viernes, 20 de febrero de 2009

Desalambrando

Hubo un tiempo, anterior a la dictadura del coche, en que los habitantes de los distintos lagares y cortijos que rodeaban Córdoba se desplazaban a pie o en sus monturas por pequeños caminos que se clasificaban en distintos tipos: cañadas reales, veredas, coladas, simples caminos del Municipio... Las vías tradicionales de comunicación recorrían como una tela de araña la sierra, la vega y la campiña, hasta que el éxodo rural y la construcción de carreteras concentraron la población en los grandes núcleos, y los desplazamientos en unas pocas rutas asfaltadas.

Los propietarios de las fincas, a veces por ignorancia, en la mayor parte de las ocasiones a sabiendas de que cometían un acto ilegal, fueron cerrando los caminos públicos que caían en desuso. Una de las tácticas más utilizadas en los últimos años ha sido la de abrir pistas forestales paralelas al camino tradicional, de manera que éste era abandonado y borrado por la vegetación. A continuación, se cerraba la pista por ser una vía privada, y el uso público por parte del ciudadano se veía impedido.

Sin embargo, aunque ya nadie necesite usar el camino para llevar su carro y aunque sólo un puñado de ganaderos perpetúen el uso de las principales coladas, los caminos públicos, del tipo que sean, no prescriben. No caducan. No pueden venderse, comprarse ni incorporarse a la finca colindante, o circundante, salvo orden expresa de desafección de la vía, figura que se utiliza, por ejemplo, para aquellas que van siendo absorbidas por la ciudad en expansión.

Con las fuentes adecuadas, como son los catastros de 1950 y el actual, por ejemplo, o las Ordenanzas Municipales de 1884, así como por los testimonios de los lugareños, se pueden localizar los caminos de nuestra sierra y exigir el libre paso por ellos, convirtiéndolos en una fuente de vida para el campo en medio del auge del turismo rural y senderista.

La Plataforma "A Desalambrar", radicada en Córdoba, lleva años denunciando el corte de vías públicas de comunicación, y poniendo en evidencia la pasividad de las Administraciones responsables, que son tanto el Ayuntamiento de Córdoba, cuyo Inventario de Caminos Públicos lleva años durmiendo el sueño de los justos, como la Junta de Andalucía, responsable de los interminables y muy mejorables procesos de deslinde (marcaje y recuperación) de las veredas olvidadas. "A Desalambrar" denuncia a los infractores, verifica el estado de los caminos y, en última instancia, garantiza con sus propios medios la transitabilidad de los senderos cuya titularidad pública esté bien documentada (en ocasiones, incluso reconocida por el propio Ayuntamiento). Para ello, el primer domingo de cada mes, sus miembros y simpatizantes se reúnen en la torre de la Malmuerta para recorrer a pie una parte de nuestra sierra.

Las Administraciones, por su parte, limitan su actuación a ocasionales intervenciones con gran eco publicitario, pero dudosa eficacia. Recientemente se han gastado 300.000 euros (50 millones de pesetas) en la apertura de la Vereda de Trassierra, con un trazado de unos seis kilómetros (8 millones por kilómetro, ni que fuera una autovía) que ya era en gran parte transitable, siendo necesarios algunos desbroces y vigilancia de libre paso.

Sólo el interés y la presión de los cordobeses, y su conocimiento de su propio medio natural, pueden impulsar la recuperación de este trozo de patrimonio común que nos ha sido usurpado.

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El apéndice cuarto de las Ordenanzas de 1884 es el que contiene la lista de caminos públicos. a partir de la página 7 del documento.

lunes, 16 de febrero de 2009

Milenario (5): la hora de la espada


(ver anterior / ver siguiente)

La noche es roja sobre Córdoba, las nubes bajas reflejan los colores de la guerra y el humo asfixia las esperanzas de decenas de miles de habitantes. Es la noche del 15 al 16 de febrero del año 1009, y los arrabales más orientales de la ciudad, aquellos que lindan con los palacios de Madinat al-Zahira, están en llamas.

Tal día como hoy, hace mil años, Córdoba despertó de una noche sin sueño, sin dencanso, sumida en el caos más absoluto y en medio de una espiral de violencia que culminaba años de miedo e inestabilidad. El frágil equilibrio que mantenía en pie la fachada del Califato había caído, en forma de revuelta popular contra el gobernador amirí, el odiado Sanchuelo, que se había llevado el ejército a una desastrosa campaña contra los reinos cristianos, y al que las noticias de la rebelión le obligarían a regresar a la carrera días después.

