver con esta descripción, de modo que las expondré aquí, a sabiendas de que es un tema resbaladizo por basarse en nombres populares que van cambiando con el tiempo.
La descripción más detallada de la situación de este arroyo desaparecido bajo el asfalto de los barrios de Levante la proporciona en 1772 el médico y escritor Bartolomé Sánchez de Feria en su "Palestra Sagrada", cuando trata de precisar de manera exacta el lugar en el que Andrés de las Roelas se encontró con los Cinco Caballeros. El relato completo está en la siguiente imagen, pero abreviadamente, viene a decir que los dos arroyos que discurrían por el campo del Marrubial, el de las Peñas, las Piedras o San Cristóbal, que bajaba de Sansueña, y el de la Hormiguita u Hormiguilla, que venía de lo que hoy es la fábrica de cementos, confluían en un punto situado unos metros al norte del actual cuartel de Lepanto.
Además, explica que dicho arroyo de la Hormiguita, marcado en azul en la superposición de planos, había sido llamado desde antiguo "del Camello", hasta principios o mediados del siglo XVIII, cuando fue tomando el nombre de un pequeño arroyuelo que se le incorporaba desde el este. Sánchez Feria rechaza esa modificación, afirmando que debería conservarse en todo su recorrido el nombre del mayor y más largo, el del Camello.
Curiosamente, Francisco Carrasco sí menciona ese arroyo de la Hormiguita como un afluente menor de otro, al que denomina arroyo de Casitas Blancas, cuyo recorrido coincide con el atribuido al del Camello en el siglo XVIII por la "Palestra". Son el mismo curso de agua, llamado de distinta manera con una diferencia de dos siglos y medio.Siguiendo la descripción de este arroyo de Casitas Blancas, y combinándolo con el plano de Córdoba de 1884, podemos definir el recorrido que seguía desde su origen hasta su desembocadura en el arroyo de las Piedras.
jueves, 9 de abril de 2009
Milenario (6): la cita de Sanchuelo con su destino
(ver anterior / ver siguiente)El mundo dejó de tener sentido para el visir Sanyul, probablemente, la tercera semana de febrero de 1009. Se encontraba en Toledo, adonde había tenido que regresar forzado por las condiciones climatológicas, dado que las lluvias habían embarrado los caminos y el avance de las tropas se hacía penoso por el desierto estratégico de la Meseta norte.
Fracasado su intento de gloria militar, recibía ahora la noticia de que en Córdoba había estallado una revuelta contra su gobierno, habiendo quedado Madinat al-Zahira totalmente arrasada. Abderramán sólo tenía una opción: acudir a la todavía capital del todavía Califato, y presentar batalla.
No está totalmente claro lo que ocurrió a partir de ese momento. Se sabe que el ejército beréber de Sanchuelo le fue abandonando progresivamente, dando por perdida cualquier batalla contra los rebeldes de ibn Abd al-Chabbar. Los aliados de la familia amirí desde los tiempos del hayib Almanzor habían dejado de serlo de la noche a la mañana, y únicamente un grupo de civiles inconscientes, junto con algún verdadero soldado cristiano, permanecían con él. Entre ellos, el fiel Gómez, que le acompañó, lleno de vergüenza al ver su comportamiento, hasta el destino final.
Éste pareció consistir en la humillación pública de Sanchuelo ante las primeras avanzadillas del ejército de al-Mahdi, llegando a besar los cascos del caballo del enemigo en un vano intento por evitar su ejecución. Según una de las teorías, fue incluso embalsamado para permanecer más tiempo expuesto al pueblo después de su muerte.
Sin embargo, no falta quien considera que, siguiendo las recomendaciones de algún lugarteniente, Sanchuelo buscó refugio en el monasterio mozárabe de San Zoilo Armilatense, cerca de Adamuz, donde finalmente encontraría la muerte. Ésta tuvo lugar, en cualquier caso, a principios de marzo, sin hallarse claras las circunstancias.
La rebelión había vencido y se había consumado, pero aún quedaba un fleco suelto a la hora de legitimar al nuevo gobernante. Tenía que llegar un fascinante y surrealista episodio histórico.
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Como en todos los artículos sobre el Milenario, la fuente principal es el libro de Muñoz Molina, "Córdoba de los Omeyas".
Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)
lunes, 6 de abril de 2009
Guerra al invasor: manual de uso de Datura stramonium
Hoy vamos a abandonar un poco los libros para dar un paseo por el campo, que van llegando los buenos días en los que el sol calienta algo el cogote al mediodía y los alérgicos al olivo aún no desean el exilio.
Todos en esta sociedad tenemos una serie de impulsos coléricos que tarde o temprano acaban por aflorar. Una adjudicación dedocrática de un contrato público, unas obras interminables en la carretera, un yacimiento arqueológico volatilizado, una mala tarde de Asen y Yordi... cosillas que te encuentras cualquier día en esta Córdoba nuestra, y que van acumulándose hasta convertir al ciudadano en un potencial increíble Hulk.
Pues bien, cabreado convecino, este blog le ofrece una alternativa a la destrucción de mobiliario urbano: la erradicación de especies invasoras. Con ustedes, el terror del valle del Guadiato: el estramonio.
Puede que hayas visto a este pequeño hijo de Satanás adornando con sus flores, como trompetitas blancas, las riberas de nuestro río serrano. Debes saber que no es originario de aquí, sino que procede de un proceso de asilvestramiento a partir de jardines de gente que la debió considerar muy bonita y decorativa. El estramonio (Datura stramonium) ha venido siendo usado desde siempre en América como planta medicinal y, en otros casos, como vía de contacto con el más allá para los chamanes, por sus efectos psicotrópicos. No, no lo hagas, te puede mandar al otro barrio: una cierta cantidad de esta planta, por ingestión, puede resultar letal.
Esta especie está recogida en el catálogo de especies invasoras de la Junta de Andalucía, pero como ellos mismos reconocen, su erradicación es muy difícil o prácticamente imposible. Se reproduce de manera endiablada, y crece en las zonas de arena o grava junto al río. La ventaja es que, por eso, resulta muy fácil arrancar las pequeñas matas anuales.
De modo que si, en alguna ocasión, piensas dar un paseo por el valle del Guadiato, no olvides llevar un guante y bolsas de plástico, cuanto más grandes mejor. Y a la vuelta, dedica unos minutos a llevarte cuantos ejemplares puedas, si estás seguro de haberlos reconocido. Si no han formado aún la semilla, estás autorizado a arrojarlos con ira contra las piedras, mientras maldices al culpable de tu cabreo semanal. Estarás haciendo, además, un favor a nuestro ecosistema.


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Las imágenes muestran distintas partes de la planta, y lo que se debe hacer con ella.
Todos en esta sociedad tenemos una serie de impulsos coléricos que tarde o temprano acaban por aflorar. Una adjudicación dedocrática de un contrato público, unas obras interminables en la carretera, un yacimiento arqueológico volatilizado, una mala tarde de Asen y Yordi... cosillas que te encuentras cualquier día en esta Córdoba nuestra, y que van acumulándose hasta convertir al ciudadano en un potencial increíble Hulk.
Pues bien, cabreado convecino, este blog le ofrece una alternativa a la destrucción de mobiliario urbano: la erradicación de especies invasoras. Con ustedes, el terror del valle del Guadiato: el estramonio.
Esta especie está recogida en el catálogo de especies invasoras de la Junta de Andalucía, pero como ellos mismos reconocen, su erradicación es muy difícil o prácticamente imposible. Se reproduce de manera endiablada, y crece en las zonas de arena o grava junto al río. La ventaja es que, por eso, resulta muy fácil arrancar las pequeñas matas anuales.
De modo que si, en alguna ocasión, piensas dar un paseo por el valle del Guadiato, no olvides llevar un guante y bolsas de plástico, cuanto más grandes mejor. Y a la vuelta, dedica unos minutos a llevarte cuantos ejemplares puedas, si estás seguro de haberlos reconocido. Si no han formado aún la semilla, estás autorizado a arrojarlos con ira contra las piedras, mientras maldices al culpable de tu cabreo semanal. Estarás haciendo, además, un favor a nuestro ecosistema.
