Un manto de estrellas cubre la ciudad. Los días se van haciendo más cortos a medida que se acerca el fin del año 1924. Y Rafaé, el que se asustó cuando el cometa, entiende un rato de meteorología:- Vasé una jartá frío, Paquillo.Paquillo le contesta con un escueto "¡Digo!". Y ambos dan una caladita al cigarro.Paquillo y Rafaé tratan de entrar en calor mientras esperan, de pie como pasmarotes, a la una de la madrugada, en el andén de la estación de Córdoba. Rafaé se da una vueltecita por el interior del edificio y observa, anonadado, cómo frente a la puerta principal, acaba de aparcar un Hispano-Suiza blanco con dos policías en su interior. Se intuye la llegada de un tren, que no hace sonar el silbato de aviso. De hecho, por no hacer ruido, no lo hace ni al frenar, dejando suavemente los dos únicos vagones de pasajeros frente a la estación.Furtivamente, mirando a izquierda y derecha, bajan dos personas del convoy, sólo dos, dos hombres altos con sombrero y gabardina, que caminan con pasos largos al tiempo que indican a los cordobeses que se encarguen de llevar al coche el ligerísimo equipaje. "Sí, señó", intenta
decir Rafaé, pero no llega ni a terminar el "señó", porque le ve la cara a uno de los pasajeros, y reconoce, en mitad de la noche y de incógnito, al Rey de España. "Majestá", añade, mientras se le cae el cigarro de la boca. Alfonso XIII pasa de largo.Por las callejuelas oscuras de Córdoba, mientras toda la ciudad duerme plácidamente, otras dos almas vagan sin rumbo fijo. Llevan veinte minutos dando vueltas por las calles de San Pedro y San Andrés, aparentemente sin sentido, pero su intención es muy clara. Están jugando al despiste. Piensan que les pueden haber seguido y tratan de dar esquinazo a cualquier curioso indeseable.Cruzan la Corredera de punta a punta, hacia el Arco Alto, y suben la calle de las Esparterías. De pronto, se detienen en seco. Una de las sombras empuja a la otra, con un rápido movimiento, hacia un rincón. El sombrero caído al suelo descubre un rostro de mujer, joven, inquieta, hermosa. Ha visto el Hispano-Suiza bajar desde la Calle Nueva y girar a la izquierda, y su corazón se ha disparado. Su acompañante intenta calmarla, es un leal amigo que esa noche cumple su enésima misión nocturna.
Continúan su camino siguiendo el rastro del automóvil, que ha desaparecido de la calle en la que entró. Al llegar a la altura de una preciosa mansión, el hombre anuncia que se retira. Ella rechaza su mano y le estampa un beso en la cara, dándole mil gracias por su servicio, antes de golpear la puerta un par de veces. "Buenas noches, le están esperando", fue todo el recibimiento que tuvo.Córdoba callada, Córdoba lejana y sola, oculta a los ojos de la Villa y Corte, guarda el secreto. Esconde en su corazón, en su mismo centro, la felicidad de un amor consentido por la lealtad de dos mujeres de negro, amas de llaves de las alcobas del Rey. Una es noble, la otra burguesa, son fuertes y tienen sendas familias que dirigir.En Madrid, dos reinas, madre y esposa, lloran juntas la desealtad del Borbón. En el barrio de San Pedro, mientras tanto, el sol invade la habitación donde también se escribe la historia de este país, la que no circulará en los periódicos sino en los mentideros, la que sólo podrá contarse escondida entre dobles sentidos y medias palabras.El Rey saluda con una sonrisa al servicio y pregunta por la señora de la casa. Le comunican que ha salido temprano, para mayor tranquilidad de Su Majestad. Al otro lado de la calle, como cada mañana, el ajetreo del negocio se desarrolla ajeno a su presencia, y esto le agrada. Se siente libre.Se sienta a desayunar, coge el periódico y, antes de que su acompañante asome por el pasillo, pregunta en voz alta:- ¿Me ha reclamado ya, la Reina?Sin saber por qué, encuentra ingeniosa la frase, y decide guardársela para otra vez.
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Evidentemente, este es un relato de ficción. Ni por asomo se quiere dar a entender que, en la vida real, dos de las familias más señaladas de la Córdoba alfonsina estuvieran al tanto de su relación extramatrimonial, ni que su amante visitara en algún momento la ciudad. Hubo visitas privadas de Alfonso XIII, lo demás es imaginación.
La búsqueda del lugar exacto donde ocurrió este suceso legendario allá por el siglo XVI parece, en principio, una labor complicada. Y así sería, dado que en los Casos Notables no se explica la ubiación de la casa, si no contáramos con la detallada descripción que hace Ramírez de Arellano en los "Paseos".Comienza a hablarnos de los edificios más singulares de la calle Almonas desde su entrada por el Realejo, para ir descendiendo hacia la Almagra en sentido decreciente de la numeración. Al poco de empezar, nos describe la calleja de la Mancera, que es una que hay a mano izquierda según se baja, casi enfrente de la actual calle Torre de San Andrés, cuya salida a Almonas no existía hasta tiempos recientes.Pues bien, la "casa del Duende", a la que se refiere el cronista como si aún se la conociera así a finales del siglo XIX, se sitúa casi enfrente de la calleja Mancera, formando rincón, y por encima (aunque no necesariamente pared con pared) de la fábrica de jabón o almona que, como ocurre aún hoy entre el Chaparro y la Lagunilla, tenía obligación de permitir el paso de transeúntes a su través. De ahí viene el nombre de la calle Almona de Paso, actual Pintor Bermejo.