Muhammad ibn Abd al-Chabbar, al que la Historia recordará como Muhammad al-Mahdi, bisnieto del añorado Abderramán III, al frente de cuatrocientos guerreros y de las autoridades religiosas, tomó sin demasiada resistencia, en la tarde del día 15, la residencia oficial del hayib ausente. Cuando los soldados abandonaron Madinat al-Zahira, la turba enfurecida se entregó al saqueo. Durante cuatro días, con sus noches, las interminables riquezas acumuladas durante los gobiernos de Almanzor, Abd al-Malik y Sanchuelo, siempre bajo la autoridad nominal del Califa Hisham II, fueron repartidas entre los cordobeses que arruinaron el palacio. Antonio Muñoz Molina, en su "Córdoba de los Omeyas", nos habla de millón y medio de monedas de oro y dos millones de monedas de plata, así como innumerables tesoros y adornos de los más finos materiales. Los edificios fueron pasto de las llamas, destruidos hasta no quedar piedra sobre piedra. Ni siquiera hoy somos capaces de averiguar con seguridad dónde estuvo aquella ciudad palatina.

Mientras tanto, Muhammad se había dirigido al Alcázar en busca del Califa, de aquél que había traicionado, con su ineptitud, a su propia dinastía. Omeya contra Omeya, le exigió que abdicara en su nombre, y se convirtió así en el cuarto Califa. Hisham II quedó prisionero, ajeno al mundo como siempre lo había estado, pero esta vez a sabiendas de que, por fin, después de tantos años de esfuerzos involuntarios en esa dirección, había llegado al cénit de su reinado. Su obra estaba completa. Le fue legado un imperio, una cultura, una ciudad llena de sabiduría, un poderoso ejército y un fértil territorio. Ahora, la capital de ese imperio, una de las ciudades más fascinantes que habían conocido los tiempos, estaba en llamas.

Hace mil años, un 16 de febrero, al amanecer, el moecín subió al gran alminar de la mezquita mayor. Miró a levante, y no pudo nombrar a Dios. El humo tapaba el sol del nuevo día, y anunciaba la nueva era de la guerra. Cayó de rodillas y lloró con amargura.

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Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)

jueves, 12 de febrero de 2009

La ruina de los baños árabes de San Pedro

Por un problema de spam no se permiten, temporalmente, comentarios en esta entrada.


Nadie repara en ellos, nadie se los encuentra si no es porque los ha buscado. No aparecen en ninguna guía de viaje, y muy pocas veces son mencionados en la prensa o en algún comunic
ado oficial. Los baños árabes de la calle Carlos Rubio (antigua calle del Baño), cerca de San Pedro, pertenecen a esa categoría de monumentos olvidados por el pueblo y menospreciados por las instituciones, que sólo después de años de dejadez parece que empiezan a comprender la necesidad de revalorizar todo el Casco Histórico, y no únicamente las tiendas de recuerdos de la calle Deanes.

Los baños árabes de San Pedro presentan la peculiaridad de estar situados fuera del recinto de la Medina cordobesa, al contrario que todas las demás instalaciones que se han conservado, y se asientan en un arrabal que, como nos recuerda la presencia de la antiquísima iglesia de San Pedro, debía estar habitado por una mezcla de musulmanes y cristianos mozárabes. Fueron construidos en los años de esplendor del Califato, probablemente en la época de Almanzor, cerca del año 1000, según los datos que aporta el estilo de los capiteles.


Abandonados, poco a poco, tras la implantación del estilo de vida de los conquistadores cristianos, fueron integrados en la trama urbana, construyéndose sobre ellos y pasando su estructura a formar parte de una casa patio como las que existen por toda la Axerquía. Citados por Ramírez de Arellano en sus "Paseos", fueron declarados Bien de Interés Cultural en el año 1931, y su importancia queda reflejada si atendemos a los otros monumentos que les acompañaron en la resolución (imagen .tiff): el Puente Romano, la Calahorra, el Alcázar, varias parroquias o el acueducto de Valdepuentes.



En el año 1962 se comenzó su estudio, y su ruina continuó hasta la adquisición de lo que quedaba del inmueble por la Junta de Andalucía en 1992. La rehabilitación de los baños está pendiente desde hace años, habiéndose elaborado un presupuesto en 2005 que cifraba en aproximadamente 250.000 euros el importe de la obra. El estado lamentable, con las pocas estructuras conservadas situadas en una especie de sótano bajo los restos de las edificaciones posteriores, está certificado por las descripciones que del monumento hacen las administraciones local y autonómica. En la página de esta última se incluye una imagen asociada al monumento, la que pongo a continuación, y se refiere que "sostenían la bóveda doce columnas, dibujando tres arcos de herradura en cada frente".