Las imágenes muestran distintas partes de la planta, y lo que se debe hacer con ella.
jueves, 2 de abril de 2009
El primer esparraguero
Uno de los más fascinantes actores de la época del emirato, el músico Ziryab, así conocido pese a ser una autoridad en numerosos campos como la moda, la higiene o la gastronomía, fue quien popularizó, según cuenta Antonio Arjona Castro en su "Historia de Córdoba durante el emirato omeya", la costumbre de recoger espárragos del campo.
Cabe la posibilidad de que esta anécdota afectase sólo a las clases más pudientes de la aristocracia árabe, y de que la gente del campo ya estuviera acostumbrada a recolectarlos, pero el caso es que esta escena ha quedado como el origen de la tradición esparraguera.
Parece ser que una noche estaban reunidos Ziryab y un notable de la corte, degustando algunos platos, cuando el músico ofreció al noble un espárrago cocido, que sólo accedió a comer después de mucha insistencia. Vencida la repugnancia, el comensal se mostró encantado, preguntando dónde se podía conseguir esa planta. "Dime dónde se da, Dios te honre, para mandar a buscarla y ofrecer precio por su compra". Ziryab, después de enumerar las propiedades del espárrago ("es diurético, limpia la uretra y la vejiga, disuelve los cálculos, templa los humores y es afrodisíaco"), le contestó que no era necesario gasto alguno, sino que la planta en cuestión crecía en abundancia cerca de la propia ciudad de Córdoba, donde cualquiera podía encontrarla.
Desde entonces, por las fechas que ahora vivimos, miles de cordobeses se afanan en buscarlos entre el matorral de Sierra Morena, conservando los métodos tradicionales, excepción hecha del coche en la cuneta de la carretera.
lunes, 16 de marzo de 2009
Un mosaico a la puerta de casa
Envidia, de vivir en este portal, y de que te dé los buenos días un mosaico romano de allá por los siglos I ó II d. C., algo que mejor que yo sabrán nuestros arqueólogo y arqueóloga de cabecera. En la calle Reyes Católicos, muy cerca del cine Alkázar, y contando con la amabilidad de algún vecino, se puede apreciar esta maravilla que debió adornar algún espacio interior de las casas extramuros situadas al norte de la actual Ronda de los Tejares.
Siento la ausencia...
viernes, 20 de febrero de 2009
Desalambrando
Hubo un tiempo, anterior a la dictadura del coche, en que los habitantes de los distintos lagares y cortijos que rodeaban Córdoba se desplazaban a pie o en sus monturas por pequeños caminos que se clasificaban en distintos tipos: cañadas reales, veredas, coladas, simples caminos del Municipio... Las vías tradicionales de comunicación recorrían como una tela de araña la sierra, la vega y la campiña, hasta que el éxodo rural y la construcción de carreteras concentraron la población en los grandes núcleos, y los desplazamientos en unas pocas rutas asfaltadas.Los propietarios de las fincas, a veces por ignorancia, en la mayor parte de las ocasiones a sabiendas de que cometían un acto ilegal, fueron cerrando los caminos públicos que caían en desuso. Una de las tácticas más utilizadas en los últimos años ha sido la de abrir pistas forestales paralelas al camino tradicional, de manera que éste era abandonado y borrado por la vegetación. A continuación, se cerraba la pista por ser una vía privada, y el uso público por parte del ciudadano se veía impedido.
Sin embargo, aunque ya nadie necesite usar el camino para llevar su carro y aunque sólo un puñado de ganaderos perpetúen el uso de las principales coladas, los caminos públicos, del tipo que sean, no prescriben. No caducan. No pueden venderse, comprarse ni incorporarse a la finca colindante, o circundante, salvo orden expresa de desafección de la vía, figura que se utiliza, por ejemplo, para aquellas que van siendo absorbidas por la ciudad en expansión.
Con las fuentes adecuadas, como son los catastros de 1950 y el actual, por ejemplo, o las Ordenanzas Municipales de 1884, así como por los testimonios de los lugareños, se pueden localizar los caminos de nuestra sierra y exigir el libre paso por ellos, convirtiéndolos en una fuente de vida para el campo en medio del auge del turismo rural y senderista.