¿Es posible que la casa del siglo XVI permaneciera aún en pie trescientos años después? No se puede descartar, aunque lo más probable es que sufriera reformas. La mayor de ellas tendría lugar, no obstante, a finales del siglo XX, con la construcción en 1987 de las nuevas viviendas que hoy ocupan su espacio. Esta foto es todo lo que he podido conseguir sobre la evolución de la zona, con imágenes tomadas en 1957, 1980 y 2007.
Y hasta aquí podemos profundizar de momento. Si en futuro encuentro algún dato o documento nuevo sobre la casa, lo colgaré por aquí.Lo que sí puedo dejar caer es que resulta curiosa la existencia de testimonios que hoy, en pleno siglo XXI, ubican en este mismo punto de la ciudad una nueva "casa del miedo", otra futura leyenda. Parece que duendes y fantasmas no pasan nunca de moda, y además cogen cariño a los lugares.
Érase una vez.Nadie sabe en qué recóndito rincón, un día de la primera mitad del siglo XVII, comenzaron a escribirse los Casos Notables de la Ciudad de Córdoba. Tampoco tenemos gran idea de quién empuñó la pluma la noche en que se escribió el caso número 23: la historia de la casa del Duende. Había en Córdoba una señora rica...Y había una intriga, una lucha por los bienes que habían sido legados a dos hermanos, parientes del caballero, y luego fraile, Fernando de Cárcamo. Los padres, deseosos de igualar la suerte de ambos, habían adjudicado a la mujer una parte mayor que al varón, que ya poseía notables rentas. Él, no conforme con la decisión, trató de variar el reparto, pero su hermana no aceptó ningún cambio. Fue en ese momento cuando resolvió acabar con su vida.La señora eligió para residir la casa que había heredado, situada en la calle Almonas del barrio de San Andrés. Allí se instaló, y allí se presentó su nueva compañía. Cuenta Ramírez de Arellano, en su variante de la leyenda, que hubo en cierta ocasión un hombre que cometió el cruel pecado de abofetear a su padre anciano, acto por el que fue condenado a vagar como alma en pena. Este dato no está presente en el relato del siglo XVII, así que parece que fue después cuando se produjo la confusión entre la idea de duende y la de fantasma. Su nombre, Martín, coincide con el de varios duendes conocidos en zonas como Castilla-La Mancha o Granada.El caso es que este Martín coincidió en la casa con la mujer, y aficionóse el duende de la güéspeda [sic] y aparecíasele en formas exteriores, hablándole y diciéndole mil requiebros. Ella le rechazaba una y otra vez, entre otras cosas por su apariencia de ser feo y diminuto (no levantaba más de media vara), pero el amor del duende era incondicional.Tanto es así que, durante seis años, se encargó de que cada vez que llegaba el hermano con intención de cometer el asesinato, hubiera tal escándalo en la casa que éste decidiera dejar pasar la ocasión, por exceso de testigos. La comidilla de que en la casa de la calle Almonas había un duende se fue extendiendo por el vecindario, y la señora tenía frecuentes charlas con su confesor, que le rogaba que no mantuviera trato con aquél elemental, fantasma o lo que fuera. El duende, a su vez, daba extensas clases de teología a la mujer, como prueba de su buena intención y de su conocimiento de los asuntos del cielo.Sin embargo, llegó el día en que ella no pudo soportar más tan atenta compañía, y decidió mudarse. Se trasladó a las cercanías del colegio de San Roque, próximo a la Catedral. De nada sirvieron los ruegos del duende, que le advirtió de que estaba ligado a aquella casa, y de que no podría protegerla fuera de ella. Efectivamente, en Nochebuena, en la esquina de la calle Judería que da a la Mezquita, su hermano la apuñaló mortalmente, desapareciendo del lugar sin ser visto. Sí que se dejó ver en los días siguientes, en los que fingió su pesar por la muerte de la mujer.La casa quedó vacía por miedo al duende, y solamente el hermano, harto de no poder obtener rentas de ella, se decidió a ocuparla, considerando simples habladurías los relatos sobre el ser que convivía con la señora.Dos o tres años después, el Corregidor, avisado por los vecinos del barrio, hizo hundir la puerta que, desde hacía varios días, permanecía cerrada a cal y canto. De una desdichada muerte, se limita a decir el autor de los Casos Raros que falleció el asesino. Ramírez de Arellano hace aparecer, junto al cadáver que se balanceaba de la soga, la horrible figura del duende, autorizando a que fuera enterrado en suelo sagrado. No había sido un suicidio, sino la divina Providencia, a través de él, quien había ajusticiado al hombre que segó la vida de su hermana.El duende desapareció en el preciso instante en que nació su leyenda.