Hace poco tiempo, me llegué por allí para hacer la foto de cabecera y ver en qué estado se encontraba la casa. El resultado fue aún peor de lo que esperaba: no solamente está plagada de escombros, es que ni siquiera se han molestado en ocultar los cascotes a la vista de la calle. Sólo con asomarse por la ventana, se pueden observar los materiales acumulados en una sala. Además, si nos fijamos bien en la imagen se pueden observar varias piezas cilíndricas con un aspecto liso y regular. La misma página del IAPH nos dice que "los fustes de las columnas son de mármol, hechos con fragmentos". Pues tenemos varios de ellos, tirados entre cartones.



Vamos a pensar que los capiteles, originales del siglo X o incluso anteriores, en algún caso, se los han llevado de allí y están bien guardaditos en el Museo Arqueológico, o en Sevilla, o en Helsinki. Y vamos a pensar en qué explicaciones se pueden dar si alguien manga restos arqueológicos de zonas descuidadas por una negligencia y luego los vende en Christie's por una millonada.

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Agradezco a Guadalupe las puntualizaciones que ha hecho en su comentario, y recomiendo a todo el mundo que las lea. He corregido varias frases de la entrada.

viernes, 6 de febrero de 2009

Los blogs son un arma cargada de futuro


Cada día, más o menos una treintena de cordobeses entran a este pequeño blog a buscar una línea del tiempo de Al Andalus, a averiguar cómo eran las Tendillas antiguamente o a descubrir el trazado de las antiguas murallas.

Sin embargo, saliéndome de lo habitual y durante los próximos días, hasta el jueves 12 de febrero para el que ya está programada la siguiente entrada, lo que podréis ver los visitantes es este mensaje que pretende informar del cierre del más activo foro de comunicación de los temas de actualidad ciudadana de Córdoba: la Calleja de las Flores.

El foro, que acumulaba más de trece mil mensajes sobre temas de Cultura, Política, Patrimonio, Medio Ambiente, Infraestructuras y otras áreas, ha sido tumbado por un ataque informático (DoS) más efectivo que los anteriormente perpetrados contra él. Como explica su creador en esta nueva página, el ataque procede de la propia ciudad de Córdoba, y ha sido llevado a cabo con medios que superan a los de un gamberro con portátil.

Por todo esto, me gustaría decir un par de cosas. La primera, que lo mismo algún día se cargan algún espacio más, y aunque no creo que nadie se fije en semejante rincón marginal de la web, si un día el dominio no funciona, que nadie se sorprenda. La segunda, que quien lo crea conveniente tome conciencia de que habita en una ciudad que está viva, donde se toman decisiones, donde el verdadero poder no tiene un origen democrático, donde se malgasta su dinero y donde se menosprecia su opinión como ciudadano.

Me queda la duda de qué es lo que más habrá molestado a los que se han cargado la Calleja. ¿Habrán sido los comentarios sobre Cajasur? ¿O las furibundas críticas contra la Iglesia, en general, y el Cabildo, en particular? ¿O quizás escarbar, desde la especulación o desde un poquito de información, en las hodiernas tramas malayas cordobesas? ¿Molestaba el hecho de despellejar las noticias mentirosas de los periódicos? ¿Amenazaba el lobo, soplando, las casas de ladrillo construidas por Arenal 2000? A veces da la impresión de que todos estos temas son, en realidad sólo uno. Pero probablemente fuera el mero hecho de que hubiera un puñado de ciudadanos hablando sin tapujos, deseando que alguien les llevara la contraria con argumentos.

A la derecha están los enlaces a los blogs de algunos de estos ciudadanos. Por algún motivo poco comprensible, tardé meses en incluir las páginas con las que podía estar menos de acuerdo. Hoy entiendo que fue un error. Mira, me han enseñado algo, los callejicidas. La Calleja sigue viva, en la siguiente dirección:

http://lacallejadelasflores.blogspot.com

miércoles, 4 de febrero de 2009

Así suena Góngora

En ocasiones, el trabajo decidido de un puñado de personas que bucean en el pasado, entre documentos que de no ser por ellos pasarían los años sin ver la luz en los grandes archivos, proporciona a la sociedad una agradable sorpresa, un insospechado descubrimiento.