La Plataforma "A Desalambrar", radicada en Córdoba, lleva años denunciando el corte de vías públicas de comunicación, y poniendo en evidencia la pasividad de las Administraciones responsables, que son tanto el Ayuntamiento de Córdoba, cuyo Inventario de Caminos Públicos lleva años durmiendo el sueño de los justos, como la Junta de Andalucía, responsable de los interminables y muy mejorables procesos de deslinde (marcaje y recuperación) de las veredas olvidadas. "A Desalambrar" denuncia a los infractores, verifica el estado de los caminos y, en última instancia, garantiza con sus propios medios la transitabilidad de los senderos cuya titularidad pública esté bien documentada (en ocasiones, incluso reconocida por el propio Ayuntamiento). Para ello, el primer domingo de cada mes, sus miembros y simpatizantes se reúnen en la torre de la Malmuerta para recorrer a pie una parte de nuestra sierra.
Las Administraciones, por su parte, limitan su actuación a ocasionales intervenciones con gran eco publicitario, pero dudosa eficacia. Recientemente se han gastado 300.000 euros (50 millones de pesetas) en la apertura de la Vereda de Trassierra, con un trazado de unos seis kilómetros (8 millones por kilómetro, ni que fuera una autovía) que ya era en gran parte transitable, siendo necesarios algunos desbroces y vigilancia de libre paso.
Sólo el interés y la presión de los cordobeses, y su conocimiento de su propio medio natural, pueden impulsar la recuperación de este trozo de patrimonio común que nos ha sido usurpado.
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El apéndice cuarto de las Ordenanzas de 1884 es el que contiene la lista de caminos públicos. a partir de la página 7 del documento.
lunes, 16 de febrero de 2009
Milenario (5): la hora de la espada

(ver anterior / ver siguiente)
La noche es roja sobre Córdoba, las nubes bajas reflejan los colores de la guerra y el humo asfixia las esperanzas de decenas de miles de habitantes. Es la noche del 15 al 16 de febrero del año 1009, y los arrabales más orientales de la ciudad, aquellos que lindan con los palacios de Madinat al-Zahira, están en llamas.
Tal día como hoy, hace mil años, Córdoba despertó de una noche sin sueño, sin dencanso, sumida en el caos más absoluto y en medio de una espiral de violencia que culminaba años de miedo e inestabilidad. El frágil equilibrio que mantenía en pie la fachada del Califato había caído, en forma de revuelta popular contra el gobernador amirí, el odiado Sanchuelo, que se había llevado el ejército a una desastrosa campaña contra los reinos cristianos, y al que las noticias de la rebelión le obligarían a regresar a la carrera días después.
Muhammad ibn Abd al-Chabbar, al que la Historia recordará como Muhammad al-Mahdi, bisnieto del añorado Abderramán III, al frente de cuatrocientos guerreros y de las autoridades religiosas, tomó sin demasiada resistencia, en la tarde del día 15, la residencia oficial del hayib ausente. Cuando los soldados abandonaron Madinat al-Zahira, la turba enfurecida se entregó al saqueo. Durante cuatro días, con sus noches, las interminables riquezas acumuladas durante los gobiernos de Almanzor, Abd al-Malik y Sanchuelo, siempre bajo la autoridad nominal del Califa Hisham II, fueron repartidas entre los cordobeses que arruinaron el palacio. Antonio Muñoz Molina, en su "Córdoba de los Omeyas", nos habla de millón y medio de monedas de oro y dos millones de monedas de plata, así como innumerables tesoros y adornos de los más finos materiales. Los edificios fueron pasto de las llamas, destruidos hasta no quedar piedra sobre piedra. Ni siquiera hoy somos capaces de averiguar con seguridad dónde estuvo aquella ciudad palatina.Mientras tanto, Muhammad se había dirigido al Alcázar en busca del Califa, de aquél que había traicionado, con su ineptitud, a su propia dinastía. Omeya contra Omeya, le exigió que abdicara en su nombre, y se convirtió así en el cuarto Califa. Hisham II quedó prisionero, ajeno al mundo como siempre lo había estado, pero esta vez a sabiendas de que, por fin, después de tantos años de esfuerzos involuntarios en esa dirección, había llegado al cénit de su reinado. Su obra estaba completa. Le fue legado un imperio, una cultura, una ciudad llena de sabiduría, un poderoso ejército y un fértil territorio. Ahora, la capital de ese imperio, una de las ciudades más fascinantes que habían conocido los tiempos, estaba en llamas.