(Más sobre la Casa del Duende)
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Visto también en Duendes, de Jesús Callejo y Carlos Canales.
De brujas, duendes, fantasmas y poltergeists cordobeses hemos hablado ya. Lo que resulta sorprendente es que, aún hoy en día, existan personas que no creen en la presencia real de los duendes. :-)Las casas enduendadas o encantadas, las casas del miedo, como también se las conocía, eran una realidad palpable hace décadas, quizás siglos. Nuestros antepasados (¿crédulos ellos?) eran mucho más proclives a aceptar que los elementales habitaban nuestro mundo, al menos a ratos. Ellos dieron nombre a la calle Horno del Duende, a la casa del duende, a la huerta del Duende.Muchos de ellos creían en la acción de una potencia invisible, inteligente, maliciosa y muy astuta, respondiendo a veces, como para divertirse, a los deseos de los testigos, [...] poseyendo facultades acrecentadas por su invisibilidad y otras que escapan aún a nuestras concepciones, como escribió el comandante de la gendarmería francesa Tizané.Al llegar la noche mágica de San Juan, cuando se abren las puertas de lo fantástico y lo imposible se puede tocar con los dedos, volvemos a leer y contar historias de duendes. Y de Córdoba.
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Entrada anterior sobre la puerta Excusada)
Para que no se quede como uno de los temas inacabados que nunca se retoman, conviene completar el ladrillo del otro día con algunos datos sueltos de la puerta de la Misericordia o Excusada. Nuevamente tengo que tirar de los "Paseos", porque de momento no conozco otra fuente que la mencione.El nombre más antiguo que se le da es el de "puerta de Alquerque", que aparece en un documento de la época de Alfonso X (siglo XIII). Podría indicar un topónimo árabe, a lo mejor de un arrabal, según Ricardo de Montis. Lo de puerta Excusada vendría por una leyenda según la cual un gobernante musulmán la habría calificado así después de que por ella penetraran parte de las tropas cristianas durante la Conquista, y con ese nombre se la conocería hasta que la fundación y crecimiento del hospital de la Misericordia provocaron el cambio en la denominación popular.Se sabe que entre los siglos XV y XVI sufrió un incendio, que provocó que fuera tapiada durante un tiempo, hasta que el 10 de febrero de 1520 se decidió restituirla. Es por ello que recibió durante largo tiempo el nombre de "puerta Quemada".Por lo demás, señalar a modo de curiosidad que el edificio que se ve en los planos de la entrada anterior a la izquierda según se sale, adosado por el exterior al muro de la Misericordia, es una fundición de hierro que pertenecía a los señores Portilla White y Compañía, según explica Cristina Martín en "Córdoba en el siglo XIX: modernización de una trama histórica".
Y para terminar, otra imagen más: la comparación de la zona hoy en día con el mismo lugar en 1957, cuando se hicieron las fotos del vuelo americano. Se puede ver que la manzana del hospital, sobre todo en su parte oriental, conserva las líneas que ya tenía en los planos del siglo XIX.
La búsqueda de la puerta de Vernier sigue avanzando poco a poco, pero al menos me ha servido para poder informarme sobre una de las que en principio consideramos como posibles, la puerta del Santo Cristo de la Misericordia, más conocida como puerta Excusada y, antes, puerta de Alquerque. Esta puerta se situaba en la mitad oriental de la actual avenida de las Ollerías, en la salida al campo por la calle Cárcamo. En un pequeño corte del plano de 1851 se nos muestra así:
Esta es una comparativa de su evolución entre 1851 y 1884, donde podemos notar como único cambio importante el derribo de la muralla, y por tanto, de la puerta, que tiene lugar en el año 1882.
Pero cualquier intento de comprender la historia de esta puerta pasa, necesariamente, por entender la del edificio que fue surgiendo a su lado, parasitando su espacio y, finalmente, determinando un cambio en su ubicación: el hospital de la Misericordia.Realizando una interpretación más o menos libre de la descripción de Ramírez de Arellano, aunque sin perder de vista los importantes restos que aún perviven en la calle Fernando de Lara, podemos reconstruir el pasado de esta zona de la ciudad. Nos ayudaremos para ello de la superposición del plano de 1851 sobre el viario actual, así como de una serie de fotos de la zona, numeradas del 1 al 8.Este es uno de los puntos de la ciudad en los que resulta confusa la línea de muralla, ya que el plano decimonónico la sitúa muy hacia el exterior, prácticamente por la acera de la avenida de las Ollerías. Sin embargo, es evidente que hay un lienzo de muralla que corre por la calle Fernando de Lara en línea recta hacia la esquina de Ollerías con Ronda de Marrubial, representado por una línea roja larga en la superposición, y visible en las fotos 2 a 7. Es un muro de tapial de notable altura y espesor, reparado con ladrillo en algunas zonas, de gran altura en un tramo de 60 metros en el que se conserva un torreón, en su extremo oriental, y varias almenas frente a la calle Nieves Viejas. ¿Cuál es la verdadera línea de muralla?