Algo así ocurrió con un manuscrito de Góngora, conservado en la Biblioteca Nacional, en el que a principios del siglo XX fueron descubiertas una serie de tablaturas para cuerda pulsada, que no pudieron ser transcritas a la notación modernas hasta los trabajos del musicólogo madrileño Pepe Rey, que identificó el instrumento para el que estaban escritas como la bandurria barroca.

El grupo musical cordobés Cinco Siglos y, en concreto, Gabriel Arellano, trabajó sobre una copia proporcionada por la Biblioteca Nacional para reconstruir, basándose en los estudios previos de Rey, un total de tres piezas: una gallarda, un pasacalle y una jácara. Tras una laboriosa investigación, José Ignacio Fernández, miembro del mismo grupo, elaboró una bandurria barroca que ahora suena en los conciertos de dicha formación.

Las tres piezas atribuidas a Luis de Góngora fueron incluidas en su último disco, Sones de palacio, bailes de comedias, y un pequeño fragmento de cada una puede ser escuchado en su página web (recomendado navegador Explorer).

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En la imagen, una bandurria barroca.

sábado, 31 de enero de 2009

Mirando a La Meca

La construcción de enormes arrabales alrededor de Córdoba durante los siglos IX y X llevó aparejada la dotación de éstos con algunos servicios básicos, uno de los cuales eran los cementerios. El descubrimiento de un maqbarat o cementerio musulmán proporciona a los historiadores y antropólogos una gran cantidad de material de trabajo, desvelando claves de cómo vivían y, por tanto, cómo morían, los habitantes de las antiguas ciudades. La retracción urbana de Córdoba tras el período califal permitió la conservación intacta de sus cementerios más alejados del núcleo urbano moderno.

Las imágenes corresponden a la concentración de enterramientos que se localizó hace algunos años al inicio de la carretera del aeropuerto, antes de llegar a Urende, a la derecha. La excavación sistemática sacó a la luz centenares de cuerpos que habían sido sepultados según el rito musulmán, mirando hacia la Meca y sobre el costado derecho. Actualmente este yacimiento ha sido destruido, pero nos ha quedado, curiosamente, la vista aérea de Google Earth, tomada en el verano de 2007, que muestra con claridad la dimensión de este cementerio de barrio.

martes, 27 de enero de 2009

Milenario (4): el oscuro camino hacia la guerra

(ver anterior / ver siguiente)

Día sombrío, día aciago, aquél en que el más poderoso ejército de la Península se reunió en los campos de Córdoba. Aquella mañana, cordobeses, una época entera de la ciudad dejó de pertenecer al presente para convertirse en mito, en carne de leyendas. La gran capital del Califato ya viviría para siempre en la imaginación, con sus paredes blanqueadas, sus caminos lujosamente pavimentados, sus palacios, sus baños y mezquitas, el olor de las especias en su zoco, el murmullo de las discusiones sobre filosofía clásica en los jardines de las escuelas.


Córdoba entraría al mundo de las ciudades legendarias, las que la literatura universal, histórica o de ficción, ha descrito tantas veces. El sabor de lo perdido, de la exótica Bizancio, de las civilizaciones de Etiopía, de las lenguas que ya nadie habla. Todo lo que un día brilló, y que ya nunca volverá de las sombras.

Ese día, el ejército del Califato de Córdoba fue convocado por última vez, quién sabe dónde. A lo mejor en los campos de Rabanales, cerca de al-Zahira. Quizás en los llanos de la Albaida, o en el Campo de la Verdad. A vista de pájaro, miles de soldados en perfecta formación, como hacía sólo diez años los colocaba Almanzor. ¿Por qué no iba a ser posible? ¿Por qué no podía su hijo, Abderramán, al que llamaban Sanchuelo, ser un glorioso capitán como su padre y su hermanastro? Volvería de los reinos cristianos habiendo arrasado sus pueblos, cargando riquezas y seguido por sus prisioneros.

El pueblo de Córdoba ya no sabía qué desear. Por un lado querían que todo siguiera en pie. Que el hayib ganara nuevas batallas, que un heredero justo de Hisham II ocupara el trono en un futuro. La gran farsa de la fidelidad de los visires amiríes a los omeyas podría haber continuado, pero Sanchuelo había sido nombrado sucesor a título de Califa, rompiendo esa lealtad. Por otro lado, la dejadez y el vicio de Sanyul le habían convertido en un personaje aborrecido por los cordobeses, que deseaban su muerte sólo con un poco menos de intensidad que la paz del imperio.