Hace mil años, un 16 de febrero, al amanecer, el moecín subió al gran alminar de la mezquita mayor. Miró a levante, y no pudo nombrar a Dios. El humo tapaba el sol del nuevo día, y anunciaba la nueva era de la guerra. Cayó de rodillas y lloró con amargura.
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Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)
jueves, 12 de febrero de 2009
La ruina de los baños árabes de San Pedro
Por un problema de spam no se permiten, temporalmente, comentarios en esta entrada.
Nadie repara en ellos, nadie se los encuentra si no es porque los ha buscado. No aparecen en ninguna guía de viaje, y muy pocas veces son mencionados en la prensa o en algún comunic
Los baños árabes de San Pedro presentan la peculiaridad de estar situados fuera del recinto de la Medina cordobesa, al contrario que todas las demás instalaciones que se han conservado, y se asientan en un arrabal que, como nos recuerda la presencia de la antiquísima iglesia de San Pedro, debía estar habitado por una mezcla de musulmanes y cristianos mozárabes. Fueron construidos en los años de esplendor del Califato, probablemente en la época de Almanzor, cerca del año 1000, según los datos que aporta el estilo de los capiteles.
Abandonados, poco a poco, tras la implantación del estilo de vida de los conquistadores cristianos, fueron integrados en la trama urbana, construyéndose sobre ellos y pasando su estructura a formar parte de una casa patio como las que existen por toda la Axerquía. Citados por Ramírez de Arellano en sus "Paseos", fueron declarados Bien de Interés Cultural en el año 1931, y su importancia queda reflejada si atendemos a los otros monumentos que les acompañaron en la resolución (imagen .tiff): el Puente Romano, la Calahorra, el Alcázar, varias parroquias o el acueducto de Valdepuentes.

En el año 1962 se comenzó su estudio, y su ruina continuó hasta la adquisición de lo que quedaba del inmueble por la Junta de Andalucía en 1992. La rehabilitación de los baños está pendiente desde hace años, habiéndose elaborado un presupuesto en 2005 que cifraba en aproximadamente 250.000 euros el importe de la obra. El estado lamentable, con las pocas estructuras conservadas situadas en una especie de sótano bajo los restos de las edificaciones posteriores, está certificado por las descripciones que del monumento hacen las administraciones local y autonómica. En la página de esta última se incluye una imagen asociada al monumento, la que pongo a continuación, y se refiere que "sostenían la bóveda doce columnas, dibujando tres arcos de herradura en cada frente".

Hace poco tiempo, me llegué por allí para hacer la foto de cabecera y ver en qué estado se encontraba la casa. El resultado fue aún peor de lo que esperaba: no solamente está plagada de escombros, es que ni siquiera se han molestado en ocultar los cascotes a la vista de la calle. Sólo con asomarse por la ventana, se pueden observar los materiales acumulados en una sala. Además, si nos fijamos bien en la imagen se pueden observar varias piezas cilíndricas con un aspecto liso y regular. La misma página del IAPH nos dice que "los fustes de las columnas son de mármol, hechos con fragmentos". Pues tenemos varios de ellos, tirados entre cartones.

Vamos a pensar que los capiteles, originales del siglo X o incluso anteriores, en algún caso, se los han llevado de allí y están bien guardaditos en el Museo Arqueológico, o en Sevilla, o en Helsinki. Y vamos a pensar en qué explicaciones se pueden dar si alguien manga restos arqueológicos de zonas descuidadas por una negligencia y luego los vende en Christie's por una millonada.
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Agradezco a Guadalupe las puntualizaciones que ha hecho en su comentario, y recomiendo a todo el mundo que las lea. He corregido varias frases de la entrada.
viernes, 6 de febrero de 2009
Los blogs son un arma cargada de futuro

Cada día, más o menos una treintena de cordobeses entran a este pequeño blog a buscar una línea del tiempo de Al Andalus, a averiguar cómo eran las Tendillas antiguamente o a descubrir el trazado de las antiguas murallas.
Sin embargo, saliéndome de lo habitual y durante los próximos días, hasta el jueves 12 de febrero para el que ya está programada la siguiente entrada, lo que podréis ver los visitantes es este mensaje que pretende informar del cierre del más activo foro de comunicación de los temas de actualidad ciudadana de Córdoba: la Calleja de las Flores.