Pues posiblemente la que aparece dibujada en amarillo sobre la imagen anterior, que coincide con la descripción que hace Ramírez de Arellano de una doble esquina: se comprende la existencia de otro lienzo de muralla que, uniéndolos [los lienzos del muro de la Misericordia, a la izquierda en rojo en la imagen, y de Fernando de Lara] formaba con los otros dos ángulos encontrados, haciendo por la parte del campo una gran rinconada y en ella la puerta en tiempo de los árabes llamada de Alquerque". En la foto 2 se ve la esquina sur de esa rinconada, inconfundible en su fábrica. He marcado con una interrogación la posible ubicación de la puerta Excusada original.Al parecer, en 1690 se funda una cofradía del Santo Cristo de la Misericordia, que decide emplear para sus reuniones y obras una ermita construida unos antes junto a la puerta Excusada. Podría corresponderse con el solar que he marcado en amarillo. Rápidamente se extiende, gracias a donaciones, y ocupa el espacio hasta la muralla, del campo a la calle de Fernando de Lara, en el año 1729. Es en ese momento cuando se hace necesario trasladar la puerta, porque el nuevo hospital fagocitará incluso terrenos extramuros, formando poco a poco la manzana que luego se verá en los planos del siglo XIX, gracias a la construcción de dependencias en solares adosados al lado exterior de la muralla.En la descripción del plano de la Gerencia de Urbanismo, se habla de los restos de Fernando de Lara como una "excepción" del proceso de demolición de la muralla. Eso no es del todo exacto, porque el único motivo de la supervivencia de este tramo es la funcionalidad que tenía al formar parte del propio hospital. De hecho, la parte que no servía a este efecto, es decir, los 100 metros desde el torreón a la esquina del Marrubial, fue demolida casi por completo, quedando un pequeño murete hasta nuestros días.
En cuanto a la puerta, Ramírez de Arellano la describe como de horrible forma. Pero da un dato muy importante: en la nueva de 1729 se colocó un San Rafael en lo alto, probablemente el mismo que hoy adorna el jardín en el lugar exacto en el que estuvo la entrada a la ciudad (foto 8). La presencia del edificio del hospital a la derecha de la puerta, que no aparece en el grabado de Vernier (no considero que el incendio de 1867 lo borrara del mapa, como atestiguan planos posteriores), y el propio San Rafael en el remate me hacen pensar que no es ésta la puerta que andamos buscando.Pero, ¿y lo que se aprende? El próximo día, alguna anécdota más suave sobre la puerta.(
Más sobre la puerta Excusada)







Hace varios meses, se publicó en el antiguo foro Calleja de las Flores una imagen que representaba una puerta inédita de las murallas de Córdoba. Su identificación quedó estancada, por la falta de datos claros que nos permitieran ubicar la escena en un punto concreto de la ciudad.La imagen en cuestión era esta:
Es un dibujo realizado por el pintor francés Emile Louis Vernier, que nació en Lons-le-Saulnier, una localidad francesa cercana a Suiza, en 1829, y murió en París en 1887. Este hombre se dedicó en sus inicios a las litografías, y es mencionado como un especialista en esta materia en la correspondencia que Vincent van Gogh mantenía con su hermano Theo. A continuación fue evolucionando y en sus últimas etapas se dedicó a la pintura de marinas, como escenas de pesca o de playas. A partir de los años 70 del siglo XIX es cuando se dedicó en exclusiva a la pintura.
Emile Louis Vernier, como muchos otros artistas de su tiempo, realizó un viaje por España en busca de inspiración, y conoció diversas ciudades y paisajes que fue plasmando en su cuaderno: Granada, Alicante, Almería... No sabemos en qué fecha, Vernier se presentó en Córdoba y, casi como único testimonio conocido, dibujó esta puerta de la muralla.El título de la obra, Les portes de la ville de Cordoue, permite dejar volar la imaginación. ¿Existió, dibujada por Vernier, una colección completa de imágenes de las puertas de la ciudad? La representación de una puerta que no debía encontrarse entre las más populares, como la de Gallegos o la del Puente, parece un punto a favor de esta suposición. ¿Cuántas de esas imágenes han sobrevivido hasta hoy en colecciones particulares? Este dibujo se exhibe en el Museo del Louvre, y en breve estará también disponible en el Museo Imaginado de Córdoba.Ahora bien, la imagen fue publicada por el administrador de la "Calleja de las Flores" sin atribuirle una ubicación concreta, aunque la puerta del Colodro partía entre las mejor situadas. ¿Sería posible ir eliminando puertas, con diferentes argumentos, hasta quedarnos con dos o tres sobre las que trabajar? Bueno, posible es, porque ya lo hicimos. Otra cosa es que alguien se cargara el foro donde se llevó a cabo el trabajo, y ahora haya que volver a colgarlo. Vamos allá.Puertas de las que se dispone de imagen antigua, y pueden ser descartadas: Osario, Puente, Gallegos (¿seguro?), Nueva, Almodóvar.Puertas que por su descripción no pueden corresponderse con el dibujo: Andújar y Baeza.Puertas que ya no existían en el momento de realizarse el dibujo: Martos y Pescadería. La puerta del Rincón fue derribada en 1852, cuando Vernier tenía aún 23 años. La dejamos como muy improbable.¿Qué nos queda? Las puertas de los Sacos, de Sevilla, del Colodro, de la Misericordia y de Plasencia. Son pocas, y cobardes, a lo mejor podemos con ellas. De hecho, yo hasta ayer tenía una teoría muy definida... pero hoy ya dudo.Se aceptan ideas, nuevas o repetidas. Y el próximo día sacamos los planos...