Como última humillación, hizo que todos sus soldados llevaran turbante, al estilo bereber. Las autoridades religiosas montaron en cólera, los sectores árabes del ejército se opusieron y los ánimos se encresparon aún más.

El 14 de enero del año 1009, Abd al-Rahman Sanyul, hijo del más grande guerrero que diera nunca Al Andalus, emprendió el camino hacia el norte, en busca del honor, con un ejército desmoralizado y dividido, en pleno invierno y dejando atrás una ciudad al borde de la revuelta.

Cuenta Antonio Muñoz Molina, en un detallado relato de estos días (1), que un viejo caminaba junto al palacio de Madinat al-Zahira cuando, dirigiéndose a sus muros, exclamó: "¡Palacio que te has enriquecido con los despojos de tantas casas, quiera Dios que pronto todas las casas se enriquezcan con los tuyos!"

Faltaba una luna para la guerra.

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Muñoz Molina, Antonio: "Córdoba de los omeyas".
Línea temporal de la dominación musulmana (I y II)

viernes, 23 de enero de 2009

La Mancebía del Potro

Ya es conocido que la plaza del Potro fue, en la época de los Austrias, uno de los principales centros comerciales de la ciudad, así como que en ella se daba una concentración de truhanes por metro cuadrado mayor que en cualquier otro barrio. Era el lugar donde los viajeros se bajaban del caballo y buscaban alojamiento... u otra cosa. Porque fue en dicha plaza donde, poco después de la conquista, según nos cuenta Ramírez de Arellano, se estableció la Mancebía, el establecimiento donde los cordobeses acudían a olvidarse de los problemas cotidianos, de sus penurias... y de su señora.

En aquella época la plaza del Potro tenía una superficie inferior a la actual, llegando sólo hasta la calle Lineros, y una callejuela estrecha la comunicaba con la Ribera. En la esquina de esta travesía con Lineros se encontraba la Mancebía, negocio público y reglamentado hasta que una pragmática en 1623 acabó con ellas en el reino de Castilla. De hecho, en el Archivo Municipal existe una subsección, la AH-01.17, dedicada en exclusiva a esta casa. Un paseo por esta documentación, o más bien por sus títulos, nos muestra las órdenes que, acerca del funcionamiento de la Mancebía, iban llegando de Madrid, así como los incidentes que tenían lugar entre las mujeres de la casa y los alguaciles, que al parecer tenían la obligación de despojarlas de sus "alhajas y galas" si salían con ellas a la calle.

Digo lo de los títulos de los documentos porque no soy capaz de entender una sola palabra de ellos, escritos como están en el siglo XVI y XVII. Pero nunca está de más echarles un vistazo, así que dejo esta imagen de una provisión de la reina Juana, con fecha de 1515, limitando los derechos de los alguaciles sobre las rentas de algunas actividades económicas como, por ejemplo, la Mancebía.

lunes, 19 de enero de 2009

El pozo de la nieve de Trassierra


Entre los siglos XIV y XIX tuvo lugar un fenómeno que los climatólogos han dado en llamar la "Pequeña Edad de Hielo", caracterizado por temperaturas más bajas que en la actualidad, debido a un incremento de la actividad volcánica, una disminución de la actividad solar y diversos factores que aún no se comprenden en su totalidad.


Como resultado de esta situación, muchos lugares en los que en la actualidad no cae un solo copo de nieve en todo el año tuvieron inviernos fríos y blancos. El comercio de nieve se convirtió en una lucrativa actividad, especialmente en lugares como Córdoba, con una sierra fresca donde almacenar el hielo, muy próxima al tórrido valle donde era posible venderlo durate todo el año.

Las técnicas mejoraron notablemente a lo largo del siglo XVIII, construyéndose pozos para acumular enormes cantidades de nieve prensada, convertida en hielo, que se podía conservar largos períodos de tiempo. Según se explica en un interesante artículo de Guadalupe Pizarro (1), en 1823 un empresario cordobés, Juan Rubio, que prácticamente monopolizaba el comercio de nieve en Córdoba, comenzó a construir un pozo en el cerro de San Cristóbal, próximo a Santa María de Trassierra, para centralizar allí su actividad y obtener un mayor margen de beneficio al disponer de género en abundancia de cara al verano.