El foro, que acumulaba más de trece mil mensajes sobre temas de Cultura, Política, Patrimonio, Medio Ambiente, Infraestructuras y otras áreas, ha sido tumbado por un ataque informático (DoS) más efectivo que los anteriormente perpetrados contra él. Como explica su creador en esta nueva página, el ataque procede de la propia ciudad de Córdoba, y ha sido llevado a cabo con medios que superan a los de un gamberro con portátil.
Por todo esto, me gustaría decir un par de cosas. La primera, que lo mismo algún día se cargan algún espacio más, y aunque no creo que nadie se fije en semejante rincón marginal de la web, si un día el dominio no funciona, que nadie se sorprenda. La segunda, que quien lo crea conveniente tome conciencia de que habita en una ciudad que está viva, donde se toman decisiones, donde el verdadero poder no tiene un origen democrático, donde se malgasta su dinero y donde se menosprecia su opinión como ciudadano.
Me queda la duda de qué es lo que más habrá molestado a los que se han cargado la Calleja. ¿Habrán sido los comentarios sobre Cajasur? ¿O las furibundas críticas contra la Iglesia, en general, y el Cabildo, en particular? ¿O quizás escarbar, desde la especulación o desde un poquito de información, en las hodiernas tramas malayas cordobesas? ¿Molestaba el hecho de despellejar las noticias mentirosas de los periódicos? ¿Amenazaba el lobo, soplando, las casas de ladrillo construidas por Arenal 2000? A veces da la impresión de que todos estos temas son, en realidad sólo uno. Pero probablemente fuera el mero hecho de que hubiera un puñado de ciudadanos hablando sin tapujos, deseando que alguien les llevara la contraria con argumentos.
A la derecha están los enlaces a los blogs de algunos de estos ciudadanos. Por algún motivo poco comprensible, tardé meses en incluir las páginas con las que podía estar menos de acuerdo. Hoy entiendo que fue un error. Mira, me han enseñado algo, los callejicidas. La Calleja sigue viva, en la siguiente dirección:
http://lacallejadelasflores.blogspot.com
miércoles, 4 de febrero de 2009
Así suena Góngora
En ocasiones, el trabajo decidido de un puñado de personas que bucean en el pasado, entre documentos que de no ser por ellos pasarían los años sin ver la luz en los grandes archivos, proporciona a la sociedad una agradable sorpresa, un insospechado descubrimiento.
Algo así ocurrió con un manuscrito de Góngora, conservado en la Biblioteca Nacional, en el que a principios del siglo XX fueron descubiertas una serie de tablaturas para cuerda pulsada, que no pudieron ser transcritas a la notación modernas hasta los trabajos del musicólogo madrileño Pepe Rey, que identificó el instrumento para el que estaban escritas como la bandurria barroca.
El grupo musical cordobés Cinco Siglos y, en concreto, Gabriel Arellano, trabajó sobre una copia proporcionada por la Biblioteca Nacional para reconstruir, basándose en los estudios previos de Rey, un total de tres piezas: una gallarda, un pasacalle y una jácara. Tras una laboriosa investigación, José Ignacio Fernández, miembro del mismo grupo, elaboró una bandurria barroca que ahora suena en los conciertos de dicha formación.
Las tres piezas atribuidas a Luis de Góngora fueron incluidas en su último disco, Sones de palacio, bailes de comedias, y un pequeño fragmento de cada una puede ser escuchado en su página web (recomendado navegador Explorer).
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En la imagen, una bandurria barroca.
Algo así ocurrió con un manuscrito de Góngora, conservado en la Biblioteca Nacional, en el que a principios del siglo XX fueron descubiertas una serie de tablaturas para cuerda pulsada, que no pudieron ser transcritas a la notación modernas hasta los trabajos del musicólogo madrileño Pepe Rey, que identificó el instrumento para el que estaban escritas como la bandurria barroca.
El grupo musical cordobés Cinco Siglos y, en concreto, Gabriel Arellano, trabajó sobre una copia proporcionada por la Biblioteca Nacional para reconstruir, basándose en los estudios previos de Rey, un total de tres piezas: una gallarda, un pasacalle y una jácara. Tras una laboriosa investigación, José Ignacio Fernández, miembro del mismo grupo, elaboró una bandurria barroca que ahora suena en los conciertos de dicha formación.