Hace tiempo que quería tener una composición como esta, así que he decidido compartirla en el blog. Se resume aquí el conocimiento que se tiene sobre las puertas de la ciudad de Córdoba (sin contar las comunicaciones interiores entre la Villa y la Axerquía, de las que sólo se conoce y preserva el arco del Portillo).Si partimos de la puerta del Rincón, de la que no se guarda ninguna constancia gráfica, podemos recorrer un tramo cuyas puertas nos son totalmente desconocidas, y que avanza por la avenida de las Ollerías dejando en el misterio (al menos, por ahora) las entradas del Colodro y la Misericordia o Excusada, misterio que se prolonga hacia el sur por el Marrubial, ya que tampoco sabemos nada de la puerta de Plasencia.La puerta de Andújar viene descrita en los "Paseos por Córdoba", y probablemente esa haya sido la fuente para el aparentemente moderno dibujo que ilustra la entrada correspondiente de la Cordobapedia, y que aquí nos sirve para hacernos una idea de su aspecto.La puerta Nueva o de Alcolea, por el contrario, sí fue fotografiada antes de su destrucción, aunque aquí se muestre un grabado que la reproduce fielmente. De hecho, es la única puerta de la Axerquía de la que disponemos de imágenes reales. No tuvo tanta suerte, probablemente por muy poco, la puerta de Baeza, que tristemente no fue inmortalizada por ninguno de los fotógrafos clásicos cordobeses de finales del XIX. Sólo disponemos de su descripción y de un imaginativo dibujo del siglo XVII realizado por Pier Maria Baldi. No existe ninguna constancia de que se conserven imágenes o dibujos de las puertas junto al río, Martos y Pescadería.La puerta del Puente ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque descontextualizada. Peor suerte tuvo la puerta de los Sacos, defenestrada probablemente al construirse la nacional IV sobre la huerta del Alcázar, y de la que es posible que quede alguna imagen perdida en los archivos.La puerta de Sevilla fue hundida y reconstruida, y la de Almodóvar sobrevivió de puro milagro. Las dos puertas restantes, la de Gallegos y la de Osario, quizás por encontrarse más cercanas a los nuevos centros económicos y sociales de la ciudad, fueron fotografiadas antes de desaparecer, y hoy esos documentos son valiosos recuerdos de estos monumentos perdidos.Una gozada ver esta foto de familia, que ha sido ampliada gracias al trabajo del Tabernero de la Calleja de las Flores y su hallazgo de una nueva imagen que correspondería a una puerta aún no conocida de la ciudad. Pero esa será otra historia.
De pura casualidad, hace poco tiempo, me volví a topar con una foto que en el foro Calleja de las Flores se había tratado de ubicar en algún rincón de Córdoba, meses atrás. La imagen (1) inmortaliza a dos mujeres junto a varios cántaros, una fuente y un arca o depósito de agua a la espalda de la misma. Es una de las poquísimas imágenes que se conservan de este tipo de depósitos en nuestra ciudad, si exceptuamos, claro está, el que ha sobrevivido hasta nuestros días adosado a la Mezquita.Al ver la foto, que debe pertenecer a la década de 1920, tuve la sensación de haber pasado recientemente por allí, y a los pocos días, sin quererlo, me encontré en el lugar indicado con una cámara de la mano. La plazuela que aparece en la imagen es la que se conocía con el nombre de Muladar de Mariblanca o Mari-blanca (en cordobés, muleá, me han apuntado), en la calle Montero. Aparte de la forma general de la plaza, es inconfundible la ventana que se ve en la pared de la derecha, que sobrevive aún hoy ligeramente ampliada hacia abajo. El edificio sobre el que se apoyaba el arca de agua ha desaparecido, con el depósito y con la fuente.