Este pozo aparece a la vista como una estructura en forma de cúpula que no levanta más de unos tres o cuatro metros del nivel del suelo, hasta que el visitante se aproxima a la entrada y comprueba el gigantesco volumen de hielo que podía acumular la estructura subterránea, de unos diez metros de profundidad, que se iba llenando con el producto de las nevadas invernales hasta que estaba completa, momento en el cual se procedía a su cierre y aislamiento con cámaras de aire, porcelana en las cubiertas y otros sistemas que, junto con su localización en umbría y bajo el suelo, contribuían a que las pérdidas por fusión del hielo resultaran aceptables para el negocio.


Se conservan parcialmente algunas inscripciones que señalaban, en el interior del pozo, la fecha del cierre, como la que reza: Se llenó el pozo el día 7 de enero al mediodía. 1864. Rafael.

Alrededor del año 1867 se instala en Córdoba la primera fábrica de hielo artificial, muestra de los avances tecnológicos de la época, condenando a la ruina al comercio tradicional de nieve.

¿Cómo llegar al pozo de la nieve de Trassierra?


El primer acercamiento puede resultar algo complejo, pero espero que este plano sea de ayuda para todo aquel que quiera pasarse por allí. Yendo desde Córdoba, hay que girar a la izquierda (línea roja) justo antes de llegar a la plaza de Trassierra, llegando a un aparcamiento sobre tierra en dos niveles. De él parte un camino, paralelo a la calle asfaltada, que va rodeando el cerro dejándolo a la izquierda. El camino es llano y está separado de la carretera por algunas plantas de poco porte.

Tras dejar a la izquierda un par de caminos que ascienden al cerro, se llega a una intersección con una pista de tierra que sube también hacia la izquierda, con gran pendiente. Es el punto en el que la calle asfaltada se empieza a separar del camino. Aquí buscaremos una senda que sale del cruce, más o menos a las 10 del reloj, entre la vegetación.

La senda va ascendiendo y pronto se abre a la derecha un pequeño claro, una vaguada, dejando ver la pared del pozo de la nieve.

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(1) Pizarro, Guadalupe. Nuevos datos sobre el comercio de nieve en Córdoba, Anales de Arqueología Cordobesa 16 (2005).

jueves, 15 de enero de 2009

El puente del Camino de los Nogales


Esta imagen es bien conocida para los aficionados a pasear por los alrededores de Córdoba, descubriendo los últimos restos de la grandeza de la ciudad del siglo X. Se trata del puente andalusí sobre el arroyo de los Nogales, al que se puede llegar con facilidad desde la carretera de Trassierra, donde se indica su acceso al poco de pasar la gasolinera de la Albaida.

Este puente es el resto mejor conservado de las infraestructuras que componían el conocido como Camino de los Nogales, una de las dos vías principales de comunicación entre Córdoba y al-Zahra', junto con el Camino de las Almunias. El Camino de los Nogales tenía en su mayor parte un recorrido de oeste a este, yendo de Madinat al-Zahra' al enigmático palacio de Turruñuelos, hoy bajo la planta asfáltica de la Diputación. Desde allí, se dirigía a Córdoba siguiendo un itinerario similar al del acueducto de Valdepuentes.

De los muchos puentes que tuvo este camino, según se explica en el artículo de Bermúdez Cano del que tomo algunos datos para esta entrada, sólo queda en aceptables condiciones de conservación el de la foto, que consta de tres arcos de entre 1,80 m y 2,30 m de altura (el mayor es el central), constituidos por entre 23 y 27 dovelas cada uno.


Como ocurrió con el puente de Cantarranas, el monumento sufrió un duro expolio que, en este caso, llevó a su ruina hace pocos años, interviniendo en ese momento la Junta de Andalucía para restituir el puente a un estado lo más parecido posible al original.

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Datos de Bermúdez Cano, J. M.
AAC 4, 1993.

lunes, 12 de enero de 2009

Córdoba frente al misterio (11): el fantasma del conde Don Julián

Esta es una ciudad rica en historia, y aquí no se puede manifestar el primer fantasma que pase por una dimensión paralela. Si hace ya tiempo reflejamos un testimonio que situaba al espíritu de Don Severo Ochoa en el edificio homónimo del Campus de Rabanales, hoy veremos que ha habido más espectros ilustres en nuestra tierra, en concreto uno que el imaginario tradicional español fue convirtiendo, a lo largo de los años, en una verdadera encarnación del mal: el conde Don Julián.