Las tres piezas atribuidas a Luis de Góngora fueron incluidas en su último disco, Sones de palacio, bailes de comedias, y un pequeño fragmento de cada una puede ser escuchado en su página web (recomendado navegador Explorer).
---En la imagen, una bandurria barroca.
sábado, 31 de enero de 2009
Mirando a La Meca
La construcción de enormes arrabales alrededor de Córdoba durante los siglos IX y X llevó aparejada la dotación de éstos con algunos servicios básicos, uno de los cuales eran los cementerios. El descubrimiento de un maqbarat o cementerio musulmán proporciona a los historiadores y antropólogos una gran cantidad de material de trabajo, desvelando claves de cómo vivían y, por tanto, cómo morían, los habitantes de las antiguas ciudades. La retracción urbana de Córdoba tras el período califal permitió la conservación intacta de sus cementerios más alejados del núcleo urbano moderno.
Las imágenes corresponden a la concentración de enterramientos que se localizó hace algunos años al inicio de la carretera del aeropuerto, antes de llegar a Urende, a la derecha. La excavación sistemática sacó a la luz centenares de cuerpos que habían sido sepultados según el rito musulmán, mirando hacia la Meca y sobre el costado derecho. Actualmente este yacimiento ha sido destruido, pero nos ha quedado, curiosamente, la vista aérea de Google Earth, tomada en el verano de 2007, que muestra con claridad la dimensión de este cementerio de barrio.

Las imágenes corresponden a la concentración de enterramientos que se localizó hace algunos años al inicio de la carretera del aeropuerto, antes de llegar a Urende, a la derecha. La excavación sistemática sacó a la luz centenares de cuerpos que habían sido sepultados según el rito musulmán, mirando hacia la Meca y sobre el costado derecho. Actualmente este yacimiento ha sido destruido, pero nos ha quedado, curiosamente, la vista aérea de Google Earth, tomada en el verano de 2007, que muestra con claridad la dimensión de este cementerio de barrio.

martes, 27 de enero de 2009
Milenario (4): el oscuro camino hacia la guerra
(ver anterior / ver siguiente)Día sombrío, día aciago, aquél en que el más poderoso ejército de la Península se reunió en los campos de Córdoba. Aquella mañana, cordobeses, una época entera de la ciudad dejó de pertenecer al presente para convertirse en mito, en carne de leyendas. La gran capital del Califato ya viviría para siempre en la imaginación, con sus paredes blanqueadas, sus caminos lujosamente pavimentados, sus palacios, sus baños y mezquitas, el olor de las especias en su zoco, el murmullo de las discusiones sobre filosofía clásica en los jardines de las escuelas.
Córdoba entraría al mundo de las ciudades legendarias, las que la literatura universal, histórica o de ficción, ha descrito tantas veces. El sabor de lo perdido, de la exótica Bizancio, de las civilizaciones de Etiopía, de las lenguas que ya nadie habla. Todo lo que un día brilló, y que ya nunca volverá de las sombras.
Ese día, el ejército del Califato de Córdoba fue convocado por última vez, quién sabe dónde. A lo mejor en los campos de Rabanales, cerca de al-Zahira. Quizás en los llanos de la Albaida, o en el Campo de la Verdad. A vista de pájaro, miles de soldados en perfecta formación, como hacía sólo diez años los colocaba Almanzor. ¿Por qué no iba a ser posible? ¿Por qué no podía su hijo, Abderramán, al que llamaban Sanchuelo, ser un glorioso capitán como su padre y su hermanastro? Volvería de los reinos cristianos habiendo arrasado sus pueblos, cargando riquezas y seguido por sus prisioneros.
El pueblo de Córdoba ya no sabía qué desear. Por un lado querían que todo siguiera en pie. Que el hayib ganara nuevas batallas, que un heredero justo de Hisham II ocupara el trono en un futuro. La gran farsa de la fidelidad de los visires amiríes a los omeyas podría haber continuado, pero Sanchuelo había sido nombrado sucesor a título de Califa, rompiendo esa lealtad. Por otro lado, la dejadez y el vicio de Sanyul le habían convertido en un personaje aborrecido por los cordobeses, que deseaban su muerte sólo con un poco menos de intensidad que la paz del imperio.