La fuente del Muladar de Mariblanca, según un artículo de Juan Aranda Doncel, se habría instalado en el cruce de la calle Montero con la de Rivas y Palma a finales del siglo XVII, dentro de un programa de mejora del abastecimiento de agua a la Axerquía. Esta fuente, al igual que la de San Lorenzo, la de la plaza de los Olmos y alguna más de la zona, estaba regada con agua del nacimiento de Miraflores, que procedía de las inmediaciones de los arroyos Camello y Hormiguita, en la zona del Marrubial norte y actual Chinales.López Amo, en "Las aguas de Córdoba", nos indica que las aguas de Miraflores se perdieron por problemas en sus cañerías, y las fuentes pasaron a surtirse en el siglo XIX del agua de la Palma, que procedía del nacimiento del Sombrero del Rey en el arroyo Pedroche (cerca del Molino de los Ciegos, junto a las cocheras de Aucorsa). Así, cuando el archivero López Amo escribe su obra, ya nos habla de que el arca de agua de la calle Montero recibe cuatro pajas del depósito principal de la puerta de Plasencia (por la calle de los Frailes), que se distribuyen de esta manera:- Una paja y media para la fuente del Muladar de Mariblanca, cuyo derrame fue concedido en 1790 a la Hermandad de Ánimas de San Pedro a cambio del mantenimiento de arca y fuente.
- Dos pajas y media para el Hospital de Jesús Nazareno (junto al Buen Suceso), con algunas condiciones de uso.
Ramírez de Arellano, en los "Paseos", se limita a mencionar lo horrible que es la fuente, y el hecho de que el nombre de Mariblanca le viniera por deseo de un corregidor de imitar la monumental fuente madrileña que estuvo en la Puerta del Sol.
Por cierto, ¿alguien tiene alguna sugerencia sobre la ocupación de la señora que está en la mesa? Cualquier idea es bien recibida.---
(1) Imagen del Archivo Municipal de Córdoba, referencia FO010101-A00188-0056 de la categoría "Actividades Municipales, 1925-1995".
Aquí dejo un par de imágenes que prometí subir hace ya mucho tiempo.En la entrada "El muro en Fuentes Guerra", que estaba ilustrada con una foto nocturna en la que no se distinguía la muralla de los jaramagos, he colgado esta en la que se aprecia mucho mejor la muralla romana, con sus añadidos posteriores medievales.
Y de paso, en la entrada "La basílica de Santa Eulalia", he puesto el croquis que hizo Ramírez de Arellano sobre los restos encontrados en el Palacio de la Merced en el siglo XIX.
(ver anterior)
Pero, ¿tenemos algún testimonio más directo de cómo era el arroyo del Camello o Casitas Blancas antes de la urbanización de gran parte de su cauce? Por fortuna, sí. Encontramos uno de ellos en el mapa realizado por el ejército alemán a una escala de 1:50000 en los primeros años cuarenta. En él se puede ver marcado en azul el recorrido del arroyo hasta verter sus aguas en el de las Piedras, ya en el Marrubial.
Por otro lado, una referencia más tardía aunque mucho más ilustrativa es la ortofoto estadounidense de finales de los 50. En ella he marcado con puntos azules el cauce, para no ocultar la imagen, y si la comparamos con la foto de Google Earth de la entrada anterior, podemos hacernos una idea de cómo ha ido evolucionando toda la zona por la que el arroyo transitaba.
Habría que hacer referencia a otro grupo de documentos que mencionan también el arrroyo del Camello, como son los relativos a una conducción medieval de agua que llegaba a la parte oriental de Córdoba hasta su inutilización (y posible recuperación parcial posterior) a mediados del siglo XIX. Este agua era conocida como del nacimiento de Miraflores, y fue concedida su explotación y aprovechamiento, con muchas condiciones, a los Padres Trinitarios, para abastecimiento de su convento y las fuentes cercanas.El agua procedía de dos puntos diferentes. En primer lugar, un nacimiento en las proximidades, según López Amo en "Las aguas de Córdoba", del arroyo Hormiguita (recordemos que esta es la denominación que adoptó el del Camello desde el punto en que se unían los dos), a la altura del Molino Quemado, es decir, poco antes de la junta de los arroyos.Además, este agua se unía al procedente de un segundo origen denominado "sudaderos del arroyo del Camello". ¿Dónde se encontraba esta zona, en el sector ya urbanizado o en la parte que subsiste más o menos intacta? Sánchez Feria dice que sube este Arroyo à cortar el camino real, que baxa de las Ollerìas, y caminando poco mas arriba àzia el Norte està en èl el nacimiento de dichas aguas de los Padres Trinitarios. Si "poco" quiere decir menos de un kilómetro, entonces esos manantiales están bajo el Polígono de Chinales. Pero si nos permitimos estirar ese "poco" hasta un 1,3 km, llegamos a una zona que, verdaderamente, rezuma agua.Se encuentra frente a las nuevas urbanizaciones de Mirabueno, donde el arroyo corre más o menos paralelo a la antigua vía de Almorchón. Cuando estuve por allí una semana después de algunas lluvias intensas, todos los rodales de juncos que pueblan la ladera estaban completamente encharcados, bajando el agua hacia el fondo de la vaguada. Los manantiales más importantes, al menos dos de ellos, están marcados con piezas de hierro clavadas en troncos o en el suelo.