Recordando un poco lo que se lee en los libros de historia (y sobre todo, lo que se leía), este hombre era gobernador de la plaza de Ceuta a principios del siglo VIII, defendiéndola de los primeros ataques musulmanes previos a la invasión de la Península Ibérica. Por intrigas palaciegas, tan típicas del periodo de ocupación germánica, el conde traicionó al rey don Rodrigo y permitió la entrada en Andalucía de los primeros contingentes beréberes. Evidentemente, Don Julián fue al infierno por entregar a los infieles tan significativo pedazo de tierra cristiana. Simplificando mucho, versión España es así.

Pues bien, cuentan las crónicas, concretamente los Casos Raros, que un día de finales del siglo XVI, un lagarero salía de Córdoba en dirección a la sierra, por la Puerta del Rincón. Era media mañana y viajaba a caballo, avanzando por el Campo de la Merced en dirección al Pretorio.

A la altura del convento, otro caballero se dirigió a él y le pidió compartir unos minutos de charla, considerando que era aún temprano. Así, el lagarero tuvo que ir saciando la curiosidad del caballero anónimo acerca del estado de la ciudad de Córdoba, de sus jardines y de su sierra, contando con tristeza cómo corrían años de decadencia.

El desconocido, a continuación, explicó cómo en su época, Córdoba era una ciudad con tanta grandeza que, se encendía lumbre desde el Potro hasta las puentes de Alcolea, y se comunicaba toda la gente, y se iban paseando de una parte a otra. Extrañado el lagarero, afirmó que debía ser una persona de edad muy avanzada.

Sí soy, dijo el caballero, porque soy aquel desventurado don Julián, por quien se perdió España, y estoy padeciendo tormentos increíbles en el infierno. En ese momento, sonó un gran estampido y el hombre desapareció, dejando un desagradable olor en el ambiente.

El lagarero quedó tan conmocionado que perdió la vida al cabo de unos días, habiendo contado a mucha gente su aventura. Entre estas personas se encontraba su sobrino, Baltasar de Ahumada, que será quien informe al anónimo autor de los Casos Raros, siempre según la versión de este último.

jueves, 8 de enero de 2009

"La escalera" de Ibn Hazm

¿Qué imagen tenemos del amor en el mundo musulmán? ¿Cómo se expresa, allí? ¿Qué pensaban sobre ello los hombres y mujeres de la Córdoba andalusí?

Y, por último, ¿son todas estas preguntas una estupidez?

Cuando estoy con ella me cautivan sus palabras
mientras va envolviéndome su aroma.

Ni la presencia del Califa

haría desviar mi atención.

Si tengo que irme de su lado

no puedo dejar de mirar atrás,
caminando como un animal herido.
Lejos de ella me ahogo
como el que camina por el desierto
en medio del sol y la arena.
Si me dices que es posible ir al Paraíso

te digo que sí y que yo conozco la escalera.

Ibn Hazm de Córdoba, en El Collar de la Paloma. Siglo XI. Todo lo importante, estaba ya inventado.

domingo, 4 de enero de 2009

Paul merece el beso

Feliz año a todo el mundo, a los cordobeses que os quedáis en la ciudad, pero especialmente a aquellos que dentro de unos días nos dejaréis para volver a vuestros lugares de trabajo...

Para que la vuelta resulte algo menos pesarosa, colgaré un documento que lleva unos días paseando por muchas páginas y blogs cordobeses, pero que no por ello deja de merecer toda la atención del mundo. Se trata de un vídeo montado por la empresa 12frames con imágenes originales rodadas por Paul McCartney y Mal Evans (asistente del grupo) durante un viaje a Córdoba en noviembre de 1966, cuando volvían de una visita frustrada a John Lennon en Almería. Hay más datos aquí y aquí, así que me limito a poner el vídeo y, de paso, la canción que suena de fondo completa. Como alguien ha sugerido en un comentario en El Día, es un gran spot promocional de Córdoba.



viernes, 26 de diciembre de 2008

San Zoilo y Sonsoles

Desde Castilla y a cero grados, dejaré una pequeña historia y alguna foto sobre un tema que ya se trató anteriormente de pasada, como es la relación del Santuario de Sonsoles, a las afueras de la ciudad de Ávila, con San Zoilo, mártir cordobés cuyas reliquias fueron trasladas a Carrión en el año 1070, ó 1080 según otras fuentes.

Una de las tres teorías etimológicas más conocidas sobre el origen de la palabra "Sonsoles" sería la ascendencia latina del término, a partir de una supuesta Fons Solis, o fuente del Sol, que se correspondería con la que actualmente existe en el recinto del Santuario.