Como última humillación, hizo que todos sus soldados llevaran turbante, al estilo bereber. Las autoridades religiosas montaron en cólera, los sectores árabes del ejército se opusieron y los ánimos se encresparon aún más.
El 14 de enero del año 1009, Abd al-Rahman Sanyul, hijo del más grande guerrero que diera nunca Al Andalus, emprendió el camino hacia el norte, en busca del honor, con un ejército desmoralizado y dividido, en pleno invierno y dejando atrás una ciudad al borde de la revuelta.
Cuenta Antonio Muñoz Molina, en un detallado relato de estos días (1), que un viejo caminaba junto al palacio de Madinat al-Zahira cuando, dirigiéndose a sus muros, exclamó: "¡Palacio que te has enriquecido con los despojos de tantas casas, quiera Dios que pronto todas las casas se enriquezcan con los tuyos!"
Faltaba una luna para la guerra.
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Muñoz Molina, Antonio: "Córdoba de los omeyas".
Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)
viernes, 23 de enero de 2009
La Mancebía del Potro
Ya es conocido que la plaza del Potro fue, en la época de los Austrias, uno de los principales centros comerciales de la ciudad, así como que en ella se daba una concentración de truhanes por metro cuadrado mayor que en cualquier otro barrio. Era el lugar donde los viajeros se bajaban del caballo y buscaban alojamiento... u otra cosa. Porque fue en dicha plaza donde, poco después de la conquista, según nos cuenta Ramírez de Arellano, se estableció la Mancebía, el establecimiento donde los cordobeses acudían a olvidarse de los problemas cotidianos, de sus penurias... y de su señora.
En aquella época la plaza del Potro tenía una superficie inferior a la actual, llegando sólo hasta la calle Lineros, y una callejuela estrecha la comunicaba con la Ribera. En la esquina de esta travesía con Lineros se encontraba la Mancebía, negocio público y reglamentado hasta que una pragmática en 1623 acabó con ellas en el reino de Castilla. De hecho, en el Archivo Municipal existe una subsección, la AH-01.17, dedicada en exclusiva a esta casa. Un paseo por esta documentación, o más bien por sus títulos, nos muestra las órdenes que, acerca del funcionamiento de la Mancebía, iban llegando de Madrid, así como los incidentes que tenían lugar entre las mujeres de la casa y los alguaciles, que al parecer tenían la obligación de despojarlas de sus "alhajas y galas" si salían con ellas a la calle.
Digo lo de los títulos de los documentos porque no soy capaz de entender una sola palabra de ellos, escritos como están en el siglo XVI y XVII. Pero nunca está de más echarles un vistazo, así que dejo esta imagen de una provisión de la reina Juana, con fecha de 1515, limitando los derechos de los alguaciles sobre las rentas de algunas actividades económicas como, por ejemplo, la Mancebía.
En aquella época la plaza del Potro tenía una superficie inferior a la actual, llegando sólo hasta la calle Lineros, y una callejuela estrecha la comunicaba con la Ribera. En la esquina de esta travesía con Lineros se encontraba la Mancebía, negocio público y reglamentado hasta que una pragmática en 1623 acabó con ellas en el reino de Castilla. De hecho, en el Archivo Municipal existe una subsección, la AH-01.17, dedicada en exclusiva a esta casa. Un paseo por esta documentación, o más bien por sus títulos, nos muestra las órdenes que, acerca del funcionamiento de la Mancebía, iban llegando de Madrid, así como los incidentes que tenían lugar entre las mujeres de la casa y los alguaciles, que al parecer tenían la obligación de despojarlas de sus "alhajas y galas" si salían con ellas a la calle.
Digo lo de los títulos de los documentos porque no soy capaz de entender una sola palabra de ellos, escritos como están en el siglo XVI y XVII. Pero nunca está de más echarles un vistazo, así que dejo esta imagen de una provisión de la reina Juana, con fecha de 1515, limitando los derechos de los alguaciles sobre las rentas de algunas actividades económicas como, por ejemplo, la Mancebía.
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