El arroyo corría débilmente, pero se podía seguir su rastro en dirección a su nacimiento, encontrando los restos de una fuente destruida, que menciona Francisco Carrasco en su descripción. Son visibles los tres pilares (no en la foto), pero la inscripción y la palmera parece que desaparecieron hace mucho tiempo.
Y hasta aquí lo que puedo aportar sobre el tema. No estoy seguro de que sea esta zona la de los "sudaderos", porque para ello habría que excavar y localizar el origen de las aguas de los Trinitarios, pero al menos ha quedado constancia de lo poco que se conserva de este arroyo que un día regó el Marrubial.
(ver siguiente)
Hace bastante tiempo, en los primeros pasos del blog, se trató en una entrada sobre el arroyo que atravesaba la parte oriental del casco histórico de Córdoba, hasta finales del siglo XVIII. Este arroyo, que recibía diversos nombres según el barrio por el que iba pasando, entraba en la ciudad por las inmediaciones de la puerta del Colodro, procedente con toda probabilidad de la zona de Santa Rosa o Valdeolleros. Y a él hace referencia Francisco Carrasco en su libro "Arroyos de Córdoba", mencionándolo brevemente:Venía de la Asomadilla por la Cruz de Juárez, Matadero Viejo, Puerta del Colodro, Santa Marina, San Andrés, San Rafael y San Lorenzo. todavía se oyen sus aguas por el pozo que hay en uno de los patios del Palacio de Viana. El alcalde mandó construir puentecillos de madera para cruzar las calles. Este arroyo se llamaba del Camello y ha aparecido su cauce cuando se realizaron trabajos para el ferrocarril de alta velocidad en estos años.Posteriormente me fui encontrando varias referencias a un "arroyo del Camello" que nada tenía que ver con esta descripción, de modo que las expondré aquí, a sabiendas de que es un tema resbaladizo por basarse en nombres populares que van cambiando con el tiempo.La descripción más detallada de la situación de este arroyo desaparecido bajo el asfalto de los barrios de Levante la proporciona en 1772 el médico y escritor Bartolomé Sánchez de Feria en su "Palestra Sagrada", cuando trata de precisar de manera exacta el lugar en el que Andrés de las Roelas se encontró con los Cinco Caballeros. El relato completo está en la siguiente imagen, pero abreviadamente, viene a decir que los dos arroyos que discurrían por el campo del Marrubial, el de las Peñas, las Piedras o San Cristóbal, que bajaba de Sansueña, y el de la Hormiguita u Hormiguilla, que venía de lo que hoy es la fábrica de cementos, confluían en un punto situado unos metros al norte del actual cuartel de Lepanto.
Además, explica que dicho arroyo de la Hormiguita, marcado en azul en la superposición de planos, había sido llamado desde antiguo "del Camello", hasta principios o mediados del siglo XVIII, cuando fue tomando el nombre de un pequeño arroyuelo que se le incorporaba desde el este. Sánchez Feria rechaza esa modificación, afirmando que debería conservarse en todo su recorrido el nombre del mayor y más largo, el del Camello.
Curiosamente, Francisco Carrasco sí menciona ese arroyo de la Hormiguita como un afluente menor de otro, al que denomina arroyo de Casitas Blancas, cuyo recorrido coincide con el atribuido al del Camello en el siglo XVIII por la "Palestra". Son el mismo curso de agua, llamado de distinta manera con una diferencia de dos siglos y medio.Siguiendo la descripción de este arroyo de Casitas Blancas, y combinándolo con el plano de Córdoba de 1884, podemos definir el recorrido que seguía desde su origen hasta su desembocadura en el arroyo de las Piedras.

(
ver anterior /
ver siguiente)
El mundo dejó de tener sentido para el visir Sanyul, probablemente, la tercera semana de febrero de 1009. Se encontraba en Toledo, adonde había tenido que regresar forzado por las condiciones climatológicas, dado que las lluvias habían embarrado los caminos y el avance de las tropas se hacía penoso por el desierto estratégico de la Meseta norte. Fracasado su intento de gloria militar, recibía ahora la noticia de que en Córdoba había estallado una revuelta contra su gobierno, habiendo quedado Madinat al-Zahira totalmente arrasada. Abderramán sólo tenía una opción: acudir a la todavía capital del todavía Califato, y presentar batalla. No está totalmente claro lo que ocurrió a partir de ese momento. Se sabe que el ejército beréber de Sanchuelo le fue abandonando progresivamente, dando por perdida cualquier batalla contra los rebeldes de ibn Abd al-Chabbar. Los aliados de la familia amirí desde los tiempos del hayib Almanzor
habían dejado de serlo de la noche a la mañana, y únicamente un grupo de civiles inconscientes, junto con algún verdadero soldado cristiano, permanecían con él. Entre ellos, el fiel Gómez, que le acompañó, lleno de vergüenza al ver su comportamiento, hasta el destino final.Éste pareció consistir en la humillación pública de Sanchuelo ante las primeras avanzadillas del ejército de al-Mahdi, llegando a besar los cascos del caballo del enemigo en un vano intento por evitar su ejecución. Según una de las teorías, fue incluso embalsamado para permanecer más tiempo expuesto al pueblo después de su muerte.Sin embargo, no falta quien considera que, siguiendo las recomendaciones de algún lugarteniente, Sanchuelo buscó refugio en el monasterio mozárabe de San Zoilo Armilatense, cerca de Adamuz, donde finalmente encontraría la muerte. Ésta tuvo lugar, en cualquier caso, a principios de marzo, sin hallarse claras las circunstancias.La rebelión había vencido y se había consumado, pero aún quedaba un fleco suelto a la hora de legitimar al nuevo gobernante. Tenía que llegar un fascinante y surrealista episodio histórico.---
Como en todos los artículos sobre el Milenario, la fuente principal es el libro de Muñoz Molina, "Córdoba de los Omeyas".
Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)
Hoy vamos a abandonar un poco los libros para dar un paseo por el campo, que van llegando los buenos días en los que el sol calienta algo el cogote al mediodía y los alérgicos al olivo aún no desean el exilio.Todos en esta sociedad tenemos una serie de impulsos coléricos que tarde o temprano acaban por aflorar. Una adjudicación dedocrática de un contrato público, unas obras interminables en la carretera, un yacimiento arqueológico volatilizado, una mala tarde de Asen y Yordi... cosillas que te encuentras cualquier día en esta Córdoba nuestra, y que van acumulándose hasta convertir al ciudadano en un potencial increíble Hulk. Pues bien, cabreado convecino, este blog le ofrece una alternativa a la destrucción de mobiliario urbano: la erradicación de especies invasoras. Con ustedes, el terror del valle del Guadiato: el estramonio.
Puede que hayas visto a este pequeño hijo de Satanás adornando con sus flores, como trompetitas blancas, las riberas de nuestro río serrano. Debes saber que no es originario de aquí, sino que procede de un proceso de asilvestramiento a partir de jardines de gente que la debió considerar muy bonita y decorativa. El estramonio (Datura stramonium) ha venido siendo usado desde siempre en América como planta medicinal y, en otros casos, como vía de contacto con el más allá para los chamanes, por sus efectos psicotrópicos. No, no lo hagas, te puede mandar al otro barrio: una cierta cantidad de esta planta, por ingestión, puede resultar letal.Esta especie está recogida en el catálogo de especies invasoras de la Junta de Andalucía, pero como ellos mismos reconocen, su erradicación es muy difícil o prácticamente imposible. Se reproduce de manera endiablada, y crece en las zonas de arena o grava junto al río. La ventaja es que, por eso, resulta muy fácil arrancar las pequeñas matas anuales. De modo que si, en alguna ocasión, piensas dar un paseo por el valle del Guadiato, no olvides llevar un guante y bolsas de plástico, cuanto más grandes mejor. Y a la vuelta, dedica unos minutos a llevarte cuantos ejemplares puedas, si estás seguro de haberlos reconocido. Si no han formado aún la semilla, estás autorizado a arrojarlos con ira contra las piedras, mientras maldices al culpable de tu cabreo semanal. Estarás haciendo, además, un favor a nuestro ecosistema.


---Las imágenes muestran distintas partes de la planta, y lo que se debe hacer con ella.
Me he pensado mucho si la primera vez que este personaje aparecía por el blog debía hacerlo por una cuestión en principio tan banal como ésta. Pero al final he decidido que es un buen ejemplo de cómo su figura, sus consejos y su personalidad influyeron de tal forma en su época, que aún hoy seguimos poniendo en práctica sus recomendaciones.Uno de los más fascinantes actores de la época del emirato, el músico Ziryab, así conocido pese a ser una autoridad en numerosos campos como la moda, la higiene o la gastronomía, fue quien popularizó, según cuenta Antonio Arjona Castro en su "Historia de Córdoba durante el emirato omeya", la costumbre de recoger espárragos del campo.Cabe la posibilidad de que esta anécdota afectase sólo a las clases más pudientes de la aristocracia árabe, y de que la gente del campo ya estuviera acostumbrada a recolectarlos, pero el caso es que esta escena ha quedado como el origen de la tradición esparraguera.Parece ser que una noche estaban reunidos Ziryab y un notable de la corte, degustando algunos platos, cuando el músico ofreció al noble un espárrago cocido, que sólo accedió a comer después de mucha insistencia. Vencida la repugnancia, el comensal se mostró encantado, preguntando dónde se podía conseguir esa planta. "Dime dónde se da, Dios te honre, para mandar a buscarla y ofrecer precio por su compra". Ziryab, después de enumerar las propiedades del espárrago ("es diurético, limpia la uretra y la vejiga, disuelve los cálculos, templa los humores y es afrodisíaco"), le contestó que no era necesario gasto alguno, sino que la planta en cuestión crecía en abundancia cerca de la propia ciudad de Córdoba, donde cualquiera podía encontrarla.Desde entonces, por las fechas que ahora vivimos, miles de cordobeses se afanan en buscarlos entre el matorral de Sierra Morena, conservando los métodos tradicionales, excepción hecha del coche en la cuneta de la carretera.