La segunda establece que se produjo una corrupción del nombre de San Zoilo a San Zoles, como ocurrió también en el pueblo de Zamora que recibe ese nombre, Sanzoles, y que tiene al cordobés como patrón. San Zoilo daba nombre, igualmente, a una iglesia de Toledo antes de que se llamara San Bartolomé. Esta teoría gana puntos si observamos una antigua inscripción en el interior del templo abulense, un edificio del siglo XV, en la que se menciona una donación a la iglesia de Nuestra Señora de Sansoles (la imagen está algo movida, a ver si me acerco por allí y la repito).


Además, un primer vistazo a la planta del edificio da a entender que existió un pequeño santuario anterior al actual, ya de por sí antiguo. La impresión procede de varios contrafuertes que penetran tanto en el crucero como en un puñado de pequeñas edificaciones que rodean al ábside, y que indicarían el mantenimiento de algún tipo de culto en el lugar pocos años después del paso de San Zoilo.

La tercera teoría, la que enseñan a todos los niños abulenses, es que un pastor vio dos luces en el cielo y exclamó, por su brillo: "¡Son soles!" Por supuesto, los soles eran la Virgen y el Niño, según la tradición popular (que dedico a Manuel Harazem y a Iker Jiménez). Como anécdota, cuelgo las fotos de una vidriera y un detalle de la fachada sur.


Y, por último, otra conexión cordobesa de Sonsoles: el lagarto, una versión castellana del conocido caimán de la Fuensanta, del que ya hablamos en su día. Como en Córdoba, se trata de un exvoto, pero al menos en este caso se reconoce que su origen es americano.


Bueno, hasta aquí llego hoy. Reconozco que la entrada me ha quedado más abulense que cordobesa, pero como dije cuando Calatañazor, Córdoba está por todas partes. Felices Fiestas a todos.

lunes, 22 de diciembre de 2008

La basílica de Santa Eulalia

El otro día sugirió Jerónimo Sánchez, hablando de la instalación de las órdenes militares en Córdoba, tratar el tema de la recuperación de la memoria por parte de los mozárabes huidos a tierras castellanas, que regresaron a Córdoba de la mano de Fernando III en 1236.

Estos hombres y mujeres darían razón de las antiguas basílicas de los tiempos visigodos (metiendo en ese término todo el lapso de tiempo entre la caída del poder romano jerarquizado y la invasión musulmana, período del que no tenemos en realidad muchas noticias), particularmente de las que se encontraban en el extrarradio cercano y en la Axerquía, ya que la Villa sufrió una islamización más acusada, y los inmensos arrabales califales yacían olvidados y convertidos en escombros.

Un ejemplo de lo que contamos se dio al repartirse las tierras que habían de corresponder a la orden de la Merced, encargada de la liberación de los cautivos en tierras musulmanas. Consciente de la importancia que para esta orden tenía Santa Eulalia de Barcelona, el Rey, informado de la existencia en el pasado de una basílica dedicada a Santa Eulalia (de Mérida, en este caso), les cedió el terreno de dicha iglesia y el espacio circundante. De la tradición conservada podría inferirse que la ermita se encontraba en un estado bastante aceptable, e incluso se conoció una imagen mariana (Nuestra Señora de la Piedad) procedente de Santa Eulalia y que se perdió con la invasión francesa, lo que indicaría quizás una continuidad del uso durante toda la dominación musulmana.

Los restos de la basílica fueron al parecer encontrados en una excavación en el siglo XVIII, en"la escalera del segundo patio", según describe Ramírez de Arellano, que incluye el siguiente croquis:

San Eulogio, por su parte, explica cómo los restos de Columba y Pomposa, cristianas mozárabes ejecutadas a mediados del siglo IX, fueron enterrados en la basilica de Santa Eulalia, añadiendo un dato fundamental: que se encontraba en el barrio de Fragellas, del que no tenemos ninguna otra referencia, y que podemos situar en la zona de los Tejares y Pretorio gracias a la donación de Santa Eulalia (Santa Olalla, como al parecer se la conocía entre el pueblo) a los mercedarios.

Santa Eulalia es una más de las numerosas iglesias cuyos nombres nos han sido transmitidos a lo largo de la historia, perdiéndose en muchos casos la información sobre la ubicación original de los templos. San Ginés, San Acisclo, San Zoilo, Santa Catalina, San Vicente, San Félix, los Tres Coronas y otras de las que no haya quedado ni el recuerdo. Son un mundo perdido que muchos cordobeses desconocen.